
Acabo de disfrutar de un hermosísimo
cortometraje animado por computadora. Quedé completamente complacido, anonadado.
La capacidad creativa, artística y expresiva del ser humano puede alcanzar
instantes sublimes, de extrema y perdurable belleza. Sin embargo, en mi mente,
por alguna extraña razón (la edad, la saturación de información o el lugar en
dónde mi cerebro almacenó este recuerdo en específico), inexplicablemente quedó
borrado de mi memoria, quedando sepultado por siete largos años.
Hasta hoy.
La vida, la tecnología y las hermosas
causalidades me trajeron de vuelta esta Obra Maestra condensada en 6 gloriosos
minutos de excelencia técnica y altísima sensibilidad artística. Se trata de «Piper», (2016) un espectacular corto
metraje de Disney escrito y dirigido
por Alan Barillaro, producido por Pixar Animation Studios. Al echar hacia
atrás el carrete de mi memoria, recuerdo haber disfrutado en el cine con mi
familia la película que venía a ser la continuación de «Buscando a Nemo» (2003) la agradable y entretenida cinta «Buscando a Dory».
El corto metraje «Piper», fue estrenado en las salas de cine junto con «Buscando a Dory» el 10 de junio de
2016. ¡De ahí la posible razón del por qué no lo recordaba! La historia de Dory
fue más relevante, por ser más larga y compleja, posiblemente.
«Piper»,
trata sobre un pequeño y hambriento pichoncito de correlimos tridáctilo, un ave marina que vive y se alimenta junto a
los de su especie de las caracolas que la propia marea arrastra a las orillas
de la playa. Pero las olas son poderosas y atemorizantes. El pequeño pájaro
siente mucha hambre, desea que su papá sea quien lo alimente, pero éste sabe
que no es lo correcto, por lo que busca que su hijo aprenda a mantenerse por su
cuenta; pero primero deberá superar su miedo a las olas.
Esta premisa le da al cortometraje «Piper» la profundidad necesaria para
que como seres humanos entendamos lo que la propia naturaleza tiene muy claro.
Como padres debemos permitir que nuestros hijos crezcan y logren aprender a
ganarse el pan, descubriendo sus propias habilidades y dones que ellos mismos
ya poseen y que están aparentemente ocultos. Siempre habrá la posibilidad que
alguna otra persona sea quien aleccione, o tenga la oportunidad de guiar al
novato a descubrirlo.
Mi admiración por estos profesionales que
trabajan en los Pixar Animation Studios
es genuina. No solo son capaces de emular al nivel de perfección los
movimientos y aspecto real de las aves, su temperamento frágil y nervioso, sino
también le otorgan vida al agua, la arena, las algas y el viento. Nos hacen
olvidar por completo que son animaciones en 3D generadas 100% por computadoras.
¡Increíble!
Solo apreciando y analizando el resultado
final de esta magistral creación es que uno comprende dos cosas: Si eso fue un
cortometraje de 2016, ¿qué podemos esperar en otros siete años más adelante?...
Y segundo, ¡qué grato poseer estos recursos para la creación y valoración de
hermosos e importantes mensajes que involucran y promueven valores familiares y
emocionales tan necesarios para nuestra sociedad! Se merecen un Oscar, sí, varios.
Les fue otorgado uno como reconocimiento a «Mejor Corto Metraje Animado». Pero
mucho más allá se merecen nuestra total devoción. Ciertamente la mía se la han
ganado por completo cuando decidieron publicar gratuitamente este trabajo tan
sensible, tan bien realizado y de sobrada calidad. Así pasa a ser un recuerdo perdurable por siempre. ¡Porque vivir es la mejor aventura de todas!

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