Aquella noche logré besar a una sirena... Sus cabellos ocultaron su rostro, pero me hicieron sentir sus dulces labios, su cálido aliento y su melodiosa voz, mientras todo mi cuerpo flotaba relajado en aquellas tranquilas aguas; justo ahí supe que estaría atrapado por siempre, disfrutando de sus divinos encantos sobrenaturales. A Noris C., mi amada, la musa de este micro relato.
Lectura amena para degustar y quedar con ganas de más, alejada por completo de los convencionalismos, es creativa y libre, por lo tanto con estilo propio.