

Acerca del autor:
Alfredo Enrique Mambié Fernández, nació en Caracas, República Bolivariana de Venezuela en 1967. Se ha desempeñado como Comunicador Visual, Director de Arte y Escritor Creativo, luego de graduarse como Diseñador Gráfico en 1989. Esta profesión lo relaciona constantemente con la creación conceptual y audiovisual, decidiendo iniciarse en la escritura formalmente en el año 1997. Realiza sus primeros textos de manera empírica perfeccionando luego el recorrido bajo tutela especializada. En 2007 culmina su primer Taller de Escritura Creativa, realizado por la Facilitadora Isabel González en la Fundación para la Integración de las Artes (INTEGRARTE). En 2008 culmina con éxito un curso extenso de Escritura Creativa en el Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (CELARG) en Caracas, dictado por la facilitadora Penélope Hernández, logrando que la misma institución publique tres de sus mejores historias gestadas durante ese mismo curso, en un primer volumen recopilatorio titulado Voces Nuevas 2007 - 2008 en el año 2011. En julio de ese mismo año, apertura y administra un blog literario personal donde gesta una gran cantidad de material y perfecciona sus habilidades e inquietudes creativas y literarias por su propia cuenta y otras bajo el apoyo del sitio web Literautas. Extiende a novela uno de los cuentos publicados por el CELARG, Adalid, la saga de El Tesoro de Alrak, y la auto publica en Internet en el portal de Amazon, Create Space por sugerencia de su editor en el 2013 y luego gratuitamente. Posteriormente en el 2016 participa en una competencia literaria mundial promovida por la Organización National Novel Writing Month (NNWM) para intentar lograr escribir una novela de 50.000 palabras en 30 días. No logra completarla en ese plazo, pero continúa la escritura del manuscrito y lo finaliza al año siguiente, logrando Un País Insólito: VN-Z.L.A. (2017) Su segunda novela, dando un recorrido interesante y personal dentro de la ciencia ficción. Para inicios del 2020, Alfredo Mambié inicia la creación de su tercer libro Halequín - Diario de un Maestro del Engaño, obra con la que aspira alcanzar una mejor definición y madurez de su estilo y voz personal, al basarse en el arte que más aprecia, la música. Halequín - Diario de un Maestro del Engaño, fue finalizada en Abril de 2021.El autor continúa en ambas sendas, comunicando visualmente y creando literariamente. Su propósito es difundir su estilo con nuevos proyectos, darlos a conocer, y seguir desarrollando sus habilidades artísticas como escritor en el ámbito creativo.

Halequín - Diario de Un Maestro del Engaño
Novela inédita escrita por Alfredo E. Mambié F. ©2020 - 2021
Nota Importante: Los personajes y situaciones descritas en esta obra literaria merecen ser respetadas y ser consideradas propiedad intelectual de su creador. Sí desean difundirla, respaldarla o referirla de cualquier manera, incluso brindarle apoyo económico, promocional o editorial, el autor en persona se los sabrá agradecer. E-mail: amambie@gmail.com
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Sinopsis
«La música más maravillosa proviene del más puro silencio». Halequín - Diario de un Maestro del Engaño, cuenta la apasionante biografía de un niño prodigio, Andrei Bogdan, quien llegará a ser un famoso y reconocido cantante del Bel Canto, gracias a las enseñanzas de Olaf Wolf, su destacado maestro musical, pero también un experto manipulador y hábil hombre de negocios. Sus vidas, familias y apasionantes carreras artísticas se entrelazan, para revelarnos los ocultos secretos de su éxito, fama y fortuna, y el alto precio que debieron pagar por mantenerlas hasta el final de sus días.
Halequín – Diario de un Maestro del Engaño, es una agradable historia de intriga y rivalidad, que abarca tres generaciones, y se enfoca en el fascinante mundo del negocio musical.
Acto I
(1) El Viaje
1930. La futura estrella de la Ópera y el Bel Canto, el niño Andrei Bogdan y su familia, se dirigían con lo poco que poseían, al puerto de Mangalia, ubicado en las encantadoras costas del Mar Negro, en Rumania para desplazarse hasta España; desde ahí comenzarían una nueva etapa en sus vidas. Para aquel momento, sus intenciones de partir de su país natal hacia América, por primera vez, era conseguir mejorar su precaria condición económica y alejarse del inminente momento político que se iniciaba; el gobierno rumano asumía una posición alineada militar y políticamente con la Alemania nazi, implementando el antisemitismo de manera oficial en aquel país.
Los conservadores padres de Andrei, consideraban que emigrar favorecería el futuro de sus tres bien amados hijos, aunque esa idea había sido reforzada por un paisano y pariente lejano suyo, Olaf Wolf, un astuto y ambicioso empresario, con una habilidad solapada y siniestra para siempre engañar y mentir. Aquel bribón, con su manipulador poder de persuasión, fue quien los convenció completamente, colmándolos de grandes expectativas.
—¡Cuando lleguemos ya verán, la fortuna les sonreirá! Esta pequeña deuda por todos los gastos del traslado y el hospedaje a mi cuenta, serán pequeñeces olvidadas. —Olaf Wolf les sonreía cordialmente con total convencimiento, haciéndoles teatral reverencia a cada miembro de la humilde familia, mientras abordaban Arlanza, el modesto buque trasatlántico. Su mirada penetrante y vivaz, siempre destacada por sus pobladas cejas, estaba secretamente centrada en el niño Andrei. Él valía toda esa inversión hecha y mucho más. Olaf Wolf sabía que todas sus cartas estaban apostadas a las cualidades vocales extraordinarias de aquel niño prodigio. En muy poco tiempo podría recuperarse de la bancarrota, y lograr ser nuevamente, un admirado y respetado empresario. Solo era necesario lograr convencer a los padres de Andrei, para hacer uso y explotar a su conveniencia, el portentoso talento oculto de su hijo menor. Para eso tendría primero que conseguir ganarse la plena confianza de la familia y mantenerse siempre ligado a ellos, hasta lograr alcanzar su cometido.
Arlanza estaba ya listo para partir; su sobrio y grave llamado fue claramente escuchado en el puerto. Toda la tripulación agilizaba sus maniobras para zarpar. Una pequeña multitud en el muelle despedía a los viajeros, intercambiando señas y buenos deseos. Olaf Wolf había dado instrucciones a un tripulante cómplice suyo para que se hiciera cargo del equipaje con las pertenencias de la familia Bogdan, pero éste, sin que sus confiados dueños supieran, jamás hizo lo encomendado. El marinero nunca subió al barco ni una sola de sus valijas.
—¿No te emociona poder viajar juntos y conocer un nuevo mundo, querida?...
—No sé, amor, creo que siendo la primera vez que viajamos tan larga distancia, me asusta un poco. —La señora Bogdan le respondió a su esposo, contemplando desde la cubierta el vasto horizonte frente a ellos y la blanca estela, cual cola de novia, arrastrada tras de sí por la embarcación. La romántica visión la llevó a recordar con nostalgia su boda y vida en matrimonio. Ella tenía apenas dieciséis primaveras cuando contrajo nupcias y sus tres adorados hijos habían nacido y crecido con total rapidez. Ya los dos mayores alcanzaban esa misma edad que cuando ella se casó, la sencilla mujer todavía poseía la lozanía de su juventud. Era muy afortunada por haberse enamorado de un hombre bueno, quien la respetaba y protegía. Su esposo y ella provenían de Sălcioara, una apacible y trabajadora comunidad de pescadores, relativamente cercana al puerto de Mamaia, sus calles siempre estaban repletas de bellas flores. Cerca de ahí quedaba el lago Siutghiol, conocido desde siglos por poseer propiedades curativas contra enfermedades de los huesos y la piel, reuma, artritis o problemas nerviosos. Estando en espera de Andrei, recordaba cuando su bisabuela y comadrona, le vaticinó que aquel niño poseería un don especial, como aquellas aguas del lago, un poder sobrenatural y extraordinario que ella en su momento descubriría.
Los viajeros contemplaban fascinados el fabuloso espectáculo del sol, ocultándose entre las nubes, dorado y majestuoso; algunos albatros y gaviotas revoloteaban el firmamento. Olaf Wolf, acercó al pequeño oído de Andrei, la curvilínea concha de una caracola marina.
—¡Acá dentro está atrapado el suave bramido del mar, querido Andrei!... ¡Escucha!... ¡Con suerte puede que logres también captar un canto de sirenas! —Olaf Wolf miraba al niño con total atención y expresión convencida y vivaz. En secreto admiraba al pequeño tanto, que él mismo se aborrecía de ello.
Andrei sujetó con su manita la espirilada concha, era esmaltada, de agradables y vivos colores. Inesperadamente, el susurro del viento y las olas trajeron una ensoñadora melodía vocal extraordinariamente conmovedora, que los sedujo e hipnotizó por su potencia y belleza sobrenatural. Era indescriptiblemente hermosa, sutil, etérea; un ángel sanador sin dudas, cantando frente a ellos. Incluso el mar gentilmente enmudeció, para luego aplaudir en su honor. Era una canción infantil interpretada con total perfección por Andrei. Olaf lo quiso ocultar, pero tan sencilla melodía lo hizo enternecer profundamente y al mismo tiempo ambicionar controlar con mayor ahínco, la carrera artística de aquel mocoso.
(2) Attila Dorn
1932. Era la noche del estreno, la gran gala inaugural. Escrito en senda marquesina destacaba “Armata Strigoi” obra teatral protagonizada por el niño prodigio, el gran descubrimiento, el sensacional tenor Attila Dorn. Su nombre real era Andrei Bogdan, sus padres y hermanos provenían de Rumania. Él era el benjamín, el hijo con aptitudes artísticas prodigiosas, poseía un talento excepcional para el canto lírico. Andrei fue descubierto dos años atrás por Olaf Wolf, su actual tutor; un ambicioso empresario teatral rumano y hábil hombre de negocios. Un sujeto trastornado por su decadencia en el mundo de la ópera, quien había ganado cierto prestigio en sus años de gloria, pero justo antes de conocer a Andrei, se encontraba prácticamente en bancarrota.
Puso todo su empeño en convencer primero a los padres del niño prodigio, en permitirles ser su profesor de canto, prometiéndoles grandes ganancias en muy corto tiempo. Como eran personas conservadoras, y estaban en trámites para legalizar su permanencia en ese país, se oponían rotundamente. Ellos pensaban que el chico, con tal solo diez años, debía más bien llevar una vida alejada de los escenarios y la fama y disfrutar su niñez. Olaf Wolf conocía la precaria condición económica de los Bogdan. Habían llegado a América con la esperanza de una vida mejor, alejándose de la inminente amenaza nazi en busca de un futuro apacible para sus tres hijos.
«Tontos ingenuos, supersticiosos y manipulables» —pensaba con desprecio Olaf, mientras que con una sonrisa excesiva les adulaba y los inundaba de atenciones.
—¡El muchacho es totalmente asombroso! ¡Tiene una extensión vocal extraordinaria! ¡Casi cuatro octavas, cuando el promedio es de dos y media o máximo tres!
—Tiene diez años. Todavía es un niño, señor Wolf. —Expresaba su madre, sin dejar de reconocer lo que Olaf Wolf les expresaba.
—¡Exacto, madame Bogdan! ¡Su hijo Andrei posee un registro tenor único! ¡Con toda mi experiencia y trayectoria, no había conocido a nadie de esa edad, con semejante registro vocal de un adulto! Aunque la voz de Andrei va a cambiar debido a su edad precisamente, ¡en el futuro podrá utilizarla para seguir como cantante lírico spinto e incluso barítono!
—Es cierto lo que usted dice, pero no estamos interesados. —El señor Bogdan fue seco y contundente. Tomó a su esposa por los hombros y buscó la salida.
Olaf Wolf alzó sus pobladas cejas y con un gesto exagerado les señaló a ambos la puerta.
—¿Puedo, sí me lo permiten, despedirme en privado de Andrei?... —Los sencillos señores observaron a su hijo, y con un gesto aprobatorio los dejaron solos.
—Ven Andrei, siéntate acá un momento, por favor. —El chiquillo obedeció respetuoso como siempre a su maestro, y se sentó de espaldas al gran piano que reposaba en el centro de la sala de ensayos. Andrei llevaba puesto un fino trajecito de etiqueta, envuelto en una elegante capa color púrpura y colocado ahora en su frente, un antifaz blanco, a juego con su camisa y corbata, que puesto le ocultaba medio rostro. Todo ese atuendo le hacía lucir mayor.
—A ver, dime: ¿Qué es lo que más te gusta hacer, además de cantar?...
—Compartir con mi familia. Estar con ellos.
—¡Ah! ¡Qué hermoso! Te prometo que siempre estarás junto a ellos, siempre. ¿Y qué más te agrada hacer?...
—Las películas. ¡Me gusta mucho el cine!
—¡Vaya! ¡Qué curioso, Andrei! Justo acá tengo una entrada de cortesía. Qué tal vez podrían ser dos o hasta tres, sí prefieres que alguno de tus hermanos mayores te acompañe al matiné. ¿Te gustaría, eh?... —Andrei abrió los ojos con entusiasmo. Olaf Wolf deseaba persuadir al niño, manipularlo solapadamente.
—Bien, serán todas tuyas. Siempre y cuando me prometas que seguirás asistiendo a tus ensayos y convencerás a tus padres de que te permitan hacer carrera en el mundo del espectáculo. ¡Puedo llegar a hacerte un cantante muy famoso y respetado, mi querido Andrei!
El chico se marchó convencido, sin pensar que en verdad para lograrlo tendría que pagar un alto precio. ¿Cómo iba a imaginarlo?
Pocas semanas después, el señor y la señora Bogdan recibían una carta de parte del abogado de Olaf Wolf, la cual incluía un documento legal cuyas cláusulas forzaban a la familia rumana a volver a su tierra, dejando al pequeño Andrei bajo la tutela de su mentor, el señor Wolf. “In loco parentis”, expresaba el documento reglamentario, refiriéndose a la responsabilidad legal que Olaf Wolf obtendría al momento de hacerse cargo del chico a nivel educativo. El señor Bogdan consultó el término latino en un diccionario, justo cuando los encargados de migración tocaron a su puerta con intenciones de deportarlos.
(3) 1934
Aquel ardid había funcionado. Olaf Wolf utilizó su conocimiento avanzado del idioma español como recurso para sacarle ventaja a aquel documento presentado a los padres de Andrei, el cual ahora resguardaba celosamente bajo llave en su escritorio. Manipulados por el temor y la intimidación de aquellos rudos funcionarios, secuaces de Olaf, del departamento mexicano de migración los tomó por sorpresa. Olaf les traducía al rumano las razones legales por las cuales debían ser deportados. Nicoleta y Sergei Bogdan no eran personas cultas, y mucho menos duchas en materia legal. Además, habían depositado ciegamente toda su confianza en Olaf, delegando cualquier gestión a su criterio y voluntad. Así fue como habían transcurrido dos años desde que Andrei fuera separado vilmente de su familia.
El chico había iniciado efectivamente una modesta carrera en el teatro, bajo la tutela legal de Olaf; y sin dudas, aquella nueva condición se reflejaba en el modo de cantar e interpretar de aquel niño prodigio.
«Ahora no solo hay talento en su voz, también hay profunda emoción y sentimientos encontrados». —Así pensaba al contemplarlo actuar desde los bastidores, aquel obsesionado empresario. Su mirada centellaba al momento de ordenar reabrir las cortinas del escenario para dejar salir por segunda vez al chico estrella. Era un éxtasis verlo agradecer la ovación y los aplausos enardecidos del público asistente en cada presentación.
Sin embargo, Olaf siempre estuvo atento a hacerle llegar a Andrei sin demora, toda correspondencia que sus padres y hermanos le enviaban regularmente desde Sălcioara, su pueblo natal. El chico se alegraba enormemente cuando Olaf le hacía entrega de aquellas misivas.
—¡Llegaron buenas nuevas desde Rumania, querido Andrei! —solía siempre decir. Porque pese a cualquier otra idea, Olaf entendía la importancia y repercusión que para el chico tenían estos escritos. Él no mataría literalmente a su "gallina de los huevos de oro". Olaf no se consideraba avaro, y mucho menos un hombre estúpido y sin visión, todo lo contrario. Su proyecto de éxito con Andrei era tan complejo y estructurado que estaba dispuesto a cualquier cosa para lograrlo. Y nada ni nadie lo impediría.
(4) 1936
Sentado en su cómoda butaca, Olaf Wolf daba una última lectura al contrato radial que acaba de redactar. Minutos antes su asistente personal lo había mecanografiado, dejando tres copias sobre su escritorio.
Durante su travesía abordo del Arlanza, Wolf había transcurrido buena parte de su tiempo indagando entre los pasajeros, atento a sus charlas y conversaciones ocasionales. «Las oportunidades solo aguardan a ser descubiertas», —se repetía a sí mismo; ese mantra personal le guiaba con efectividad y precisión. Olaf era un hábil relacionista público. Cuando conversaba, lograba empatía y un balanceado intercambio de ideas. Poseía carisma natural y don de mando, adicionalmente, gozaba de una poderosa capacidad de atención, memoria y sagacidad. La conversación llegó a sus atentos oídos mientras daba un breve paseo matutino por la popa del trasatlántico español.
—Pues hombre, hace ya nueve años que falleció. Y estoy seguro que pocos lo recordarán.
—¿Cómo dices que se llamaba?...
—Julio Cervera, tío. Desarrolló la radio once años antes que Marconi. Fue uno de esos genios poco conocidos en la historia de este invento. Y aunque es cierto que el italiano logró antes que Cervera la telegrafía sin hilos y enviar señales, este físico español logró transmitir la voz humana, el sonido propiamente dicho, ¡por aire! entre Alicante e Ibiza.
—¡Son como 85 kilómetros de distancia! ¡Fascinante!
—¡Sí que lo es! Sabes que soy amante de la música clásica y las grandes voces de la ópera. Por eso entre tantos viajes, estuve en Alemania, Italia y finalmente en Francia para estudiar más sobre el tema. Allí encontré equipos de radio con transmisores casi abandonados y algunas lámparas y válvulas en buen estado, elementos que traigo celosamente dentro de mi equipaje. Todo esto, querido amigo, podrá servirnos para modernizar tus transmisores caseros, perfeccionar el diseño de la antena, ¡y lograr abrir nuestra propia estación radial al llegar a México!
Al pasar junto a ellos, Olaf Wolf se quitó su sombrero, haciendo una cordial reverencia. Los dos hombres le prestaron poca atención pero respondieron a su saludo. Ambos estaban concentrados, evaluando los planos técnicos del proyecto.
Olaf se alejó de ellos, caminando hacia donde una atractiva mujer europea de rostro y facciones refinadas, bebía plácidamente una taza de té, sentada en una mesa con paraguas. Se llamaba Olga Constantinesca, era clarinetista y pupila de Olaf. Éste fingió no conocerla y simplemente se ubicó a corta distancia de la mesa; lo suficiente para que pudiese oírlo discretamente.
—Distrae a esos dos idiotas lo suficiente para que logre apoderarme de su equipaje; y no me busques hasta que no hayas logrado adueñarte de esos planos. ¿Entendido?
La misteriosa mujer dejó la taza sobre la mesa y llamó con una seña discreta al camarero. El hombre, luego de aceptar la propina, le retiró cortésmente la silla.
—Madame. Fue un placer atenderla.
—Gracias. —Respondió con gentileza, mientras se ponía de pie y se colocaba unos coquetos lentes de sol.
A través de los oscuros cristales, su mirada fija y penetrante chocó unos segundos con la de Olaf Wolf, quien satisfecho la vio obedecer mansamente sus estrictas instrucciones.
(5) 1940
Transcurrieron cuatro años y las artimañas de Olaf Wolf, cobraron forma. Olga Constantinesca, logró persuadir a aquellos dos incautos emprendedores españoles, quienes confiaron sus propósitos radiofónicos a la "frágil y vulnerable dama Rumana", quien había logrado abordarlos y ganarse su confianza al pasar junto a ellos y simular sentirse mareada; un efecto bastante común en muchos pasajeros no acostumbrados a viajar en barco.
Mientras tanto, Olaf Wolf se escabulló hábilmente en el estrecho camarote donde presuntamente se encontraban resguardados los componentes radiofónicos. No le fue fácil dar con ellos, efectivamente. Encontrarlos en breve tiempo le obligó a pensar con rapidez y actuar en consecuencia. Al encontrar el compartimiento correcto, Wolf se apresuró a colocar con sumo cuidado dentro de una amplia mochila los delicados componentes.
Salió con sigilo al pasillo, cerciorándose de no ser visto. Su coartada era culpar al personal de limpieza por el infame hurto. Mientras tanto Olga, había logrado pernoctar lo suficiente en compañía de los dos hombres, quienes por simple caballerosidad, habían aceptado acompañarla mientras se recuperaba de su malestar. La astuta joven disimulaba no comprender el idioma español explicándoles, que ella conocía era lo básico del idioma inglés, lengua con la cual lograron los tres entenderse. Olaf le había dado previamente un muy intensivo curso del castellano, permitiéndole a Constantinesca comprender lo que ambos hombres conversaban entre sí.
—Te confieso Joaquín, se me parte el alma ver a esta dama indefensa padeciendo tan incómodo malestar.
—A mí igual, Ricardo.
—¿Y te has pillado lo muy maja que está? ¿Ah?
—Anda a ver si por portarnos tan gentiles nos tropezamos con quien sea que la acompañe y mal interprete nuestras intenciones.
—¡No seas gilipollas! Muchas de estas chavalillas se han aventurado a dejar Europa con la ilusión de encontrar un marido adecuado, un hombre de provecho, un caballero de bien.
—¿Alguien como tú, supongo?
—Si consolidamos nuestro proyecto, no sería para nada descabellado. —Olga aprovechó ese instante para incorporarse de la silla reclinable en donde se encontraba, y con toda intención impulsó sus pechos, con el suficiente énfasis para que ambos hombres se les cortara la respiración, al ver como sobresalían sugerentes de su escote.
—I feel better, gentlemen! —Les dijo sonriendo con igual amplitud, mientras que con un rápido e imperceptible movimiento de sus manos, los despojaba del plano técnico, en un abrir y cerrar de ojos.
—My husband is here! Thanks you for all. Good afternoon!
—Good afternoon lady! —respondieron a dúo. La vieron alejarse tan rápidamente como había llegado, sin notar lo que había pasado ni percatarse del ardid.
La emisión radiofónica en 1938 de "La Guerra de los Mundos" en los Estados Unidos, inspiró a Olaf Wolf a recrear al igual que Orson Welles, su propia versión de un programa radial capaz de impactar profundamente en el público. Aquella transmisión debía llevar al radioescucha a nuevos niveles de emoción. Y él comenzaba a entender que las capacidades vocales de Andrei, fácilmente lograban abarcar la ópera, las radio novelas y los amenos programas infantiles. La programación de su cadena radial fue creciendo en popularidad y expandiéndose a medida que el niño prodigio iba haciéndose más experto y versátil, bajo su estricta tutela y formación.
(6) Sueño de la Post Guerra 1945
Entre todos los inventos de la época que lograron generar un gran furor por sus maravillosas posibilidades, fue el tocadiscos el mayor de todos. Por primera vez un aparato electrónico permitía la reproducción autónoma de una grabación musical, superando en calidad a su antecesor, el gramófono, gracias a un motor eléctrico que le permitía reproducir de manera estable discos a 45, 78 y 33rpm (revoluciones por minuto). Su desventaja era su alto costo. Llegaban a ser tan caros como un automóvil, debido a ser considerados lo último en tecnología. Olaf Wolf, era uno de aquellos privilegiados en poseer uno. La estación de radio que había logrado llevar adelante, junto a sus oportunas conexiones con los primeros fabricantes de estos artefactos, le abrió en aquellos días un universo fascinante, nunca antes explorado. Eran caras y complejas las grabaciones en vivo y el trabajo para llevarlas a cabo era arduo. Olaf Wolf, se vio obligado a contratar personal calificado o a medio calificar, quienes bajo su estricta supervisión lograban resultados de muy alto nivel artístico, donde la participación estelar de Andrei Bogdan, apodado por todos como "Attila Dorn", el chico estrella, siempre destacaba.
En 1945 ya el muchacho había alcanzado los 23 años y poseía una agenda muy compleja, que abarcaba clases de canto, actuación incluyendo preparación intelectual y física integrales. Nadie sospecharía que Andrei era rumano. El chico había alcanzado un dominio perfecto del español. Aunque también poseía un amplio manejo del italiano, el francés, incluso el alemán, a razón de ser las lenguas en que se cantaban las grandes óperas.
Andrei había aprendido a apreciar, incluso a amar, el Bel Canto. Olaf lo educaba con ahínco, haciéndole valorar las biografías de los más destacados autores del pasado, quienes habían logrado crear obras musicales maravillosas, las cuales siempre estaban respaldadas de intensos argumentos repletos de historias y personajes dramáticos y apasionados.
—¡Ah! ¡Las emociones humanas, querido Andrei!... Son un vasto océano impetuoso e indomable, furioso y profundo, peligroso y hermoso a la vez; es el medio natural que hemos elegido para transformar para siempre el corazón del espectador y llevarlo al éxtasis. —Olaf hizo un gesto teatral con sus brazos, desplazándose mientras hablaba hacia el amplio ventanal, quedándose en una actitud contemplativa y ausente por un breve instante.
—¡Necesito ir a Rumania lo más pronto que sea posible! —La solicitud tomó por sorpresa al astuto tutor quien por instantes no supo qué responderle a Andrei. El chico no aguardó su respuesta, adelantándose a decir:
—La guerra terminó. Mi familia me ha explicado encontrarse en mejor condición económica, gracias a las oportunas sumas que les has enviado, producto de mis actuaciones, pero pese a eso, me han confesado tener que esperar un poco más para poder viajar hasta acá.
—Entiendo queridísimo Andrei, y en todo caso, es solo cuestión de tiempo nada más para...
—¡No deseo esperar ni mucho menos postergar mi reencuentro con ellos! —Al chico le brillaron los ojos con tal frenesí que Olaf pudo reconocer ese clamor con total claridad; lo había percibido en escena cuando el ahora joven promesa interpretaba la parte más difícil y crucial de las óperas, y su mirada remarcaba lo que su poderosa y bien dotada voz expresaba en emociones y canto, con una contundencia y sinceridad que incluso a él, al propio Olaf Wolf, le era imposible ignorar.
—Haré los arreglos. Te lo prometo. Será recomendable reprogramar la agenda pero en un mes, podrás viajar a ver a los tuyos. —Andrei miró a Olaf con mayor intensidad y por instantes un sudor frío le invadió erizándole la piel.
—Volveré a los ensayos. —Dijo el muchacho saliendo con solemnidad del elegante despacho.
(7) Summus Finis - 1946
Olaf Wolf cumplió su promesa. A principios de enero, y estrenando una muy confortable suite en primera clase Andrei Bogdan, junto a todo el elenco, viajaban a bordo del Alcántara, uno de los más populares y veloces transatlánticos de la Royal Mail Steam Packet Company rumbo a España. Wolf programó hacer trasbordo hasta el recién construido aeropuerto de Barajas, en donde sorprendería a Andrei con un boleto aéreo ida y vuelta España-Rumania a bordo del moderno Dragon Rapide, con la condición de poder visitar a su familia y regresar en pocos días, justo para el estreno de "Carmina Burana" en el Teatro de la Ópera en Madrid. Aquella singular obra había logrado impactar profundamente en el espíritu visionario de Olaf Wolf. Carl Orff, un brillante compositor y arreglista alemán, había trabajado arduamente para componer y llevar a escena aquella impactante producción. Revisando cientos de textos y poemas escritos en el medio evo por monjes y juglares, los cuales revelaban el modo de pensar y sentir del hombre en ese período de la historia, a veces humorístico, en otras sugerente y reflexivo. Carl Orff consiguió estructurar una magnifica creación en 23 episodios, cuya introducción y cierre titulada "Oh Fortuna", quedaría inmortalizada como el distintivo sonoro de toda esta gran obra.
—¡Llevarla nosotros a escena será realmente alucinante, querido Andrei, créeme! ¡Es diferente, audaz, llena de matices y por demás atrevida y controversial! ¡El pensamiento libertino llevado con ingenio e inteligencia a terrenos sonoros vibrantes y maravillosos! ¡Ya ansío darte uno de los roles solistas! ¡Es necesaria una costosa producción eso sí, el coro fastuoso, la orquesta!... ¡Ya verás de qué se trata! —La joven estrella no dudaba en lo absoluto que así fuese. Su maestro y mentor desde siempre era fuente fundamental de las mejores referencias y Carmina Burana, no sería la excepción.
Wolf acostumbraba evaluar la puesta en escena de sus competidores y era el primero en apreciar los resultados; eso sí, siempre que le fuera atractivo y especialmente lucrativo, buscaba la manera de llevar a un siguiente nivel las obras que se habrían paso en el mundo del espectáculo de aquellos días. En pleno siglo XX Carmina Burana había causado gran revuelo, los medios informativos y la crítica especializada la calificaban de revolucionaria, particularmente el recién derrotado régimen nazi llegó a calificar la profana cantata de Obra Maestra, mientras sus detractores buscaron razones para culpar injustamente a Carl Orff de apoyar con aquella obra a los autores del holocausto y ser partidario del régimen de Hitler y apoyar el fascismo alemán. La cruenta guerra continuaba causando estragos a pesar de haber finalizado.
Durante su travesía marítima rumbo a Europa, Andrei entró en su camarote luego de almorzar encontrando a Olga Constantinesca practicando muy absorta su violonchelo. La enigmática mujer conservaba una actitud plácida y de admirable disfrute artístico. Pese a ser nueve años mayor que Andrei, apenas rozaba los treinta y tantos, conservando un atractivo juvenil casi sobrenatural, y por primera vez "Attila Dorn", perdió el habla, quedó literalmente mudo.
Al alzar la vista hacia ella pudo percatarse que todo el cuerpo de Olga lo cubría únicamente su instrumento. Ensayaba desnuda y estaba consciente plenamente de ello; más no de la presencia de Andrei.
La elegante habitación, moderadamente amplia y lujosamente decorada, se mantenía en penumbras, sólo las profundas notas del melancólico instrumento armonizaban con el lejano murmullo de las olas. Andrei la observó devoto un largo instante para luego expresarle:
—¡Nunca en toda mi vida como artista, había contemplado tal grado de belleza y perfección ante mí! —Olga no reaccionó. Imperturbable, y sin dejar de tocar, volteó su mirada de acero hacia Andrei, sonriéndole imperceptiblemente; fue casi como contemplar a la Gioconda, sí, era una versión sexy de la Monalisa, con su misma enigmática e impenetrable expresión. Andrei no se había sentido atraído sexualmente hacia ella hasta ahora, debido a que desde siempre él encontraba en esa mujer la misma mirada e intención ladina y perturbadora que siempre manifestaba Olaf Wolf. Sin embargo, la admiraba con vehemencia. Era una espléndida chelista y aquella escena le había trastocado el alma; por primera vez sintió igual o incluso mayor pasión que cuando él interpretaba a Marcelo en su obra favorita "La bohème", y supo que algo muy oscuro se empezaba a apoderar de sus sentidos, no por casualidad Olga practicaba en su habitación con total descaro. Andrei sabía que Olaf Wolf lo había autorizado e incluso ordenado, pero lo inquietante era descubrir con qué intenciones.
(8) El Retorno - 1947
La dictadura fascista de Ion Antonescu sobre Rumania recién había finalizado. Su régimen militar había sido responsable de la muerte de varios cientos de miles de judíos en regiones como Bucovina, Besarabia y Transnistria. La familia de Andrei había pasado momentos muy tensos durante esos días de antisemitismo, porque aunque ellos no profesaban esa religión, sí conocían a uno que otro judío y los Bogdan siempre que pudieron, buscaron ayudar a esas personas bajo su propio riesgo de esa terrible persecución.
El fin de la guerra dio paso a una paulatina nueva etapa para el pueblo rumano y en especial para la familia de Andrei. Un hombre acaudalado llamado Isaac Avramescu, envió una postal junto a una carta dirigida al señor Bogdan con un mensaje sorpresivo.
La misiva era una breve pero emotiva explicación de cuánto había significado para aquel sefardita el resguardo por parte de los Bogdan de sus preciados familiares durante el tiempo que duró la guerra.
—Sofía, no lo vas a creer, ¡ha ocurrido un milagro! —El señor Bogdan extendió la carta hacia su esposa con expresión atónita invitándola a leerla. Junto a ella apareció su hijo mayor Víctor, quien casi en simultáneo la imitó haciéndolo por encima del hombro de su madre.
—Sabes que es muy mala educación usurpar a mamá así. —Reprochó Bladimir a Víctor desde una modesta butaca añadiendo:
—¡Vamos mamá, dinos ya! —La señora Sofía Bogdan reaccionando a la solicitud de su otro hijo exclamó:
—¡Están participando que a su papá le han otorgado una pequeña fortuna! ¿Recuerdan a los dos hermanos judíos que logramos refugiar?... Su abuelo es un hombre acaudalado que ha querido reconocer ese importante favor. —El rostro de la señora Bogdan reflejaba una alegría contenida que ya le hacía aflorar las lágrimas.
—¡Hasta ahora la ayuda de Andrei había sido la única opción con la que contábamos! —Ahora todos estaban de pie en el porche de la humilde casa. Los tres hombres rodearon a la emotiva mujer que enmudecía de la emoción, cada uno le fue expresando su opinión ante tan sorpresivo acontecimiento.
—¡Es un gran alivio mamá! —dijo Bladimir.
—¡A papá le dejarán de salir más canas! —Soltó jocoso Víctor. Súbitamente el mismo señor Bogdan empezó a tararear una canción tradicional rumana invitando a que todos se tomaran de los hombros y progresivamente fueron girando armónicamente cada vez con mayor rapidez, llevando el ritmo con su canto, invitando a sus tres acompañantes a imitarlo. Y los cuatro artistas fueron contagiándose de una gran euforia, mientras danzaban, cantaban y reían cada vez con mayor frenesí. Fue justo en ese momento que Andrei llegó de visita, sorprendiéndolos. La familia frenó en seco su danza, quedando por segundos paralizada. Los cuatro salieron corriendo hacia él abrazándolo. La risa dio paso a un llanto colectivo muy especial, solemne. Los Bogdan estaban de nuevo juntos. Andrei, el hijo menor, transformado en una estrella del Bel Canto, estaba de vuelta. Había suficientes razones ahora para celebrarlo.
Fin del Acto I
Acto II
(1) La Confesión de Olga
Estoy plenamente convencida, todo lo ocurrido desde ese fatídico accidente aéreo cambió mi vida. Fue todo tan repentino e inesperado, nunca había visto al señor Wolf tan alterado, nunca.
Los medios informativos divulgaban el penoso fallecimiento de Attila Dorn, la reconocida estrella internacional, quien se había establecido desde niño en México, logrando un arrollador éxito como cantante lírico. El señor Wolf me había ordenado expresamente no difundir mayores detalles personales de sus antecedentes familiares, me había prohibido bajo amenaza revelarlos, siendo la única que conocía la verdad. Por tal razón, y para aliviar mi corazón y alma de semejante culpa, decidí escribir estas líneas, pidiéndole a Dios todopoderoso, el alivio de su gracia y misericordia.
Así que empezaré por el principio. Poseo toda la documentación que confirma nuestro último viaje en barco, desde México hasta España. La Compañía Teatral de Olaf Wolf comenzaría una breve gira por varias ciudades españolas, pero durante los preparativos, Wolf había autorizado en secreto un viaje relámpago desde España hasta Rumania para que Attila Dorn se reencontrara con su familia. Llevaba 17 años separado de sus seres queridos, había mantenido contacto con ellos solo por cartas. Olaf Wolf me confió una importante tarea: Debía a toda costa lograr que Attila Dorn regresara a España en la fecha acordada, y así fue. Tristemente logré convencerlo. Olaf Wolf le obsequió un pasaje aéreo ida y vuelta con el cual viajar a su país natal pero me encargó que lograse que no estuviese tentado a quedarse y desertar.
Nuestra estadía en el buque trasatlántico llevó a Andrei a desear que yo lo acompañara. Estoy convencida que él lo quería realmente. Al principio confieso que seducir a Andrei no era más que asumir un papel más. A los actores fingir se nos da con facilidad. Sin embargo, pese al breve tiempo que compartimos, me fue posible reconocer su valentía. Era un hombre por demás reservado, introvertido, aunque para el momento que nos relacionamos, asumió una actitud distinta. Fue muy expresivo y espléndido con los detalles. Como artista pude comprender que Andrei estaba mucho más involucrado y ciego que en cualquiera de sus pasadas representaciones.
Así fue como el destino me llevó a conocer en persona al señor y la señora Bogdan y a sus hermanos Víctor y Bladimir. Aquel reencuentro familiar tan hermoso perdurará en mi memoria hasta el fin de mis días. Me niego a aceptar que él ya no esté y únicamente yo haya logrado sobrevivir milagrosamente ese terrible desastre aéreo. Destino cruel. No puedo sacar de mi mente su mirada serena, profunda y su mano firme aferrando la mía mientras me decía: «Vamos a estar bien, todo va a estar bien».
(2) Poncio el Piloto
Por más que lo intento, me es imposible encontrar un modo de haberlo evitado. Para Andrei, su familia era muy importante, sin dudas, pero mantener esa chispa de creatividad encendida también lo era. El canto y el mundo del espectáculo en general formaban parte de él. Andrei fue plenamente dichoso al reencontrarse con su familia, pero guardaba un nexo invisible y poderoso con la música y en particular con ese potencial creativo interior que gracias a Olaf Wolf, él había logrado canalizar. Estoy convencida, Wolf había sido complemento perfecto para Andrei, o mejor dicho, no habría existido mejor opción posible, porque ellos dos juntos formaban una dupla insuperable.
He de confesar que al principio pensaba que Olaf Wolf era un simple charlatán con apenas la habilidad necesaria para embaucar a cualquier incauto. Un egoísta sin escrúpulos. Pero con los años y habiéndome transformado en su informante, confidente, asistente personal y discípula, logré convencerme que sus propósitos y visión empresarial iban mucho más allá. Olaf Wolf era el grillete invisible sujetando los pies de Andrei, los filosos dientes metálicos de una trampa hábilmente oculta en la oscuridad que ahora atenazaban sin piedad su carne si intentaba liberarse y escapar; o peor aún, Olaf Wolf representaba para Andrei algo mucho más aterrador: su imposibilidad de ser libre y autónomo empresarialmente y económicamente.
Toda la carrera artística de Andrei Bogdan pertenecía legalmente a Olaf Cornelius Wolf. Y por casi veinte años había podido sacar jugoso partido del talento y éxito que sus dotes excepcionales le proporcionaban. Con lo que no contaba Olaf Wolf era con un sorpresivo plan de escape ideado secretamente por Andrei y su padre, en el cual fui incluida en el último momento.
Como bien expliqué al principio, comencé a relacionarme con Andrei de manera personal en el trasatlántico. Seguía las instrucciones siempre claras y precisas del temible señor Wolf.
—Haga lo que haga, te pida lo que te pida, complácelo. Andrei debe en estos días sentir que no hay mejor lugar, ni mejor compañía que la tuya. Olga, te conozco desde niña y sé que conoces todo lo necesario para hacer feliz a un hombre, en especial si es primerizo e inexperto como lo es Andrei. —Wolf saboreó aquella expresión mía de sonrojo y sonrió brevemente, arqueando sus pobladas cejas, luego prosiguió:
—El plan será evitar que su familia lo retenga por cualquier razón que sea. Lo conozco y es muy probable que estando a tu lado se enamore de ti o surja una fuerte atracción. Eso facilitará las cosas para mí. Andrei debe permanecer tres días en Rumania y volver. ¿Te queda claro? —Yo asentí y me marché a mi camerino. Wolf me había comprado una buena cantidad de lencería y tenía instrucciones expresas de usarla con el fin de seducir a Andrei. —Pero también recuerda querida— me dijo, señalando hacia el rincón donde reposaba mi violonchelo —mejor que todas esas prendas sobre tu piel, ¡permite que la música te cubra por completo!
Al tercer día, justo antes de abordar el avión, la familia de Andrei nos acompañaba para despedirnos. Había sido sin dudas, un fin de semana maravilloso. Nicoleta, a quienes todos llamaban simplemente Sofía, era la encantadora madre de Andrei. Su gracia y belleza se habían multiplicado. Estaba radiante, feliz, plena. No dejaba de bendecirnos y con cierto nerviosismo imposible de disimular, nos preguntó:
—¿Seguro que no es posible que se queden un par de días más?... —Andrei le tomaba de la mano repitiéndole lo que ya habíamos acordado decirle antes de subirnos al avión. —Mamá debo volver. Olaf Wolf confía que estaré de vuelta esta misma tarde. Recuerda mi promesa, muy pronto nos volveremos a ver. —Sofía lo miró y lo estrechó con fuerza contra ella, abrazándolo. Luego se hizo a un lado, permitiendo a sus dos hermanos, Víctor y Bladimir hablar con él.
—Mamá siempre nos contó que tu vida estaba predestinada a cumplir un fin extraordinario, querido Andrei. A nosotros también nos gustaría tener una pequeña participación, así sea muy breve ¿No piensas que sea posible?... —Víctor se emocionó y al verlo así Bladimir prosiguió:
—Te admiramos y queremos mucho hermano. Gran parte de tus mejores años hemos permanecido contigo espiritualmente ¡y no sabes lo que seriamos capaz por recuperarte! Papá nos explicó el acuerdo legal de tutela que Wolf les obligó a firmar a él y a mamá, y en las condiciones que sucedió. ¡Pero ahora podrás emanciparte! ¡Ya has permanecido suficiente tiempo con ese oportunista! —Bladimir le cedió el turno a Sergei Bogdan, quien como líder familiar había concebido el plan para liberar a su hijo Andrei de las garras de Olaf Wolf. Buscó un instante a solas y le dijo:
—Es muy arriesgado hijo, lo sé. Pero tal como tu y yo conocemos a Olaf Wolf; nunca permitirá que dejes de trabajar para él. Conozco sus intenciones. Con sus artimañas e inteligencia consiguió sus propósitos egoístas y tal como lo hemos comprobado, en estos años con él, ha ido aumentando su ambición a medida que tus talentos se han perfeccionado. Exigir tu retorno en tan corto tiempo es razón suficiente para comprobar su control sobre ti. Pero el plan que hemos ideado es tan astuto y sorpresivo que no lo verá venir. Te encomiendo a Dios. ¡Ánimo muchacho!—Sergei y Andrei se abrazaron. Ambos hombres eran altos, fuertes y atléticos. La edad marcaba la diferencia entre los dos, sin embargo, ese día padre e hijo transmitían gran vitalidad y confianza. Compartían una intensa fuerza interior.
—Recuerda hijo, antes de tomar asiento en el avión, pregunta por Poncio el piloto.
(3) La caída del Dragon Rapide
Todo lo vivido junto a Andrei, fue realmente extraordinario, y esa tarde en el aeropuerto fue increíble, excitante. Yo tenía claro que el propósito de aquel plan era liberar para siempre a Andrei de su destino junto a Olaf Wolf, pero no conocía pormenores. El propio Sergei me había advertido que la única forma de lograr ser convincente frente a Wolf, era ignorar en qué consistía el plan, y estaba en lo cierto.
Nos encontrábamos en el área VIP del aeropuerto. Wolf había programado una tele llamada justo una hora antes de nuestro vuelo. Una excentricidad tecnológica implementada para unos pocos usuarios de primera clase, con la clara intención de monitorear nuestro regreso.
—¡Andrei! ¡Caramba, qué gusto verte y oírte!... Es sorprendente lo bien que estás. Cuéntame, ¿se la han pasado bien?... —El rostro de Olaf Wolf mostraba una expresión de ansiedad contenida. La pequeña pantalla lo mostraba tal si fuese el presentador de un programa televisivo de noticias.
—¡De lo mejor! ¡Ha sido fantástico!
—¿Y Olga? ¿Qué tal se han llevado?
—Ella ha sido una grata compañera de viajes. Aunque sabes que no es muy conversadora, hemos disfrutado mucho nuestra estancia juntos.
—¡Qué bueno! ¡Eso me contenta! Acá ya tengo todo preparado para tu regreso. Vas a quedar muy sorprendido con el resultado de esta nueva producción. ¡No he escatimado y considero que el resultado superará cualquier expectativa, muchacho! ¡Venga! Al llegar tienen reservado transporte privado que los llevará directo hasta el teatro. ¡La gala del estreno aguarda ansiosamente su presencia! ¡Especialmente la del grandioso Attila Dorn! —Andrei involuntariamente retrocedió reclinando hacia atrás el respaldar de la silla, separándose de la pequeña pantalla en blanco y negro. Le resultaba un tanto perturbador sentirse tan cerca de aquel hombre, justo en ese momento.
—¡Pues pronto estaremos allá! No te preocupes. —Andrei sonrió ante Olaf y éste a su vez se despidió con una clara satisfacción en su rostro. Ambos colgaron el auricular y la tele llamada finalizó.
Al salir de la cabina de telecomunicaciones Andrei me propuso que nos sentáramos en el bar a platicar. Ordenó dos whiskies a la camarera quien nos atendió con suma amabilidad. Andrei era por demás gentil y muy guapo, y eso la chica no lo pasó por alto.
—¡Nunca en mi vida habría pensado que existiera un invento así! —Dijo Andrei con sincero asombro. Yo le asentí respondiéndole:
—¡Sí! ¡Es totalmente asombroso! Wolf me solicitó expresamente que le programara la tele llamada para hoy, y esperaba que no le hiciéramos perder el monto invertido, ya que me lo descontaría de mi sueldo. Pocas personas pueden pagar este tipo de servicios. Wolf me comentó que estas cabinas las habían construido basándose en una moderna invención desarrollada y usada por los nazis durante la guerra.
—¿En serio? Wolf será un bribón, pero su habilidad y gran conocimiento de los adelantos tecnológicos son admirables.
—Es verdad. Sobre todo cuando se trata de usarlas a su favor. Pero yo creo que es hora que dejemos de hablar de Wolf y cambiemos de tema. —Andrei me observó divertido, notaba que el whisky comenzaba a desinhibirme, haciéndome más elocuente.
—Tienes razón amor, pero no falta mucho para que tú misma inicies conmigo el plan de escape.
Pasamos cuarenta y cinco minutos relajándonos en el acogedor bar y luego escuchamos por los parlantes el llamado para abordar nuestro vuelo. Wolf había contratado los servicios de una aerolínea muy pequeña y exclusiva cuyos dueños eran paisanos y habían aceptado llevarnos de vuelta a España, únicamente a Andrei y a mí. Lo que Olaf Wolf no previó fue que Sergei, el padre de Andrei, había logrado contratar a un gran amigo personal, quien aceptó una buena suma de dinero con el fin de ayudar a Andrei. Era el piloto del "de Haviland D.H.89 Dragon Rapide".
El modesto avión tenía capacidad para ocho pasajeros, poseía grandes prestaciones para maniobrarlo y estaba equipado con dos motores a hélices. El D.H. 89 Dragon Rapide, era un avión fabricado en Inglaterra por la compañía de Haviland, y antes de haberse utilizado como avión comercial, también había formado parte de la Real Fuerza Aérea como avión militar. Rápidamente a la hora acordada el aeroplano alzó vuelo. El whisky nos había ayudado a relajarnos aunque, no consiguió eliminar del todo el nerviosismo. Andrei confirmó la identidad del cómplice de Sergei, quien una vez que estabilizó el avión, tuvo la oportunidad de conversar con nosotros, revelándonos la parte más arriesgada del plan. Andrei y yo estábamos parados justo detrás del respaldar de la silla del capitán.
—Pueden tener toda la confianza que saltar desde un paracaídas tiene sus riesgos, pero tal como me lo ha pedido mi buen amigo Sergei, si logran captar los fundamentos y los tres nos mantenemos serenos y confían en mí, podremos lograrlo.
Poncio el piloto poseía experiencia militar y había sido soldado dentro del regimiento de paracaidistas en Rumania. Contrario a lo que podrían pensar, enterarme que íbamos a abandonar el avión antes que éste aterrizara me activó la adrenalina. Estaba alerta y muy despierta.
—¿Será entonces nuestra primera clase teórico-práctica, cierto? —Solté con cierto sarcasmo y hablando mucho más alto de lo habitual para superar el sonido constante de los motores.
—Sí, señorita Olga, ni más ni menos. —Me respondió con solemnidad Poncio. Seguidamente se levantó del puesto de control dejando al aparato en piloto automático, dispuesto a explicarnos cómo usar el vital artefacto y la forma más segura de saltar al vacío.
—Debemos hacerlo de prisa, he programado para que uno de los motores presente una falla en menos de una hora. ¿Están preparados?... —Andrei y yo le respondimos afirmativamente al unísono tomándonos de la mano.
(4) O Fortuna
El salto al vacío fue espeluznante. Hubo un momento que no me fue posible definir hacia dónde se ubicaba la tierra, giraba desorientada por los aires incapaz de permanecer estable hasta que sentí cuando me sujetaron el brazo izquierdo, logrando reconocer a Poncio, el piloto, quien por señas me instaba a permanecer sujeta a él para desplazarnos en dirección a Andrei, quien ya había alcanzado nivelarse por sí solo. Literalmente ambos volábamos a su encuentro y en un espacio de tiempo imposible de definir, formamos un triángulo humano, al permanecer ahora los tres juntos tomados de la mano. Andrei sonreía con plenitud. El atardecer en aquellas alturas nos permitió contemplar y gozar una belleza inaudita, inmaculada, sentíamos formar parte de la propia divinidad y estar completamente conscientes de ello.
Poncio miró su muñeca consultando el altímetro y luego rompió el triángulo, quedando ahora una formación que poco a poco se comenzaba a desmembrar al soltarnos de las manos. Fue en ese instante que tomé consciencia en que nuestro vuelo era una sensación aparente, el descenso hizo posible distinguir con mayor claridad la costa azul y el perfil definido entre el mar y la tierra, a través de aquella fascinante panorámica.
Hablarnos en ese instante era prácticamente imposible, pero en más de una ocasión, nos escuchábamos gritar de pura euforia, fascinados y en éxtasis. ¡Volábamos en verdad! ¡Era una sensación formidable!
Días después supe que justo en ese instante aquella asombrosa aventura desencadenaría una tormenta. Nubes grises se empezaban a esparcir, nubes cargadas de ira y total indignación y la primera de ellas fue la que produjo la cancelación del estreno de Carmina Burana, porque la noticia del accidente aéreo hizo que los medios informativos difundieran con total rapidez la trágica noticia.
Un grupo de periodistas habían aguardado la llegada del vuelo 532 proveniente de Rumania, y lo que lograron cubrir fue las maniobras del cuerpo de bomberos, que a duras penas alcanzó llegar al lugar del siniestro por lo intrincado que resultó su acceso. El D.H. 89 Dragon Rapide se había estrellado y explotado en las cercanías al terreno circundante al aeropuerto, a escasos metros de la costa, en la falda de una pequeña montaña. Al no haber camino de acceso, los bomberos tardaron en lograr controlar y disipar las llamas, pero para mí fue la distracción perfecta para poder desplazarme entre esa intrincada jungla y lograr ubicarme en una zona cercana a la explosión, y con la ayuda de Andrei y Poncio, simular convincentemente haber sido la única pasajero sobreviviente de aquella catástrofe.
—Yo te contactaré en su momento. Confía en mí. —Andrei me dio un beso rápido, mirándome con ternura y solemnidad unos segundos. Poncio y él se internaron rápidamente entre la vegetación como animales de presa, alejándose de mí.
El equipo de rescate logró hallarme y fui desplazada al hospital más cercano. Los socorristas comentaban entre ellos lo asombroso que resultaba haberme encontrado sana y salva. Pocas horas después llegó Olaf de visita y pese a las advertencias de los médicos, buscó interrogarme apenas supo que había despertado y me encontraba estable.
—¿Cómo te sientes cariño?... —Del mejor modo que pude fingí encontrarme desconcertada y muy débil. Sabía que ésta era mi prueba de fuego. Sino conseguía convencer a Olaf Wolf, todo el plan de Andrei fracasaría.
—No respondas ahora querida. Veo que has sido bendecida; y por lo que alcanzo a ver, has quedado, ¡o fortuna! ilesa. ¡Asombroso! Los médicos siguen sin explicarse cómo es posible. Y créeme que yo también. El equipo de socorristas llegó a determinar que debido a la explosión, no les fue posible encontrar ninguno de los dos cuerpos. Han declarado, dentro de toda esta confusión, que el piloto de la aeronave y Andrei han fallecido, o en todo caso desaparecido. ¿Tú qué piensas, Olga?... —Olaf Wolf arqueó sus espesas cejas y con una mirada felina, se acercó a mi rostro, haciéndome estremecer.
(5) La Separación
Desperté sin saber cuánto tiempo había transcurrido. Sentí un ligero mareo al incorporarme de la cama, posiblemente debido a los sedantes. Al asomarme por la ventana, tras las cortinas observé que un grupo de periodistas hacían guardia en la entrada del hospital. Enseguida recordé la acalorada conversación que sostuve con Olaf Wolf. Los medios informativos aguardaban ansiosos conocer los pormenores del accidente en donde presuntamente, Attila Dorn, el afamado artista internacional había fallecido.
Los bomberos y la policía declaraban que hasta los momentos no habían encontrado ni el cuerpo del piloto ni el de Dorn; por lo que habían iniciado una nueva búsqueda más rigurosa en la zona del siniestro. Un astuto periodista consiguió persuadir a uno de los socorristas, quien le reveló mi paradero y en poco tiempo, otros colegas también lograron ubicarme; sin embargo, Olaf Wolf ya estaba preparado para colocar aquella situación a su favor.
—Has de explicarme todos los detalles y debemos de ser coherentes en nuestras declaraciones. Primero que nada, ¿tuviste oportunidad de conocer a su familia, cierto? —Olaf comenzó a desplazarse de un lado a otro aguardando mi respuesta para proseguir.
—Sí. Los conocí. Son buenas personas que...—Olaf me interrumpió.
—¡Yo sé cómo son! Por esa misma razón logré la custodia de Andrei. Son gentiles, sin mala intención, y extremadamente manipulables. Lo que deseo saber, es que si nunca hubo ninguna señal de querer retener a Andrei, de impedirle su retorno.
—Sofía, quiero decir, la señora Bogdan fue quien llegó a sugerirnos quedarnos unos días más. Pero nunca se resistieron a la idea de su regreso. —Miré a Wolf directo a los ojos. No mentía, y él lo confirmó.
—Te creo. Ellos son dóciles, y han consentido que Andrei se mantenga bajo mi tutela.
—Se mantuviera querrá decir.
—¿Cómo? ¿Es que acaso tienes la certeza que los Bogdan han logrado ganar? ¿Es eso lo que insinúas?...—Su errática reacción me tomó por sorpresa. Wolf era mucho más peligroso estando tenso de lo que pensaba. Me apuré a decirle:
—Por lo que a mí respecta Andrei, lamentablemente, no sobrevivió. Estoy segura. —Lo expresé categórica, desde lo más hondo, con total convencimiento, y proseguí argumentando para resultar más convincente.
—Hubo como a los cincuenta minutos de vuelo una falla en uno de los motores. Andrei y yo nos percatamos que el ala derecha comenzaba a incendiarse; y entramos en pánico. El capitán nos propuso iniciar las maniobras de emergencias y que guardáramos la calma, dado que aquel avión, a pesar de la falla, le sería posible mantenerse en el aire lo suficiente como para alcanzar abandonarlo en pleno vuelo. —Olaf Wolf tenía sus enormes ojos claros, muy abiertos, redondos como platos. Tras una breve pausa de silencio, proseguí:
—Usted bien sabe que soy una mujer aguerrida. Me enseñaron desde pequeña a enfrentar la adversidad. Aquel momento fue decisivo. El capitán nos propuso la única salida posible, saltar en paracaídas; buscaría mantener estable el aeroplano mientras Andrei y yo saltábamos.
—¿Y lo lograron? ¿Qué fue lo que pasó?
—El motor estalló. La explosión obligó al piloto girar bruscamente y Andrei salió impulsado hacia el techo del avión, golpeándose la cabeza, quedando inconsciente. Respecto a mí, fue lo último que alcancé a ver, justo antes de salir disparada por los aires y abandonar el avión de manera radical. La escotilla se acababa de abrir y el brusco giro me propulsó. El avión se estrelló y estoy segura que ambos hombres quedaron atrapados dentro. Tuve la fortuna de lograr abrir a tiempo el paracaídas y tocar tierra firme. —Estaba en éxtasis, sumergida en mi relato. Mis ojos y semblante se ensombrecieron. Wolf en tono sereno me confesó su opinión:
—Como antes te dije Olga, para mí es vital que manejemos la misma versión de los hechos ante los Medios. En lo que a mi respecta, Attila Dorn públicamente ha fallecido. Y los sucesos del accidente que me has contado, deberán ser revelados por tí en exclusiva al medio que me ofrezca la mejor oferta. Ya he comenzado a negociar con los dos más grandes y estoy seguro que seguirán pujando hasta que logre una cifra digna de esta historia. La familia de Andrei, sin excepción, la debes mantener al margen. Tú y Andrei estuvieron en Rumania por simple pretexto de un viaje a un lugar romántico de fin de semana. Ya todos han comenzado a relacionarlos a ambos de esa manera, inevitablemente. A propósito, ¿no te llegaste a enamorar realmente de él o sí?...
—No, claro que no.—Mentí.— Las instrucciones eran seducirlo, nada más.
—Qué bueno saberlo querida, porque primero, siempre he sabido percibir cuándo el corazón es quién rige a la cabeza y se interpone. Y si tú no te enamoraste, estoy seguro de que Andrei si lo hizo. Para él su familia era lo más importante, lo más preciado.
—Por la forma que usted lo expresa casi me atrevo a decir que está conmovido. ¿Me equivoco?
—Me has pillado querida. Su partida me ha afectado bastante, te confieso. Pero mucho más que todo tu relato y aventura, es el resultado médico que te realizaron al ingresar al hospital. —Olaf realizó una pausa exagerada, y alzó sus brazos en forma reverencial para finalmente expresarme:
—¡Estás embarazada de Andrei, querida! ¡Felicidades!
(6) La Entrevista
Enfrentarme a la prensa en aquellas circunstancias me permitiría promediar hasta qué punto llegaba la ambición de Olaf Wolf. Y ciertamente, luego de finalizar mi conversación con él, sentí que a su codicia se le sumaba el ingenio más inaudito para aprovechar las circunstancias adversas a su favor.
No por nada Wolf había alcanzado nuevamente una posición sólida y consolidada en el mundo del espectáculo. Modestamente había vuelto a alcanzar respetabilidad gracias al talento y desempeño del chico estrella, como solía llamarlo, el joven con dotes vocales extraordinarios, Attila Dorn, quien el destino lo había transformado en artista de renombre en el selecto mundo de la ópera. Y de quien yo ahora aguardaba tener un hijo suyo. Conocer la noticia de labios de Olaf Wolf me tomó totalmente por sorpresa. Y pese a no estar completamente convencida, a los pocos minutos el personal médico del hospital terminó confirmándomelo.
—¡Enhorabuena! ¿Cómo se siente hoy? Le hemos preparado un menú especial acorde a su nueva condición. Mucho más sano y nutritivo. ¡Y por supuesto muy rico!
La voluminosa enfermera me halagaba mientras a su vez colocaba frente a mí una copiosa bandeja con el desayuno de una reina. Algo que distinguía a quienes trabajan para Olaf Wolf, era su extremo e incómodo nivel de amabilidad. Más que expresar gentileza, siempre rozaba en incómoda adulación. Pero así era él y todo lo que venía de él. Siempre y cuando fuese de su especial interés.
Estaba completamente segura; la noticia de mi embarazo lo había afectado profundamente. ¿Con qué intenciones?... En ese momento no fui capaz de poder saberlo, ni siquiera sospecharlo.
Luego de disfrutar aquel rico desayuno la misma enfermera me acompañó hasta la puerta del baño indicándome que adentro tenía una muda limpia y también lo necesario para cepillar mis dientes. Al regresar ya había retirado la bandeja de la mesa portátil colocando un kit personal de maquillaje. Hizo que me sentara ahora en un borde de la cama. Con total soltura me peinó y acicaló el cabello, luego me maquilló haciéndome contemplar el resultado en un discreto espejito circular de polvera.
—¡Luce usted encantadora!
El reportero entró a la habitación unos minutos después acompañado de un fotógrafo.
—¡Buenos días Señorita Constantinesca! ¡Muchas gracias por permitirnos estar aquí! ¿Cómo se siente hoy?
—Gracias a Dios muy bien. —Contesté.
—Somos reporteros de la Agencia Internacional de Noticias; él es Carmelo Sánchez, fotógrafo corresponsal, y yo soy Jaime Suñén. —Ambos hombres estrecharon mi mano con emoción. La enfermera había acondicionado el respaldar de la cama, estando ahora prácticamente sentada en ella.
—Estamos muy afectados por todo lo ocurrido, y más allá de ser éste nuestro trabajo, queremos que sepa que sentimos hondamente esta tragedia. ¿Tenía usted una relación sentimental con Attila Dorn?... —El reportero lanzó su primera arremetida. Sin inmutarme le respondí:
—Fuimos por varios años buenos compañeros de trabajo. Buenos amigos. Me afecta profundamente su desaparición y sin duda me siento muy impactada por lo sucedido.
—¿Piensa que el accidente aéreo pudo haber sido provocado?... —Por segunda vez la sagacidad del periodista se hacía evidente.
—No. En lo absoluto. —Le respondí.— Considero que Attila Dorn fue un hombre de conducta intachable. Gracias a la correcta tutela del señor Olaf Wolf, su maestro, representante legal y único mentor.
—Pero, en nuestro poder tenemos un reciente reporte policial, en donde afirman y comprueban que el motor derecho del avión De Haviland D.H. 89 Dragon Rapide, fue saboteado. ¿Qué opinión tiene usted al respecto?
—¿Cómo? ¿Acaso no estalló todo el avión en el suceso?...
—Aparentemente no, señorita Constantinesca; los cuerpos policiales lograron encontrar restos del motor dañado y del ala derecha días después en la costa. Por lo visto se desprendió del fuselaje cayendo al mar antes que el avión se estrellara. —No pude evitar sentirme impactada por lo que el reportero me acababa de revelar. Aun así, mantuve mi acostumbrado rostro imperturbable, enigmático y sereno.
—Patrañas. —Expresé sin más. —Son puras patrañas, especulaciones sin sentido. —La tercera arremetida del reportero fue directa y contundente.
—¿Sabía usted que el capitán del avión Jeremy Siepmann, fue suplantado secretamente por un piloto desconocido?...
—No. En lo absoluto. —Respondí. Justo en ese instante, Carmelo el fotógrafo, me encandiló con su flash.
Fin del Acto II
Acto III
(1) Los Apuntes del Abuelo Sergei
Practicar piano ha sido mi rutina diaria. He tenido mis manos sobre un teclado desde que tengo memoria y lograr interpretar las mejores composiciones de los grandes Maestros fue por décadas mi única afición, un pasatiempo personal que apasionadamente logré perfeccionar con los años, gracias a la guía y tutela de mi mentor Olaf Wolf. Hoy veinte de junio de 1982, es una fecha que marca muy hondamente mi espíritu. Debo decir que su partida física será homenajeada por mí como sólo a él le habría encantado. ¡Haré un recital en cada una de las ciudades del mundo que más éxito acumulamos, para un total de catorce conciertos exclusivos en un tour que iniciará este mismo año!
—Señor Kamil, disculpe, ¿no cree sea muy pronto para que usted vuelva a los escenarios?... —El reportero hizo reducir los murmullos de la concurrencia, creándose un tenso silencio en espera de mi respuesta. Sentí como mi mente fugazmente iba recorriendo los instantes felices y emocionantes junto a mi Maestro, a quien había querido tan profundamente como a un verdadero padre. Gracias a Olaf Wolf pude desarrollar mi talento musical y las habilidades necesarias para transformarme en una de las estrellas musicales más destacadas del Crossover, modalidad que fusionaba el género clásico con la música popular, logrando vender millones de discos a nivel mundial e interpretar canciones junto a las más grandes luminarias, compartiendo escenario en los lugares más exóticos y deslumbrantes del planeta.
—En lo absoluto. Estoy completamente listo. —Respondí.— En breve estaremos informando los detalles de la gira. ¡Estén atentos señores! ¡Muchas gracias por su asistencia!
Me alejé del podio y me coloqué justo en frente del backing promocional, impreso con todos los logos de las marcas patrocinantes. Olaf Wolf había logrado sustanciales acuerdos con todas las compañías que las manejaban. Mi fama y reputación como artista se sustentaba en representarlas, por tal razón se hacía necesario lucir sensacional por dentro y por fuera. Al instante una lluvia de flashes calló sobre mí. Sonreí.
Al anochecer regresé a mi casa, bueno, a una de ellas, mi favorita, la que había comprado en el litoral español en Ibiza. Nada era más estimulante y adictivo que el entorno mediterráneo. Aquella casa espectacular era mi refugio y el más cómodo lugar para repotenciarte o también para perderte por completo. La vida nocturna en Ibiza era depravada y creativa. Era perfecta para mí.
Mi noche de farra duró hasta el amanecer. Desperté pasado el mediodía, completamente desnudo, acompañado de dos amigas, quienes al parecer les pareció buena idea terminar la fiesta en mi cama. Sus cuerpos estaban tonificados y tersos. Posiblemente modelados muy discretamente por algún reconocido cirujano plástico. Manos dignas de admirar, por el modo en que todas esas curvas destacaban sin desentonar. Preferí invitarlas a ambas que tener que elegir a una en particular. Lo poco que conversamos en la discoteca me hizo saber que no sabían quien era. Tampoco me importaba. En Ibiza podía dejar de ser Kamil Wolf, y ser simplemente Kamil Bogdan, un rumano huérfano de padre, cuya madre, Olga Constantinesca, había permanecido en prisión acusada por asesinato y conspiración en vísperas de mi nacimiento. ¿Cómo Olaf Wolf había podido ocultarme semejante verdad?... La resaca hacía que mi cabeza y mis emociones se confrontaran. Había pasado la mitad de mi vida pensando y creyendo ser huérfano, que no tenía familia; y justo después de la muerte de Olaf Wolf encontré por casualidad dentro del banquillo de su piano, un paquete de partituras con composiciones inéditas de mi abuelo Sergei Bogdan, dedicadas a mi padre, Andrei Bogdan. En la parte posterior de cada hoja estaba escrita mi verdadera historia, de su puño y letra. Si mi abuelo tenía razón, mi madre había muerto sola, condenada injustamente; y si todavía estuviese vivo, siendo ahora tan viejo como mi abuelo, escondido en algún lugar podría estar mi padre, Attila Dorn, aquel artista consagrado que en 1947 fuera dado por muerto en un desafortunado accidente aéreo.
(2) La Serenata
Si hay algo que puedo afirmar con total propiedad es que la vida privada de un artista famoso ha generado en todas las épocas, curiosidad, interés y morbo en sus seguidores. Mi propio padre, Attila Dorn, justo en su momento de mayor auge, había desencadenado una imparable ola de especulaciones y teorías conspirativas sobre las causas de su desaparición y presunta muerte. Sus seguidores más fervientes, quienes conocían y apreciaban más que nadie su arte, fueron sumando sus voces exigiendo a las autoridades, a través de los medios, les fuera esclarecida la situación. En aquellos días, a finales de los cuarenta, los tabloides, emisoras de radio y la recién inventada televisión, eran portavoces de aquel suceso y de los eventos que cronológicamente se desarrollaron luego.
El soberbio atardecer en Ibiza me embelesaba. Seguí leyendo las reveladoras notas escritas por mi abuelo Sergei, de quien en su honor había recibido su nombre.
«Olaf Wolf es un hombre brillante, lo admito; él y yo fuimos en nuestra juventud camaradas y compañeros de aventuras. Su padre y el mío iniciaron juntos en Sălcioara, un negocio en sociedad a finales del siglo XIX, y pronto Olaf y yo, en consecuencia, comenzamos una estrecha amistad. Estábamos encargados de ayudar en el almacén que servía de centro de distribución de víveres, el primero en ser aperturado en nuestro pueblo. "Bogdan & Wolf" decía el modesto letrero en su fachada. Madrugábamos diariamente y seguíamos con atención y obediencia las instrucciones de nuestro supervisor. La parte que más disfrutábamos Olaf y yo de ese trabajo era viajar. Ir de pueblo en pueblo y luego con los años de ciudad en ciudad, cual músicos itinerantes, despachando cada nuevo pedido. En esos días, apenas finalizaba nuestra adolescencia y la convivencia diaria nos volvió mejores amigos; en verdad lo fuimos, hasta que una vez hicimos una parada en Bucarest, una de las principales ciudades de Rumania, con mayor crecimiento económico de la región».
—¿Viste aquella buena moza asomada en la ventana, la de sombrero con flores?...¡Es muy hermosa! —Olaf Wolf me dio un codazo como acto reflejo haciéndome reaccionar y caer en cuenta de su descubrimiento. Ambos saltamos de la parte posterior del camión apenas se detuvo. Olaf calló como todo un soldado entrenado en combate. Yo no tuve la misma suerte. La jovencita del sombrero con flores se sonrojó al darse cuenta que dos muchachos forasteros habían llamado su atención. Intenté reponerme de mi resbalón con rapidez, pero ya Olaf Wolf había tomado ventaja, corriendo hacia la modesta casa de dos plantas, y sin el mayor reparo y total gallardía exclamó a viva voz:
—¡Muy buenas tardes hermosa dama! Su belleza y delicadeza bien merecen que le dedique una de mis últimas composiciones!... —La chica sonrió, aprobando la osadía de Olaf, éste me hizo señas con su mano, chasqueando al aire sus dedos; era la señal que teníamos acordada para que lo acompañara con Débora, la guitarra que en cada viaje siempre llevábamos. Olaf Wolf volvió a chasquear sus dedos para indicarme que debía iniciar. Justo tuve tiempo de tomar a Débora del camión y colocarme la tira de sujeción sobre los hombros. Comencé a tocarla.
Olaf era buen compositor pero no muy buen cantante, yo en cambio sabía interpretar la guitarra como pocos aunque era pésimo como intérprete. La chica sin embargo, nos aplaudió con devoción. El gesto de estos dos pretendientes fortuitos le había encantado. Olaf hizo una teatral reverencia para luego presentarnos.
—¡Saludos, madame! Trabajamos en Bogdan & Wolf, empresa de víveres; él es Sergei Bogdan y yo soy Olaf Wolf a sus órdenes y para servirle, señorita!
—¡Bienvenidos joven Bogdan, joven Wolf! ¡Es todo un placer! Su serenata ha sido muy bonita e inesperada. Permítanme que baje a saludarlos como se merecen, con mi chaperona, por supuesto.
Aguardamos en mitad del jardín hasta que la puerta de entrada se abrió. El pequeño edén fue el marco perfecto para engalanar aún más a quien en muy breve tiempo sería mi amada esposa y la madre de mis tres maravillosos hijos: Víctor, Bladimir y Andrei. Aquella joven era Nicoleta Albescu, luego conocida como Sofía Bogdan.
(3) La Hora Mágica
Que Olaf Wolf conociera desde joven a mis abuelos me desconcertó. Que guardara semejante secreto hasta su muerte, me hizo cuestionarme toda mi vida a su lado. Indudablemente, que su amistad entre mi abuelo y él se había transformado en rivalidad desde el momento que ambos conocieron a Sofía, mi abuela paterna. Y ahora yo mismo lo confirmaba al recordar una vez que nos fuimos a celebrar el fin de la gira y mi cumpleaños en 1967.
—¡Estuviste realmente increíble Kamil! ¡El tour no pudo terminar de mejor manera! ¡Y no es para menos! Tu talento y mi visión han hecho que todo resultara perfecto, sublime. ¡Ven acá muchacho! ¡Te mereces un fuerte abrazo! —Olaf se aferró unos segundos a mí y conmovido me susurró: «Me enorgulleces».
Como casi siempre, Olaf Wolf ejercía de "director de orquesta", dentro y fuera del escenario. Los meseros y el personal del local en donde estábamos se desplazaban y actuaban con total obediencia y prontitud a sus solicitudes. Era increíble cómo lograba en pocos minutos el ambiente ideal, coordinando instrucciones. No habíamos hecho reservaciones esta vez; era un lugar tan exclusivo que incluso uno no lograba entrar al menos que las realizaras por adelantado. Pero Olaf Wolf era cliente VIP y su inesperada visita logró romper aquel protocolo con su elocuencia y persuasión.
—¡Adoro este local Kamil! que debas pagar por disfrutar plenamente de él lo hace aún más fascinante, ¿no crees?... Todo en este mundo lo mueve saber ser influyente y conseguir proyectarlo en todo momento. —Una atractiva anfitriona se colocó en medio de ambos, reclinándose ligeramente. Sus torneadas piernas destacaban muy sugerentes con su uniforme, de un tono azul pastel.
—Permiso caballeros, sus tragos.
La joven colocó ambos vasos frente a nosotros en la mesa, sonriéndonos. Olaf Wolf miró a la mesera con intensidad, y ella se inclinó hacia él sumisa.
—Vendrás con nosotros luego que cenemos acá. Eres justo lo que necesito esta noche. —Y sin aguardar una respuesta, colocó discretamente un sobre con un fajo de billetes dentro, encima de la bandeja que sujetaba. La chica simplemente asintió retirándose sin dejar de sonreír.
—¡Muchas gracias preciosa! —Exclamó triunfante Olaf Wolf, mientras alzaba su vaso en gesto ceremonial hacia el resto de los invitados en la mesa y se paraba frente a todos expresando:
—¡Hoy hemos culminado felizmente nuestro último concierto, ha finalizado la gira, y toda la tensión acumulada y los compromisos por realizarla sin contratiempos, y lo más importante, con la total satisfacción de todo el público asistente, bien merece ser celebrado señores! ¡Salud!
—¡Salud! —respondieron todos a coro con total entusiasmo.
—Hoy, es también un día especial, porque nuestro artista favorito, a quien le debemos que podamos estar aquí celebrando, ¡cumple 20 años...! ¡Damas y caballeros, démosle un fuerte aplauso a Kamil Wolf! —Fue atronador. Aunque el discurso estaba dirigido al personal y equipo técnico de la gira, todas las personas presentes del concurrido local, incluyendo todo el personal de servicio, aplaudieron. Vinieron luego los vítores, risas, y el inicio a coro de un popurrí de canciones, las más reconocidas y amadas del repertorio de mi carrera, cantadas por él y coreadas por toda la asistencia; en un momento cumbre, ya tenía a mi disposición un precioso piano "Steinway" color blanco, en el cual fuimos interpretando alegres temas a cuatro manos, con un gran nivel de complejidad y frescura, luego fuimos acompañados por una banda de geniales músicos, que en lo sucesivo fueron incorporándose, brindándole mayor color y ritmo a la celebración. Fue muy grata aquella noche, la cual como la mayoría de las veces, finalizó cuando despuntó el sol.
Cuando todos los presentes en el local se marcharon, Olaf y yo nos quedamos juntos al piano conversando. Aguardábamos "la hora mágica", como la llaman los fotógrafos, el momento en que la luz es perfecta para lograr una foto estupenda. La vista que la terraza de aquel local poseía era envidiable, espectacular y seductora. Mis dedos y los de Olaf acariciaban el teclado al unísono. Interpretábamos un tema instrumental titulado Nostalgia. Mientras las notas flotaban a nuestro alrededor, Olaf dijo:
—Pocas cosas en mi vida he permitido que alguien me las arrebate. Muy pocas. Sobre todo habiéndolas luchado con tenacidad. Hace muchos años hubo una mujer que debió ser mía y que por haberse enamorado de otro hombre, estúpidamente siempre le fue fiel, y no aceptó estar conmigo. Juré que nunca más me dañarían así.
—¿Cómo se llamaba?
—Que importa. Era una estúpida campesina Rumana, nada más.
—Creo que tocar frente a este amanecer te ha puesto algo sentimental, Olaf.
—Seguramente. Solíamos pasear a esta misma hora frente al mar. A ella le gustaba posar y a mi fotografiarla.
—¿Conservas algunas de esas fotos?...
—En mi mente, muchacho, solamente en mi mente.
(4) Canto de Sirenas
El Teatro del Silenzio en Italia sería el escenario elegido para iniciar la nueva gira. Emplazado en el pintoresco pueblo agrícola de Lajatico, en medio de campos vinícolas y espléndidas colinas cuyo exquisito verdor y sencillez campestre resultaba el entorno natural perfecto para un concierto como los que Olaf Wolf organizaba en el auge de mi carrera. El Teatro del Silenzio estaba concebido para ofrecer dos exclusivos conciertos en el mes de Julio, el resto del año permanecía como su nombre; en silencio. Por tal razón, y dada la increíble experiencia de presenciar un espectáculo de altísima calidad, las entradas eran muy cotizadas y se agotaban rápidamente. Mi nuevo promotor, uno de los más fieles aliados de Olaf Wolf, me había sugerido realizar los conciertos en espacios al aire libre, que incluían lugares increíbles como el Central Park en Nueva York, el Hollywood Bowl en Los Ángeles, el Ravinia Festival en Chicago, el Theaterplaz en Dresde, y el Derby Park en Hamburgo. Se llamaba Vincenzo Bocelli; Olaf Wolf lo contactó justo al iniciarse mi actividad profesional como pianista. Wolf le ofreció buenas ofertas de negocios que los beneficiaban a ambos. Wolf le hizo llegar una buena parte de mis grabaciones, mientras Bocelli se comprometió a brindarnos un listado con las celebridades que mejor funcionaban para compartir juntos escenarios; en pocos años ambos empresarios disfrutaban de muy altas ganancias producto del éxito obtenido con la venta de mis álbumes y las giras mundiales. A diferencia de Wolf, Vincenzo Bocelli no poseía nexo alguno con mi familia, ni le obsesionaba mantenerme ignorante de mi pasado. Nos llevábamos muy bien y sentí que él y su compañía eran ideales para manejar mi carrera y el legado de Olaf Wolf.
Cuando tuvimos definido los detalles de los ensayos, itinerarios y demás compromisos agendados, busqué un espacio a solas para proseguir leyendo las cartas entre mi padre y mi abuelo. Estando a solas en mi estudio aproveché de grabar unos demos con las canciones compuestas por mi abuelo Sergei, para que considerara mi deseo de incluirlas en el repertorio. Me esforcé en interpretarlas con la mejor intención que fui capaz. En pocos días Vincenzo Bocelli me telefoneó emocionado.
—¡Kamil, muchacho! ¡Las canciones del demo son estupendas! ¡Olaf estaría muy orgulloso! Si es tu deseo incluirlas en el repertorio, también te diría que unas cuantas más completarían un nuevo álbum en toda ley...
—¡Muchas gracias, Vincenzo! Significa mucho para mí su apreciación y sugerencias.
—¡Para eso estamos Kamil! Espero que en pocos días nos reunamos para afinar detalles. La banda podrá darle un agradable aporte a estos nuevos temas. ¡Nos mantenemos en contacto!
—¡Claro que sí! Hasta pronto. —La sincera reacción de Bocelli me hizo considerar contarle del origen de aquellas nuevas canciones, pero antes debía encontrar nuevas pistas sobre el paradero de mi familia.
Volví entonces a la lectura del manuscrito, dando un salto al pasado.
—Simular mi muerte resultó tal como lo planeamos, papá. Había vivido diecisiete años de completo aislamiento y sentirme en total libertad me hizo reaccionar de manera compulsiva e inesperada. A medida que Poncio y yo nos alejábamos de Olga y de los restos del avión en llamas, con mayores fuerzas quise apartarme de todo lo anteriormente vivido. Tenía el pleno convencimiento que esa era la mejor opción; iniciar una nueva vida en completo anonimato, apartado de la fama, del público, alejado para siempre de Olaf Wolf.
En lo profundo de mi corazón estaba aquel viejo recuerdo, cuando mi familia y yo viajábamos hacia América y Olaf Wolf me invitó a escuchar el sonido que genera una caracola marina. Siendo niño y estando en pleno contacto con mi esencia musical, pude escuchar efectivamente el "canto de las sirenas" y ellas me alertaron; las intenciones de Olaf Wolf serían mi mayor desafío durante toda mi vida, y quizás alcanzar descubrir un gran secreto oculto en lo profundo del océano, guardado en este fascinante mundo cuya belleza y misterios han sido por siglos gran inspiración, justo ahí donde el bien y el mal han permanecido en constante batalla, debatiendo mi destino, el cual sólo sería cambiado por el poder que ejerce el verdadero arte.
Sí, pensarás que me he vuelto loco papá, pero seguramente una de las cosas que me hacen apartarme del canto es saber que mi don me ha mantenido alejado de las personas que más amo. Mis planes son mantenerme un tiempo oculto aguardando reencontrarme con Olga y con ustedes en cuanto me sea posible. Ella y yo siempre fuimos solo amigos y quizás esté muy joven para considerar formalizar una relación fugaz, pero me he sentido muy ligado a ella en estos pocos días. Me consuela poder expresártelo al menos a ti y que todos en casa la pudieran conocer. Por razones obvias, mi declaración deberá esperar el momento apropiado. Te envío un fuerte abrazo. Bendice a mamá de mi parte y a Víctor y Bladimir. ¡Echo mucho de menos tenerlos cerca a mis hermanos, a mamá y a ti! ¡Gracias por brindarnos tanto papá! —Y justo en este instante supe que también tenía dos tíos que no conocía, pero esperaba hallar a como diera lugar.
(5) Incidente en el Lobby
Apenas la gira dio inicio, aquel afán por descubrir pormenores de mi pasado fue postergado varios meses. Toda mi atención y energía (y me consta que es mucha), la absorbía intensos ensayos, los conciertos, entrevistas, firmas de autógrafos, eventos de caridad, visitas a los canales de televisión y emisoras de radio, así como los no pocos encuentros casuales y clandestinos con atractivas y seductoras admiradoras, que incesantemente (y de manera muy creativa debo admitirlo), me ofrecían sus favores sexuales en los momentos más inesperados, recurriendo a toda clase de maniobras, que si bien eran moralmente censurables, no dejaban de ser un modo muy sexy y original de demostrar su devoción hacia mí.
La mayoría de las veces sucedía tal cual una comedia televisiva. Por lo general el personal de seguridad me acompañaba hasta la puerta del sanitario. Algunos ya veteranos en su oficio, entraban a verificar que el mismo se encontrara vacío y libre de fanáticas ansiosas. Pero sin saber cómo, alguna temeraria se filtraba por alguna minúscula ventana o pasaba al mismo haciéndose pasar por personal de limpieza.
Siempre en los eventos a los que asisto hay mucha actividad, y el personal técnico constantemente entra y sale a tu alrededor, a pesar de las estrategias de seguridad, al uso obligatorio de distintivos y al acceso restringido controlado por profesionales, resulta abrumador cuando sin preverlo, una masa de fans se enteran en qué hotel te estás hospedando. Te encuentras toda clase de personas: con distinta nacionalidad, edad y género. Se esfuerzan por controlar sus impulsos cuando están junto a ti, pero pocos lo logran. Te idealizan tanto, significas tanto para ellos...
Los flashes y poses son constantes. En cada pausa voy autografiando un sin fin de objetos impresos tales como postales, entradas, porta vasos y algún volante promocional, así como inusuales solicitudes para colocar mi rúbrica, por ejemplo en un pañal desechable o en una prótesis. Luego de comprobar que aquella niñera me lo ofrecía mostrándome también el paquete recién abierto y sin usar, mientras que el sujeto que me ofrecía la prótesis, saltaba en un solo pie entre la multitud, destacándose del resto al momento de quitársela y alzarla en alto.
La admiración y afinidad con mis seguidores es lo que me motiva a continuar. Casi todos los más cercanos a mi conocían a Olaf Wolf, mi público también lo admiraba y lo trataban como a una celebridad. Él particularmente adoraba ser tratado así; ser adulado, reconocido, respetado. Fui testigo de eso, pero también fui su pupilo, su fiel admirador. Gracias a Olaf Wolf saboreaba aquella gloria; mi fama y éxito mundial se lo debía a él. Aunque mis dones, mis destrezas artísticas estaban vinculadas a una herencia familiar a las que Olaf Wolf pretendió separarme, y que había ocultado hasta su muerte. Sin dudas que ese viejo zorro ya habría dispuesto que ese sería el lapso de tiempo apropiado para guardar su secreto. A partir de ahora, era libre de indagar y reconectarme con mi verdadera identidad. La muerte de Olaf Wolf marcaba un nuevo comienzo para mí.
El personal del hotel empieza a inquietarse. La inusual concentración de aquellos seguidores en el lobby comienza a perturbar y podía salirse de control. De los ascensores va saliendo más y más gente; se ha corrido la voz, al ver el alboroto se suman a ellos multiplicándose. Resulta inútil intentar persuadirlos, toda aquella multitud se va enardeciendo aún más por la emoción colectiva. Tantas personas juntas en un espacio cada vez más reducido, obliga a mis guardaespaldas a activar un plan de escape. Sigo sonriendo y autografiando de manera mecánica. El tumulto se bambolea a mi alrededor, los flashes son cada vez más intermitentes, la histeria se desata cuando un poderoso estallido se produce en una de las paredes del lobby. Una lluvia de cristales rotos empezó a caer sobre todos nosotros al estallar un alto ventanal al ser golpeado desde afuera por un semáforo que un vehículo derribaba accidentalmente al perder el control en un cruce por exceso de velocidad, justo a las afueras del hotel. Instintivamente busqué bloquear mi cara con mis brazos mientras los fragmentos pulverizados se esparcían como una metralla, hiriéndonos sin piedad. Se produjo una estampida. El pánico se apoderó en segundos de toda la multitud que me rodeaba y los gritos y empujones crearon un caos total. Vi al propio señor Bocelli rasgar con rapidez una de las cortinas buscando envolver con ellas mis manos ensangrentadas mientras daba instrucciones para que fuera trasladado de emergencia al hospital.
—¡Espere! —Le grité sin dudar al señor Bocelli— ¡Debemos también brindarle ayuda a estas personas! —Bocelli reaccionó a mi solicitud, ordenando al personal de seguridad el llevar con nosotros a varios de los afectados de aquel inesperado accidente.
En minutos nos desplazábamos a toda prisa en la amplia limusina que permitió albergar a unas veinte personas, quienes de repente habían enmudecido por el shock. Todos estábamos cubiertos de pequeñas cortaduras y la sangre hacía por contraste más escandalosa nuestra apariencia. Hubo personas que al caerse, habían sido pisadas y presionadas contra los miles de fragmentos de vidrio que ya estaban en el duro piso de mármol del lobby.
Al llegar al hospital, los paramédicos rápidamente nos auxiliaron. Intenté que nos brindaran una atención equitativa pero noté que dos de los enfermeros demostraron reconocerme y con cierto respeto ético me expresaron:
—Sus heridas señor Kamil, las de sus manos, requieren atención inmediata.
(6) Los Dos Socios
Gracias a la oportuna atención médica fui ingresado al pabellón y operado de emergencia. Fragmentos de vidrio habían lesionado varios tendones y músculos de ambas manos, pero milagrosamente no había sufrido daños permanentes. Mi estancia en el hospital causó gran revuelo entre los fanáticos y los medios informativos. Los gestos solidarios, el apoyo e interés por nuestra recuperación generaron una inusual actividad dentro y fuera del centro hospitalario.
—¡Buenos días Kamil! ¿Qué tal avanza tu recuperación?... —El señor Bocelli me sujetó con firmeza del hombro, mostrándome sincero interés, no se había despegado de mí en una semana. Sus atenciones me llevaron a tratarlo con más cercanía, derribando la barrera del usted.
—Me he sentido mucho mejor, Vincenzo. Creo que te caería bien volver al hotel y descansar un poco. Aprecio todo el apoyo que me has brindado. Mereces un relevo, te lo has ganado.
—Claro, te lo agradezco Kamil. Eres muy considerado. Pero para mí era fundamental saber que estarías fuera de peligro y no solo por lo del accidente. Los Medios han querido entrevistarte, tus fans aguardan conocer los mínimos pormenores de tu recuperación. ¡Todo el pasillo lo tienen copado de mensajes, adornos florales y cientos de globos! ¡Apenas he logrado mantenerlos a raya! ¡Por eso me he quedado aquí!
—Sigues inspirando respeto Vincenzo. Tal como cuando Olaf Wolf me representaba.
—Venimos de la misma escuela, muchacho. Y siendo estas las circunstancias, es lo menos que puedo hacer.
—Planifiquemos una rueda de prensa lo antes posible. Pero antes, infórmame de los pormenores. ¿Cómo siguen los demás afectados?... ¿Están todos fuera de peligro?...
—Afortunadamente sí. El personal del hotel actuó con rapidez, consiguiendo trasladar a tiempo a las otras personas. Por lo que pude corroborar las más afectadas fueron las que nosotros trajimos en la limusina. Nos ayudó que este hospital quedara a pocas cuadras del hotel. El personal médico se portó muy competente y luego del susto, lograron darnos un reporte bastante optimista de cada paciente. Todos se encuentran fuera de peligro y han sido dados de alta.
—¿Y el responsable, el conductor loco que perdió el control del volante, sabes algo de él?...
—Irónicamente, el sujeto piloteaba aviones en su juventud, durante la Segunda Guerra Mundial. Se había trasladado a Norte América a comienzos de los años cincuenta para iniciar junto a un paisano, negocios de exportaciones. Pasaron dos décadas viajando por el mundo, ofreciendo mercancía importada en varios países. Y aunque habían acordado una sociedad equitativa de cincuenta por ciento cada uno, con el paso del tiempo se hizo muy evidente que uno solo se esforzaba más y obtenía mejores ventas, mientras que el segundo disfrutaba de los beneficios descaradamente. Minutos antes del accidente comenzaron a reprocharse lo del trabajo y las ganancias, al rato la discusión comenzó a ser cada vez más intensa mientras se desplazaban por la avenida principal.
—¿Con quién has hablado? Me sorprende que conozcas tantos detalles.
—Tengo mis fuentes Kamil. La policía de esta ciudad es tan o más competente que los que trabajan en este hospital. Y tu mismo me has pedido los pormenores. —Vincenzo arqueó las cejas al mejor estilo de Olaf Wolf.
—Tienes razón. Prosigue por favor. —Vincenzo Bocelli asintió y con voz firme continuó relatando.
—Ambos hombres se recriminaban e insultaban; el que conducía por descuido pasó por alto la luz roja del semáforo justo cuando llegaron a la intercepción. Para evitar atropellar a una mujer que llevaba un bebé en un coche y ya empezaba a cruzar por el rayado, el conductor realizó un fuerte viraje para intentar esquivarlos, el carro derrapó comenzando a girar fuera de control embistiendo y derribando el poste del semáforo, el cual se precipitó como un árbol caído contra el lateral del lobby, volviendo añicos la pared de cristal.
—Adentro en el lobby fue como el fuerte golpe de un martillo gigante, recuerdo. Por momentos no entendía que estaba ocurriendo. ¡Te estoy muy agradecido Vincenzo! ¡Gracias en verdad por habernos auxiliado!
—De nada Kamil. Al igual que ese conductor alterado, estuve en el frente de batalla. Fui soldado y me tocó forjar mi temple. Las circunstancias duras también nos llevan a reaccionar ante situaciones extremas. Mantener la calma y actuar con criterio es fundamental. La policía ha recogido el testimonio de la mujer del cochecito. Ella declara que el conductor hizo el brusco viraje para evitar arrollarlos, pero también afirma que el bebé y ella habrían muerto al instante de no haberlo logrado.
—Imagínate, toda esta tragedia pudo haber sido más trágica por fracciones de segundos. ¿Entonces, ambos hombres están detenidos?...
—Si. Ellos también sufrieron serias lesiones. Son hombres mayores, pero con muy buena condición física. Por lo que me informaron uno ya ha logrado restablecerse y fue quien habló con la policía, mientras que el segundo ha permanecido mudo, no ha querido dar declaraciones. Se encuentran muy afectados emocionalmente por todo lo sucedido. El conductor incluso me han insistido querer expresar en persona sus disculpas a todos los heridos, especialmente a ti, antes que sean llevados a prisión y se inicie el juicio contra ellos.
—Vaya, esto sí que es inusual. ¿Consideras sea conveniente recibirlos?... —Miré fijamente a Vincenzo; Olaf Wolf siempre acostumbraba a darme su aprobación en momentos cruciales.
—Pienso que sí. Independientemente de las razones, estos dos hombres merecen expresar sus disculpas y arrepentimiento antes que los encarcelen.
—Llámalos. Invítalos a venir por favor.
—Lo tienen prohibido. Debemos ir nosotros al piso en donde los tienen custodiados.
—Vamos entonces.
Me levanté de la cama clínica y me senté con cuidado en una silla de ruedas, tenía ambas manos vendadas y protegidas en un cabestrillo. Vincenzo dio instrucciones a una enfermera de llevarme con discreción hasta el ascensor. Al salir al amplio pasillo, aguardé unos minutos hasta que me fue permitido entrar en la sala de cuidados intensivos. Dos guardias armados resguardaban la entrada, dentro ambos se encontraban despiertos cuando nos permitieron ingresar. Los guardias nos advirtieron que debíamos ser breves. Vincenzo les aseguró que así sería.
Noté que uno de ellos, el que había enmudecido, me observó con sumo asombro cuando nuestras miradas se cruzaron. Lo dejé pasar, estaba acostumbrado a esas reacciones. Seguro sabía que era un pianista famoso quien ahora por su culpa, debería pasar una temporada en recuperación y podría demandarlo por muchos miles de dólares. Me acerqué lo más que me permitieron los dos efectivos policiales, quedando a una distancia prudencial de ambas camas. Pude notar que ambos hombres estaban esposados a ellas. Hacía frío pese a que afuera reinaba un sol resplandeciente. Vincenzo fue quien rompió el hielo, la tensión del momento flotaba a nuestro alrededor, expresando con solemnidad:
—Bien señores, acá tienen a Kamil Wolf. Tal como ustedes mismos me solicitaron. Le expresé su interés y argumentos y él ha aceptado escucharlos.
—Agradecidos, estamos muy agradecidos, señor Wolf... —El que habló primero era el conductor. Su mirada y expresión manifestaban una desdicha profunda. Y fue quien me reveló su identidad.
—Me llamo Saulo Poncio y junto a mi socio acá presente queremos expresarle con todo respeto nuestras más profundas disculpas. Apenas supimos la terrible desgracia que ocasionó nuestra estúpida disputa y las consecuencias tan terribles en todas las personas que se encontraban en el lobby del hotel, incluyendo la desafortunada mujer y su bebé, que pudieron fallecer por nuestra culpa...¡Cielo santo! Es que todo sucedió tan rápido... Dios, qué mal me siento...
—¿Qué ha impedido a su socio hablar y ofrecer la misma consideración a todas las víctimas?... —Me concentré en mantenerme sereno y recibir una confirmación de aquel silencioso hombre que desde que había entrado, solo había sido capaz de mirarme con incómoda intensidad.
—Señor Wolf me llamo Andrei Bogdan, y también le expreso mis sinceras disculpas... y le pido perdón por todo lo ocurrido... Debe saber que estamos arrepentidos y dispuestos a asumir las consecuencias de nuestros actos, por muy penosos que estos sean. Resulta muy triste que al final nuestras vidas quedaron arruinadas por una amarga discusión en un mal momento. Recibir al menos algo de misericordia, es lo único que aspiramos. El señor Bocelli ha sido muy receptivo al respecto, ojalá podamos también contar con esa misma consideración de su parte. Antes me ha sido imposible encarar a ninguna de esas personas que por nuestra culpa, resultaron mal heridas.
—Todos cometemos errores alguna vez... —Estaba paralizado. Nunca imaginé estar frente a frente con mi padre, y menos de esta manera.
—Sus manos señor, por lo que me han dicho sanarán con el tiempo; quisiera si me lo permite, invitarlo a Sălcioara, es el pueblo de donde provengo en Rumania, es muy tranquilo y pintoresco. Muy cerca, queda el lago Siutghiol, las aguas de ese lago poseen desde siglos propiedades curativas milagrosas que le ayudarían mucho, créame...
—No creo que al señor Wolf le parezca buena idea, Andrei. —Le expresó Saulo Poncio, mirándome con cierta vergüenza. Pude entonces comprender qué hacía diferente a estos dos hombres.
—¿Señor Bogdan usted sufre de sordera?... —Quedé aguardando su respuesta, atento a sus reacciones. Esa condición explicaría muchas cosas, sobre todo el hecho de tener que "leer los labios", y tener serias dificultades para comunicarse.
—Sí señor. Al llegar acá me diagnosticaron hipoacusia. He ido perdiendo la audición y los síntomas fueron dificultando mi desempeño. Es la verdad.
«Y en alguien que alguna vez fue cantante eso debe ser muy doloroso...» Pensé con desaliento.
—¿Cuándo los someterán a juicio? —Le consultó Vincenzo Bocelli a los policías.
—Mañana mismo, señor.
(7) Los Abogados de Wolf
El hospital Universitario La Moraleja estaba situado al norte de Madrid. Era un moderno edificio, confortable y funcional con un agradable diseño arquitectónico. Sus amplios y luminosos espacios estaban distribuidos en cuatro bloques diferenciados para un uso práctico, cómodo y funcional. Contaba, asimismo, con tres accesos diferenciados desde el exterior: Principal, urgencias y proveedores. La circulación de personas por el interior del edificio se realizaba a través de dos pasillos principales: Público y técnico. Éste último estaba reservado en exclusiva para el personal del hospital y para ciertos pacientes, como en mi caso, cuyo desplazamiento dentro del soberbio hospital debía ser discreto y seguro.
Apenas salimos del ascensor y entramos a mi habitación individual, Vincenzo Bocelli le pidió a la enfermera que por favor nos dejara solos, que en caso de necesitarla la llamaría. La mujer obedeció.
—¡Estoy impresionado Kamil! ¡Tú reacción frente a esos dos sujetos no fue la que esperaba! —Lo miré esquivo; tenía razón. Siempre había sido agresivo y déspota cuando algo o alguien amenazaba mi carrera. Olaf Wolf me había enseñado y exigido ser así, implacable y cruel. Bocelli me ayudó a volver a la cama clínica, me recosté. Una vez acomodado le respondí:
—Es verdad, Vincenzo. Sabes que desde ya estaría preparando a mis abogados para que hundieran a ese par con una demanda por daños y prejuicios.
—¿Entonces?... Perdona que te lo diga, pero es la primera vez desde que te conozco que te observo reaccionar diferente. Tú sabes a qué me refiero. Aunque esos dos hombres no actuaron premeditadamente, sus acciones causaron un gran daño. ¡Tus manos, Kamil! ¡Mírate! Fuiste atendido por los mejores cirujanos, me consta, pero eso no garantiza que vuelvas a tocar el piano como antes. ¿Acaso eso no te mortifica?... —Vincenzo pocas veces se exaltaba, yo entendía que tener que suspender los compromisos ya adquiridos y verse obligado a cancelar la gira, le traería una gran pérdida de dinero. Además Vincenzo, como empresario, conocía muy bien las repercusiones legales si yo las incumplía, en cuanto a las actividades ya agendadas; todo podía complicarse.
—Si en algo ayuda a poder tranquilizarte un poco, a pesar de todo lo ocurrido... me siento optimista. Vas a creer que me volví loco, que todo esto del accidente también afecto mi cabeza, pero no deseo presentar cargos contra ninguno de estos dos hombres.
—¿Qué dices?... ¿No hablas en serio?... Debo sentarme, ahora que te escucho decirlo. ¿Cuáles razones argumentan tu decisión, Kamil?... —Vincenzo se sentó en una rígida poltrona y respiró hondo, aguardando mi respuesta.
Vas a llamar a mis abogados para que esta misma tarde podamos reunirnos aquí de manera discreta, sin que la prensa o algún curioso se inmiscuya. Tengo intenciones de gestionar todo lo que haga falta para que Andrei Bogdan y Saulo Poncio sean defendidos y logremos evitar que vayan a la cárcel. Eso como prioridad, y lograr llegar a los mejores acuerdos posibles para indemnizar a las personas afectadas.
—Aguarda Kamil. ¿Hablas en serio?... Antes de que subiéramos a verlos, ya me había informado con mis fuentes de las 16 demandas que ya están en proceso contra ellos, hechas por las víctimas, y el propio hotel. ¿Por qué demonios harías algo así?...
—Porque tengo una razón de mucho peso. La sabrás cuando hablemos con los abogados.
Miré desafiante a Vincenzo. Él se paró de la poltrona dirigiéndose hacia la mesa de noche, levantó el auricular telefónico con actitud cautelosa y marcó pidiendo luego a la recepcionista del bufete hablar con uno de los socios. Sonreí.
(8) La Revelación
Vincenzo Bocelli organizó esa misma tarde la reunión urgente con los abogados. El director del hospital tuvo la gentileza de ofrecernos una modesta sala de reuniones para ese encuentro. Vincenzo me había mencionado que el funcionario era un particular admirador de mi carrera, lo que llevó a Bocelli a ofrecerle un pase VIP, para cuando él quisiera sorprender a su esposa, invitándola Dios mediante a una de mis presentaciones.
En el ambiente interno del centro hospitalario se podía percibir cierta tensión, una sensación muy latente debido a las expectativas médicas alrededor de mi pronta sanación. Efectivamente, el Hospital Universitario La Moraleja, recibiría una gran promoción mediática por sus oportunos servicios a las víctimas del accidente, con el añadido de haber atendido a una figura de renombre en el mundo artístico. Contar con el apoyo y discreción del director del hospital era fundamental para nosotros en estos momentos; Vincenzo lo sabía, y obsequiarle unas entradas VIP de cortesía era un modo de agradecérselo. Asumía que estaría pronto de vuelta a los escenarios. ¡Vaya que era optimista!
—Señor Kamil, señor Vincenzo, tanto gusto. Soy Felipe Valbuena, y mi socio Richard López, abogados asignados a vuestro caso por nuestro Bufete. Deseamos aclararles que previamente nos comunicamos con Rufus Valkiria, abogado personal del señor Olaf Wolf, pero casualmente el señor Valkiria se encuentra en estos momentos en Suiza de vacaciones; nos ha pedido expresamente que nos ocupemos del caso, si están de acuerdo, por supuesto.
—Mucho gusto. Siéntense por favor. —Vincenzo hizo un gesto cordial invitando a sentarnos frente a frente, luego de estrecharnos las manos. Una enfermera entró discretamente a la sala, dejando sobre la mesa cuatro tazas de café, varios removedores, una azucarera y agua mineral en una pulcra jarra de cristal con cuatro vasos a juego. El director había solicitado comprar el refrigerio en una reconocida cafetería gourmet.
—¡Este café debe saber tan bien como huele! ¿No creen?... —Exclamé como un modo de romper el hielo. Todos tomamos una taza, comprobando que en verdad estaba delicioso. Nos vimos en silencio unos segundos y al colocar de nuevo las tazas frente a nosotros, la conversación comenzó a fluir.
—Excelente que hayan logrado venir en tan corto tiempo. —Les dije a los dos hombres.— Y les estamos muy agradecidos. Como bien lo han aclarado, Rufus Valkiria ha sido por 50 años el abogado personal de Olaf Wolf. Un conocedor de todas las gestiones legales que hizo en vida. Durante todo ese tiempo yo crecí ausente por completo de estos manejos, tan solo dediqué mi vida a formarme como un pianista profesional y seguir al pie de la letra, todas las instrucciones y consejos gerenciales que el propio Olaf Wolf me enseñó. Y en todos estos años nunca me interesó conocer nada más que el disfrute de la fama y el poder que da el dinero y el prestigio. Crecí creyendo que Olaf Wolf era mi padre biológico, lo creí hasta su muerte. Cuando me encargué de hacer revisión de sus pertenencias, encontré en su estudio unos documentos resguardados que me revelaron lo contrario.
—¿Qué estás diciendo, Kamil?...—Vincenzo tenía la quijada involuntariamente abierta. Reaccionando a su estupefacción, preguntó a los abogados:
—¿Y ustedes señores están al tanto de esto?... ¿Rufus Valkiria les ha confirmado que es verdad lo que Kamil afirma?...
—No. Sinceramente no. —Expresó Valbuena.
—Es posible que nos lo confirme luego si se lo solicitamos. Supongo que al ser una reunión tan precipitada, Valkiria esperaba conocer primero que nada, por dónde venían los tiros. —Expresó López con el salero propio de los hispanos.
—O lo niegue totalmente. Cabe esa posibilidad. —Dije con firmeza y casi como si lo pensara en voz alta. Los tres hombres me miraban con estupefacción. Proseguí hablando.
—Para que agarren el hilo, yo me enteré de mi condición a los pocos días de haber fallecido Olaf Wolf. Valkiria me telefoneó para formalizar la lectura del testamento. Olaf Wolf me declaró como su único hijo y legítimo heredero. Al colgar encontré entre sus pertenencias un gran fajo de partituras para piano, pertenecientes a Sergei Bogdan. Composiciones inéditas enviadas por correo desde Rumania a Andrei Bogdan, su hijo.
—Andrei Bogdan es uno de los responsables del daño en sus manos, ¿cierto?... —Expresó Valbuena al momento.
—Si, es él. —Contesté— Daño que por fortuna ha comenzado a ser subsanado. En esas mismas partituras encontré las razones que vinculan a Sergei y Andrei Bogdan con Olaf Wolf. Al hallar aquellas maravillosas piezas musicales, también encontré escritas cartas, cientos de ellas, al reverso de cada hoja. Al estar fechadas, pude ir leyendo cronológicamente la comunicación a distancia que por largo tiempo mantuvo mi abuelo con mi padre.
—¿Qué? —Exclamaron a coro los tres hombres.
—Si. En esas cartas queda explicado lo que les estoy afirmando. Una verdad rotunda, increíble. Crecí creyendo ser hijo biológico de Olaf Wolf, lo quise y lo tendré siempre presente como la persona que me ayudó a ser quien soy; pero Olaf Wolf nos engañó a todos. Soy hijo natural de Andrei Bogdan, un antiguo pupilo suyo, quien en 1945 abandonó su carrera artística fingiendo su muerte en un accidente aéreo.
—¿Fingir su muerte?...¿Qué locura?...—Exclamó López.— ¡Esto suena muy descabellado!
—Lo sé. Aunque he querido simplificarles la historia, todavía queda más por revelarles señores. Tomé un sorbo de agua, prosiguiendo. Los demás me imitaron.
—Mamá fue desde muy joven, asistente personal de Olaf Wolf. Se llamaba Olga Constantinesca. Wolf la utilizó como escudo para mantener en anonimato la verdadera identidad de Andrei Bogdan. Olaf Wolf había logrado la tutela legal de mi padre, con la ayuda de Rufus Valkiria, desde que él era un niño.
—¿Estás queriendo decir que tu papá es aquel muchacho que Olaf Wolf representó al principio de su carrera?... ¿Cómo era que se llamaba artísticamente?... —Preguntó Vincenzo.
—Attila Dorn.
—¡Sí, Attila Dorn! Fue a finales de los años cuarenta. El muchacho de ese entonces era una joven promesa del Bel Canto. Y los medios anunciaron su fallecimiento en un accidente aéreo, ocurrió precisamente aquí en España, en las cercanías al aeropuerto de Barajas. ¡Increíble! —Expresó Vincenzo consternado.
—Fue una farsa. Un plan orquestado por mi abuelo Sergei, con el apoyo de su amigo Saulo Poncio, quien era piloto y ayudó a mi padre a planear un accidente y fingir su muerte para librarse de Olaf Wolf. Entiendo que mi madre estuvo involucrada, pero los detalles de esos sucesos nos los tengo del todo claro, pero lo que si es cierto es que el propio Andrei Bogdan desconoce que soy su hijo. Olaf Wolf se encargó de hacerle creer que yo era su hijo legítimo, y durante todos estos años, Andrei Bogdan rompió todo contacto con mi madre y conmigo hasta hoy.
—¿Ha hablado algo de esto con Andrei Bogdan, señor Kamil?... —Preguntó Valbuena con sutileza.
—Hasta ahora no. Y tampoco sé cómo lo irá a tomar. Por los momentos les pido como a mis abogados es que los representen, y les den todo el apoyo legal necesario a Andrei Bogdan y a Saulo Poncio. Yo lo asumo.
Fin del Acto III
Acto IV
(1) Rufus Valkiria
—Mi instinto para los negocios me llevó a rodearme con gente importante e influyente. Deseaba ser como ellos, y siempre estuve dispuesto a todo para alcanzar el éxito. Es una ley natural, sobrevive el más fuerte, el que mejor logra adaptarse a su hábitat natural. También ayuda poseer ese magnetismo que te brinda sentirte seguro de ti mismo, de quien eres y de lo que eres capaz, de tu potencial. Y cuando eres joven, créeme, ¡es tu mejor momento para demostrarlo!
Rufus Valkiria hizo una pausa, levantando al aire ambos bastones para esquiar, enterrándolos con firmeza en la blanca nieve. Fue un modo inconsciente de hacer énfasis en lo que venía conversando con su acompañante; una atractiva mujer de mediana edad, enfundada como él en mullida ropa de invierno: gorro, guantes, botas y visor tornasol de vibrantes colores.
—Es lo que más me atrajo de ti, Rufus, tu fuerza y determinación.
—Supongo que sí, cariño, pero no dejes por fuera mi enorme fortuna.
Rufus Valkiria sonrió levemente palmándole juguetonamente el trasero a su aduladora acompañante. Su reacción hizo a la mujer mover los esquís para afianzar el equilibrio y mantener la compostura.
—Ser rico es una cualidad más para mí. —Expresó con sinceridad la esquiadora.— Además, sabes cuánto me gusta estar rodeada de comodidades. ¿No es ese el sentido de la vida?...
La colorida pareja fue desplazándose hacia la entrada que los llevaba a tomar los funiculares. Sobre ellos el cielo de un azul intenso, hacía un increíble contraste con el blanco de las montañas alpinas, bañadas por un grato y tibio sol.
—¡Disfrutar la vida, eso sí, siempre a lo grande! —Expresó Rufus Valkiria, justo cuando el funicular comenzó a ascender hacia la cima de las cumbres nevadas.
De vuelta al hotel, la pareja estaba exhausta. Casi era mediodía y Rufus Valkiria contemplaba a su amante desvestirse y dirigirse a la ducha en traje de Eva. «Esta Agencia de Acompañantes nunca me decepciona» pensó. Valkiria acababa de cumplir 76 años. Invertía buena parte de su fortuna en tratamientos anti vejez y una que otra cirugía rejuvenecedora. Aunque con lo que siempre buscaba contar era con una mujer inteligente, atractiva y complaciente a su lado. Ese era su secreto, además de llevar una vida sana y activa, donde no faltase ejercicio físico y paz interior. Aborrecía toda clase de excesos, disfrutaba de un sin fin de posibilidades, eso sí, con moderación y sin ataduras.
El teléfono de la habitación repicó. Rufus Valkiria sentado en la amplia cama alzó el auricular, contando con que cumplían con su instrucción de comunicarle sólo llamadas de emergencia.
—Señor Valkiria, en seguida le comunico la llamada desde España que estaba aguardando.
—Sí, gracias. Pásemela por favor.
El abogado Felipe Valbuena le informó entonces todos los pormenores de su reunión con Kamil Wolf. Pocas veces Rufus Valkiria quedaba desconcertado, pero esta vez lo estaba, y bastante.
—¿Unos documentos comprobatorios del verdadero origen de Kamil Wolf?... ¿Y dices que en el mismo hospital se encuentra Andrei Bogdan?... ¡Vaya! Llevo muchos años siendo abogado de Olaf Wolf y conocía con exactitud todo el proceso legal que realizó para, primero, poder ser tutor legal de Andrei Bogdan. Entendí cuál era su propósito: lograr aprovechar el talento artístico de ese niño prodigio, salir de la bancarrota y volver a alcanzar su antiguo prestigio como productor musical. De hecho, lo felicité por su maniobra cuando me lo contó. A partir de entonces comencé a representarlo. Ventidos años después me pidió que gestionara todo lo necesario para adoptar legalmente a Kamil Wolf como su hijo. Supe que la madre de ese niño era una antigua discípula de Olaf Wolf; Olga Constantinesca se llamaba, recuerdo. Pobre mujer, quedó muy trastornada luego de no volver a ver al verdadero padre del hijo que iba a tener. Olaf Wolf nunca me confesó que Andrei Bogdan era ese hombre. Me mencionó otra historia. Que ese embarazo había sido accidental, fortuito y que ella no estaba en condiciones de criar a ese hijo, por ser una mujer inestable mentalmente. Lo último que supe es que el propio Olaf Wolf la había recluido en un sanatorio mental luego que se recuperara del accidente aéreo. Todos dábamos por muerto a Andrei Bogdan.
¿López o tú han verificado esos supuestos documentos? ¿Han podido comprobar toda esa historia?...
—Ya hemos coordinado para que cada uno de nosotros investigue una parte y podamos agilizar el proceso legal, pero de antemano requerimos de su presencia aquí señor Valkiria. Kamil Wolf nos ha insistido que llevará a la corte todo lo que sea necesario para apoyar a Andrei Bogdan y al socio de éste Saulo Poncio, para evitar que vayan a la cárcel y acordar una indemnización a los demandantes. Intenta exponer sus argumentos a la luz pública, sin importar las consecuencias.
—Eso perjudicaría enormemente al Bufete y a mi carrera si no es manejado como se requiere, ¿lo han contemplado, cierto?...
—Por eso insistimos que venga a España a la brevedad.
—Lo haré. —Colgó sin despedirse.
Rufus Valkiria alzó la vista, deleitándose por última vez con la divina escultura humana parada frente a él recién salida del baño.
—Vístete ya. —Le ordenó sin más. —Tengo un asunto muy importante que atender. Tus servicios ya no me son requeridos. Abandonaremos Suiza esta misma tarde.
(2) Minerva Montañés
Los abogados Felipe Valbuena y Richard López estuvieron hasta muy tarde preparando la mejor estrategia posible para defender al "par de abuelos irresponsables", como eran ya mencionados en los diarios, Andrei Bogdan y Saulo Poncio. Por su parte, Kamil Wolf le solicitó a Vincenzo Bocelli tener una reunión extraordinaria con el abogado que representaba a las víctimas del accidente, que incluía al propio Hotel Intercontinental, y a la sombría e inquietante abogada que representaba a la niñera y al bebé bajo su cuidado; entre los dos abogados sumaban dieciséis demandas.
La tensión en la modesta sala de reuniones del hospital era palpable, sin embargo, tanto a Kamil Wolf como a Vincenzo Bocelli, se les daba muy bien las relaciones públicas, ambos hombres formaban un excelente equipo de comunicadores. Bocelli se encargó esta vez de romper el hielo y conciliar el mejor ambiente posible para negociar. A pesar de la hora y las circunstancias adversas, debían intentar llegar a un acuerdo antes del amanecer. Ya conocía por referencias al estupendo abogado Constante Pardo, un español de origen gallego, de gran carisma, experiencia y quizás mejor negociador que él mismo; al tener el control de la mayoría de demandantes, buscaría cerrar un trato jugoso; un apetitoso acuerdo financiero a su favor, concreto y simple. Al leer copia del documento que el sagaz abogado les presentó, pudo confirmar que así era. De quien Bocelli no poseía referencia profesional alguna era de Minerva Montanés, una señora alta, sombría y enigmática, quien al entregarles su flamante tarjeta de presentación, pudo evidenciar que se manejaba por cuenta propia, dejando muy claro desde el principio que el bebé y la niñera estaban siendo amparados por sus clientes, los padres legales del lactante, dado que la joven niñera no poseía una apropiada defensa legal, sus honorarios estaban cubiertos por sus patronos.
—...Minerva Montañés... No me suena su nombre. Debo decirle con todo respeto que me relaciono mucho en su ámbito, y casi siempre aparece alguna conexión o referencia.
—Puede ser. Me especializo en defender legalmente los derechos de la comunidad LGBT. —Respondió pragmática la abogada, añadiendo: —Los padres del niño son actores británicos y estaban, al igual que usted señor Wolf, hospedados en el Hotel Intercontinental. Ellos tenían a su hijo bajo el cuidado de la señorita Emily Watson. —Minerva Montañés colocó sobre la mesa una foto de la nana.
—Por lo que presumo estos actores ingleses no buscan revelar sus identidades ni las del niño, ¿cierto?...
—Así es. Desean mantenerse al margen. Amparar al niño de un escándalo público innecesario.
«Ampararse a sí mismos, querrá decir» —Pensó Vincenzo Bocelli al escuchar a la defensora.
—Pero... —La abogada hizo una pausa incómoda, mirando fijamente a Kamil y a Andrei. —Mis clientes, señores, quieren dejar muy claro que su condición homosexual no los limita a exigir justicia, y que la ley se cumpla; que a estos dos hombres se les aplique su correspondiente e inmediata sentencia. Andrei Bogdan y Saulo Poncio, pudieron matar a su único hijo, incluso a la señorita Watson, accidentalmente claro, pero de igual forma hubiese sido irreversible y cruel. Por tal razón acá tienen expresado por escrito la demanda formal en su contra, ya aprobada por mis clientes. —Minerva Montañés sacó de su portafolio copias del documento, colocándolas frente a Kamil y a Vincenzo. Kamil, luego de lograr leerla, con la ayuda de Vincenzo expresó:
—Es muy justo, se han basado en todas las posibilidades de haber causado un daño grotesco e irreparable a dos seres humanos, inocentes, y en especial a un recién nacido. Para darles un ejemplo, acá estoy yo, un reconocido pianista precisamente con ambas manos heridas por las consecuencias de estos dos hombres...
Los dos abogados demandantes miraron compasivamente a Kamil, mientras él proseguía.
—Cada día me pregunto si lograré volver a tocar. Yo siento que sí. Algo me dice que sí. Y es porque me siento optimista y confiado, gracias a la labor oportuna de los cirujanos que me han atendido. Sus clientes resultaron ilesos, pese a haber estado en un peligro mortal. Todos los que nos encontrábamos dentro del lobby del hotel pasamos un gran susto, hubo caos, confusión; el semáforo al caer y estrellarse contra la pared de vidrio produjo un efecto mayor por nuestras reacciones de miedo que por los daños en sí de los vidrios al caer. Pero, esta es nuestra opinión. Tanto el señor Bocelli como yo estamos de acuerdo que la reacción de descontrol de las víctimas del accidente empeoró las cosas, sin embargo, ellos estaban congregados ahí por mi, por aspirar sacarse una foto a mi lado y llevarse un autógrafo. —Minerva Montañés interrumpió a Kamil:
—Emily Watson me confesó que usted estaba efectivamente en el lobby justo en el momento que ella había bajado a pasear al bebé. Que lo conocía y admiraba pero que dada la cantidad de gente que había, decidió seguir adelante; sus horarios son muy precisos y particularmente, cuando se trata de los ingleses su agenda es sagrada, siempre puntual. ¡Imagínese haber estado ella ahí con el bebé cuando el semáforo causó aquel caos en el lobby!
—Emily Watson, sí aguardó unos minutos de más dentro del lobby. —Expresó categórico Kamil Wolf. Minerva Montañés se puso repentinamente más pálida de lo que era.
—¿Cómo se atreve, señor Wolf a difamar a mi cliente?... ¿Tiene acaso pruebas de eso?...
—Ahora no, pero me será muy fácil presentárselas a usted y a sus clientes.... Hubo una rueda de prensa ese día, la cobertura fotográfica fue, por así decirlo, espectacular, y estoy muy seguro que el momento que le entregué a Emily Watson su autógrafo fue registrado. Al usted mostrarme su foto no la reconocí al momento, pero... —Kamil imitó la pausa intimidante que la propia Minerva Montañés acababa de usar mientras les exponía sus condiciones, —...recordé el cochecito y el paquete de pañales. Su cliente alzó un pañal dentro de la multitud para que yo se lo autografiara. ¡Emily Watson logró aguardar con el bebé el tiempo suficiente para estar justo en el momento que ocurriera el accidente!
Minerva Montañés quedó paralizada y sin habla.
(3) Frente al Gran Jurado
Fue inevitable, los medios de comunicación lograron enterarse del traslado al Tribunal Supremo de Andrei Bogdan y Saulo Poncio, al ser dados de alta del Hospital La Moraleja. El vehículo policial hizo más llamativa su llegada al recinto. Ambos hombres mostraban ante los reporteros una sincera aflicción en sus rostros. Se hizo más marcada cuando los periodistas comenzaron a acosarlos.
—Por favor, díganos ¿Cómo se preparan ante esta difícil situación?...
—¿Cuentan con una apropiada defensa?...
—¿Serán defendidos pro bono o cuentan con un defensor privado?... y en todo caso, ¿Pueden decirnos de quién se trata?...
—¿Es cierto que Kamil Wolf los respalda?...
Antes que lograsen contestar, Felipe Valbuena y Richard López se habían abierto paso hasta situarse al lado de Bogdan y Poncio. Ambos hombres lograron rápidamente controlar la situación.
—Calma, calma, señores reporteros, buenos días. Es más conveniente que las declaraciones de nuestros clientes sean expresadas por nosotros sus abogados. —Felipe Valbuena hizo un gesto y hubo un silencio general. Tanto él como su colega venían vestidos muy formales y elegantes, les fue fácil captar la atención porque, más que abogados, parecían actores de Hollywood. Impecablemente peinados y con un magnetismo heredado por ser pupilos de Rufus Valkiria, rápidamente controlaron a su favor a la concurrencia con su elocuencia y carisma.
—Tanto Andrei Bogdan como Saulo Poncio serán defendidos por el bufete Valkiria y asociados. Mi colega Richard López, y un servidor Felipe Valbuena, nos encargaremos de llevarlo a cabo. Sabemos que nos encontramos ante una situación delicada; existen varias acciones legales ya adelantadas, y por nuestra parte, no hemos dejado de trabajar para lograr ofrecerles la mejor defensa posible.
—¿Piensan que sus clientes deberían ser exonerados de los cargos que se les imputan?...
—Nos encontramos ante una situación que bien merece ser analizada con detalle. Mis clientes se ven obligados a comparecer ante este tribunal, ellos están dispuestos a escuchar todas las acusaciones en su contra, y a través de nuestro alegato, recibir la mejor defensa posible. ¡En ningún momento señores ellos han dejado de reconocer las serias consecuencias de sus actos! Queremos anunciar públicamente y de manera formal, que sí, una de las víctimas del penoso accidente es el reconocido pianista Kamil Wolf, artista internacional, quien ha buscado interceder y lograr ser un mediador entre ambas partes, con la intención de aminorar la sentencia que el Gran Jurado llegara a establecer.
—¿Qué razones alega Kamil Wolf para tomar esa decisión?... —Una reportera apuntó el micrófono cuyo distintivo identificaba a un conocido canal televisivo local. López tomó la palabra:
—Asumir una parte importante de la responsabilidad. El señor Wolf considera que gran parte del sufrimiento que sus fans han padecido es precisamente por haberse congregado aquella tarde en el lobby del Hotel Intercontinental; él mismo resultó gravemente herido y quizás por tratarse de las circunstancias en que el accidente se produjo, él no ha dejado de preocuparse ni un segundo por el estado de salud de sus seguidores, ni tampoco de los perpetradores, a quienes no considera unos monstruos, sino un par de adultos mayores pasando por un amargo trance.
—¿Y qué me dice de la niñera y el bebé que pudieron haber matado?...
—Que milagrosamente no pasó. Habría sido catastrófico pero, nos consta que tanto el infante como su cuidadora, se encuentran en perfecto estado de salud. Debemos ya entrar señores. No más preguntas. Muchas gracias.
López y Valbuena apartaron otra vez a la multitud, abriéndose paso hacia la entrada del Tribunal, seguidos de Bogdan y Poncio. Desde las amplias escaleras varios reporteros finalizaban frente a las cámaras el cierre de las declaraciones, haciendo un pase a los estudios luego de reportar su transmisión en vivo, prometiendo nueva información al finalizar la comparecencia.
Mientras tanto ya dentro de la Sala Plenaria, un Juez muy circunspecto daba inicio a la primera sesión frente al Gran Jurado. Constante Pardo y Minerva Montañés, expresaron con suma brevedad los acuerdos que sus demandas exigían; en ambas el monto alcanzaba las seis cifras. El Juez consultó a los abogados defensores si aquel monto iba a poder ser asumido por los acusados. Se sorprendió al escuchar la respuesta:
—Sí su Señoría.
—¿Está usted seguro abogado Valbuena?...
—Totalmente.
Bogdan y Poncio se miraron atónitos, su negocio no les ofrecía semejante respaldo, ni tampoco garantías bancarias para un préstamo tan elevado.
—Las dieciséis demandas van a ser canceladas por el señor Kamil Wolf, su Señoría.
—Tengo entendido que el señor Wolf, fue una de las víctimas en este accidente. ¿Cómo es que asume la postura defensora?... —Preguntó el Juez. Felipe Valbuena respondió:
—El señor Wolf considera que así logra manifestar una actitud conciliadora hacia estos dos hombres su Señoría. El señor Wolf desea que este Tribunal reconsidere la posible decisión de llevar a estos dos ciudadanos a la cárcel, que puedan recibir una revaluación de sus acciones, principalmente porque todas las demandas aquí presentadas no exigen otra cosa que indemnización económica. Y como bien ha sido expresado, cada una será compensada. Y siendo el Tribunal la máxima autoridad, abogamos porque esta solicitud sea tomada en consideración.
—Debo confesarles que me sorprende, por tal razón me obliga a que se haga una pausa para revaluar el caso. Mañana reanudaremos la sesión a la misma hora. Buenos días.
El Juez dio un sonoro martillazo y se levantó de la poltrona central abandonando el imponente recinto.
(4) Antes del Veredicto
Rufus Valkiria solicitó a su chofer dejar a su atractiva acompañante en la dirección que ella le indicase, una vez que el soberbio vehículo se detuvo frente al Hotel Intercontinental. Valkiria posó su mano sobre la de ella unos segundos, un gesto paternal más que romántico, justo antes que el portero del hotel se dispusiera a abrirle con pleitesía la puerta de la limosina.
—La pasé estupendamente, gracias. —Le dijo con sinceridad. La veterana mujer conocía a Rufus Valkiria y sabía que su relación era por pura complacencia. Él ya había invitado y salido con todo el staff de chicas que la compañía de citas ofrecía, pero ella había sido la única con la que Valkiria había aceptado salir más de una vez. Sabía que no estaba enamorado de ella pero su intención la convencía que algo le importaba, un poco al menos. Ella simplemente lo miró en silencio esbozando un gesto gentil con sus labios. Rufus Valkiria descendió del vehículo agradeciendo con una propina la gentileza del botones. El educado muchacho tuvo chance de mirar por breves instantes a la misteriosa mujer, quedando embrujado por su porte y belleza. Cerró la puerta con parsimonia, mirándola y sonriéndole con descarado interés. ¿Qué podría perder? Sabía que una chica de ese calibre, tan hermosa y sofisticada no se fijaría en un simple empleado de un hotel, aunque este hotel fuese cinco estrellas. Sin embargo, la sinuosa limosina apenas arrancó, súbitamente se detuvo, frenando a pocos metros. El muchacho se quedó firme, estático, estaba seguro que el chofer vendría a reclamarle por su descarado coqueteo con la mujer de su jefe. Se quedó mirando ambos faros rojos que en segundos se tornaron blancos, el lujoso transporte retrocedió hasta su punto de partida. El vidrio ahumado del copiloto descendió automáticamente quedando visible al fondo el perfil del conductor. El botones acercó su rostro con valentía, aguardando el reclamo o la amenaza por parte del chofer, ambas inclusive. Pero no pasó. El discreto empleado simplemente le habló:
—La dama desea que usted la acompañe justo en este instante. Si piensa que no puede aceptar su propuesta, por las razones que fueran, jamás la volverá a ver.
El botones llevaba tres años trabajando en el hotel, y su carrera había sido intachable, sin embargo, no lo dudó, y silbándole a su colega quien aguardaba en la entrada del lobby, sin que pudiese replicarle, le gritó:
—¡Hey! ¡Cúbreme! — Y se subió a la limosina, sentándose en el mismo puesto que minutos antes Rufus Valkiria ocupaba. «¡Hoy es mi día de suerte!», pensó, completamente convencido.
El mueble de la recepción tenía a mano varios ejemplares del diario local. En grandes titulares se lograba leer: «¿Por qué Kamil Wolf defiende a sus perpetradores?» Al alzar la vista del periódico, Rufus Valkiria miró algunas imágenes de lo sucedido a la salida del juzgado en la pequeña pantalla de un televisor portátil. Los empleados del hotel estaban mucho más interesados en todo lo sucedido porque lo habían presenciado y se sentían involucrados, capaces de ofrecer su opinión al respecto.
—¿Qué tal? Soy Rufus Valkiria y quisiera le notifique a Kamil Wolf que me encuentro aquí, por favor.
—¡Señor Valkiria, bienvenido! En seguida. Tome asiento por favor.
—Gracias, aguardaré de pie.
Valkiria ya estaba enterado por Valbuena y López de lo sucedido en el juzgado. Lo que lo había hecho interrumpir sus vacaciones era esa intromisión incómoda de la prensa. Las razones personales de Kamil Wolf podían llevar a los medios a descubrir secretos del pasado que lo desprestigiarían y todo por apoyar las infames mentiras de Olaf Wolf. Rufus Valkiria lo autodefinía como un Maestro del Engaño, por lo tanto, él desde ahora actuaría como tal.
—¿Hoy darán el veredicto, cierto?... —Valkiria le consultó a la pelirroja uniformada que le había atendido.
—Sí señor. El juez lo pospuso para hoy. Ya el señor Wolf fue informado. Pidió que por favor lo espere. ¡Por cierto! ¡Estamos muy felices por él, ya le quitaron los vendajes!
El Hotel Intercontinental había logrado persuadir a la prensa con una orden judicial de restricción para resguardar la tranquilidad de sus huéspedes, mientras durase el juicio. Kamil Wolf quiso al enterarse permanecer ahí; por muchos años había mantenido muy buenas relaciones con esa cadena hotelera, el trato y las excelentes ventajas compensaban el malestar de aquel incidente fortuito en el lobby. Estratégicamente el reemplazo de la pared de cristal, fue un pretexto para redecorar y cambiar la imagen de todo el entorno. Mientras Rufus Valkiria aguardaba ahí, lo notó. Sinceramente lucía más espectacular que antes.
Las puertas plateadas de uno de los ascensores se abrieron, Kamil y Vincenzo salieron directo hacia la recepción. Volvieron a cerrarse silenciosamente, luego de escucharse un tilín eléctrico, que Kamil captó como un soso fa sostenido. Los tres hombres se estrecharon de manos, dirigiéndose a un discreto piano bar al que ciertos huéspedes VIP tenían acceso. Se sentaron y casi de inmediato fueron atendidos. La divina música de fondo y la agradable decoración producía un efecto relajante, aunque lo que en verdad realzaba esa sensación era la poca concurrencia.
—Seré muy puntual señores.— Arrancó expresando Valkiria al quedarse solos. —Los he invitado acá para expresarles todo mi apoyo en cuanto al veredicto que en pocas horas dará el juez. ¡Y para que se relajen un poco! —Soltó con cierta fanfarronería, porque todo en aquel local manifestaba mucha clase y status.
—¡Salud! ¡Por el éxito que nos aguarda! —Valkiria aguardó el choque de los vasos pero eso no ocurrió. Ni Kamil ni Vincenzo brindaron. Vincenzo buscó ser diplomático ante aquel desaire.
—Deseamos mantener algo bien en claro, Rufus; intentas contener lo que Kamil es capaz de exponer ante el jurado porque temes que al hacerlo te salpique. Pero al mismo tiempo, siempre respaldaste sin chistar todas y cada una de las órdenes que Olaf Wolf te impuso, porque simplemente lo respetabas y eso me consta. Nunca te atreviste a cuestionarlo, nunca. Ahora te va a tocar respetar lo que su hijo ha decidido hacer. Sabemos que tu lealtad fue siempre hacia Olaf Wolf, nunca te interesó relacionarte con Kamil en lo absoluto...
—No me fue posible. —Interrumpió Rufus Valkiria, intentando justificarse.
—Tu padre, o como quiera que lo llames ahora, era un hombre mucho más terrible y peligroso cuando se trataba de ti, Kamil.
—¡De los asuntos que interfirieran con sus propósitos, querrás decir! —Espetó Kamil convencido, para luego añadir:
—Olaf Wolf murió sin jamás confesarme semejante secreto, y tú no estarías hoy aquí, si no temieras que ese mismo secreto pudiese ser revelado públicamente por algún reportero. Incluso creo que harías todo lo que fuese necesario para evitar que estos dos abuelos salgan libres, ¡aunque sepas quienes son en realidad!
—Me cuesta creer que pienses así de mí, Kamil. No soy un monstruo. Ser abogado de Olaf Wolf me hizo comprender que su talento para engañar y mentir era extraordinario. Fue un hombre que nació para transformar el mundo del arte; primero lo logró con tu padre biológico por casi veinte años, luego contigo por casi cuarenta. ¡Gracias a él eres el afamado pianista Kamil Wolf! ¡Fuiste su mejor creación!
Kamil bajó brevemente la mirada, reconocía que Valkiria tenía razón. Ciertamente lo que lo había transformado en súper estrella había sido la estupenda tutela de Olaf Wolf y su gran habilidad para los negocios.
—Debemos marcharnos al juzgado, —dijo Rufus Valkiria—, el veredicto definirá nuestro futuro. Estoy seguro que tendremos tiempo de volver a conversar luego, y disfrutar como se merece de este agradable local. Después de ustedes.
Valkiria extendió el brazo para permitirles el paso a Kamil y a Vincenzo. Un camarero muy gentilmente les hizo señas para que lo siguieran. Los cuatro hombres caminaban en fila, dirigiéndose hacia una discreta puerta abovedada, «una salida directa hacia el estacionamiento, muy oportuna» pensó Vincenzo. El mozo se apartó a un lado dejando que Bocelli y Wolf pasaran. La puerta se cerró bruscamente tras de ellos. Quedaron unos segundos en penumbras en un corredor. De pronto, junto a ellos, se abrió una segunda puerta la cual estaba camuflada con la propia pared del pasillo, no tuvieron tiempo de reaccionar ni tampoco escapar. Cuatro hombres encapuchados con pasamontañas los sujetaron, y sin mediar palabras, les cubrieron los ojos con unos gorros negros similares a los suyos, pero sin orificios, subiéndolos a la fuerza dentro de una furgoneta que ya tenía el motor en marcha. Kamil reconoció ya tarde su estupidez; intentar retar a uno de los más leales servidores de Olaf Wolf.
(5) Semper Fidelis
—¡Has tomado la decisión correcta chico, te felicito! Ven, toma, brindemos... ¡Por un momento mágico y encantador que recién acaba de comenzar! ¡Salud! —Ambas copas repicaron, la burbujeante champán brillaba al igual que los ojos de aquella deslumbrante mujer tan misteriosa, con una personalidad magnética irresistible, a tal punto, que en segundos había logrado seducir sin mucho esfuerzo al botones más destacado del Hotel Intercontinental.
—Háblame de ti. ¿De dónde eres? ¿A qué lugar exótico me recomendarías ir? Soy nueva en esta ciudad, ¿sabes?...
El chofer de la limosina la observó por el retrovisor con disimulo unos segundos al escuchar la última frase. Sabía que le mentía al muchacho con el fin de hacerlo sentir seguro y útil. Un modo sutil de permitirle tener el control y asumir la iniciativa. La bella anfitriona sonrió con picardía, frotando con sensualidad sus espigadas piernas para cambiarlas de posición en un gesto muy femenino, aguardando escuchar a su invitado y así evaluar cómo se desenvolvía.
—¡Vaya! ¡Muchas gracias madame por ese honor y por el champán! ¡Está espléndida! ¡Aunque no tanto como usted! Pienso que en la vida hay cosas que merecen disfrutarse a plenitud, como viajar, conocer culturas y personas nuevas, arriesgarse a salir de tu zona de confort. Puedo sugerirle Guipúzcoa, como uno de esos lugares, ¡es en verdad fabuloso!
—¡Suena muy tentador! Me han hablado muy bien de ese destino. Desearía conocerlo. —La mujer hizo un gesto rápido al chofer y el hombre simplemente le respondió:
—Entendido, madame.
—Me llamo Miguel Beltone, por cierto. Para servirle. —Sus copas volvieron a chocar.— Esa repentina intimidad compartida con aquella hermosa mujer hacía sentir a Miguel muy vivo y estimulado.
—Soy Paula Bellini.
—Sí, sé quién es. —Expresó Miguel al instante.— Desde niño me encantaba verla por televisión, y sus fotos como modelo siempre me encantaron, decoraban mi habitación cuando comencé mi adolescencia, ¡me fascinaba su seguridad ante la cámara, esa capacidad para verse siempre tan cómoda en esos paisajes agrestes, posando en locaciones naturales con tanta confianza y esplendor, esa actitud la hacía ver mucho más hermosa, yo la veneraba!
—¡Caramba! Esa fue mi primera época muchacho. Ser presentadora y modelo fueron las primeras cosas que hice en mi juventud; me permitió ganar seguridad y entender cómo funciona el mundo cuando eres una mujer con mucho potencial y aspiraciones.
—Todavía conserva ese encanto, puedo asegurarlo.
Miguel y Paula se sacudieron bruscamente, la limosina repentinamente se bamboleó y ambos pasajeros miraron hacia el frente, sujetándose instintivamente al apoya brazos central. El chofer logró retomar el control, descendiendo la ya moderada velocidad con que viajaban.
—¿Qué demonios fue eso? —Exclamó Paula irritada.
—¡Fue esa furgoneta, señora! ¡Salió de la nada a exceso de velocidad! Apenas tuve tiempo de esquivarla. —Respondió el chofer, mientras señalaba al vehículo que con rapidez comenzaba a alejarse de ellos zigzagueando entre otros carros que circulaban por la autopista.
—Ese vehículo me resulta familiar, esta mañana vi un modelo así en la zona de proveedores del hotel.
—Qué curioso. ¿Y qué pudo ser tan llamativo para ti de un transporte tan común como ese? —Paula no pudo disimular su incredulidad, pensaba que el chico por querer deslumbrarla intentaba alardear frente a ella dotes detectivescos.
—La ausencia de marcas. No posee ningún distintivo o rótulo que identifique a qué se dedica. Por ley, estos vehículos deben llevarlo cuando prestan servicios comerciales, es obligatorio.
—¿Algo así como una norma turística de seguridad?...
—Exacto. El Hotel Intercontinental nos prepara como vigilantes auxiliares. Sus huéspedes confían en poder contar con una ayuda personalizada en caso de secuestro o situación de peligro. "Semper Fidelis" es nuestro lema.
—Siempre fieles, qué interesante. ¿Y qué crees?... ¿Piensas que en esa buseta se desplazan unos malhechores?...
—No con certeza, pero si me lo permite, podríamos seguirles y comprobarlo.
Paula hizo una seña al chofer y la limosina comenzó a desplazarse a mayor velocidad, en pocos minutos lograron darle alcance. Miguel miró con atención el vidrio retrovisor del conductor, buscando el ángulo visual apropiado, en esa parte del trayecto se desplazaba por el canal derecho a una velocidad moderada y estable.
—Procure no rebasarlos. —Dijo Miguel— Intento poder identificar el rostro del conductor.
El chofer de la limosina asintió a la instrucción, buscando avanzar rezagado por el canal izquierdo.
—¡Dios santo!
—¿Qué? No juegues conmigo. ¿Qué viste de inusual?...
—El conductor lleva un pasamontañas, de esos que impiden reconocer a quien los usa. Es una mala señal.
—¿En serio? —Exclamó Paula conteniendo una carcajada. —Esas son situaciones exageradas que ocurren en algunas películas domingueras, los tipos malos visten esas cosas porque pasan eventos extremos para justificar luego la acción con violencia en grandes dosis.
—Describe el cliché de Hollywood, en el mundo real la acción puede desencadenarla un suceso espontáneo, fortuito, estar en el momento y lugar equivocados; o como nosotros, que hemos querido por simple curiosidad acercarnos a la boca del lobo.
Miguel le hizo al chofer de la limosina una seña y la misma comenzó a rezagarse al instante.
—Veo que ya aprendiste cómo funciona.
—Aprendo viendo y aprendo rápido.
Paula Bellini volvió a estrujarse con sensualidad contra el asiento de cuero.
—Fíjese, tampoco lleva matrícula. A partir de ahora deberíamos seguirla, discretamente, conservando cierta distancia. Sería muy útil saber hacia dónde se dirigen.
—¿Has considerado el valioso tiempo que estaríamos desperdiciando si acepto hacer lo que me propones?... —Paula vio a Miguel sugiriendo lo obvio. Ella aspiraba tener un encuentro candente de sexo casual en un lugar glamoroso para borrar el sinsabor de su frustrada estadía con Rufus Valkiria en Suiza.
—Creo que esta eventualidad podría avivar la emoción a niveles insospechados, si confías en mí. —Paula vio fijamente a Miguel mientras pronunciaba con pleno convencimiento esa promesa. Se sintió muy excitada cuando él se atrevió a tutearla, experimentó como la adrenalina le aceleraba el corazón.
—¡Hagámoslo! —Expresaron a coro y ambos realizaron un particular gesto mirando al unísono al sorprendido chofer que enseguida obedeció. Comenzaron a desplazarse a cierta distancia, buscando no perder de vista a la sospechosa furgoneta.
A esa hora el tránsito era moderado, resultaba bastante común ver circular limosinas y automóviles de lujo por la cercanía al aeropuerto y la cantidad de turistas que acostumbraban visitar la ciudad y sus alrededores. Sin embargo, en una parte del trayecto, la furgoneta volvió a ejecutar un movimiento repentino y errático, Kamil y Vincenzo buscaron forcejear contra sus secuestradores y jugarse el todo por el todo, intentando derribarlos, atacándolos por sorpresa con el impulso y fuerza de sus propios cuerpos.
Tanto Kamil como Vincenzo eran hombres altos, corpulentos y macizos. A pesar de estar maniatados, lograron que el furgón perdiera momentáneamente el rumbo y se bamboleara, creando un caos en su interior al empujar contra las paredes de latón a dos de los secuestradores; el chofer y el copiloto fueron tomados por sorpresa, el segundo buscó al momento apoyar a sus dos compañeros alzando una barra plegable de acero, muy usada por los cuerpos policiales; al primer intento Kamil sintió un dolor aplastante en su hombro izquierdo, el golpe iba dirigido a su cabeza encapuchada y por milímetros había fallado. Kamil aulló de dolor pero también lo enardeció, haciéndolo enfurecer y contraatacar. Los hombres contratados por Rufus Valkiria no tenían instrucciones de matar ni a Kamil ni a Vincenzo, pero sí de contenerlos con fuerza bruta de ser necesario.
Ciego y furioso, Kamil Wolf se abalanzó hacia adelante, envistiendo el respaldar del conductor, mientras que Vincenzo lo imitaba, haciendo chocar con mayor fuerza al secuestrador que intentaba inmovilizarlo. La abolladura fue muy clara y visible desde el exterior. Algunos vehículos buscaron virar y esquivar a la furgoneta; Miguel, Paula y el chofer de la limosina lograron evidenciarla con asombro a la distancia en que se encontraban.
El hombre con la cachiporra sujeta en su diestra, empujó con la mano izquierda a Kamil, esta vez buscaría dejarlo sin sentido. Por ser más joven, Kamil era más ágil y peligroso. El talentoso pianista chocó toscamente contra las puertas traseras quedando a merced de su atacante, por tener las manos atadas y estar ahora sofocado por el sudor bajo la gruesa capucha negra.
—¡Aaaaggh! —Gruñó Kamil en un último intento desesperado por confrontar a sus contrincantes.
—¡Te voy a poner a dormir en un segundo, musiquito! —Dijo el delincuente antes de lanzar con furia un rotundo golpe con la sólida barra de acero hacia la frente de Kamil.
(6) El Rescate
Fue puro instinto de supervivencia. La rápida reacción de Kamil desencadenó una sorpresiva oportunidad de escape en el momento que uno de los esbirros de Rufus Valkiria se abalanzó contra él para noquearlo con la mortal barra plegable de acero.
—¡Soy hueso duro de roer cabrón! —Exclamó Kamil Wolf justo en el instante que recibía el impacto del metal sobre su frente, quedando desmayado. Kamil cayó primero de rodillas, la mitad de su cuerpo desmadejado se fue de lado comenzando a salirse de la furgoneta en movimiento. Kamil había logrado enganchar la palanca de la cerradura con las cadenas de las esposas que lo mantenían maniatado, al caer de bruces se produjo un fuerte tirón que permitió abrir una de las puertas traseras. Vincenzo Bocelli buscó sin éxito empujar ferozmente a los dos hombres que lo sujetaban. Un grito del conductor buscó poner en orden aquella caótica situación:
—¡Escuchen! ¡Metan a Wolf y cierren la maldita puerta! ¡Ahora!
Dos hombres sujetaron por las piernas a Kamil, intentando arrastrarlo hacia el interior del vehículo, pero no resultó tan sencillo; desde afuera algo retenía a Kamil.
—¡Maldición! —Dijo colérico el delincuente que había noqueado al pianista. El mismo hombre soltó enseguida a Kamil, acercándose con rapidez hacia la puerta entreabierta de la furgoneta, volviéndolo a sujetar esta vez de su antebrazo derecho. Volvió a jalar con fuerza el cuerpo inanimado varias veces seguidas.
—¿Qué cojones pasa?...
Buscando descubrir la causa. el delincuente empujó levemente un poco más la puerta entreabierta hacia afuera, dejando un espacio lo suficientemente amplio para dejar su rostro encapuchado al descubierto. Un gancho directo tan potente como el golpe que había recibido Kamil con la barra de acero, cayó de la nada sobre su mandíbula, un puñetazo tan potente que consiguió noquearlo ipso facto. Miguel estaba fuertemente sujeto a Kamil y oculto a la vez. Aprovechó el elemento sorpresa para usurpar el vehículo por asalto e intentar neutralizar a los secuestradores, aunque sabía que para lograrlo, debía poner los números a su favor.
Gracias a que la limosina disponía de claraboya, Miguel había podido saltar hasta la furgoneta, en una maniobra digna de un diestro actor de películas de acción. Paula Bellini estaba en éxtasis, incluso el chofer de la limosina aprobaba esa actitud por primera vez, porque lo que estaban presenciando era real y muy emocionante.
—¡Despierte! ¡Vamos! ¡Necesito su ayuda! —Miguel sacudió a Kamil Wolf mientras le daba cachetadas, lo había liberado del asfixiante pasamontañas. Kamil reaccionó un tanto aturdido, apenas podía creer que alguien estuviese al lado suyo para ayudarlo. En el interior de la furgoneta comenzaron a oírse gritos y forcejos, era el señor Vincenzo Bocelli quien pese a no poder ver lo que ocurría, había reaccionado a favor de Miguel y su arriesgado intento de rescate.
—¡Sujeten al viejo del carajo! ¡Me van a obligar a parar y hacerlo yo mismo!
El conductor volvía a gritarle a sus secuaces, mientras intentaba maniobrar para desplazarse hacia el distribuidor en donde buscaría salir hacia una zona despoblada, ubicada en los límites de la ciudad.
—¡Eso hacemos coño! ¡Está hecho una fiera!
—¡Usen los paralizadores!
La orden fue acatada. Los dos hombres llevaban enfundados en su cinturón los temidos dispositivos que aplicaban a la víctima una potente descarga eléctrica; el primero que lograra contacto con Vincenzo lo pondría fuera de combate.
Miguel, seguido de Kamil, entraron rápido como un celaje, abalanzándose contra los dos delincuentes. Miguel fue más certero, dado su entrenamiento, logrando aplicar la carga eléctrica destinada a Vincenzo al propio atacante, en una maniobra asombrosa de combate cuerpo a cuerpo. Kamil logró derribar a su adversario pero la fulminante carga eléctrica cumplió su cometido, dejando al señor Vincenzo convulsionando unos segundos entre fuertes espasmos, mientras una brutal sacudida involuntaria lo derrumbó dejándolo como muerto.
(7) Un As Bajo la Manga
Miguel actuó rápido como un rayo, en segundos se abalanzó primero contra el delincuente que había paralizado a Vincenzo Bocelli, aplicándole una dosis de su propia medicina electrocutándolo; sin perder ritmo fue directo y sin dudar hasta el conductor de la furgoneta, quien entre improperios y amenazas, sucumbió segundos después. Kamil vio moverse al hombre que Miguel había noqueado, el mismo que le había dado a él con brutalidad con la barra de acero en dos ocasiones, y antes que lograse espabilar, le lanzó una patada contundente al rostro.
—¡Se lo merecía! —dijo Miguel al escuchar el duro golpe y el quejido ahogado del malhechor. El singular botones miró a Kamil por el retrovisor de la furgoneta sonriéndole; en un pestañar había suplantado al conductor y manejaba por el hombrillo con la intención de detenerse, tenía ya activadas las luces intermitentes amarillas.
—Había subestimado el potencial que ofrece a sus huéspedes este servicio especial. —Exclamó Kamil con sinceridad a Miguel.
—¡Estamos para servirle señor Wolf!
—¡Y creo que usted ha hecho mucho hoy a pesar de tener sus manos atadas! —Miguel culminó la frase mientras giraba la llave maestra que el conductor guardaba en uno de los bolsillos de su chaqueta, liberando a Kamil de sus ataduras. El intrépido muchacho se desplazaba con suma agilidad y rapidez. Hizo lo mismo con Vincenzo, abriendo luego de par en par ambas puertas traseras de la furgoneta. La había estacionado en un área demarcada en la autopista para el auxilio vial. Kamil logró reanimar a un todavía atontado Bocelli, quien al verse sin capuchas comprendió que habían logrado superar aquel terrible trance. Instintivamente ambos se abrazaron aliviados. Los cuatro delincuentes quedaron esposados dentro del furgón.
—Salgamos de aquí. —Dijo el viejo Vincenzo a Kamil, apoyándose sin querer en el hombro golpeado del pianista.
—¡Creo que necesitamos volver al hospital!
Al descender del furgón, Vincenzo y Kamil lograron evidenciar a plena luz lo magullados que ambos estaban. Miguel tenía ya abierta la puerta de la amplia limosina, invitándolos a subir. Ambos caminaron hacia el vehículo con cara de incredulidad y asombro.
«El colmo del buen servicio», pensó con sorna Kamil al momento de montarse. Cuando los tres hombres tomaron asientos, Kamil y Vincenzo quedaron sentados frente a Miguel y Paula. La elegante mujer tardó unos instantes pero al momento pudo fácilmente reconocer a Kamil Wolf, a pesar de su estado tan deplorable. Sin embargo, aguardó a que Miguel Beltone, formalmente los presentara.
—Señores, gracias a esta bella dama, y a su valiosa ayuda, ¡ustedes están a salvo!
—Paula Bellini, para servirles. —Ambos hombres dieron muestra de gratitud, también la reconocieron con igual inmediatez; ella al igual que Kamil Wolf, era una figura pública, toda una atracción para algunos hombres, en el mejor de los sentidos.
—Me honra haber podido ayudarles caballeros. Todo el proceso de rescate fue una demostración rotunda de la eficiencia del programa de seguridad del hotel. ¡El señor Beltone ha hecho una labor extraordinaria! —La mujer puso con sensualidad su mano derecha sobre el muslo de Miguel, apretándolo con discreción. El gesto fue inmediatamente interpretado por Vincenzo y Kamil. Entre la pareja había una fuerte atracción. Miguel miró a Paula con profundidad y luego dijo:
—Era mi deber ayudarles. Hemos logrado reducir considerablemente la cifra de atentados de este tipo gracias al entrenamiento especial y a su correcta ejecución. Pronto llegaremos al hospital, sin dudas que ustedes dos necesitan ser atendidos. El lugar donde dejé estacionada la furgoneta es patrullado por la policía diariamente. Luego deberé ir a dar mis declaraciones. Se abrirá una investigación y para ello necesitarán conocer detalles. Dígame señor Wolf ¿conoce o tiene idea de quien podría estar detrás de todo esto?...
—Sí. Sé quién es la persona detrás de este atentado.
—¿Seguro? Piénselo con calma, no se precipite. —Miguel miraba a Kamil con serenidad, aguardando su respuesta.
—Rufus Valkiria. —Dijo rotundo Vincenzo Bocelli antes que el propio Kamil respondiera, añadiendo:
— Perdona Kamil, prefiero asumir yo todo el peso de esta acusación. Rufus Valkiria fue el abogado del padre de Kamil, Olaf Wolf, apenas hacen pocas horas que estuvimos reunidos con él, y por lo que conversamos, ya nos estaba advirtiendo de las consecuencias si Kamil declaraba a favor de Andrei Bogdan y Saulo Poncio, los responsables del accidente en el hotel.
—Descuiden, estoy al tanto. Todos en el Intercontinental le hemos hecho seguimiento al caso. Prosiga por favor señor Bocelli.
—Bien. Kamil y yo conocíamos las intenciones de Valkiria y lo serio de sus advertencias pero no cedimos a sus peticiones y las ignoramos, desafiándolo abiertamente. El secuestro fue ejecutado en su presencia y en el propio hotel. Sus hombres nos emboscaron en la salida al estacionamiento del Piano Bar del lobby.
Miguel suspiró.
—Con lo que usted me está contando y teniendo testigos que lo testifiquen, el señor Valkiria tendrá ahora que rendir cuentas ante la justicia, señor Bocelli. Ustedes tendrán todo mi apoyo.
—Y el mío también. Pero para evitar que eso ocurra. —Paula Bellini apuntaba a los tres hombres con una estilizada arma con silenciador.
—Paula, ¿qué pretendes?... —Miguel estaba perplejo. Nunca sospechó que aquella mujer con apariencia tan vulnerable, fuese capaz de un acto así. Buscó persuadirla con el diálogo y la razón pero se equivocó.
—Paula, aguarda, el señor Valki...
Tres disparos al pecho, secos y sucesivos dejaron sin vida al Miguel Beltone en la esquina de la limosina.
La mira de la pistola semi automática se posó en frente de Vincenzo y Kamil.
—Vamos donde el jefe. —Le dijo con serena frialdad Paula Bellini al uniformado y parco chofer de la limosina.
—Como usted ordene madame.
El destino le había colocado a Rufus Valkiria un as bajo la manga.
Fin del Acto IV
Acto V
(1) Jeremy Siepmann
Parte I
La sentencia en contra de Andrei Bogdan y Saúl Poncio fue procesada. El juez consultó previamente a los abogados Valbuena y López sobre las razones de no encontrarse presente Kamil Wolf, si en sus primeras declaraciones ante aquel jurado, el afamado pianista había apoyado abiertamente a los acusados.
—El señor Kamil Wolf lo ha reconsiderado, su señoría. —Mintió sin pestañar Felipe Valbuena ante la corte. Hubo un breve murmullo de asombro entre la concurrencia al escuchar la respuesta del abogado defensor.
—Caramba... Entonces todos aquí somos testigos de que no existen argumentos sólidos para refutar lo que la ley dictamina, por lo tanto procedo por la autoridad que me confiere la ley a sentenciar a estos dos acusados: Andrei Nicolás Bogdan Albescu y Saúl Iván Poncio Karevik, deberán a partir de hoy pasar cien días en prisión, por los cargos de irresponsabilidad al conducir, daños al patrimonio público y privado, y desacato a las leyes de tránsito. He dicho. Fin de la sesión.
Tras un sonoro martillazo, enseguida se levantó un clamor confuso de voces generalizado en la sala. Los guardias del Tribunal comenzaron a solicitar el desalojo del recinto. Afuera, ansiosos reporteros aguardaban conocer los detalles del veredicto. Valbuena y López confrontaron las preguntas con parquedad, limitándose a expresar que Kamil Wolf lo había reconsiderado y nada más.
—¿Son conscientes que para Kamil Wolf esta sorpresiva decisión lo desfavorece ante el público que estaba a favor de su intervención?... ¿Dónde está él ahora? ¿Dará declaraciones al respecto?...
—El señor Kamil Wolf no se encuentra por los momentos en condiciones de dar declaraciones. —El abogado López expresó esa respuesta con rotunda sinceridad, dado a que era verdad, una cruel y vil verdad. —Por su salud y para mejorarse del todo, el señor Wolf ha decidido tomarse un receso temporal. La gira en honor a su difunto padre quedará postergada hasta nuevo aviso. Es todo por ahora señores. Gracias. No más comentarios.
Valbuena y López se montaron en un elegante carro con chofer, alejándose rápidamente del tribunal y de los reporteros.
Parte II
Noventa días transcurrieron y tanto Saúl Poncio como Andrei Bogdan sobrellevaban, cada quien a su manera, su estancia en prisión. Las celdas eran individuales; paradójicamente su permanencia no había resultado tan agobiante ni aburrida. Tras un mes y medio de adaptación, los siguientes 45 días habían sido razonablemente llevaderos. Andrei y Saúl se encontraban en un área de la prisión para reos con delitos menores, gente interesante, variopinta y de buen corazón, quienes hicieron amistad con el "par de abuelos irresponsables" y a su vez famosos, por haber sido noticia local en aquel momento. Con facilidad habían demostrado ser también grandes oradores, sencillos y ocurrentes; recordaban en cierto sentido a "el gordo y el flaco", la clásica pareja de comediantes, ya que Saúl Poncio era extrovertido, bonachón y aventurero, con una anécdota u ocurrencia a flor de labios. Su profesión como piloto le permitía hablar siempre de lugares remotos, comidas exóticas, costumbres y regiones fabulosas. Andrei Bogdan por su parte, era introvertido, reflexivo, pero lleno de picardía y cándida sensibilidad. Al hablar de ciertos temas se le aguaban los ojos fácilmente, pero sus respuestas y reacciones eran rotundas, creativas y dignas de reflexión. Podía decirse que Andrei Bogdan poseía un alma fuerte envuelta en un cuerpo vulnerable. Ambos se complementaban y era agradable verlos interactuar.
—Nos gustaría saber... ¿Cómo se sienten al estar a solo diez días de su liberación?...
—¿Van a seguir siendo socios?...
Se hizo un silencio momentáneo en la sala de recreación. Todos los reos estaban sentados en pequeños grupos esparcidos en varias mesas dispuestas para tal fin.
—¡Yo creo que no! —Contestó categórico Poncio el piloto.
—¡Ahora vamos a ser marido y mujer! —Completó sarcásticamente Andrei, poniendo una cara ridícula y mirando hacia el techo con los ojos muy abiertos, batiendo exageradamente las pestañas, tenía ambos puños apoyando su gruesa barbilla. Las carcajadas fueron tan sonoras que los guardias del recinto se acercaron a curiosear.
—¡Hey Bogdan! Cuidado con lo que insinúas. —Dijo uno de los uniformados con rostro muy serio, mirándolo fijamente.
—¿O qué?... Lo desafió Andrei.
—¡O me partirás el corazón!
Por un buen rato rieron hasta más no poder, era un momento de alegría colectiva y sin dudas liberador en todos los sentidos, en especial para Andrei Bogdan, porque lo que él expresaba como un chiste ocurrente entre hombres, era una verdad muy seria. En el año 1947, luego que su padre hablara con su buen amigo Saúl Poncio y le explicara la delicada situación legal en la que se encontraba Andrei, se había dado cuenta de su atracción sentimental hacia él. Andrei estaba convencido que su padre no lo había notado, ni siquiera sospechado, haber llegado a casa luego de tantos años, acompañado de la exótica y sensual Olga Constantinesca, ella le había proporcionado una fachada perfecta de hombre heterosexual. Y así fue cómo sucedió, Andrei Bogdan se enamoró en secreto de Saúl Poncio desde el mismo día que éste aceptara suplantar a su colega, el también piloto Jeremy Siepmann, a quien Poncio ya conocía íntimamente, logrando persuadir para que fuera él quien llevara de regreso a España a Olga y a Andrei. El momento crucial para Andrei descubrir sus inclinaciones fue justo luego de haber intimado con Olga, cuando la abandonó en pleno simulacro de su propia muerte. A pesar de haberle prometido a Olga que volverían a reencontrarse, Andrei Bogdan faltó a su palabra, nunca más volvieron a verse. Su drástica decisión incluyó alejarse del canto y el mundo artístico, su mayor pasión ya no era la música sino iniciar una vida anónima y discreta junto a Saúl Poncio, su gran amor secreto. Andrei Bogdan nunca supo que Olga Constantinesca esperaba un hijo suyo. Olaf Wolf se encargó de no revelárselo y oportunamente aprovechó su desaparición para hacerse legalmente con el niño, reconociéndolo como suyo. Rufus Valkiria al enterarse que el propio Kamil Wolf sabía la verdad y pretendía apoyar a su verdadero padre, decidió someterlo a la fuerza, evitando que Kamil Wolf lo desacreditara públicamente, pero las cosas luego del secuestro se habían complicado más de lo esperado.
En diez días el ya anciano y excantante prodigio, Andrei Bogdan, conocido alguna vez como Attila Dorn, descubriría que su única experiencia íntima vivida con el sexo opuesto trajo consecuencias y necesitaría de toda su valentía y coraje; su hijo Kamil Wolf seguía bajo las temibles garras de Rufus Valkiria, lacayo de su peor pesadilla y fantasma del pasado. Estaba obligado a librarse de una vez y para siempre de todas sus extorsiones y viles engaños.
(2) Una Reina en su Trono
Mientras Andrei Bogdan y Saúl Poncio estuvieron en la cárcel, pese a las limitantes del encierro, en cierta manera juntos habían logrado mejorar su relación personal; en cambio Kamil Wolf y Vincenzo Bocelli, confrontaban cara a cara con la maldad en ese mismo período de tiempo, por los traumáticos sucesos posteriores al secuestro y a la súbita muerte de Miguel Beltone.
Ambos hombres fueron trasladados a un monumental rascacielos en donde operaba el bufete de Valkiria y Asociados. Custodiados por Paula Bellini y el chofer personal de Rufus Valkiria, Kamil y Vincenzo no tuvieron más remedio que volver a enfrentarse con su temible enemigo.
—Miren a quienes tenemos por aquí. Adelante, tomen asientos señores. —La recepcionista del bufete había puesto en sobre aviso a Rufus Valkiria, quien sin inmutarse, había ordenado que los cuatro visitantes pasaran directo a su despacho. Valkiria ignoraba por completo a Paula y a su chofer, y ellos tampoco hicieron algún gesto para destacar su presencia. Él simplemente observaba con cautela a Kamil y a Vincenzo, como esperando escuchar primero su versión de los hechos.
—¡Has llegado muy lejos Rufus! —Soltó con apremio Vincenzo Bocelli.— ¡Es muy vergonzoso! ¡Indignante! ¡Totalmente abominable!
La suspicacia de Rufus Valkiria le hizo entender que había sucedido algo más que golpes e intimidación. Miró primeramente a Vincenzo y a Kamil, luego lanzó una breve mirada directa a Paula Bellini. Ella estaba rezagada, a pocos pasos tras de ellos, con una actitud altiva y también serena. La espigada y atractiva mujer lucía ahora intimidante y muy segura de sí misma, llevaba puesto un sobretodo para cubrir parcialmente el ceñido vestido que hacía destacar su cuerpo escultural; su apariencia produjo un efecto de fascinación y morbo involuntario en Rufus Valkiria. Paula Bellini era en ese momento, mucho más seductora y deseable que nunca para él, pero para Vincenzo y Kamil, aquella mujer fatal les había revelado una espantosa identidad y la tensión estando en su presencia era muy notoria e incómoda, se percibía una clara repulsión hacia ella.
—¿Qué sucedió? —Rufus Valkiria proyectó lo suficiente la voz para dejar claro que su pregunta no solo estaba dirigida a Vincenzo Bocelli.
—¡Somos víctimas de secuestro y testigos de asesinato! ¡Vincenzo y yo sabemos que tú eres el único responsable! ¡Esta mujer nos confesó su conexión contigo, asesinando a sangre fría al único testigo de esa conspiración! ¿Qué pretendes hacer con nosotros ahora?... ¿Matarnos también?...
Kamil Wolf enardecido se había puesto en pie, afincando ambos puños en el borde del amplio escritorio, la simbólica barrera que lo separaba de Rufus Valkiria; sus nudillos estaban ensangrentados, y tenía un oscuro hematoma en la frente, afectado notoriamente por los golpes y forcejeos, dentro de Kamil ardía un fuego muy intenso de rabia e indignación, aquel heroico botones había hecho un grandísimo esfuerzo por salvarlos de esa terrible situación, y lo habría logrado de haberse enterado a tiempo para quien trabajaba Paula Bellini.
Vincenzo sujetó por un momento el brazo de Kamil en un vano intento por retener su acusación; el leal empresario intentaba resguardarlo, pero Kamil una vez más se le había adelantado.
—¿De qué testigo hablas?... ¿Qué tonterías son esas?... —Rufus Valkiria se puso de pie y rodeando el opulento escritorio, se dirigió hacia su chofer personal, el discreto conductor de la limosina. El gesto de reprobación fue casi imperceptible, Valkiria solamente le susurró:
—Encárgate del cuerpo. —Y el hombre salió de inmediato de la oficina. Luego miró a Paula Bellini con intensidad y deseo, extendiéndole su mano con gentileza para que se acercara. El motivo era buscar enfrentar a Kamil y a Vincenzo de un modo más ventajoso, equilibrando fuerzas en pareja.
Rufus Valkiria entonces cortejó a Paula Bellini con actitud ceremonial, llevándola de manera muy caballerosa hasta su propia poltrona. La elegante y hermosa mujer se sentó tal cual, majestuosa como una reina en su trono, en el alto y mullido sillón, mirando en silencio cara a cara a Kamil y a Vincenzo.
—Estoy convencido, señores —dijo Rufus Valkiria, con voz profunda y un tanto infantil— que a partir de ahora, el destino de su fortuna e incluso de cualquier propósito futuro, va a depender de lo que acordemos hacer con ustedes dos.
Paula Bellini deslizó su mano derecha con lentitud y suavidad por dentro de su sobretodo, tenía su mano izquierda apoyando brevemente dos de sus finos nudillos bajo su barbilla, en un gesto casual y contemplativo.
—Deberíamos empezar por reafirmar quien tiene el control. Darles un ejemplo. ¿No crees cariño?...
Paula Bellini se removió con gracia y sensualidad en la mullida poltrona, elevando su grácil perfil hacia Rufus Valkiria, mirándolo con picardía y frivolidad, mientras se relamía el labio superior con actitud felina, esbozando una maliciosa y perturbadora sonrisa.
—Sé lo que te provoca. —Dijo con igual frivolidad Rufus Valkiria.
—Hazlo. —Le ordenó.
Y Paula Bellini desenfundó la silenciosa arma de su sobretodo y sin pestañar realizó tres disparos certeros a quemarropa contra Vincenzo Bocelli, dejándolo tumbado en la sólida poltrona, mientras Kamil Wolf quedaba en completo shock. Lo vivido en esas horas había rebasado sus límites y entendiendo el rotundo mensaje, sólo fue capaz de decir con lágrimas en los ojos y un hondo rencor en su voz:
—Ya entiendo. Ustedes tienen el control.
(3) Labores de Limpieza
El cuerpo de vigilancia que patrullaba la autopista nunca halló la furgoneta ni a los tres secuestradores. Tampoco la policía tenía pista alguna de Miguel Beltone. La elegante limosina que hacía una hora había sido el vehículo de rescate de Kamil y Vincenzo, regresaba al mismo lugar donde seguía estacionada la furgoneta con los tres viles hombres contratados por Valkiria, aún desmayados en su interior.
Wellington, era el nombre del confiable y circunspecto chofer de Rufus Valkiria; había sido su madre quien decidiera llamarlo así, al visitar Nueva Zelanda, había quedado prendada a ese pintoresco e inspirador país y al esplendor mágico de su ciudad capital. Cuando le fue ordenado encargarse del cadáver de Miguel Beltone, Wellington consideró necesario realizar una más amplia "labor de limpieza".
—¡Hora de despertarse princesitas!
Y con un fuerte puntapié de sus sólidas botas, Wellington hizo reaccionar a cada uno de los novatos mercenarios, quienes lo observaron con mala cara, sabiendo que no era policía, pero tampoco uno de sus compinches.
—Solamente uno de ustedes se llevará esta furgoneta y se encargará de destruirla. Pese al incidente, señores, el jefe logró poner en orden la operación; ha conseguido con éxito someter al objetivo, tal como era su deseo. ¡Vamos! ¡No tengo todo el día! —Wellington hizo un gesto autoritario con la cabeza, la cual tenía cubierta con una gorra con visera, lo que reforzaba su voz de mando, y dos de los hombres se apearon del vehículo junto con él, mientras un tercero encendía el motor y se alejaba por el retorno hacia la amplia autopista.
—Vengan conmigo.
Los tres hombres se dirigieron a la limosina, sin embargo, el intento de los secuestradores de querer montarse al momento fue inútil. Las puertas del lujoso transporte estaban cerradas. Wellington era suficientemente alto para lograr verse de pie desde el puesto del conductor, los dos hombres se encontraban del lado opuesto, uno en cada puerta, sujetos a cada manija, aguardando que los seguros eléctricos fueran liberados. Eso tampoco ocurrió. Con total frialdad y calma, el aparente sumiso chofer, se dirigió por última vez a aquellos dos delincuentes locales diciéndoles:
—Agradezcan que la policía no los encontró antes que yo. El acuerdo era mantener al objetivo inactivo por 24 horas, y como saben, no lo lograron. Eso obliga a tener que suspenderles el resto del pago acordado.
—¡Maldición! —Expresó uno desalentado. El otro hombre soltó con rabia contenida:
—¡Patrañas! ¡Puras patrañas! ¿Cómo lograron dar con nosotros?... ¡Tuvo que haber cantado algún soplón!
—Tendremos que investigar a fondo— respondió Wellington con honestidad.— Pero no pueden pensar que el jefe boicoteó su propio plan. Por lo que hemos podido concluir hasta ahora, fue algo casual, fortuito, pura jodida coincidencia.
Los dos sujetos se miraban entre sí y se mantenían como dos leones enjaulados, se notaban las claras intenciones de ambos de querer cobrar represalia contra el delgado chofer. Wellington, pese a su contextura, era fuerte y estaba entrenado, podía hacerles frente pero sabía que llamar la atención en plena vía pública no era una brillante idea, y menos a pleno día; así que decidió improvisar. Con tono cordial les dijo:
—Vengan, los llevaré a un buen lugar para que almuercen. La casa invita. Solo aguarden a que les abra los seguros, el control remoto está sin baterías.
Wellington subió a la limosina y encendió el motor de una vez, y sabiendo que ambos hombres estaban desarmados, bajó hasta la mitad el vidrio eléctrico del copiloto, dirigiéndose hacia ellos:
—Acabo de recordar algo señores.
—¿Qué cosa?...
—A este vehículo solo sube el personal de confianza que trabaja para el señor Valkiria, y ustedes no lo son. Lo siento.
Y la estilizada limosina arrancó al instante. Wellington subió el vidrio, dejando atrás un eco desvanecido de gritos, insultos y maldiciones.
(4) El Reinicio de la Gira
Con todo y los tropiezos, la gira de Kamil Wolf prosiguió. Luego de completar los conciertos pautados en España, el tour se desplazó hasta Italia, ahí se celebrarían tres presentaciones en El Teatro del Silenzio, un anfiteatro al aire libre construido en un pueblo llamado Latico, en la Toscana, una de las veinte regiones que forman a la república italiana. Era un lugar exclusivo y extraordinario. Vincenzo Bocelli, gracias a su posición y prestigio como empresario, había logrado hacerse con la autorización requerida para levantar aquel santuario musical.
El Teatro del Silenzio, estaba emplazado en una pintoresca campiña, en medio de grandes extensiones de tierra fértil, en plena planicie y con el cielo como único techo. El gobierno italiano accedió luego de acordar el modo en que funcionaría aquel recinto. Las presentaciones se harían únicamente durante el mes de junio, con acceso a no más de tres funciones, ofreciendo a los asistentes un solo concierto por día. El resto del año, permanecería como su nombre, en silencio. Kamil estaba doblemente emocionado, la gira conmemoraba el legado de dos personas muy cercanas, Olaf Wolf y Vincenzo Bocelli, ambos hacían conjunción en un mismo lugar.
—¡Puedes sentirte muy satisfecho Kamil, todas las entradas han sido vendidas y en breve nos avisarán para comenzar los ensayos! ¿No estás emocionado?... —Sin aguardar respuesta, la asistente del Productor se alejó rápidamente de Kamil, había mucha actividad en el backstage y cientos de personas se desplazaban a su alrededor, coordinando y ejecutando todo lo necesario para hacer posible el primer concierto. La fastuosidad de aquel escenario singular estaría resaltado por los cambios naturales del sol al irse desvaneciendo en el horizonte; especialistas en iluminación tenían preparado distintos momentos en que la luz artificial comenzaría a tomar protagonismo. En la parte posterior del escenario se podía contemplar un hermoso lago en cuyo centro reposaba una imponente escultura color azul cobalto, la obra de arte era un solemne rostro varonil con los ojos cerrados, una parte intencionalmente inconclusa de ella lograba difuminarse artísticamente con el entorno. Kamil Wolf interpretaría el piano acompañado de una orquesta sinfónica, a la cual se le había añadido, batería, bajo y percusión. Un coro mixto de cincuenta personas reforzaría la grandilocuencia de los temas al ser interpretados por un total de seis destacados cantantes solistas de distintas nacionalidades, cuyos estilos vocales armonizaban plenamente con la música del talentoso Kamil.
—En media hora iniciamos, señor Wolf. —Kamil hizo un breve gesto aprobatorio al otro joven asistente que también se retiró apenas le dio su mensaje. Kamil estaba cómodamente sentado en una silla plegable de lona, en un espacio acondicionado como su camerino, aunque poseía casi todos los atributos, carecía de plena privacidad, era una tienda de campaña a la cual le habían dotado con lo esencial. Kamil, sin embargo, estaba muy a gusto. El clima en la Toscana era muy cálido y agradable en esa época del año, y a él no le faltaban refrigerios, tampoco personas dispuestas a complacerle cualquier necesidad. La música era su mejor motivación y agradecía haber conservado sus facultades pese a los fuertes sucesos del secuestro.
Ahí sentado y en actitud relajada, Kamil pudo recordar su última conversación con Rufus Valkiria y Paula Bellini, frente al cuerpo sin vida de Vincenzo Bocelli.
—Bien. Has dicho la frase correcta, Kamil. Tenemos el control porque tu carrera artística ha sido y será siempre propiedad de Olaf Wolf. ¡No vuelvas a intentar desafiarme de nuevo!
—No lo haré. —Contestó con tono sumiso Kamil a Rufus Valkiria.
—Vincenzo fue un gran hombre Kamil. Y logró grandes cosas, pero creo que en ausencia de Olaf Wolf, pretendió comportarse como un segundo padre para ti. Por cierto, debo informarte que estoy al corriente de sus deseos legales en caso de que llegara a fallecer.
—¿A qué te refieres?... —A Kamil le sorprendió la frialdad con la que Rufus Valkiria hablaba, pero mucho más aún, el estar haciéndolo morbosamente enfrente del cadáver de Bocelli.
—Vincenzo consintió firmar un acuerdo con Olaf Wolf, en donde él le heredaba su Teatro del Silenzio en caso de que él falleciera. Recuerdo que fue un trato al principio verbal y muy en tono burlón. A Olaf Wolf le fascinaba poner a prueba la lealtad de sus socios, y más que todo, su plena confianza en él. Vincenzo aceptó. Creo que lo hizo al presentir que de todos modos, gracias a los valiosos años que Vincenzo estuvo trabajando con Olaf Wolf, había alcanzado un éxito y una respetabilidad envidiables, superior incluso a sus mayores expectativas; me llegó a decir que sabía que con ese acuerdo tu también te beneficiarías en el futuro.
Kamil estaba muy sorprendido, boquiabierto. Paula Bellini disfrutaba plenamente su estupefacción. Ella estaba mirándolo con intensidad enfermiza y con tono burlón le dijo:
—¿Supongo que te sigues considerando hijo legítimo de Olaf Wolf, o no?... —La pérfida mujer le sonreía con una malicia diabólica. —De ser así, y sólo así, el Teatro del Silenzio es desde hoy todo tuyo.
(5) Una Tormenta Inesperada
Los dos primeros conciertos dados en el Teatro del Silenzio, fueron fabulosos. El selecto público pudo disfrutar un espectáculo fascinante y por demás mágico y deslumbrante. Ambas presentaciones se habían logrado desarrollar con fluidez y bajo un muy estricto control de calidad, puntualidad, y sobre todo, comodidad para los asistentes.
Pero en el tercer y último concierto, la naturaleza no permitió que fuera posible cerrar con broche de oro. Una repentina y fuerte tormenta se concentró justo sobre Latico, el pueblo en donde estaba ubicado el anfiteatro, y todas las vías de acceso, entradas y salidas del mismo quedaron inundadas, colapsadas, generando ese día, además de la suspensión del concierto, un caos descomunal sin precedentes.
La mayoría del público asistente no había considerado una eventualidad así, a los propios organizadores se les escapó de las manos la emergencia, lo que finalizó con una estampida frenética en busca de refugio por parte del público, intentando correr desesperadamente hacia el estacionamiento, que por razones de estética, se hallaba a varios kilómetros, y los transportes contratados para su traslado se habían ya devuelto, al acordar regresar a recoger a los asistentes dos horas después. Por culpa de la fuerte lluvia, la tierra se transformó en lodo a los pocos minutos y un torrencial río desbocado iba arrastrando todo a su paso. Era insalvable ni por un vehículo automotor ni por una persona a pie. La propia geografía en donde estaba emplazado el Teatro del Silenzio, permitió que en muy poco tiempo el escenario y sus alrededores quedaran sepultados en lodo.
Al día siguiente los medios informativos redactaron duras críticas en contra de los organizadores y contra el propio gobierno italiano. Fotografías amarillistas mostraban a cientos de personas empapadas, reflejando disgusto e indignación ante aquel aparatoso diluvio. En algunas situaciones, sus ropas transparentaban hasta tal punto que prácticamente transitaban semi desnudas públicamente. Aunque no llegó a registrarse ningún deceso, todos los afectados eran personas muy influyentes, no solo de Italia, sino también de otras nacionalidades. Kamil Wolf se vio forzado a declarar e intentar calmar los ánimos. Una vez más debía lidiar con los reporteros, confrontar una situación escandalosa.
—Señor Kamil, ¿qué tiene que decirnos sobre este bochornoso incidente?...
—Fue totalmente fortuito, lamentable, y extendemos una vez más públicamente nuestras sinceras disculpas a todos los afectados.
—Su organización reconoce que se les escapó de las manos la seguridad y el control para poder lograr auxiliar al público asistente ¿Recibirán algún tipo de indemnización de su parte?...
—Me encuentro doblemente comprometido con mi público, como artista y como dueño del Teatro del Silenzio. Ya he recibido la confirmación que por este año lamentablemente no podrán haber más conciertos. Ahora se requiere hacer nuevos trabajos de mejoramiento del terreno para que el año entrante estén cubiertas estas posibles eventualidades de la naturaleza. El instituto meteorológico nos ha confirmado que la tormenta se presentó de forma extraordinaria y casi sorpresivamente. Como bien es sabido, la agenda fue rigurosa y definida entre el gobierno italiano y nosotros. Todos los tres conciertos quedaron pautados justo en este mes de junio, por ser época soleada y de buen clima. Quizás elegimos el fin de semana menos apropiado.
—Entonces, ¿habrá reintegro de las entradas?...
—Sí. Aunque hemos extendido para quien así lo desee, la posibilidad de disfrutar sin costo alguno y en espacio VIP, de mi próxima presentación en Alemania.
—¿Es cierto señor Kamil, que se tenía pautado la filmación de este último concierto para la televisión italiana?...
—Sí. Esa era la intención. El deslave lo imposibilitó. Hemos acordado con ellos filmarlo como corresponde el año entrante.
—Pero, de ser así señor Kamil, ¿seguirá usted en los escenarios?... ¿Qué nos puede decir de su anunciado retiro?... —Kamil Wolf esbozó una breve sonrisa, pese a la tensión inicial, consideró positiva y oportuna para su carrera, esa señal de interés por parte de la prensa.
—El espectáculo debe continuar. Esta gira en honor a mi padre Olaf Wolf, pese a todo lo ocurrido, ha sido un gran éxito. ¡Próximamente habrá nuevas y buenas noticias!
Kamil Wolf permitió a los fotógrafos hacer su trabajo, posando frente a ellos unos instantes, luego abandonó la sala de prensa seguido de sus guardaespaldas.
(6) Hermosa Mentira
1983 daba inicio con bombos y platillos. Para mediados de año, Kamil Wolf había anunciado "El Canto de las Flores", su esperado concierto televisado en el pintoresco y exclusivo Teatro del Silenzio, en Italia. El fracaso de la pasada función había sido una sorpresiva inundación producto de una terrible tormenta, por tal razón gran parte de la infraestructura del anfiteatro debió ser reacondicionada, previendo una crisis similar. Fue necesaria una importante inversión, pero Kamil estuvo muy satisfecho en garantizar que esta vez no habría otra calamidad que no fuese perderse el evento. Apostaba por rápidamente recuperar lo invertido con las futuras ganancias.
—Sí, es así. El Canto de las Flores es la más importante presentación de toda mi carrera. Toda la logística para el traslado, permanencia y posterior desalojo del público y del personal artístico y técnico están garantizados. El triste incidente del año pasado nos permitió fortalecer y mejorar las ya maravillosas prestaciones del Teatro del Silenzio, a tal punto, que hemos planificado un espectáculo superior y de mayor calidad, ¡que contará con un repertorio más amplio, artistas invitados del mayor nivel y por primera vez, gracias a la moderna televisión satelital, el concierto no solo será transmitido en Italia, sino también a escala mundial!
—Todo eso está muy bien Kamil, pero a mí no me termina de cuadrar ese enorme margen que recibirán las cadenas televisivas, cuando somos nosotros quienes estamos generando el producto final. Puedo sugerirte que Rufus Valkiria continúe presionándolos, para que de algún modo la balanza se incline un poco más a nuestro favor.
—Tienes toda la razón primor. Ven. ¿Ya te he dicho que además de amarte, tenerte cerca me pone más dispuesto y de mejor humor?...
—Calla. No me adules así o terminaré mucho más loca por ti. —Kamil Wolf y Paula Bellini se abrazaron, fundiéndose, besándose apasionadamente, con lujuria y ardor desmedidos. Luego de las muertes de Miguel Beltone y Vincenzo Bocelli, la pérfida mujer de frío e implacable carácter y rotunda belleza, había despertado en Kamil una impetuosa pasión. Ni Paula Bellini ni el propio Kamil Wolf lo habían podido prever. A las pocas semanas de compartir obligadamente reuniones de negocios, ensayos y planificar giras juntos, entre los dos había surgido un explosivo y peligroso affaire.
La clandestina relación había surgido frente a las propias narices del temido y poderoso abogado, quien descartaba por completo semejante posibilidad, dado el desprecio que Kamil siempre manifestó hacia ella y al respeto incuestionable que él exigía de todos los hombres, incluso mujeres, que trabajaban para él y se relacionaban con aquella peligrosa dama.
«Todo estará bien mientras Rufus no descubra lo nuestro». Le llegó a comentar una noche de intenso placer, Paula a Kamil. El roce de sus cuerpos estremecía cada vez con más contundencia la voluntad y cordura de los intrépidos amantes.
—No tienes idea lo que podría llegar a hacerte cariño. El daño no sería del todo físico. ¡Acabaría despiadadamente con toda tu carrera!
Kamil Wolf lo entendía, pero al talentoso músico lo que lo hacía sentirse tan vivo, tan emocionado y eufórico era considerar lograr la hazaña de conservar a Paula y seguir disfrutando de ella, a espaldas de Rufus Valkiria.
(7) Mar Adentro
Abril iniciaba y todo lo referente al Canto de las Flores estaba satisfactoriamente muy bien encaminado. Faltaban dos meses para el gran concierto, y por efectuarse en el Teatro del Silenzio, Kamil podía relajarse; la exclusividad de contar con ese espacio y disponer a sus anchas del mismo para hacer los preparativos, era un privilegio que muy pocos artistas gozaban. Casi siempre el arrendamiento de un teatro, o de una sala de conciertos obligaba a tener una agenda más estrecha, y muchas veces, un plan B, en caso que por alguna razón de fuerza mayor, fuese necesaria la reubicación del espectáculo. Las cláusulas de estos contratos, generalmente favorecían más al dueño del recinto que al artista. Pero esta vez, Kamil Wolf daría un gran concierto en su propio escenario, bajo sus propias reglas, permitiéndose ciertos privilegios.
—¡Mañana podremos pasar todo el día juntos! ¿Te animas a que hagamos un recorrido por alta mar?... —La propuesta de Kamil tomó por sorpresa a Paula. El músico estaba visiblemente emocionado. Por primera vez aparecía ese brillo potente en sus ojos, una señal sutil que lo delataba, se estaba sintiendo más atraído hacia ella que lo que ya estaba.
—¡Sí, claro! ¡Qué sorpresa tan agradable Kamil! —Paula lo miró también con ese brillo e ilusión tan poco usual en ella. De inmediato dejó de hacerlo, apartándose con gracia felina, rondándolo, rozando apenas su cuerpo, girando a su alrededor con picardía.
—Quiero que conozcas mi velero. Tal vez no lo sepas, pero navegar es uno de mis pasatiempos favoritos.
—El mar está en tus genes, cariño. Rufus Valkiria me contó una vez que tu verdadero padre y sus ancestros vivían en un pueblo de pescadores, el mar para ellos ha sido un modo de vida.
—¿Qué más cosas sabes sobre mí?...—Kamil logró retener a Paula con suavidad, trayendo su espalda hacia su pecho, abrazándola. Le encantaba sentir como se estremecía al sumergir su nariz en su cuello. Atardecía, ambos contemplaban de pie una playa solitaria, resguardada en una ensenada entre dos malecones; el viento salado les revoloteaba los cabellos. La vista era encantadora, perfecta. Por unos minutos quedaron embelesados, contemplándola en silencio. Paula luego se giró divertida al percatarse que Kamil estaba notoriamente excitado, y mirándolo directo a los ojos le dijo:
—¡Ten cuidado, estás jugando con fuego!
—Lo sé. Y estoy dispuesto a quemarme. ¡Estoy dispuesto a todo por ti! —Kamil se precipitó hacia los sensuales labios de Paula, buscando corroborar con un apasionado beso su confesión, pero con un gesto esquivo, Paula lo frenó en seco. Puso la palma de su mano en el pecho de Kamil, sintiendo latir con fuerza su corazón, y con firmeza le expresó:
—Cualquier acción que intentes contra Rufus Valkiria, la estás realizando también en mi contra. ¡No te confundas! Ser amantes es una cosa, pero intentar usarme para vengarte o pretender cualquier otra estupidez que lo perjudique o afecte en cualquier forma, haría relucir mi lado más desagradable.
—¿Y en qué te basas para decirme esas cosas?... Tú misma has buscado pasar tiempo conmigo. Has sido testigo de mi sumisión ante Valkiria. Y por si lo has olvidado, fui testigo en dos oportunidades de conocer lo que eres capaz. A ti nada ni nadie se te interpone.
—Es cierto. ¿Por eso mismo piensas que te crea que estás enamorado de mí?... Podré inspirarte muchas cosas Kamil, pero amor no es una de ellas.
Entonces Paula Bellini se alejó del balcón en donde se encontraban y descendió por unos pequeños peldaños de madera hacia la hermosa bahía. Se descalzó con gracia y luego mientras avanzaba, fue dejando el resto de su ropa y prendas en la arena, hasta quedar completamente desnuda. En ningún momento volteó a ver a Kamil, aunque sabía, porque la sentía con total claridad, que su mirada estaba posada sobre toda su piel, y que un deseo impetuoso, imparable, estaba a apunto de arrastrarla y poseerla mar adentro.
(8) Vals Sobre Las Olas
Rufus Valkiria apenas tuvo chance de reaccionar. La propia Paula lo había llamado para ponerlo al corriente sobre su aventura con Kamil Wolf. Pero no acerca de su tórrido amorío, sino sobre su inminente gran travesía por alta mar. La pareja se encontraba navegando a través del estrecho de Estambul, comúnmente llamado el Bósforo, con la intención de llegar hasta el Mar Negro. Si el buen tiempo les sonreía, Kamil estaba dispuesto a visitar Rumania y conocer junto a Paula, la tierra natal de su verdadero padre. Habían zarpado bien temprano desde Estambul, luego de comprar suficientes provisiones, en pocas horas ya estaban deslizándose por debajo del Boğaziçi, un impresionante puente colgante de 1074 metros de largo, el cual conectaba la parte europea con la porción asiática de Turquía.
Toda esa región estaba impregnada de antigüedad y leyenda. El moderno velero de Kamil surcaba entre dos sinuosas costas rumbo al misterioso mar al que los antiguos marineros llamaban antes “Mar Hospitalario”, “Mar Inhóspito o “Mar Mayor”. Terminó bautizado como Mar Negro, por el oscuro y siniestro color de sus aguas; extrañamente la materia vegetal de sus entrañas se fue cubriendo con un lodo negro, formado por la alta concentración de sulfuro de hidrógeno, borrando las típicas coloraciones verdosas y azules. Muchas civilizaciones ancestrales estaban ligadas a este gran cuerpo de masa salada, que se asemeja a una gigantesca laguna, por encontrarse casi completamente cerrado por tierra.
—La costa de Rumania, por lo que he podido investigar, tiene una longitud de 244 kilómetros y está situada entre el brazo Chilia del río Danubio, al norte, y un pueblo bohemio llamado Vama Veche, ubicado al sur. ¡Ese es nuestro destino! ¡He querido aprovechar nuestra visita para que disfrutemos de un fabuloso festival musical que justo en estas fechas se estará celebrando! —Kamil al finalizar de hablar simplemente seguía atento a las maniobras marítimas y miraba de vez en cuando a Paula, quien ahora contemplaba extasiada el fabuloso paisaje que Kamil le brindaba. Adentrarse en ese viaje le había resultado algo particular y extraordinario a la vez. Kamil la había convencido como ningún otro hombre había sido capaz, sin dudas, y esto era porque ella había reconocido que su anhelo había sido llegar a vivir algo así con Rufus Valkiria, pero ninguno de esos encuentros que ellos habían compartido podía comparársele. Kamil Wolf había activado una irresistible estrategia, o más bien, orquestado la más seductora maniobra para hacer que Paula Bellini cayera rendida a sus pies.
Kamil había bautizado a su nuevo velero como “Vals Sobre Las Olas”, y había sorprendido a Paula invitándola a formar parte del solemne acto inaugural. Cada amanecer frente al mar era una experiencia sublime. Kamil la trataba mejor que a una reina, porque la sorprendía con diversos y significativos detalles. Sin saber cómo, Kamil lograba dar en el clavo, apartando de ella su característico y controlador proceder. Aunque todavía Paula no había sido capaz, ni tampoco pretendía llegar a confesarle nada a Kamil de sus sentimientos. Simplemente, compartían una maravillosa experiencia. En la última etapa de su travesía, justo cuando al fin alcanzaron salir del Bósforo, una espesa niebla los sorprendió al adentrarse “Vals Sobre Las Olas “en el Mar Negro.
Horas después, Paula buscó entre sus pertenencias un abrigo. Había anochecido y la temperatura descendió notoriamente; en parte Paula estaba un tanto sugestionada, el entorno cálido y vibrante que había disfrutado durante varios días, incluso las más fabulosas noches estrelladas de su vida, toda esa fulgurante magia, súbitamente, había desaparecido. Volvió a cubierta e intentó ubicar a Kamil, pero apenas alcanzaba a distinguir sombras difusas entre la niebla. Pensó en regresar y buscar una lámpara. Le irritaba demostrarle a Kamil que se sentía inquieta e insegura. Paula pudo percatarse que la embarcación se encontraba anclada y prácticamente no se percibía el choque de las olas, pero paulatinamente fue reconociendo un leve chapoteo a estribor, a lo lejos comenzó a oír un leve cuchicheo femenino, risas y voces en un idioma que ella no conocía se hacían cada vez más claros. La imagen que inmediatamente le vino a la mente fue estar ante la presencia de un grupo de sirenas.
«Qué estupidez», pensó segundos después Paula, al racionalizar su fantasía. Sin embargo, entre el chapoteo y las risas, pero hablando también en ese extraño idioma, Paula pudo distinguir con claridad la voz de Kamil. El frío que sentía desapareció por un instante y se sintió acalorada, rabiosa, como nunca antes. Buscó con celeridad la lámpara y su pistola semi automática y volvió a salir a cubierta; esta vez estaba dispuesta a demostrarle a Kamil, de forma palpable, su indignación.
(9) Halequín (Primera Parte)
Muy sutilmente la oscura niebla parecía disiparse ante los ojos de Paula Bellini. La luz de su lámpara náutica lograba retirarla cual si fuese una grácil cortina; tras ese telón gaseoso ella esperaba sorprender a Kamil Wolf junto a sus misteriosas acompañantes. A medida que avanzaba, las risas y murmullos iban cesando. La oscuridad parecía querer engullir los vagos sonidos, al ser confrontada por la intensa claridad que colgaba bamboleante de su mano. El Mar Negro, al ser iluminado, reflejaba tenues destellos sobre un gran manto de tenebroso aspecto. Paula sabía que ella misma se delataba al pretender realizar su pesquisa siendo un faro ambulante, así que prefirió gritar, esperando que el propio Kamil le revelara su paradero.
—¡Hey! ¡Kamil! ¿Dónde estás? ¡Contesta!
El crudo silencio hizo a Paula Bellini reconsiderar lo que al principio había creído oír. Pero estaba convencida; esa voz masculina era la voz de Kamil Wolf. Sin embargo, sabía que no se había expresado en español, sino en un idioma o tal vez dialecto poco común, probablemente podría ser rumano. Olaf Wolf pudo en vida haberle enseñado, tenía lógica; al haber sido su tutor y provenir de esa misma tierra.
Llevar la lámpara náutica en una mano y el arma en la otra le restaba movilidad. Y a pesar de que Paula Bellini era bastante ágil, le venía mejor guardar la pistola mientras llevase a cabo la inspección. La H&K USP-45 con silenciador, era una de sus posesiones más preciadas, un prototipo letal muy sofisticado, que incluso, todavía no había sido producido en masa; más adelante, vendría a ser fabricado como armamento táctico y militar por el gobierno alemán. Una vez que la enfundó, intercambió la lámpara a su mano derecha, justo cuando un chapoteo a babor la obligó a estabilizarse mejor, girarse y caminar sobre cubierta hacia esa dirección.
Paula Bellini pasó por debajo de unos gruesos cordones que mantenían replegada una de las velas junto al mástil. Las risas y murmullos femeninos volvieron a escucharse, esta vez con mayor claridad. Paula tropezó, perdiendo por segundos el equilibrio, se sentía confundida y asustada. Empezó a sentir que aquello era absurdo e irreal; pero estaba ahí, a cielo abierto, caminando a tientas sobre la cubierta del "Vals Sobre Las Olas", intentando ubicar el origen de aquellas risas y murmullos que comenzaban a enloquecerla.
La voz masculina volvió a escucharse. Sin entender una sola palabra, lo único que Paula Bellini lograba concluir era que sobresalía, y parecía estar dando algún tipo de instrucciones, por el tono seguro y seductor. Las risas cesaron y luego de unos segundos, un cántico angelical dio inicio. Tres o cuatro voces comenzaron a interpretar una extraña melodía; eran voces afinadas y al mismo tiempo, espectrales, sobrenaturales. Paula Bellini sintió cólera, una rabia repentina que la hizo dejar la lámpara marítima justo bajo sus pies, y sacar su H&K USP-45, sujetándola con ambas manos. Comenzó entonces a caminar lentamente en línea recta hacia el delgado barandal, apuntando hacia las oscuras aguas. La neblina se intensificaba con cada paso, aquel canto tan perturbador se hacía cada vez más claro y potente a medida que Paula Bellini se alejaba de la luz de su lámpara, simultáneamente, una completa oscuridad la iba envolviendo.
Cuando sintió haber llegado hasta el borde, descargó el contenido del cargador hacia donde ella pensaba provenía el misterioso canto. Las veinte balas traspasaron la niebla, hundiéndose en las negras aguas con total facilidad. Aún así el canto siguió envolviendo los oídos de Paula Bellini, intensificándose, multiplicándose, como si cientos y luego miles de voces lograsen reunirse y formar un coro monumental y majestuoso, entonando una música magnífica, inclasificable, sobrenatural y profundamente perturbadora, resonando en su mente como si en los cielos se hubiese abierto un portal, y los propios ángeles permitieran por primera vez escuchar sus voces celestiales.
Paula Bellini soltó su arma en un acto de rendición, llevándose ambas manos contra sus orejas, tapó sus oídos con toda sus fuerzas, dándose luego cuenta que aquellas voces, aquel inaudito canto de sirenas, estaba dentro de su cabeza y no provenía de ningún lugar. Entonces intentó no resistirse y comenzó a girar sobre sí misma y a danzar, dando vueltas con frenesí, y justo ahí, estando en total y completo trance, Paula Bellini se desplomó, desmayándose.
Entonces abrió los ojos súbitamente y entendió que todo había sido un perturbador sueño, una incómoda pesadilla. El acogedor camarote estaba sutilmente iluminado y desde la claraboya un cielo estrellado y hermoso le sonreía. Lo único inusual era que Kamil Wolf no estaba acostado a su lado. Paula Bellini saltó de la cama para salir a cubierta cuando el propio Kamil apareció frente a ella. A contraluz pudo reconocer su silueta y que estaba mojado y desnudo. El agua salada le destilaba sobre la piel.
—Fui a nadar un rato, no podía dormir. —Fue su comentario. Y se lanzó tal cual sobre la cama, quedándose dormido al instante.
(10) Halequín (Segunda Parte)
A la mañana siguiente, "Vals Sobre Las Olas" terminó de recorrer los kilómetros restantes hasta llegar horas después a las añoradas costas de Rumania. Kamil Wolf estaba muy emocionado. Un viento de través, potente y constante, los acompañó durante ese último tramo. Las maniobras de navegación fueron óptimas, para aprovechar ese empuje y conservar la estabilidad adecuada, el propósito era ir ligeros, a buena velocidad, sin tener que viajar sufriendo excesivos balanceos. Estas magníficas prestaciones le rindieron completo tributo al nombre del velero; fue un viaje placentero, alegre y sincopado como un vals.
La pureza del paisaje era abrumadora. Estaban en aguas internacionales y era necesario cumplir correctamente con todos los trámites aduaneros exigidos. La bandera española ondeaba al viento y fue el distintivo que guio a las autoridades rumanas para acercarse hasta ellos con la intención de hacer su verificación. Paula Bellini y Kamil Wolf descendieron luego del velero a un pequeño bote de remos y en pocos minutos tocaron tierra. "Vals Sobre Las Olas", estaba anclado en mar abierto junto a otras embarcaciones, bajo el cuidado del capitán y su timonel. Kamil Wolf les dio instrucciones de brindarles a las autoridades ciertos regalos de cortesía, agradeciendo su hospitalidad y buen trato.
Kamil Wolf invitó a Paula Bellini a avanzar delante de él, en dirección al malecón.
—¡Supongo que tendrás hambre! Ven, tenemos reservaciones en una posada restaurant a pocas cuadras de aquí. ¿No te importa caminar?...
—¡En lo absoluto! —Paula Bellini avanzó con paso enérgico. Tenía puestos ropa y calzados muy cómodos. Se había recogido el cabello con un pañuelo de seda roja, llevaba un coqueto y elegante sobrero negro de amplias alas y sendos lentes de sol a juego. Su sugerente escote estaba ornamentado con un llamativo y asimétrico collar dorado. Kamil Wolf le había advertido que cualquier cosa extra que necesitaran la podrían comprar. Así que viajarían ligeros. Sin embargo, Paula Bellini llevaba colgado un atractivo y costoso bolso de diseñador. A pocos metros fue interceptada por una agente policial rumana. La mujer uniformada le saludó parcamente en inglés, indicándole que por favor le permitiera revisarle la vistosa cartera que llevaba. Paula Bellini volteó su rostro buscando el apoyo de Kamil Wolf, éste se adelantó intentando persuadir con palabras amables y una amplia sonrisa a la representante de la ley, pero la mujer simplemente repitió la orden a Paula Bellini, añadiendo:
—Señora abra su bolso por favor. Y muéstrenme ambos sus pasaportes.
Obedecieron. La mujer revisó los documentos y al mismo tiempo pasó un detector de metales alrededor del bolso. Kamil Wolf esperaba que el aparato de inmediato emitiera una señal de alarma, sabía que Paula Bellini siempre le acompañaba su H&K USP-45, pero no esta vez.
La agente policial les devolvió los pasaportes y esbozando una media sonrisa les dijo:
—Es un chequeo de rutina. Que tengan una agradable estancia. —Y se alejó de inmediato.
Kamil Wolf tomó del brazo a Paula Bellini, y continuaron caminando sin detenerse hasta llegar a Sandalandala, un pintoresco y nada ortodoxo establecimiento turístico. Y literalmente no la soltó, hasta que entraron dentro de una curiosa tienda de campaña, y persuadiéndola, logró que cada uno se tatuara el logotipo de Sandalandala en el antebrazo. ¡Así conseguirían alojamiento gratis! Salieron en busca del restaurant. Lo ocurrente del tatuaje los fue llevando a comenzar una muy singular estadía en aquel fascinante lugar.
Contrario a los convencionales hoteles, Sandalandala ofrecía a sus visitantes un espacio bohemio, muy informal, variopinto y de rústica belleza. Sin dudas, a lo que más se le asemejaba era a una organizada y colorida comuna hippie. En principio funcionaba como un refugio o destino estratégico para las personas que deseaban acampar, teniendo a su alcance todas las opciones posibles de diversión y entretenimiento en un ambiente diseñado y concebido para tal fin. Sandalandala poseía un espacio asignado donde los turistas colocaban sus carpas o tiendas de campaña. El visitante tenía la opción de pasar la noche ahí, o en alguna de las camas literas que se encontraban disponibles. El entorno era mediterráneo, fresco y vibrante. Grama muy bien cuidada, exóticas flores, madera rústica, pendones de lona y decorados en piedra, contrastaban con una variedad de bañeras de época, coloreadas en vivos colores, con las típicas cuatro patas con arabescos, algunas eran utilizadas como enormes materos ornamentales, otras más servían como butacas para recostarse un rato y tomar una rica siesta al aire libre. Paula y Kamil estaban fascinados. El lugar emanaba muy buena vibra; había espacios más concurridos que otros, la rica comida y la más selecta variedad de tragos estaban a plena disposición, siendo servida en una espléndida terraza con vista al mar. Todos los informales muebles poseían cojines multicolores y los barandales confeccionados en rústica madera, estaban decorados con vaporosas e inmaculadas telas que ondeaban con gracia al viento. Algunos tramos estaban decorados simplemente con sandalias playeras de colores, colocadas verticalmente de manera ordenada en un entramado, manteniendo siempre un aspecto acogedor, fantástico y singularmente bohemio.
La pareja fue sorprendida con un par de copas con vino blanco, cortesía de la casa. Era la mejor antesala para decidirse ordenar una exquisita langosta acompañada con pasta casera y tomates frescos. La agradable música en vivo comenzó a sonar al rato de estar compartiendo tan espléndida velada. A Paula Bellini le resultó muy fácil revelarle a Kamil Wolf, luego de muchas más copas, los pormenores de los negocios de Rufus Valkiria, y las fuentes que ayudaron a formar el imperio creado por Olaf Wolf.
—En la industria musical hay algunos instrumentos musicales poco conocidos, como el celesta o el theremin, cuyas patentes fueron adquiridas en su momento por Olaf Wolf. Lo mismo pasó con varios artistas y su catálogo de canciones. Olaf Wolf poseía los derechos fonográficos de todos ellos. Fue así como logró básicamente amasar grandes cantidades de dinero. El apoyo legal fue fundamental, por eso siempre contó con el respaldo incondicional de Rufus Valkiria y su bufete. Con la venta y comercialización de estos instrumentos que te mencioné, y luego en la época dorada de las grandes voces radiofónicas y las grabaciones estereofónicas, Olaf Wolf logró oportunos y sustanciosos negocios ofreciendo esos servicios de estudio, grabación y producción musical con los mejores equipos y la mejor asesoría empresarial.
—Incluyendo los registrados por mi padre biológico, supongo. —Kamil tomó un sorbo de su copa, volviendo a colocarla sobre la mesa.
—No podría mentirte.— Dijo Paula Bellini. Tengo entendido que las grabaciones de tu padre fueron las primerísimas que Olaf Wolf realizó, y a las que más horas, empeño y dedicación les brindó. ¡Olaf Wolf amaba la ópera! Y sin dudas, a quien más admiraba de todos los artistas, y había considerado el mejor cantante lírico de todos los tiempos, fue a tu padre. ¡Fue su tutor desde que era un niño! ¡El día de su supuesta desaparición, Olaf Wolf había organizado un espectacular recital el cual aspiraba poder registrar en una unidad móvil que él mismo había adquirido para la ocasión!
—Imagino su desencanto.
—¡La prensa comenzó a especular las razones de la inesperada ausencia de Attila Dorn! Olaf Wolf esa noche perdió no solo mucho dinero, sino la poca sensibilidad que le quedaba. ¡La traición de tu padre a su acuerdo, nunca se lo perdonó! Cuando tu madre apareció, también le mintió, faltando al acuerdo que ella había prometido, asegurarse de traer de vuelta a Andrei Bogdan. Esa doble traición llevó a Olaf Wolf a tomar medidas drásticas.
—¿Volverse mi padre adoptivo fue premeditado o circunstancial?... —Kamil Wolf miró con vehemencia a Paula Bellini.
—Circunstancial. Créeme. Tu madre le pidió un plazo a Olaf Wolf, haciéndole pensar que ella solo solicitaba un tiempo prudencial para guardarle luto a Andrei Bogdan. Él no sospechaba que ella estaba era intentado ganar tiempo, esperando su regreso. Andrei Bogdan nunca volvió a ponerse en contacto con tu madre. Las razones las desconozco, pero luego, con la propia aprobación de tu madre, Olaf Wolf te reconoció legalmente como su hijo.
—¿Sabes si ella aún vive?...
—No. Hace ya como doce años falleció en una casa hogar. Lamentablemente se fue de este mundo decepcionada de haberse enamorado de tu padre y haber quedado embarazada. Olaf Wolf se hizo siempre cargo indirectamente de su manutención.
—¿Indirectamente?
—Si. Ella nunca logró manifestarle afecto a Olaf Wolf. Lo culpaba de la decisión que tomó Andrei Bogdan de abandonarla. Por lo que en poco tiempo, ella decidió vivir alejada de ambos. De él y de ti. Se desentendió.
—Vaya... —Kamil se reclinó en la pequeña silla playera por unos segundos, imaginando a su madre tomando esa dura decisión. Se quedó meditando un breve instante, y luego como saliendo de un trance, alzó el brazo enérgicamente y levantándose exclamó:
—¡Tráiganos otra botella por favor!
—¡Enseguida señor! —Le contestó la animada camarera caminando de lo más diligente hacia la concurrida barra del bar.
Pasados pocos días, Paula Bellini y Kamil Wolf abandonaron Sandalandala, hospedándose en otra posada más convencional. Ya habían disfrutado suficiente informalidad. Mientras desayunaban, Kamil le propuso a Paula acompañarlo a conocer Sălcioara, el pueblo natal de la familia de su verdadero padre, pero Paula le confesó que ella prefería ir de compras, y pasar más tiempo en una cama de verdad; las noches que habían pasado dentro de la tienda de campaña, en las literas comunales, e incluso en las bañeras de los jardines, habían sido divertidas, pero muy agotadoras. Kamil lo encontró razonable y no lo tomó a mal, decidiendo ir él solo a Sălcioara.
—En verdad prefiero ir de compras primor. ¡Deseo sorprenderte con un look diferente, sexy y estimulante! —Paula se levantó de la mesa, acariciando la barbilla de Kamil unos segundos, para luego alejarse dándole la espalda; ella sabía dónde estaban puestos sus ojos, la sensual bata de seda roja que tenía puesta definía en cada pliegue su espléndida y espigada figura.
—¡Búscame esta noche en el Vals Sobre Las Olas! ¡Te estaré esperando! —Le comentó en voz alta y melodiosa antes de meterse al baño.
Kamil Wolf tomó un sencillo folleto turístico de la recepción como guía para llegar a Sălcioara. Un joven botones le indicó amablemente cuál dirección debía tomar, dándole puntos de referencia basado en el mapa del folleto. Mientras le hablaba, a Kamil le vino a la mente Miguel Beltone, el intrépido empleado del Hotel Intercontinental. Sin poder evitarlo, recordó el momento justo cuando Paula Bellini lo asesinaba a sangre fría dentro de la limosina. Ese suceso le ensombreció repentinamente el rostro.
—¿Se siente usted bien señor?...
Kamil abrió perplejo los ojos, pero luego recobró el autocontrol, sonriéndole al muchacho, y con voz cálida le dijo:
—¡Excelentemente! ¡Muchas gracias por tus atenciones! —Y le entregó una merecida propina.
A Kamil Wolf le había empezado a crecer una tupida barba castaña, llevaba puestos lentes de sol, un sombrero blanco a la medida, camisa playera, vaqueros y calzado deportivo. Una cómoda mochila con algunos refrigerios, un par de libros y su cámara fotográfica colgaba de su hombro. Lucía como uno de los tantos turistas que deambulaban por la fascinante Rumania. Se internó rápidamente entre las rudimentarias calles empedradas y sus sosegados rincones. El tránsito automotor era escaso, las personas se desplazaban mayoritariamente a pie o en bicicleta. La venta de pescado fresco, mariscos, flores y finos vinos destacaba como denominador común. Eran los artículos de mayor demanda y los comerciantes locales competían en ofrecerlos con variados diseños personalizados y en singulares y llamativas presentaciones. Los establecimientos eran generalmente modestos, pero muy limpios y acogedores y estratégicamente dispuestos para que los turistas encontraran tentador y fácil adquirir cualquiera de estos productos, ya fuera para llevar, o si preferían, siempre había la opción de sentarse y degustarlos para elegir antes de comprar.
En Rumania las anchoas tenían mucha fama y demanda, al igual que en los países fronterizos con los cuales compartían acceso al Mar Negro, como Bulgaria, Georgia, la Federación Rusa, Turquía y Ucrania. Kamil comenzó a investigar. Su visita a Sălcioara tenía también un propósito estratégico, como los negocios a su alrededor, pero también crucial en grado sumo.
Luego de convencer a algunos comerciantes influyentes de que lo menos que conocía era de negocios, cadenas de comercialización etc. y que su interés era meramente casual, logró dar con la dirección de la antigua "Bogdan & Wolf". Varios gerentes le habían confesado que en esos mismos espacios actualmente operaba "B&W", la más importante distribuidora en Rumania, y que mantenía la hegemonía no solo del mercado rumano local, sino que funcionaba también como exportadora. Kamil había recibido un serio reporte confidencial de una muy importante organización mundial a favor del medio ambiente. El documento revelaba la necesidad de una rigurosa inspección de las actividades comerciales de "B&W", debido a que un estudio científico revelaba que en la zona se había empezado a observar un descenso considerable en la tasa poblacional de las anchoas, debido a una cruda sobre pesca, además de altos niveles de contaminación, producto de las grandes descargas de aguas residuales, dañando los niveles debido a la erosión costera, así como los impactos sofocantes de depósitos de desechos y fango derramado en los puertos.
Kamil Wolf ya sabía que esa empresa había sido iniciada por su abuelo Sergei Bogdan y Olaf Wolf, a finales del siglo XIX, y ya casi alcanzaba los ochenta años operando, pero solo Olaf Wolf, bajo el amparo de Rufus Valkiria, se había mantenido como accionista mayoritario. Los Bogdan no lograron prosperar mientras Olaf Wolf estuvo al frente. Pero esta vez Kamil tenía un plan para indemnizar a su familia. Muy pronto el viento soplaría a su favor.
Kamil Wolf, puso todo su empeño y encanto natural, y durante varias horas fue realizando la más singular campaña de promoción sobre quien era él, qué estaba haciendo en Sălcioara y qué iba a hacer en pocas semanas. No faltaba en lo más mínimo a los acuerdos pautados con Rufus Valkiria y Paula Bellini, en lo absoluto, todo lo contrario; Kamil Wolf, ignoró expresamente todo lo relacionado con su verdadera familia y sus orígenes, los Bogdan; declarando ser simplemente Kamil Wolf, el único y legítimo hijo y heredero del empresario Olaf Wolf. Todas las personas que al principio lo habían tratado con amabilidad, cordialidad y confianza, dieron paso a una conducta parca, fría y reservada frente a él. Kamil se dio cuenta enseguida. Al mismo tiempo, en pocos días, se corrió como pólvora la noticia de su presencia hasta los más recónditos lugares, llegando a oídos de lugareños que no le tenían nada de estima a Olaf Wolf.
Acompañado de una gran multitud de turistas, curiosos del lugar y de la propia Paula Bellini, Kamil Wolf llegó una mañana hasta las mismas costas del lago Siutghiol. La muchedumbre en pleno fue en curiosa procesión hasta el encantador lugar. Llegaron primero hasta una apacible colina, con una preciosa vista hacia el lago, desde ahí se podía distinguir la isla de Ovidiu. Kamil no pudo evitar sentirse sensiblemente emocionado. Las personas más cercanas lo notaron, y Kamil buscó disuadirlos, pero todas aquellas personas aguardaban escuchar lo que Kamil Wolf sentía en ese instante. Así que aprovechando el momento, alzó la voz ante todos y dijo:
—¡Esta es una de las más hermosas experiencias de mi vida! ¡Estoy muy agradecido con ustedes por acompañarme a conocer esta maravilla natural! Es mi deber también expresarles, que el lago Siutghiol está siendo víctima de una lamentable exposición residual que ha comenzado a contaminarlo. Tengo muy claro que desde siglos, sus quietas aguas han sido veneradas y consideradas milagrosas por sus poderes curativos y medicinales, sin embargo, agentes externos han comenzado a deteriorarlo. Por los momentos, el daño más grave proviene del Mar Negro. —Inmediatamente se escuchó un coro unánime de asombro.— No se alarmen, por favor. Les pido que entiendan que los daños ecológicos se producen siempre a largo plazo, y como dueño heredero y principal accionista de la Compañía "B&W", es mi deber hacerme responsable públicamente, prometiendo tomar medidas efectivas para evitar que esta grave situación se acentúe y empeore.
—Específicamente, ¿A qué tipo de daños se refiere señor Wolf?...
—Oportunamente daré una charla pública con un informe técnico detallado y preciso. No más comentarios por los momentos. Muchas gracias.
Kamil Wolf caminó entre la multitud y descendió la pequeña colina hasta llegar a la orilla del afamado lago Siutghiol. Al rato, todos contemplaban el maravilloso y relajante paisaje. Kamil se reclinó y quitándose los lentes de sol, sumergió sus manos en las quietas aguas. No sintió nada especial, solo la humedad y una ligera tibieza. Cerró los ojos y simplemente agradeció mentalmente que aquel accidente en el Hotel Intercontinental y todos los amargos sucesos posteriores, no le habían impedido seguir tocando el piano, ni le habían restado facultades. Más bien lo habían fortalecido y vuelto una mejor persona. Finalizó el ritual lavándose la cara, sintiendo despejada la mente y el espíritu, pero mucho más su corazón.
Epílogo
La presentación en La Toscana, en el regio Teatro del Silenzio, fue completamente espectacular. Kamil Wolf brindó un mágico y balanceado recorrido por su carrera musical. Aquel día hubo un anuncio sorpresivo de lluvia, la Agencia Meteorológica Italiana les advirtió que tomaran medidas, sin embargo, la tensión por el clima fue un ingrediente extra. Todo estuvo a tono: Las cámaras televisivas, el majestuoso escenario, el fastuoso coro, la imponente orquesta y los mejores recursos técnicos para registrar aquel formidable concierto en directo y transmitirlo al mundo, todo. Incluso el clima permitió que al finalizar, como señal de esperanza, gracias a que el sol todavía brillaba sobre el fondo de la campiña, y una discreta nube se empeñó en rociar su contenido, un majestuoso arcoíris se formó justo cuando Kamil, los cantantes invitados, el coro y la orquesta sinfónica en pleno, finalizaban el tema de cierre; era el tercer bis, y fue aplaudido hasta más no poder.
Fin
(Del manuscrito de la primera temporada)
Agradecimientos
La realización de esta historia fue posible gracias a todas las personas que me apoyaron en mis dos novelas anteriores, ya que he llegado hasta aquí por su fe, preparación, motivación y valiosas enseñanzas. Y también gracias a mi familia. He culminado esta nueva historia por ser ellos, mis seres queridos, fuente de inspiración, respeto y mi mayor motivación personal. ¡Los amo!
P.D. ¡Como escritor sueño con que algún día esta historia se transforme en una exitosa serie televisiva, sea filmada, bien producida y dirigida (muy importante) y que Netflix se anime y compre los derechos exclusivos!
Alfredo Mambié
Caracas, 25 de Abril de 2021
H.D.S.

























Hola solo son estos tres capítulos? No hay más?
ResponderEliminarBuenas tardes @Mari.58 El proceso de publicación será a medida que los vaya creando. Me he pautado la meta de que sea un capítulo semanal. ¡Así que por supuesto que habrá más! Gracias por visitar mi blog.
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