Papelón con Limón (Episodio VIII)



La escritura posee una gran capacidad expresiva. En estos tiempos modernos, vivimos el fenómeno del contenido audiovisual y multimedia. No lo discuto, un breve video o un simple podcast, pueden resultar ser más atrayente que unas pocas líneas inspiradas, pero también unas simples líneas inspiradas, pueden alcanzar ser el pilar de una producción audiovisual interesante, o el piloto de un programa radial exitoso en una emisora online.

Siempre me he mantenido abierto a explorar las posibilidades creativas de la escritura, en todos los planos y áreas en las que me he involucrado. Como lenguaje es fascinante. Las palabras forman oraciones y esas oraciones párrafos y al final puede que llegues a completar un cuento corto, una novela o una saga o epopeya. Este nuevo milenio demostró que las series de televisión son más rentables comercialmente que las propias películas. También manifestó que las películas pueden lograr ser más cautivantes que los propios libros que las inspiraron. Algo bastante curioso. He escuchado a muchos sentirse atraídos por una fascinante historia y sus orígenes literarios, luego de haberse visto la trilogía equis o la saga tal.

¿Cuál es la clave?... ¡Escribir buenas historias! ¡Quién quita y alguna se vuelve popular y exitosa! Nada queda al azar. Hay miles de colegas en este planeta con ideas sumamente buenas, lo que realmente no es posible garantizar es a cuanto público podrá este creador o creadora alcanzar, y mucho menos, en cuanto tiempo. Todo lo anterior nos lleva a entender que nuestros contenidos deben estar previamente enfocados en un público específico, y deben alcanzar una suficiente promoción (pagada o mejor si es de “boca a boca”).

Y eso es, precisamente, lo que cada segundo se está gestando en Internet, nuevos contenidos. Al ser tantos habitantes, el menú de opciones se pierde en el infinito. Hay cosas para todos los gustos, muchas de ellas hasta tristeza da, por reconocer que invirtieron miles de dólares y no poseen el nivel artístico ni creativo para compensar la inversión. Otras pocas, son grandes obras de arte. El común denominador es la evaluación desde tu punto de vista individual. Uno apoya lo que le gusta y los contenidos con los que se identifica. Así de simple. Porque lo que yo considero una gran obra no lo será necesariamente para el vecino o para ese exigente internauta anónimo.

Estando viviendo la etapa de duelo, me vino a la mente la idea de hacer un video musical casero. Cantar, aunque dé mucha pena. Quería interpretar una canción que me emociona y es muy poco conocida, titulada “Todo”. Es un tema corto en ritmo de vals, compuesto por el admirado artista español Enrique Bunbury. (Al cual ya he referido en el Episodio V). Precisamente, porque su letra es una genialidad, y me llevaba a salirme de mi zona de confort, que es la escritura. Y luego de salvar algunos detalles técnicos, gracias al valioso apoyo de mis dos hijos y a un gran amigo, Guillermo Sulbarán, al que le pedí el favor de la edición final del audio, llegué a este humilde resultado, que solo tiene como propósito ser un cierre, y al mismo tiempo un nuevo comienzo, de las amplias posibilidades que tiene la escritura creativa como inspiración, para quienes amamos expresarnos con plena libertad buscando nuestra propia voz, inspirados en las voces y letras de quienes admiramos desde siempre, con la intención de repasar brevemente todo lo vivido al realizar este tipo de ejercicios (o aventuras) que solo intentan transmitir bonitas reflexiones, y cristalizan el amor y el agradecimiento que sentimos hacia la escritura, y hacia nuestros seres queridos.       




Comentarios

  1. Todo un artista, escribe y también canta, comience a componer canciones, yo lo apoyo

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