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Papelón con Limón (Episodio IV)






Uno de los más especiales legados que heredé de mis padres y familiares fue el aprecio por la música. De cada uno recibí sus influencias, desde las más académicas y formales, hasta aquellas que hoy en día ya me resultan un tanto anticuadas. Porque la música en sí misma es un lenguaje generacional y universal. A mis padres les encantaba la música tradicional y popular venezolana, la bailable y rítmica como también la instrumental y la romántica. A papá especialmente le agradaba mucho el tango argentino. Me llegó a confesar haber conocido al famoso cantante Carlos Gardel cuando era niño, en una de las visitas que hizo el artista a Venezuela. Saber eso me inspiró a regalarle un disco compacto con sus mejores canciones en uno de sus cumpleaños.

Por su parte él, cuando yo era un muchacho de dieciocho años, me sorprendió ofreciéndome el disco en vinil que yo eligiese al entrar a una popular discotienda (Don Disco, en Chacaíto, Caracas). Fue un grandioso y emocionante momento, ¡porque era lo que más me gustaba! Empezaba a engrosar mi colección personal con mis grupos y artistas favoritos. En verdad fue muy especial porque lo hizo para complacerme. Resultó ser la primera y única vez que compartiríamos una salida los dos solos, (mamá se encontraba de vacaciones en Europa) y ese detalle me marcó para siempre.

Mi padre fue un hombre atento, gentil, que le daba gran importancia a vivir el aquí y el ahora, y casi siempre la buena música fue nuestro grato acompañante en nuestras salidas y paseos. Siempre procuró tener un reproductor de música en su carro (Con sus cuatro buenos parlantes). A mamá y mí nos llegó a obsequiar de muy buena manera, reproductores portátiles. Era muy práctico contar, además del vinil, con la cinta de cassette para reproducir tu música favorita en cualquier lugar.

Siempre recuerdo a mis padres cantar a dúo y reírse de sus propias improvisaciones, mientras disfrutábamos de un compartir en familia, mientras recorríamos una amplia autopista, alejándonos de la rutina kilómetro a kilómetro. Estoy seguro que esas memorias llegaron a definir mis preferencias, y al mismo tiempo, me permitieron conectar con los distintos estados de ánimo que nuestras emociones humanas son capaces de expresar. Hubo algunos momentos en que a papá no le quedaba otra opción que bajar el volumen y apagar la música, cuando el estado de ánimo de mamá se alteraba. Llegué a presenciar momentos tristes de rabia, frustración y dolor. Su relación fue muy compleja y atípica. En el medio de ellos, como un catalizador, estuve yo. Siento poder comprender la incidencia que un padre tiene sobre sus hijos, ahora que alcancé a serlo yo también.

 

Ha sido una experiencia maravillosa poder volver a escuchar aquellas canciones tan memorables con mis hijos. Esas mismas canciones que alguna vez mis padres estando juntos los tres disfrutamos. En mi juventud, era una estrategia el obsequiar un cassette, cuyas canciones fueran especialmente escogidas para el disfrute de esa persona especial. A mí me dio por empezar a decorar sus portadas con algún dibujo o diseño, para personalizarlos. Regalé cientos. La ventaja del cassette era poder registrar, además de música, tu propia voz. Mi esposa y yo le sacamos mucho partido a esa posibilidad cuando fuimos novios. Fueron “las notas de voz” de nuestra época. Los suecos Abba, y la escocesa Sheena Easton, fueron los primeros artistas internacionales que se aventuraron a grabar por primera vez sus canciones más famosas en el idioma español. Todo un suceso en esos días. Y esas hermosas canciones, junto a otras baladas de artistas hispanos como Camilo Sesto, Nino Bravo o José Luis Perales, eran parte fundamental de esos cassettes recopilatorios. ¡Qué bonitos recuerdos!...

 

Las décadas transcurrieron, y mis padres, mi esposa y algunos de esos familiares que colaboraron con sus espléndidos referentes musicales, ya no están en este plano. Una de las maneras más profundas de reencontrarnos una vez más es escuchando esas mismas hermosas canciones. Mi suegro hacía sumamente feliz a su hija, cuando cariñosamente le dedicaba alguna canción con su melodiosa arpa. Ayer casualmente me envió en nota de voz, una maravillosa versión instrumental del brasileño Roberto Carlos.

—No es la mejor grabación posible, todavía la estoy ensayando. —me dijo con humildad.

Y yo simplemente, luego de disfrutarla con detenimiento, pude reconocer y apreciar esa forma tan especial de conectar nuestras almas, ese poder tan glorioso, intimista, y de por sí celestial, que la música en todas sus manifestaciones es capaz de transmitir, haciéndote vibrar, llegándote profundamente al corazón.

¡Muchísimas gracias suegro! Me hiciste reconectarme con tu maravillosa hija, tu bienamada, a través de tu arte, a través de tu buena intención. Así lo sentí. Porque fue reconfortante, especial y muy significativo. ¡Su recuerdo de alguna forma se hizo dulce melodía, alegre tonada, sentida canción!



 

Comentarios

  1. Recordé esa época de los discos de vinilo, que bonito ese ambiente, la música, los amigos, las fiestas, las vueltas por la ciudad escuchando música y hablando

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    Respuestas
    1. ¡Maravillosa época amiga! ¡Sí! Sin dudas, esa fue una era muy especial. Gracias una vez más por visitar mi blog y comentar mis creaciones.

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