Esmeralda era una exótica sirena cuya extraña naturaleza y temperamento en nada complacía al resto de sus congéneres. A ella eso no le hacía sentir bien porque, al fin y al cabo, apreciaba sus orígenes y dones extraordinarios. Pero, casi siempre se buscaba un tiempo a solas para explorar a otros seres similares a ella, o incluso, descubrir a otros muy distintos e interesantes. Fue una tarde soleada, cuando Esmeralda dejó las costas y el mar abierto para adentrarse en un cálido manglar, el cual escondía una plácida laguna muy tranquila y relajante. Le gustaba frecuentar aquel lugar apartado y solitario por parecerle un recinto apropiado para apreciar a las curiosas criaturas terrestres, sin dejar de estar en su necesario hábitat marino. Cada vez era más consciente de que estar sola, alejada de las de su especie, le arrastraba cada día más. Como si una fuerza mucho más poderosa y seductora que la de su propio canto, la hipnotizara sin poder evitar resistírsele. «Amo el arrullo de l...
Lectura amena para degustar y quedar con ganas de más, alejada por completo de los convencionalismos, es creativa y libre, por lo tanto con estilo propio.