Ir al contenido principal

El Ángel del Dolor

En un cementerio rural, de un pueblecito italiano muy pintoresco y tranquilo, destacaba una escultura hermosamente tallada en mármol. Era un espléndido ángel a cuerpo completo, postrado de rodillas sobre una lápida de tres niveles escalonados. En su frontal se erguía un modesto pedestal ornamentado de cuatro caras, con forma de trapecio; tenía sus aristas ligeramente curvadas. Su altura llegaba justo hasta la cintura del ser alado, el cual vestía túnica clásica y sandalias. Estaba reclinado detrás de ese podio. Su cabeza de rizados cabellos reposaba semi oculta dentro del codo de su brazo derecho, mientras que su brazo izquierdo permanecía extendido e inerte sobre su base superior en actitud apesadumbrada.

Pero en la lápida no había ningún nombre. Ninguna inscripción, ningún epitafio. Solo pequeñas flores silvestres a su alrededor.

Había muchas teorías que los pobladores acostumbraban comentar a los visitantes.

 

—Aquella escultura resguarda los restos de un terrible asesino en serie fallecido hace casi dos siglos. Provenía de una familia ítalo americana, acaudalada e influyente. Sus padres no soportaron enterarse de las atrocidades de su único heredero al lograr ser capturado, enviado a juicio y condenado a cadena perpetua, luego de haber cometido cientos de crímenes atroces. El más sonado había sido el perpetrado a una joven y hermosa aspirante a actriz de teatro, la cual fue encontrada sin vida meses después de haberla declarado desaparecida.

La policía había podido dar con aquel criminal, al hallar el segundo zapato que la actriz calzaba en el momento de su muerte, oculto como perverso amuleto en la mansión del homicida, todavía con rastros de sangre de la víctima. 

—¡Patrañas!

¡En nuestro pueblo nunca hubo un asesino en serie! Muchos asesinatos sí. Pero de distintos perpetradores. Incluso es muy probable que esa escultura sin nombre la haya colocado adrede el alcalde mayor para presumir a los turistas. Sé que, en Roma, hay un monumento así, exactamente igual.

Me aparté discretamente de la acalorada discusión.

 

Seguí contemplando absorto a aquel ángel sumido en su profundo y silencioso dolor. Era inspirador y poético. Ser de sólida piedra pulida le daba mucho más sentido al peso que su pena representaba. Sus estilizadas alas, aunque llenas de plumas y con las dimensiones correctas para permitir levantar sin problemas un vuelo impresionante, estaban en total reposo e inercia que descartaba por completo semejante y descabellada posibilidad, sin embargo, mi percepción cambió cuando contemplé a aquel ángel del dolor, iluminado con los últimos destellos dorados que el sol de aquella tarde de verano proyectó hacia él.

«Hay una profunda y muy particular belleza en aquellos artistas y poetas que se inspiran y le rinden un sentido homenaje al dolor, la melancolía y la tristeza que la muerte nos otorga al arrebatarnos a nuestros seres queridos. Pero, con el tiempo entendemos que la lección principal que ella nos brinda es valorar cada instante vivido como si fuera el último.»

Y así, sumido en aquellas profundas reflexiones producto de mi propio duelo, pude ver por un breve instante el rostro ensombrecido de aquel mismísimo ángel, iluminarse. 



Texto realizado para el Taller de Escritura «Móntame Una Escena» Nº 64 (Literautas.com)

Noviembre 2024

La propuesta para este taller consiste en escribir un relato que contenga las palabras: lápida, zapato y actriz. Para que la participación sea válida, las palabras tienen que ir dentro del propio texto (no del título) y pueden ir en singular o en plural. (Opcional) Incluir en el relato la frase: “En la lápida no había ningún nombre”. El relato no puede ser mayor de 750 palabras.




 

Comentarios

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

«Rara Avis» ¿De qué va Pichones de un Escritor?

  I Estoy convencido, mi vida fue desde el principio una obra teatral, una gran historia llena de personajes interesantes y complejos. Como la de muchos otros seres humanos, pero, en mi relato personal, algunas escenas estarían marcadas por emociones y sentimientos intensos, contradictorios y capaces de dejar en mi alma una marca imborrable. Porque Alfredo Enrique Mambié Fernández, fue un hijo bienamado y resguardado por los primorosos cuidados de una madre sobreprotectora, exigente y preciosista en los mínimos detalles (moral, conducta, salud, higiene, ortografía, espiritualidad, modales y un largo etc.), y por un padre sabio, cercano y estable que quiso formarme como un hombre de bien desde mi niñez, mostrándome, desde que tengo uso de razón, la belleza de las cosas simples y valiosas de la vida; valorar la importancia de portarse bien y obrar de buena fe hacia los demás, con respeto, tolerancia, buena voluntad y consideración. Dando siempre el ejemplo con tus acciones. Ambos, ...

«Un Mosquito Infatigable»

  Un mosquito infatigable tenía a un hombre al borde de la desesperación, intentando picarlo sin piedad. Lo rodeaba por todos lados desde el aire, zumbándole en las orejas. Entonces el sujeto se hartó y con gran rapidez atrapó con una mano a su atacante en su puño, y decidió meterlo vivo en el congelador de su nevera. —¡Te vas a morir congelado desgraciado mosquito!» —le gritó colérico, mientras trancaba con fuerza la puerta del refrigerador de la nevera. Al cabo de unas horas, el carcelero abrió con cuidado la puerta del congelador, esperando ver muerto a su atacante, pero se encontró con el mosquito parado haciendo ejercicios, flexionando con rapidez sus patas y su cuerpo hacia arriba y hacia abajo, diciendo concentrado: —¡No me voy a congelar, no me voy a congelar...!

«Amor Metalero»

  —De verdad lo siento mucho amor... No me gusta para nada Nirvana, ni Metallica, y muchos menos Slayer, Venom o System Of A Down. Tampoco Pantera o Anthrax. Sin embargo, estoy dispuesto a volverme de cada una su más fiel seguidor; seré desde hoy su fan más destacado. Porque estoy claro lo mucho que a ti te gusta ese estilo de música, cómo te relajas, te hace feliz y al mismo tiempo te renueva y da energías. Incluso, es capaz de borrar tu mal humor.  Vibrar en tu misma sintonía, toda frenética e intensa es lo que realmente quiero alcanzar.  ¡Poder disfrutar juntos de tus locas bandas favoritas!... ¿Qué te parece?... —¡Bebé, yo no solo escucho Thrash Metal o Grunge! ¡Me mata el Metal Core y el Black Metal brutal!... ¡Lo más heavy del Metal extremo! —¡No esperaba menos de ti! ¡Hoy mismo renuncio al seminario!... ¡Al diablo los dos años de Filosofía y los tres años de Teología! ¡La carrera eclesiástica puede esperar!... ¡Te amo! —Aguarda. ¿Y si renuncias a ser sacer...