Y las cuatro bases de nuestro hogar se establecieron, a pesar de provenir de relaciones disfuncionales. Yuma y yo alcanzamos la plenitud, consiguiendo ese estado ideal, nuestra propia familia. Ella conoció a mis padres y su historia personal, (la cual me esforcé en revelársela paulatinamente), para que pudiese entender mi postura acerca del amor, el matrimonio, la pareja, los hijos y todo lo relacionado con la responsabilidad y el compromiso. Su relación había sido mi principal referente. De igual forma, yo tuve el privilegio de tratar y congeniar con mis futuros suegros, desde aquellos tempranos días de cortejo. Cada uno me ofreció una óptica definitivamente particular de su hija, permitiéndome una amplia percepción de sus emociones, sentimientos y anhelos, relativos a esos mismos temas antes mencionados; Yuma siempre los resguardó, inquebrantablemente, como su verdad y postura personal. —Me gustan las familias grandes ¿Sabes?... La familia de mi papá es así, un gentío. Cuan...
Lectura amena para degustar y quedar con ganas de más, alejada por completo de los convencionalismos, es creativa y libre, por lo tanto con estilo propio.