
La escritura posee una gran capacidad
expresiva. En estos tiempos modernos, vivimos el fenómeno del contenido
audiovisual y multimedia. No lo discuto, un breve video o un simple podcast, pueden resultar ser más
atrayente que unas pocas líneas inspiradas, pero también unas simples líneas
inspiradas, pueden alcanzar ser el pilar de una producción audiovisual interesante,
o el piloto de un programa radial exitoso en una emisora online.
Siempre me he mantenido abierto a explorar
las posibilidades creativas de la escritura, en todos los planos y áreas en las
que me he involucrado. Como lenguaje es fascinante. Las palabras forman
oraciones y esas oraciones párrafos y al final puede que llegues a completar un
cuento corto, una novela o una saga o epopeya. Este nuevo milenio demostró que
las series de televisión son más rentables comercialmente que las propias películas.
También manifestó que las películas pueden lograr ser más cautivantes que los propios libros
que las inspiraron. Algo bastante curioso. He escuchado a muchos sentirse
atraídos por una fascinante historia y sus orígenes literarios, luego de
haberse visto la trilogía equis o la saga tal.
¿Cuál es la clave?... ¡Escribir buenas
historias! ¡Quién quita y alguna se vuelve popular y exitosa! Nada queda al
azar. Hay miles de colegas en este planeta con ideas sumamente buenas, lo que
realmente no es posible garantizar es a cuanto público podrá este creador o
creadora alcanzar, y mucho menos, en cuanto tiempo. Todo lo anterior nos lleva
a entender que nuestros contenidos deben estar previamente enfocados en un
público específico, y deben alcanzar una suficiente promoción (pagada o mejor
si es de “boca a boca”).
Y eso es, precisamente, lo que cada
segundo se está gestando en Internet, nuevos contenidos. Al ser tantos
habitantes, el menú de opciones se pierde en el infinito. Hay cosas para todos
los gustos, muchas de ellas hasta tristeza da, por reconocer que invirtieron
miles de dólares y no poseen el nivel artístico ni creativo para compensar la
inversión. Otras pocas, son grandes obras de arte. El común denominador es la evaluación
desde tu punto de vista individual. Uno apoya lo que le gusta y los contenidos
con los que se identifica. Así de simple. Porque lo que yo considero una gran
obra no lo será necesariamente para el vecino o para ese exigente internauta anónimo.
Estando viviendo la etapa de duelo, me
vino a la mente la idea de hacer un video musical casero. Cantar, aunque dé
mucha pena. Quería interpretar una canción que me emociona y es muy poco
conocida, titulada “Todo”. Es un tema
corto en ritmo de vals, compuesto por el admirado artista español Enrique
Bunbury. (Al cual ya he referido en el Episodio V). Precisamente, porque su
letra es una genialidad, y me llevaba a salirme de mi zona de confort, que es
la escritura. Y luego de salvar algunos detalles técnicos, gracias al valioso apoyo
de mis dos hijos y a un gran amigo, Guillermo Sulbarán, al que le pedí el favor de la edición final del
audio, llegué a este humilde resultado, que solo tiene como propósito ser un
cierre, y al mismo tiempo un nuevo comienzo, de las amplias posibilidades que
tiene la escritura creativa como inspiración, para quienes amamos expresarnos
con plena libertad buscando nuestra propia voz, inspirados en las voces y
letras de quienes admiramos desde siempre, con la intención de repasar brevemente todo lo
vivido al realizar este tipo de ejercicios (o aventuras) que solo intentan transmitir bonitas reflexiones, y cristalizan el amor y el agradecimiento que sentimos hacia la escritura, y
hacia nuestros seres queridos.

Todo un artista, escribe y también canta, comience a componer canciones, yo lo apoyo
ResponderEliminar¡Ya arranco a componer mi cancionero jajaja! Muy amable amiga, es una idea que realmente motiva.
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