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Papelón con Limón (Episodio II)



Hace pocos días me topé con una historia muy inspiradora e interesante. Siento que relatos así se diluyen entre el vasto mar de información al que estamos expuestos, o simplemente no alcanzamos a enterarnos por haber otras tantas cosas que nos roban más atención. Gustoso he tomado los hilos que me conducen a exponer sus pormenores, además de darle una perspectiva más significativa a esta destacada película, basada en hechos reales.

Hive (2021) (“La Colmena” en Hispanoamérica) nos narra la cruda realidad vivida hace un poco más de 20 años durante la guerra en Kosovo (País ubicado en la península balcánica, en el sureste de Europa). Ahí, muchas familias confrontaron una dura crisis económica y moral, debido a la desaparición y posible muerte de muchos hombres, algunos padres y esposos, que se debieron marchar para  formar parte de esta cruel guerra. Fahrije Hoti, es una de las tantas mujeres viudas que han quedado a cargo de sus hogares y manutención. Ella aún lo aguarda esperanzada, e intenta en un principio proseguir con el negocio de apicultura que su esposo realizaba en su propio jardín; pero en pocas semanas, y con suma  tristeza, comprueba que su producción local de miel es escasa y los ingresos de la venta insuficientes. Sin embargo, observar el trabajo coordinado, productivo y eficiente de las abejas dentro de la colmena, le inspira a conformar una nueva actividad de negocios alternativa. Pero para lograrlo, Fahrije Hoti deberá enfrentar duras pruebas y superar la adversidad oculta en su propio entorno.

Ser una mujer productiva, con iniciativa e independiente en aquellos días no estaba bien visto en esa nación. Ni siquiera por tratarse de una alternativa forzada por las propias circunstancias. Fahrije Hoti es repudiada por sus propios vecinos y familia cuando decide formar un emprendimiento para comercializar una rica pasta para untar hecha a base de pimientos rojos conocida como ajvar.

¡Fue muy interesante observar el arduo procedimiento para lograr su apropiada elaboración! Además de apreciar todos los pasos que, de forma sistemática y eficiente, Fahrije propone ejecutar para alcanzar su propósito. Quedé muy complacido por el modo que la directora de este film Blerta Basholli, nos presenta su narración; lo hace desde el punto de vista intimista, introspectivo y sensible de la propia protagonista, interpretado por la actriz Yllka Gashi.

En una entrevista, Blerta Basholli confiesa haberse enterado de la historia de Fahrije al leer un artículo en la prensa kosovar; así que decide reunirse con ella en 2011. Son paisanas, mujeres luchadoras,  independientes. La joven cineasta declaró:

 

—Quería animarla por lo que había hecho. Pero terminé siendo yo la animada porque, francamente, ella no necesitaba mi aliento.  

 

Y es en este punto en donde las vidas de estas dos mujeres se fusionan.

La cineasta busca rendirle homenaje a la viuda que luego de 20 años es una respetada empresaria. Fahrije Hoti, maneja ahora su negocio con éxito, ofreciendo empleo a más de 50 viudas del pueblo de Krusha. Su compañía “KB Krusha”, exporta productos a muchos países de Europa, e inició negociaciones para también exportar a los Estados Unidos. Su hijo y su hija trabajan con ella y ambos heredarán a futuro el exitoso emprendimiento de su madre. A su vez, la directora logró, no sin dificultades, la aprobación para la realización de Hive, con el apoyo financiero de Kosovo, Albania, Suiza y de Macedonia del Norte, siendo rechazada en su primer intento. Por haber cursado estudios de cine en la ciudad de Nueva York, Blerta Basholli consiguió presentar a Hive, en el prestigioso Sundance Festival, recibiendo el reconocimiento del jurado y el apoyo de la crítica.

La cinta muestra de una forma muy acertada, la lucha interior de esta admirable mujer. Está convencida que todo lo que ella se está planteando hacer, lo aprobaría su esposo, al ella explicárselo.

Sus dos hijos, (con los cuales me identifico por convivir con los míos en similares circunstancias) son llevados por el dolor y la ausencia de su padre, reaccionando cada uno de comprensible manera. La hija mayor manifiesta mucha rabia y crueldad hacia su madre, confesándole que habría preferido que hubiera sido ella (su madre) quien ya no estuviese, mientras que el hijo menor actúa más sumiso y devoto, aunque desorientado, debido a la fuerte depresión que atraviesa.  Fahrije además convive con su suegro, un padre muy dolido por la pérdida de su único hijo, quien además es inválido y representa la figura de autoridad y patriarcado en el hogar. No concibe que su nuera esté a cargo de la familia, incluso lo manifiesta de mayor manera, por representar las tradiciones en el mejor de los sentidos.

 

—¡No puedes hacerte cargo de las cosas de los hombres! ¡Los vecinos no lo aprobarían! ¿Qué pensaría mi hijo si se enterara?...

 

En un principio, el testarudo abuelo se niega por completo a colaborar para realizarse una prueba de ADN, el único recurso con que cuentan las autoridades para poder identificar, a través de la ropa y objetos personales, a su hijo desaparecido. Es muy bonita la forma tan respetuosa, intensa y especial, que estos tres miembros de la familia van atravesando el duelo junto a Fahrije. (Insisto, me identifiqué mucho porque también soy viudo). Progresivamente van confrontando adversidades, ganando experiencia, avanzando y alcanzando un bien mayor. No solo para la familia, sino también para la comunidad.

Fahrije Hoti, realiza con éxito su examen de manejo y logra tramitar su licencia, con el fin de utilizar el modesto vehículo de su esposo como medio de transporte para su emprendimiento. Es la única mujer entre el grupo de postulados. Una de las viudas del pueblo, la acompaña y anima. Siendo una mujer mayor que ella, le inyecta mucho optimismo y buen humor. Es sabia y  extrovertida. Fahrije es callada, introvertida, pero proactiva y tenaz. Sabe perfectamente a lo que se enfrenta, pero es la más viva representación de la abeja reina, si ella coordina y supervisa los procesos, podrá alcanzar que su pequeña colmena, florezca. 

Alguien anónimo le arroja una piedra al pasar por una de las calles del pueblo, partiéndole una de las ventanas traseras del auto. Cuando la ven por la calle, la insultan, llamándola zorra. Ella se detiene, repara provisionalmente el daño, colocando un trozo de bolsa plástica con cinta adhesiva. Las personas desde la acera, la ven con desprecio y se alejan.


Me encantaron dos momentos claves en esta gran historia, porque equilibran la verdad en el proceder de los seres humanos. Uno es cuando Fahrije y su amiga van a un supermercado, para hablar con el gerente y pedirle la oportunidad de poder vender su ajvar casero. El hombre le responde con sinceridad:

 

—Debo primero probarlo; si es bueno, no habrá ningún problema.

 

El segundo y más intenso encuentro se da cuando Fahrije, debe visitar sola al proveedor de pimientos. Ella lo conoce, él también a ella, en especial su condición de viuda, por lo que busca solapadamente aprovecharse de su vulnerabilidad. El hombre la escucha; ella le explica su intención de arrancar con el negocio de producir ajvar, y que no dispondrá de dinero para pagarle los sacos de pimientos que necesita, hasta que haya logrado vender su producto. El hombre acepta el trato y acuerda darle la mercancía a crédito con caballerosa sumisión. Aunque sus intenciones son otras. Buscará insistentemente que ella tenga un encuentro casual con él.

 

«Te invito un café. ¿Aceptas?...».

 

Fahrije con todo respeto y educación lo rechaza cortésmente en varias ocasiones. Obligadamente debe frecuentarlo, cada vez que necesita más sacos de la materia prima, ella misma va a retirarlos del establecimiento. Dan a entender que ella no cede ante la incómoda situación; la encara. Pero el vendedor en el último rechazo, la ataca con violencia y busca forzarla a estar con él, intentando violarla a pleno día dentro del carro de Fahrije. Ella reacciona a tiempo con valentía, logrando a duras penas apartarlo, venciéndolo, evitando que suceda lo peor. Se marcha completamente en shock. En casa, nunca le revela nada a nadie del desagradable incidente. Ya ha armado un pequeño equipo de trabajo con otras vecinas viudas, en pocas semanas logra tener una primera muestra de buena calidad de ajvar para presentársela Dios mediante, al gerente del supermercado.  

La expresión del gerente al hacer la cata, es memorable. Se nota claramente que ellos le dan un gran valor a quienes elaboran como se debe, este particular alimento. ¡Y el fabricado por Fahrije y sus empleadas pasó satisfactoriamente la prueba! Las cosas comienzan a prosperar. El producto logra buena aceptación, vendiéndose de mejor manera que la miel de abejas. Aunque una vez que ella ha logrado llenar de mercancía su pequeño almacén, una mañana encuentra completamente destruidos los tarros de vidrio y los precarios estantes en donde resguardaba todo el ajvar. Los hombres del pueblo han reaccionado ante su emprendimiento con crueldad, asaltando su casa durante la noche. Fahrije no se rinde. Vuelve a cocinar una nueva producción. El gerente del supermercado le sugiere que le coloque etiquetas a cada tarro de su producto, mostrándole orgulloso un lugar privilegiado en las góndolas, ya que ahora ha decidido ubicar mejor su mercancía dentro del establecimiento. Fahrije comienza de vez en cuando a sonreír, se emociona y piensa ilusionada:

 

«Mi esposo estaría orgulloso al explicarle lo que he hecho, él aprobaría todo esto si estuviera aquí».

 

Al día siguiente, Fahrije vuelve sola en su vehículo a donde su atacante, una vez más. El proveedor de pimientos la observa con incredulidad. No comprende por qué ha regresado. Ella lo ve con intensidad por unos segundos y sin decirle una palabra, se acerca y le lanza con fuerza el fajo de dinero con el pago acordado por todos los sacos que le ofreció a crédito, dándole inmediatamente la espalda para no volverlo a ver jamás.

 

En marzo de 1999, las ciudades de Krusha y Madhe, sufrieron una de las mayores masacres durante la guerra en Kosovo. Más de 240 personas fueron asesinadas, hoy 23 años después, más de 1.600 personas en Kosovo, siguen desaparecidas, 64 de Krusha y Madhe. Algunos creen que fueron ejecutadas en los bosques, otros aún esperan que regresen vivas.


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