En 2007 tuve la grata experiencia de hacer hablar a un objeto inanimado. Fue curioso ya que representaba uno de los mayores retos planteados en aquel inolvidable curso de Escritura Creativa. Debíamos escoger cualquier objeto que quisiéramos, la única condición era que nos ligara a él algún sentimiento. Inicialmente escogí un mueble clásico; un robusto escritorio de madera, el cual conservo en mi habitación. Lo heredé de mi prima María Luisa, estudiosa ejemplar, dándole otro uso; resguardar en sagrado orden mi colección musical. Por eso, al iniciar este peculiar ejercicio de escritura, me imaginé que ese particular objeto resguardaba en su interior un clavicordio. Semanalmente fui estructurando mi historia, creando un interesante cuento. En cada parte avanzaba con fluidez y mucha imaginación. Aunque sentía que podía lograrlo, aquel mueble sólo era capaz de emitir sonidos musicales, no expresarse con verdaderas palabras. Fue cuando llegué a la parte final de aquel...
Lectura amena para degustar y quedar con ganas de más, alejada por completo de los convencionalismos, es creativa y libre, por lo tanto con estilo propio.