Uno de los más especiales legados que
heredé de mis padres y familiares fue el aprecio por la música. De cada uno
recibí sus influencias, desde las más académicas y formales, hasta aquellas que
hoy en día ya me resultan un tanto anticuadas. Porque la música en sí misma es
un lenguaje generacional y universal. A mis padres les encantaba la música tradicional
y popular venezolana, la bailable y rítmica como también la instrumental y la romántica.
A papá especialmente le agradaba mucho el tango argentino. Me llegó a confesar
haber conocido al famoso cantante Carlos Gardel cuando era niño, en una de las
visitas que hizo el artista a Venezuela. Saber eso me inspiró a regalarle un
disco compacto con sus mejores canciones en uno de sus cumpleaños.
Por su parte él, cuando yo era un muchacho
de dieciocho años, me sorprendió ofreciéndome el disco en vinil que yo eligiese
al entrar a una popular discotienda (Don Disco, en Chacaíto, Caracas). Fue un
grandioso y emocionante momento, ¡porque era lo que más me gustaba! Empezaba a engrosar
mi colección personal con mis grupos y artistas favoritos. En verdad fue muy especial
porque lo hizo para complacerme. Resultó ser la primera y única vez que compartiríamos
una salida los dos solos, (mamá se encontraba de vacaciones en Europa) y ese
detalle me marcó para siempre.
Mi padre fue un hombre atento, gentil, que
le daba gran importancia a vivir el aquí y el ahora, y casi siempre la buena
música fue nuestro grato acompañante en nuestras salidas y paseos. Siempre
procuró tener un reproductor de música en su carro (Con sus cuatro buenos
parlantes). A mamá y mí nos llegó a obsequiar de muy buena manera,
reproductores portátiles. Era muy práctico contar, además del vinil, con la
cinta de cassette para reproducir tu
música favorita en cualquier lugar.
Siempre recuerdo a mis padres cantar a dúo
y reírse de sus propias improvisaciones, mientras disfrutábamos de un compartir
en familia, mientras recorríamos una amplia autopista, alejándonos de la rutina
kilómetro a kilómetro. Estoy seguro que esas memorias llegaron a definir mis
preferencias, y al mismo tiempo, me permitieron conectar con los distintos
estados de ánimo que nuestras emociones humanas son capaces de expresar. Hubo
algunos momentos en que a papá no le quedaba otra opción que bajar el volumen y
apagar la música, cuando el estado de ánimo de mamá se alteraba. Llegué a
presenciar momentos tristes de rabia, frustración y dolor. Su relación fue muy
compleja y atípica. En el medio de ellos, como un catalizador, estuve yo. Siento
poder comprender la incidencia que un padre tiene sobre sus hijos, ahora que
alcancé a serlo yo también.
Ha sido una experiencia maravillosa poder
volver a escuchar aquellas canciones tan memorables con mis hijos. Esas mismas
canciones que alguna vez mis padres estando juntos los tres disfrutamos. En mi
juventud, era una estrategia el obsequiar un cassette, cuyas canciones fueran especialmente escogidas para el
disfrute de esa persona especial. A mí me dio por empezar a decorar sus
portadas con algún dibujo o diseño, para personalizarlos. Regalé cientos. La
ventaja del cassette era poder
registrar, además de música, tu propia voz. Mi esposa y yo le sacamos mucho
partido a esa posibilidad cuando fuimos novios. Fueron “las notas de voz” de
nuestra época. Los suecos Abba, y la escocesa Sheena Easton, fueron los
primeros artistas internacionales que se aventuraron a grabar por primera vez
sus canciones más famosas en el idioma español. Todo un suceso en esos días. Y
esas hermosas canciones, junto a otras baladas de artistas hispanos como Camilo
Sesto, Nino Bravo o José Luis Perales, eran parte fundamental de esos cassettes recopilatorios. ¡Qué bonitos
recuerdos!...
Las décadas transcurrieron, y mis padres, mi
esposa y algunos de esos familiares que colaboraron con sus espléndidos referentes
musicales, ya no están en este plano. Una de las maneras más profundas de
reencontrarnos una vez más es escuchando esas mismas hermosas canciones. Mi
suegro hacía sumamente feliz a su hija, cuando cariñosamente le dedicaba alguna
canción con su melodiosa arpa. Ayer casualmente me envió en nota de voz, una
maravillosa versión instrumental del brasileño Roberto Carlos.
—No es la mejor grabación posible, todavía
la estoy ensayando. —me dijo con humildad.
Y yo simplemente, luego de disfrutarla con
detenimiento, pude reconocer y apreciar esa forma tan especial de conectar
nuestras almas, ese poder tan glorioso, intimista, y de por sí celestial, que
la música en todas sus manifestaciones es capaz de transmitir, haciéndote
vibrar, llegándote profundamente al corazón.
¡Muchísimas gracias suegro! Me hiciste
reconectarme con tu maravillosa hija, tu bienamada, a través de tu arte, a través
de tu buena intención. Así lo sentí. Porque fue reconfortante, especial y muy
significativo. ¡Su recuerdo de alguna forma se hizo dulce melodía, alegre
tonada, sentida canción!


Recordé esa época de los discos de vinilo, que bonito ese ambiente, la música, los amigos, las fiestas, las vueltas por la ciudad escuchando música y hablando
ResponderEliminar¡Maravillosa época amiga! ¡Sí! Sin dudas, esa fue una era muy especial. Gracias una vez más por visitar mi blog y comentar mis creaciones.
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