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Admira y Boško - La Historia de los Novios de Sarajevo

Llevo pocos meses interesado en escuchar y aprender sobre contenidos acerca de política internacional, religiones, filosofía e historia contemporánea universal para variar. En parte para ampliar mi criterio sobre esos temas, comprender mejor nuestra convulsionada realidad actual y, fundamentalmente, porque durante décadas había elegido por voluntad propia, no involucrarme en ellos de forma profunda. Siempre prefería darle mayor protagonismo a otros temas que me apasionan, como la literatura, el arte, el cine, la música y los avances tecnológicos.

Pero, hoy en día existen muchas fuentes informativas neutras, o al menos bastante confiables, en las que uno puede «beber y alimentarse». Conocí hace unos años a los periodistas y escritores españoles Raquel de la Morena, quien junto a su esposo y colaborador informativo Pedro Estrada, alimentan con constancia y dedicación su canal informativo en YouTube. Ambos, construyen distintos e interesantes videos sobre esos temas que mencioné al principio, dándoles un enfoque informativo, interesante y de gran valor intelectual.

Hoy disfruté uno que me pareció de principio a fin, maravilloso e interesante. Se titula: «Tu país podría colapsar y esta es la razón (El peligro de la Anocracia)». En este video me encontré muy bien explicado, el diagrama de Polity IV, el cual es una escala horizontal que va desde su extremo izquierdo numerado con el número -10 (representando la «Autocracia absoluta y hereditaria», es decir, el poder ilimitado controlado por un solo líder político y gobernante absoluto), como en los países Corea del Norte y Arabia Saudita.

Avanzando hacia su parte central con el número -5 hasta el +5. A esta zona intermedia del diagrama Polity IV, se le denomina «Anocracia». La anocracia es un régimen político híbrido e inestable que mezcla características democráticas y autoritarias, situado entre la autocracia y la democracia. Se caracteriza por elecciones poco transparentes, limitación de libertades civiles, instituciones débiles y cambios súbitos de liderazgo. Son considerados regímenes "híbridos" o "semidemocracias" que pueden perpetuarse en el tiempo.

Del +5 hasta el +10 se encuentra del lado derecho de ese diagrama la tan conocida «democracia» (Líderes con poder limitado). Definiendo a Canadá, España, Suiza, Perú y México como algunas de las naciones más representativas en ese rango.     

Explicar este diagrama y sus definiciones es fundamental para entender la siguiente historia real, cruda y dramática, que Raquel de la Morena nos relata, en este documental al que hago referencia y cuyas palabras las transcribo de manera textual y respetuosa para todos mis lectores.

 

«A finales del siglo XX, Europa pensaba que había dejado atrás la barbarie de la guerra, pero los Balcanes nos recordaron que la civilización es una capa muy fina. La guerra en la antigua Yugoslavia fue un ejemplo de manual de cómo la transición de una autocracia a una anocracia puede ser letal.

Tras la muerte del mariscal y presidente vitalicio de Yugoslavia Josip Broz Tito en 1980, el pegamento que mantenía unida a la federación yugoslava se disolvió. A finales de los 80´s, con la caída del Muro de Berlín, Yugoslavia intentó transitar hacia la democracia. Pero en lugar de demócratas, lo que surgieron fueron lo que Bárbara Walter, (periodista estadounidense), llama «emprendedores étnicos». Líderes como el serbio Slobodan Milošević, o el croata Franjo Tudman, se dieron cuenta de que la forma más rápida de ganar poder en aquel nuevo desorden no era con programas económicos, sino con el miedo. “Ellos” –los croatas, los serbios, los bosnios musulmanes– vienen por “nosotros”.  Manipularon la historia, reavivaron viejos agravios de la Segunda Guerra Mundial y convencieron a sus pueblos de que la convivencia era imposible.

Un ejemplo concreto que resume la tragedia de la anocracia yugoslava, fue la historia de los conocidos como «Romeo y Julieta de Sarajevo».

Admira Ismić, era una joven bosnia musulmana. Boško Brkić, era un joven serbio ortodoxo. Tenían 25 años. Eran novios desde el instituto, mucho antes de que a nadie le importara quién rezaba a qué dios o quién iba a qué iglesia. Cuando estalló la guerra en 1992 y Sarajevo fue sitiada por las fuerzas serbias, ellos se negaron a separarse. Boško podría haber huido al lado serbio y estar seguro, pero eligió quedarse en el infierno de la ciudad sitiada. No quería separarse de Admira.

La vida en Sarajevo se volvió imposible. Sin agua, sin luz, bajo el fuego constante de los francotiradores y los morteros. En mayo de 1993, decidieron huir. Querían un futuro juntos, lejos de aquella locura. A través de amigos comunes en ambos bandos, consiguieron acordar un alto al fuego temporal para cruzar la línea del frente. El lugar elegido fue el puente de Vrbanja, sobre el río Miljacka, una tierra de nadie controlada por francotiradores de ambos lados.

El 19 de mayo de 1993, a las cinco de la tarde, Admira y Boško salieron de sus escondites. Iban cargados con bolsas ligeras, con lo poco que podían llevar. Caminaban de la mano, confiando en que no dispararían contra una pareja inofensiva. Pero cuando estaban cruzando el puente, sonó un disparo. El francotirador alcanzó a Boško primero. Murió al instante. Admira gritó. Segundos después, otro disparo la alcanzó a ella. Quedó herida de muerte. Pero no huyó. Con sus últimas fuerzas, se arrastró por el asfalto del puente hasta llegar al cuerpo de su amado Boško. Lo abrazó, le pasó el brazo por encima para protegerlo o para estar con él en el final. Y allí, abrazada al hombre que amaba, murió.

Sus cuerpos quedaron tirados en medio del puente, bajo el sol y la lluvia, durante ocho días. Nadie se atrevía a ir a recogerlos. Las fuerzas de la ONU decían que era demasiado peligroso. Los serbios y los bosnios se culpaban mutuamente de haber roto el alto al fuego y de haber disparado. Aquella imagen de los dos jóvenes abrazados en la muerte, pudriéndose en la tierra de nadie de una ciudad que había sido un modelo de convivencia, se convirtió en el símbolo de la estupidez y la crueldad de la guerra.

Finalmente, prisioneros musulmanes fueron obligados por los serbios a recuperar los cuerpos al amparo de la noche.  Hoy Boško y Admira descansan juntos en el cementerio del León de Sarajevo. Su historia nos recuerda que cuando la política se convierte en odio identitario, lo primero que muere es la humanidad».     

 


 

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