El día amaneció resplandeciente. Decidí llevar a reparar mis jeans favoritos a la lavandería. Esos gastados pantalones poseen (como muchas otras cosas que conservo) un valor sentimental. Me visto y salgo hacia el lugar. El cielo despejado me relaja, el potente sol me termina de despertar. Bajo unas escaleras fijas y veo venir de frente a un hombre con varias prendas limpias, planchadas y colgadas en su mano bajo sendas fundas plásticas. Hace pocos días atrás había pasado por el sótano del centro comercial, observando trabajar a una señora mayor sentada frente a su máquina de coser. Silenciosa y estoica reparaba prendas en un rincón de esa misma lavandería. Cuando llego la amplia recepción está desolada. Ninguna persona en el mostrador, ningún cliente, excepto yo. La misma máquina de coser que vi permanece muda en su rincón. Me anuncio alzando la voz: —¡Buenos días! ¿Me pueden atender por favor?... Del interior del local, como si de una obra teatral se tratase, hace su aparición u...
Lectura amena para degustar y quedar con ganas de más, alejada por completo de los convencionalismos, es creativa y libre, por lo tanto con estilo propio.