El Efecto Dominó - Capítulo Cuatro

Y las cuatro bases de nuestro hogar se establecieron, a pesar de provenir de relaciones disfuncionales. Yuma y yo alcanzamos la plenitud, consiguiendo ese estado ideal, nuestra propia familia. Ella conoció a mis padres y su historia personal, (la cual me esforcé en revelársela paulatinamente), para que pudiese entender mi postura acerca del amor, el matrimonio, la pareja, los hijos y todo lo relacionado con la responsabilidad y el compromiso. Su relación había sido mi principal referente. De igual forma, yo tuve el privilegio de tratar y congeniar con mis futuros suegros, desde aquellos tempranos días de cortejo. Cada uno me ofreció una óptica definitivamente particular de su hija, permitiéndome una amplia percepción de sus emociones, sentimientos y anhelos, relativos a esos mismos temas antes mencionados; Yuma siempre los resguardó, inquebrantablemente, como su verdad y postura personal.

 

—Me gustan las familias grandes ¿Sabes?... La familia de mi papá es así, un gentío. Cuando nos reunimos hace falta mucho espacio. Son muy alegres y conversadores. Pero también me agrada estar tranquila, como cuando estoy con mi mamá y mi hermano. No todo el tiempo, claro, por raticos. Tampoco logro sentirme cómoda en todo momento con tanta gente rondándome, necesito estar sola a veces. ¿Tú me entiendes?... ¿Verdad que sí?... Ah bueno.

 

La difícil condición de estar en equilibrio emocional. De muy joven a Yuma le afectaba permanecer en un mismo y único ambiente. Ella cuando vivía con su mamá y su hermano, comenzaba a extrañar a su papá. Y cuando decidía visitarlo y pasarse un tiempo con él y los suyos, pues, el efecto era al contrario. Lograr tener a sus propios hijos y dedicarse a su nuevo hogar, fue estabilizándola emocionalmente. El contacto hacia cada núcleo familiar era posible y llevadero. Cuando logramos organizar ciertos momentos especiales, fueron en verdad muy gratos y memorables. Reunirse con familiares es siempre agradable y necesario. (Los roces y diferencias son otro tema). La familia de Yuma ha sido de invaluable apoyo en momentos difíciles. Y en los buenos tiempos, fabulosamente divertidos, cariñosos y ocurrentes. Al igual que los Mambié. La familia que poseo por parte de mi papá lleva ese sello Stoppello como distintivo: fiesteros, extrovertidos y muy dados a comunicarse con franqueza y facilidad. Aman la música, la alegría, y se especializan en borrar las caras largas.   

 

Lo que nos conectó de manera profunda e inmediata a Yuma y a mí, fue esa particular similitud de pensamientos y forma de sentir. Siempre supimos que lo que no pudimos superar (y era muy necesario), fue aceptar el no poder tener a nuestros padres juntos y a nuestro lado en todos los momentos. Recuerdo que ella me llegó a decir:

 

—Al menos tú los pudiste disfrutar de a ratos y compartir con ambos.


Nuestro matrimonio pasó por fuertes crisis, curiosamente, por muy mal que nos llegamos a sentir, siempre acordamos que hipotéticamente nuestra futura relación estando divorciados, sería armónica. Hubo esa intención, esa consideración de querer evitar injustamente afectar a nuestros hijos con nuestra separación. Hay especialistas que aconsejan evaluar las circunstancias que afectan a la pareja y con apoyo y trabajo emocional, definir las razones que han generado la crisis. Esa fue nuestra valía. Querer hacerlo. La derrota y la renuncia fueron superadas. Fue una tarea que nos llevó con dedicación y tiempo, a un nuevo e interesante nivel como pareja, pero principalmente como personas.

 

 A Yuma le llamaba mucho la atención las motos. Recientemente descubrí que el afamado actor de Hollywood, Keanu Reeves, forma parte accionaria en una compañía especializada en fabricar y vender motocicletas. Me pareció fascinante, porque, con total franqueza y sencillez, revela que manejarlas siempre le ha encantado, desde que era un adolescente, y su trabajo como actor lo relacionaba en más de una ocasión con ellas. Supongo que esa analogía hombre – máquina, y los detalles que fue explicando acerca de ese negocio, me llevaron a encontrar cierta similitud o analogía, con lograr encontrar esa moto hecha a tu medida.

 

«Cuando montas una motocicleta experimentas su potencia, la sensación plena de viajar con libertad, a tus anchas; y al mismo tiempo, aparece esa inevitable reacción, ese escalofrío que te recorre todo el cuerpo, al saberte y sentirte por completo vulnerable». Keanu Reeves deja claro que en algunas películas, por cláusulas de contrato, le estaba prohibido utilizarlas durante el rodaje, dado que para un estudio de cine, un actor o actriz, es un bien muy preciado. Exigencia que en algunas ocasiones llegó a cumplir y otras veces no.  

 

«Las motocicletas más cotizadas son los modelos elaborados a la medida y gusto del cliente. ¡Este prototipo de acá me encanta! Su diseño todavía está en revisión y ajustes, y aunque les confieso no ser un experto en pormenores técnicos, soy capaz de apreciar y valorar ese embeleso al verla y conducirla. ¡Guao!».

 

Keanu Reeves, camina visiblemente emocionado, dando un recorrido general por el amplio salón de exhibición. Describe las categorías, los modelos, y señala sus preferencias, sin dejar de aconsejar a quienes van a adquirir una por primera vez. Imagino a Yuma escuchándolo fascinada. Al mismo tiempo (guardando las distancias y las chocantes comparaciones sexistas), me siento completamente convencido, que Yuma fue para mí ese prototipo fuera de serie, con todas las cualidades y comodidades que la convirtieron en la opción perfecta, sin lugar a dudas. Y el recorrido en vida junto a ella fue una aventura intensa, repleta de grandes desafíos, sorpresas y desventuras, alcanzando un gran clímax en su etapa culminante. ¿Fue un gran final después de todo?... A veces, la realidad puede llegar a superar a la ficción.          


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