En este último episodio deseo hablar de la inmediatez. Término que utilizamos para calificar lo que sucede enseguida, sin ningún tipo de tardanza, también aquello que resulta muy cercano o contiguo a algo o alguien. Tecnológicamente, hoy en día vivimos y estamos cada vez más capacitados para responder y percibir el mundo con total inmediatez. ¿Es mejor de esta forma?... ¿Nos proporciona una experiencia sensorial superior?... Mi intención es darle a este tema una perspectiva personal, porque me resulta bastante interesante. Aquí vamos.
Usaré como referente mi transitar profesional, para hablarles con propiedad sobre el avance tecnológico; ese antes y después de la llegada de las computadoras, el gran inicio de la era digital. Fui del grupo que acogió la informática con bastante escepticismo. Las artes gráficas, el entorno publicitario y editorial en general, fue a mediados de los años 90 colonizado por la llegada de las primeras computadoras Macintosh, de la compañía Apple, cuyas facultades cuestioné con severidad. «¿Cómo iba a ser posible sustituir a un aerógrafo por un simple mouse, o la sutileza de los matices cromáticos de una fotografía de 35 mm con el resultado de una impresora de matriz de puntos...?»
Pero el perfeccionamiento de estos equipos Mac y PC fue acelerado, viral. En pocos años lo que, en mi opinión profesional inicial, me había parecido inconcebible, se transformó en una poderosa y versátil herramienta (plenamente convencido, ahora califico de indispensable y de un nivel de sofisticación inauditos). Porque su crecimiento incesante fue exponencial, tanto en hardware como en software. Tanto en capacidad y velocidad de procesamiento como en prestaciones, resolución y diseño de sus componentes periféricos. La era digital y su invasión transformadora, habían extendido a nivel global su arsenal, y con cada avanzada, toda resistencia al cambio fue progresivamente debilitada y neutralizada. ¿Para bien o para mal de la humanidad?... Yo respondería: Para conveniencia de quien sepa utilizarla, dominarla y sacarle el mejor provecho.
Cuando decidí aprender a utilizar y dominar el programa Adobe Photoshop, por ejemplo, supe que sus creadores lo habían diseñado como un recurso dentro de la industria cinematográfica para poder reducir sustancialmente los costos, mano de obra y tiempo de realización de las enormes y efímeras escenografías y maquetas que tomaban un gran esfuerzo ejecutar para las películas, ya fuesen para ambientar una época específica de nuestra historia, como para recrear la locación geográfica de cualquier parte de este hermoso planeta, sin invertir en costosos viajes y traslados de artistas y equipo técnico, así como tener la posibilidad de mostrarnos ese fascinante planeta o civilización de alguna galaxia remota, en esta o en otra dimensión desconocida que algún creativo guionista o escritor había imaginado, ya fuese en el futuro o en el pasado; lo importante era lograr un resultado realista, convincente, atractivo e impactante y por demás, sustancialmente menos costoso.
En este nuevo milenio, tuve la oportunidad de comprobar las plenas capacidades de la tecnología el día que terminé de ver la exitosa serie de acción en tiempo real “24”, cuyos episodios relataban un día en las riesgosas aventuras del agente especial de la CTU, Jack Bauer, en su lucha contra el terrorismo en la emblemática ciudad de Nueva York. Luego del intenso episodio final, el DVD finalizaba con un documental que mostraba el tras de cámara y los secretos de la cadena Fox de aquel entonces, antes de ser comprada por la Walt Disney Company.
El altísimo presupuesto para la realización de la serie había sido rechazado. Pero los productores estaban dispuestos a seguir adelante con inmediatez y creatividad. Ninguno de los 24 episodios sería grabado en la ciudad de la gran manzana, sino en Los Ángeles, California, sin que de ninguna manera el espectador lograse darse cuenta de eso. La recreación es minimalista, envolvente, muy convincente. Veloces helicópteros militares atraviesan los destellantes rascacielos y sobrevuelan el puente sobre el río Brooklyn, la estatua de la libertad o el Central Park, sin que uno descubra que nada es real. ¿O sí?... Porque, tampoco el mortífero helicóptero lo es. Las imágenes generales fueron filmadas en Nueva York, su entorno, sus calles y espacios más emblemáticos, para luego ser procesados digitalmente. Aun así, no deseo ser ese tonto aguafiestas que desea revelar los trucos del mago, para desmantelar la ilusión que su arte despierta en nuestros sentidos y percepción de la realidad. Ya per se, el cine, como describo en el primer episodio, es una bonita ilusión, un formidable invento, que nos permite percibir una secuencia de fotografías fijas, como si en realidad cobraran vida. Los efectos especiales más convincentes y realistas son los que combinan elementos reales con digitales. Esa singular simbiosis, hombre – máquina, nos irá transformando, cada vez con mayor poder de seducción y embrujo. ¡Lo asumo con plena emoción y verdadera fascinación, porque al comparar el antes y el después, sin dudas, que la tecnología y sus asombrosos resultados, tiene todas las de ganar!


A todos nos ha impactado el mundo de la tecnología, dejamos atrás la era industrial sufrida, de trabajo forzado hora hombre para adentrarnos en el mundo de la comunicación, dónde vamos y venimos por el mundo desde un escritorio, sin movernos de la silla, dónde el esfuerzo es mínimo para los logros, por supuesto que usar esta tecnología tiene sus pro y contras, pero usada con inteligencia es lo máximo, saludos amigo.
ResponderEliminar¡Es así, ciertamente mi estimada amiga!... Una transformación hacia una nueva era. De nosotros depende llevar la balanza hacia resultados óptimos y sustentables. Sobre todo inteligentes y creativos.
EliminarDe acuerdo
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