

Parte I
Una tristeza profunda compungía su pecho. La inquietud y la desesperanza
atenazaban su corazón. Su mayor anhelo era escuchar las revelaciones del gran
hechicero, quien, desde que ella era una niña, se había ganado la fama en su
pueblo de poseer el don de la sanación y dominar ciertos poderes de
clarividencia, encantamientos y conexión con el más allá.
Había quedado viuda. Su amado esposo había muerto en batalla, demostrando siempre
ante sus hombres a mando ser aguerrido y respetado; por su fuerza, valentía y
coraje. Pero sus enemigos lo habían despojado vilmente del derecho a tener una
muerte honorable. Lo habían capturado y raptado. Luego de torturarlo con saña y
crueldad lo habían desollado y colgado, deshonrándolo.
Un manto de dolor y oscuridad había cubierto el alma de cada habitante del
poblado, porque el guerrero maldecido por el enemigo era Aydan, rey del clan
vikingo, el esposo de Eleonor, la reina del norte; y a menos que la magia y
poder del hechicero interviniesen, el alma del rey Aydan jamás lograría entrar
al Valhalla, vagando eternamente en Helheim, reino de los muertos, entre sombras,
miseria y desolación.
Parte II
La reina Eleonor se sentó frente al sabio hechicero. En la modesta choza
que estaba levantada en un lugar apartado y solitario del bosque, pero cercana
a la aldea, el fuego danzaba en unas discretas lámparas que iluminaban lo
suficiente para no tropezarse. Distintos olores exóticos e intensos bailaban en
el aire al son del tibio calor, con gracia y encanto embriagador.
A medida que avanzaba la noche el frío intenso se colaba como un filoso
cuchillo invisible. Tanto el hechicero como la reina Eleonor estaban
resguardados por gruesas pieles de animales. Afuera de la tienda, dos guardias
que acompañaban a la reina había buscado hacer una pequeña fogata mientras
aguardaban a su líder bajo una ligera nevada.
—Hay luna llena mi señora. Es momento adecuado para consultar las runas.
—Eleonor miró al hechicero con intensa seriedad. Sus cristalinos ojos eran como
dos lagunas en miniatura, limpios, fríos, impenetrables.
El rostro del hechicero estaba prácticamente oculto por las sombras que le
creaba su gruesa capucha a contraluz. Los presagios que las runas sobre la mesa
le empezaban a revelar, lo ensombrecieron aún más, aunque la reina no lo
notase. Aun así, buscó que el tono de su voz pudiese de algún modo sonar
consolador.
—El espíritu del rey Aydan está preso en el reino de Hela, diosa de la
muerte. Odín se ha enterado de su desgracia y me ha revelado la única forma que
usted desde acá podría ayudarlo.
—Pero, ¿cómo?... ¡Por los dioses habla ya!
—Enviándome usted misma al Helheim como sacrificio. Odín está dispuesto a
interceder. Ha acordado con la diosa Hela poder intercambiarme a cambio de liberar
el alma del rey Aydan de su actual prisión.
—¿Aydan lograría entrar al Valhalla?... ¡Es maravilloso! —Un brillo instantáneo
de felicidad iluminó los ojos y el terso rostro de la reina Eleonor de manera
repentina, haciéndole recuperar su legendaria belleza y encanto.
—Sí. Es maravilloso y liberador… —Murmuró para sí mismo el hechicero, pero
la reina en su euforia no lo alcanzó a oír.
Parte III
Un cuervo se posó sobre el hombro izquierdo del hechicero. Tomando con
firmeza su báculo, se paró delante de la reina y con grandilocuencia le
expresó:
—Hay una sola condición para tal pacto con Odín. Está muy claramente
expresado en las runas. —El hechicero señaló las fichas que sobre la mesa
representaban cada una los misteriosos signos pintados a mano con tinta blanca
sobre oscuras piedras semicirculares.
—No debe haber testigos.
—¿Eso es todo?... La vida de esos dos hombres es poco precio para restituir
la gloria de nuestro gran rey. —El hechicero solo hizo un gesto de conformidad,
inclinando un poco la cabeza ante la reina Eleonor.
—¡Guardias! —Gritó la soberana, luego de girar la cabeza hacia su espalda.
Durante un tenso instante solo se escuchaba el ulular del gélido viento que
entró con mayor fuerza al desplazar hacia un lado la gruesa cortina de pieles
que funcionaba como puerta de la cabaña, al traspasarla el primer guardia que
avanzó al llamado seguido de su compañero.
Los dos hombres esperaban era escoltar a su reina, por lo que se quedaron sumisos
a un lado de la entrada a que ella saliera primero. Pero ella no pretendía
regresar a sus aposentos acompañada. Esa fría noche la soledad y la tristeza
que la compungían, ambas desaparecerían para siempre.
La reina y el hechicero al unísono y sincronizadamente degollaron a los dos
escoltas con sendas espadas. Los dos hombres no lograron reaccionar ante
semejante ataque sorpresa. Ambos se desplomaron inertes en el piso de la
cabaña.
Y cuando la reina Eleonor, casi con una sonrisa en los labios, se disponía
a despacharse al hechicero, éste esquivó con destreza su ataque y de la misma
forma mortal y despiadada como ella se había dispuesto a acabar con su vida, el
hechicero terminó primero con la vida de la reina.
La mirada incrédula de la reina Eleonor expresaba una desesperada amargura.
Un miedo rotundo la petrificó. El hechicero sin inmutarse le logró expresar la
verdad instantes antes que se desplomase a sus pies.
—El alma de un rey por el alma de una reina. Esa es la condición de Hela aprobada
por Odín para entrar al Valhalla.
Y tomando una antorcha se dispuso a incinerar a la reina en una barcaza que
estaba ya colocada en el embarcadero. Luego de ese ritual, no regresaría nunca
más al poblado. Su misión final había sido cumplida gracias al inexorable favor
de los dioses.
Alfredo Mambié
23 de julio de 2023 – 12:38 a.m.

Parte IV
Al igual que en un sueño recurrente y vívido, la reina Eleonor abrió sus
ojos contemplando por primera vez el inframundo. Pasaron algunos instantes para
percatarse que se encontraba acostada en una barcaza; la misma embarcación que
el brujo hechicero había acondicionado para su viaje al más allá.
Desde niña había escuchado un sinfín de historias acerca del Helheim, reino
de los muertos, destino de las almas perdidas según la tradición nórdica. Efectivamente
se encontraba entre sombras, miseria y desolación. Aunque era una sensación que
la hacía experimentar una extraña y contradictoria inquietud. ¿No se supondría
que, por estar muerta, debería sentirse en paz, serena y desprendida de
cualquier preocupación mundana?...
—Bienvenida.
La voz sonó nítida en su cabeza; provenía de todas partes, sin determinar ninguna
en específico. Por instinto, Eleonor se incorporó de la barcaza, la cual estaba
completamente quieta, estable, como sujeta o enterrada ya que al caminar sobre
ella no se balanceó ni un poco. Sin embargo, Eleonor tuvo la certeza que la
misma estaba efectivamente flotando en una inmensidad etérea, un mar de bruma,
o de nubes espesas muy grises, según quien lo apreciara.
Al principio pensó encontrarse en alguna lúgubre cueva de amplias paredes,
pero no, se encontraba a cielo abierto; era una gran bóveda celeste (o parecida
a ella), ya que en ésta no brillaba estrella alguna. Todo a su alrededor estaba
como cubierto por un gran manto de densa oscuridad, envuelta en gélidos matices
grisáceos, muy lúgubres e inquietantes.
Y tuvo esa incómoda sensación de encontrarse internamente desnuda,
descubierta, totalmente vulnerable. Alguien o algo la observaba con lujuria y
voracidad sobrenatural. Por primera vez Eleonor sintió un miedo tan intenso que
quedó paralizada sin poder evitarlo. Esa sensación la llevó a dejar de avanzar
e hincarse. Estaba petrificada por completo.
Parte V
La reina Eleonor levantó entonces lentamente su cabeza al percibir que una
presencia imponente acababa de aparecer frente a ella. Seguía arrodillada, en
reverencia. Miró con asombro el rostro más hermoso y cautivador que jamás en
toda su vida pudo haber contemplado. Su belleza era insultante, sobrehumana y
casi indescriptible, porque no era un ser humano, ni un fantasma, era la reina
Hela en persona.
—Puedes ponerte de pie. Sígueme.
La reina Hela observó altiva y muy brevemente a la reina Eleonor antes de
darle la espalda. La capa que la soberana arrastraba era larga, elegante,
robusta y etérea a la vez. Su intensidad provenía de una energía que jamás con
ningún humano había percibido, ni siquiera con su amado esposo, el rey
Aydan. Además, pocas almas habían tenido tal privilegio de contar con su presencia.
Porque el acuerdo del hechicero con Odín, había sido una concesión
extraordinaria. Cosas así solían pasar poquísimas veces en efecto. No había
muchos hechiceros tan bien preparados como aquel, que había logrado enviar a la
mismísima reina Eleonor directo al inframundo.
—He sido traicionada. ¡El maldito hechicero me traicionó!
Eleonor no pudo evitarlo. Soltó su resentimiento con rabia y frustración, incluso
antes que Hela se terminara de sentar en su imponente trono. Estaba
espléndidamente labrado en algún material similar al ébano. Poseía incontables
calaveras incrustadas con total maestría y criterio, logrando un efecto de
macabra armonía artística. Amontonados bajo sus pies, el resto de cráneos formaban
un montículo imponente, perturbador y sombrío.
La soberana miró a Eleonor con tal intensidad y rudeza que ella pensó que
caería fulminada por segunda vez. La diosa se iluminó súbitamente, creando un
efecto dramático y atemorizante, expresando:
—¡Calla! ¡Te costará caro desafiar la voluntad de los dioses! El acuerdo
fue aprobado por el propio Odín. El hechicero cumplió su parte, hizo tal cual lo
que se le ordenó. No ha habido traición alguna. El acuerdo era lograr liberar
al rey Aydan a cambio de tu alma. Una reina a cambio de un rey. Debías morir
decepcionada y engañada para que lograras llegar hasta acá y no al Valhalla. El
hechicero lo sabía, por eso te hizo creer que sería su vida la que daría él a
cambio.
Entonces a Eleonor súbitamente le llegó el recuerdo algo confuso de las
últimas palabras que el hechicero le hizo, justo mientras agonizaba. En ese
instante dejó de sentir esa inquietud incómoda que antes le perturbaba y
mansamente guardó un largo silencio.
Parte VI
Una hermosa mañana sorprendió al hechicero al salir de su cabaña. Su cuervo
lo había despertado puntual como todos los días. Justo al llevarse la mano
hasta su cuello y palpar el collar con tres pequeñas calaveras comprendió que
su misión se había cumplido con éxito.
Podía sentirlo, a su alrededor flotaba una armonía contagiosa. «El rey Aydan
celebra triunfal su llegada al Valhalla, gracias al sacrificio de la reina
Eleonor» pensó optimista el misterioso solitario. Se despojó de sus ropas y se zambulló
con energía en las aguas cristalinas de un arroyo apartado en lo profundo del
bosque.
El contacto con el agua le hizo de inmediato reactivarse por completo a la
realidad. Sabía que la muerte de ambos reyes dejaba al clan en una posición de conflictos
e inestabilidad frente a sus enemigos. Aydan había tenido tres hijas con Eleonor,
princesas legítimas llamadas Birgit, Agnete y Noah. Su anhelo no cumplido había
sido tener con ella un hijo varón, pero los dioses no se lo otorgaron. Hubo
varios intentos fallidos, abortos espontáneos y situaciones que pusieron a
Eleonor en riesgo de muerte, por lo que Aydan decidió concebirlo con una mujer
de otro clan en secreto.
Su nombre era Erik, apodado el
sanguinario. Su padre buscó enseñarle todo lo necesario para formarlo como
el mejor vikingo. Revelándole incluso el mayor secreto para preservarse siempre
saludable y fuerte, consumir regularmente aceite de hígado de bacalao. Cuando
alcanzó la edad requerida para batirse a duelo, el rey Aydan logró descubrir con
asombro que el muchacho era incluso más poderoso y hábil que él.
Erik nunca se reveló o manifestó desobediencia hacia su progenitor, sin
embargo, algo pasó apenas llegaron las noticias sobre la muerte del rey Aydan y
la repentina desaparición de la reina Eleonor al apartado poblado donde se
encontraba su fortificación.
—Preparen a todos para el combate. Haremos un ataque sorpresa al
asentamiento de mi padre esta misma noche.
El mensaje fue acatado y difundido de inmediato. Erik el sanguinario quería
arrebatarles el trono a sus hermanas, y estaba dispuesto a derramar toda la
sangre que hiciera falta para lograrlo.
(Continuará)
Alfredo
Mambié
22 de agosto de 2023 – 4:43 a.m

Parte VII
La reina Eleonor comenzó a aburrirse a mares y su humor se hizo irritable y
temperamental. Su permanencia en el reino de los muertos era lúgubre, sombría,
sin propósito. Desconocía por completo cómo funcionaba el Helheim, pero intuía
que su nueva realidad requería de su ingenio y determinación vikinga. Así que
se dispuso a preguntarle a Hela.
«¿Quién mejor que ella…?» pensó decidida. Y fue ante su presencia.
—A partir de ahora has de dedicarte a guiar a tus tres hijas Birgit, Agnete
y Noah. —sentenció la dueña y señora del inframundo.
—¿Guiarlas? Pero ¿cómo? ¿Desde acá?... ¿Es acaso eso posible?...
—Absolutamente. Sus vidas peligran.
Hela miró con profundidad y misericordia a la reina Eleonor. Ella a su vez
estaba cada vez más conectada con su embrujo y encanto personal. Hela era tan
hermosa y tan seductora que había dejado de extrañar a su marido Aydan. Desde
que llegó al Helheim la reina Eleonor dejó de ser quien era, y ella lo sabía,
pero le tomó tiempo aceptarlo. Desde ese momento se dedicó a explorar sus
poderes extraordinarios. Ya no era mortal, y eso de cierta forma le
reconfortaba. Formar parte de la corte de Hela la despertó de ese letargo, de
esa apatía. Se sintió de alguna manera absurda, viva.

Hela abandonó su trono momentáneamente, perdiéndose entre las sombras. La
reina Eleonor no dejaba de ver hacia la dirección donde creía que Hela volvería
a aparecer. Sin embargo, la enigmática y elegante diosa apareció a espaldas de
Eleonor, sorprendiéndola.
Al bajar la mirada, Eleonor se dio cuenta que Hela venía acompañada de tres
imponentes perros lobos; eran tres intimidantes Malamutes de Alaska, parecidos
a los que ella acostumbraba usar para tirar su trineo en su antigua vida, gracias
a su empuje podía realizar largos recorridos con rapidez. Eran animales muy
fuertes y resistentes a los climas extremos. Estos se notaban aún más grandes y
fuertes, por supuesto, eran animales del inframundo.
Hela solamente hizo un leve gesto con su mano y los tres perros se sentaron
en el acto en frente a su trono. Ella imitó a los canes haciendo lo propio, luego
expresó:
—Ellos son tu conexión con el mundo terrenal, Eleonor. Estos animales son
capaces de ser tu portavoz ante tus tres hijas. Y como siempre, las reglas de
mi reino son muy claras y simples: Sus tres vidas a cambio de otras tres vidas.
¿Estás de acuerdo?...
Eleonor reflexionó y luego dijo con claridad:
—Sí. Estoy de acuerdo, mi señora.
Parte IX
Birgit y Agnete estaban relajadas afilando sus hachas frente a una gran fogata
contenida entre bloques de roca sólida. Trabajaban en el lugar favorito de todo
el poblado vikingo luego del comedor, la armería. Lugar especial en donde se
confeccionaban las más letales espadas, cuchillos, hachas y puntas de lanzas y
flechas para la batalla. Al fundir el hierro y luego con destreza y fuerza
bruta, los herreros nórdicos iban confeccionándolas. Una labor que siempre era
útil y necesaria conocer y dominar. Su difunto padre el rey Aydan, había
alcanzado a enseñarles a ellas dos por ser las mayores y poseer suficiente
fuerza para alzar y golpear con el martillo de forja.
Pero por su rango a las princesas Birgit y Agnete les fabricaban sus propias
armas. Ellas solo las afilaban. Justo en ese momento apareció ante ellas Noah, su
hermana menor.
—¡Al fin las encuentro! ¡Vengan! ¡Tengo algo importante que mostrarles!...
La enérgica jovencita venía corriendo, sudaba, estaba muy excitada por la
emoción. Sus dos hermanas le acompañaron con cierta pereza, a ellas ya no les
apetecía hacer cosas imprevistas e infantiles, con su pequeña hermanita. Pero
la querían mucho y casi siempre la complacían.
—¡Síganme! —Insistió Noah echándose de nuevo a correr hacia el bosque.

Birgit y Agnete sabían las reglas, debían elegir ser escoltadas al momento
de alejarse del campamento. Y más si esta vez estaban las tres juntas. Pero su
inmadurez e imprudencia al no tener a quien rendirle cuenta de sus actos,
optaron por internarse en el bosque las tres solas.
«¿Qué cosas malas nos podría ocurrir…?» «¡Estaremos bien, sabemos
defendernos!» Pensaron ambas hermanas mayores para sus adentros. Y en
apariencia el lugar a donde las llevaba Noah no estaba tan lejos.
—¡Es justo detrás de las cataratas! ¡Ya casi llegamos!
Noah, a pesar de su corta edad, era ágil y fuerte, incluso ya daba clara
señales de que llegaría a transformarse en poco tiempo en una temible guerrera.
Ella por su complexión, prefería usar el arco y la flecha en vez de la espada.
—Parece una jodida cabra. —resopló Agnete. Birgit al oírla esbozó una corta
sonrisa de resignación.
—¡Aquí! ¡Vengan! Cuidado al caminar, es bastante resbaloso.
Efectivamente, las piedras alrededor de la cascada estaban muy lustrosas y
lisas. Eran enormes y esféricas.
Birgit y Agnete al principio no notaron nada especial en la oscura caverna que
resguardaba la alta cortina de agua viva tras de sí. Hasta que aguzando la
vista y siguiendo a Noah, lograron descubrirlo.
Parte XI
Dándoles la espalda, maloliente y acurrucado en un rincón, había un bulto
grisáceo como las rocas. Su respiración era entrecortada. Era un Malamute de
Alaska hembra agonizando. Su expresión de fiereza se mantenía a pesar de estar
bastante cerca de la muerte. Apenas las dos hermanas se acercaron al animal
éste empezó a gruñirles de forma amenazante. Las tres guardaron distancia. Noah
se apuró a contarle a sus dos hermanas su aventura:
—Esta mañana estaba en el campo de entrenamiento y este animal apareció furtivamente
ante mí.
—¿Fuiste tú quien hirió a esta bestia?... No lo puedo creer. —Comentó incrédula Birgit.
—Sí, fui yo— respondió Noah. Pero antes pasó algo extraordinario, por eso
las traje hasta acá para contarles. Y para mostrarles y puedan en verdad
creerme. Con ustedes dos me basta. —Noah prosiguió.
Esta mañana éramos cuatro chicos practicando con nuestros arcos. De la nada
esta perra se abalanzó sobre los tres muchachos que me acompañaban. Y los mató
a los tres. De una manera tan feroz que me paralizó por instantes. Sin embargo,
apenas les arrebató la vida, pude percatarme que no tenía intenciones de
hacerme daño. Su furia cesó repentinamente al quedarme a solas frente a ella. Ninguno
de los tres alcanzó a acertarle porque hizo su ataque en embestida. Sus flechas
le pasaron rasantes sin alcanzarla. Yo, sin embargo, logré apuñalarle en un
costado. Me abalancé sobre ella en un ataque de rabia, pero ella no me contratacó.
No lo hizo.
—Y si eso pasó en el campo de entrenamiento ¿qué hace ella aquí?... —Noah
miró a sus hermanas.
—Ella misma me trajo. Hizo que la siguiera hasta aquí. Miren.
El animal estaba en ese mismo momento mucho más inflado que cuando ellas
llegaran.
—¿Acaso está embarazada?... ¿Cómo es posible?... —Noah adoptó una expresión de alivio. Ahora corroboraba que no se había vuelto loca.

—Esta perra loba está embarazada, pero, ¿me juras que antes de atacarlos no
lo estaba?...
—¿Cómo logra una barriga crecer tan deprisa en apenas medio día?... — Birgit
y Agnete miraban con incredulidad a su hermana Noah.
El animal gruñó una vez más y luego sin más, expiró.
Agnete tomó su afilado cuchillo y con rapidez y cuidado abrió el abultado vientre,
usando como referencia la herida que le había causado Noah. Como si eso hubiese
lo que el destino deseaba que pasara, Agnete logró traer a la vida a tres saludables
cachorros de Malamute, extraordinariamente bien formados y mucho más grandes
que alguno de sus congéneres.
Ninguna de las princesas sabía lo que estaba por suceder esa misma noche.
Gran parte de su pueblo moriría a manos de su medio hermano, Erik, alias «el
sanguinario». Se haría rey y pondría precio por sus cabezas. Pero ellas
quedarían a partir de ese momento nómadas, sin reino, bajo el resguardo de tres
poderosos e imbatibles perros guardianes, que su mamá, la reina Eleonor, les
había enviado directamente del inframundo gracias a los favores de Hela, diosa
de la muerte.
(Continuará) 16-10-2023
Excelente como siempre ahora me dejó en espera de saber cómo termina todo. Saludos.
ResponderEliminar¿Acaso duda de los poderes del hechicero?... Esa misma noche el rey Aydan, disfrutó un gran banquete junto a Odín y sus guerreros en el Valhalla. La reina Eleonor fue recibida con honores en la corte de Hela. Así sucedió. 😆
EliminarYo creo que hay material para al menos un par de Capítulos más. La eterna lucha entre el bien y el mal. Sería bueno ver a La Reina volver del más allá y renacer como el Ave Fénix.
ResponderEliminarEn verdad complacido por tu visita y comentarios. Me parece muy válido. No lo realicé incialmente con esa idea, pero me tienta.
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