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Un País Insólito: VN-Z.L.A. (Capítulo XXVI)



Un País Insólito: VN-Z.L.A.
Novela inédita escrita por Alfredo E. Mambié F. ©2017

(Manuscrito Final)


Código de registro: 1801315637436 (Safe Creative)

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VE-25-02-2167

La parte final del trayecto fue como saltar al vacío tipo bungee; algo atemorizante, peligroso y emocionante a la vez. Beto Valdez caminó unos veinte minutos a través de olvidados túneles, cuyas vías férreas, techo y paredes, estaban cubiertos de hiedra. En algunos tramos las rejas de los ductos de ventilación, las barandillas y escaleras, por los años y la humedad, se encontraban sumamente oxidados y quebradizos. En más de una ocasión pisó en falso, o sintió resquebrajarse alguno de estos objetos a su alrededor. Porque caminaba prácticamente a oscuras, la penumbra de aquellos espacios extraños era densa, incómoda. Dos haces de luz azulada eran esparcidas por ambos escudos de los gladiadores, permitiéndoles avanzar sin pausas. 

—¡Pisen el primer peldaño y salten! —El centurión guía gritaba la instrucción, luego el reportero la secundaba, y tras de él la volvía a repetir su compañero. Caminaban en procesión, evadiendo obstáculos y siguiendo una ruta tan intrincada como un laberinto. Los extraños sonidos y monótonos martilleos se entremezclaban con los tintineos constantes de las armaduras y objetos metálicos que ambos gladiadores portaban. También de vez en cuando y sin querer, producían un desagradable ruido metálico al chocar sus escudos contra algún objeto saliente; era como aruñar odiosamente un pizarrón. 

En su recorrido encontraron un par de veces algunos vagones del antiguo metro capitalino abandonados en la vía. Lucían lúgubres y siniestros, debido a las dramáticas sombras que se reflejaban al iluminar por momentos con los escudos su interior. Beto Valdez presenciaba por primera vez y en directo, una muestra de un pasado que nunca vivió. Le impactó reconocer aquella austera carcaza de aluminio, empolvada y sucia, decorada con una ancha cinta arcoíris a todo lo largo; un pentagrama cromático con los antiguos colores corporativos, sobre el cual estaban los ventanales de esquinas redondeadas con marcos negros de goma, y en su interior, los mudos asientos plásticos color melón, distribuidos en forma de ele, completamente intactos. Comparados con los vagones de nuestro metro actual, estos parecían una tosca prisión en miniatura, claustrofóbica y patética. «¡Vaya que hemos evolucionado!», pensó el muchacho al contemplarlos. 

«¡Eran extremadamente pequeños! ¿Cómo era posible viajar ahí?» Casi como si le hubiera leído el pensamiento, el legionario que caminaba tras de él, expresó: 

—Muchas veces estos trenes tenían serias fallas en sus sistemas de aire acondicionado, y con la mala suerte que te tocara viajar en un vagón repleto de pasajeros, ¡era un completo suplicio! 

—¡Un sauna–móvil! Ja, ja, ja, ja. —Exclamó sarcástico el legionario líder, escupiendo al piso. Los tres hombres cruzaron por última vez la vía en diagonal, saliendo de ella por el lateral, logrando subir al andén derecho por una angosta escalerilla. 

—¡Ya casi llegamos! —Advirtió el gladiador que caminaba a espaldas de Beto Valdez. En su tono de voz se percibía cierta emoción contenida, una extraña alegría. 

Recorrieron los pocos metros del andén abandonado, dejando atrás los lúgubres túneles; más la hiedra continuaba cubriendo el piso de antiguo linóleo anti resbalante, incluso las paredes de baldosas de aquella otra estación. Subieron por las escaleras fijas, las cuales estaban algo menos tapizadas de raíces y ramas que las mecánicas. El concreto era el armazón por el cual ahora la vegetación en pleno, extendía su manto como una alfombra viviente, recobrando su supremacía ancestral ante la mano del hombre sobre sus viejas edificaciones. Una vez arriba, atravesaron el área en la cual hubo una fila de oxidados torniquetes con traga boletos, ahora ese conjunto asemejaba las almenas de un castillo enterrado en la jungla. Las ramas crujieron por el peso al ellos pisarlas. Justo luego se encontraron a su izquierda con un área mucho más despejada y amplia, que incluso, seguía reconociéndose como un gran almacén de vehículos y maquinaria pesada, sólo que ahora estaba dispuesto para otros fines. Minúsculas luces tintineaban en buena parte de las superficies visibles, donde la densa vegetación aún no lograba cubrir. Drones de carga se desplazaban sobre intrincados pasillos, eran senderos delimitados por los propios vehículos estacionados o arrumbados, según se quisiera ver. En ese extraño lugar, el caos era coherente, de alguna manera. Estando más de cerca, Beto Valdez pudo constatar que las minúsculas luces parpadeantes, eran paneles táctiles de biotransmisores, los cuales emanaban una luz azulada y fría como las de los escudos de sus custodios. Los drones desplazaban algún tipo de mercancía o sustancia misteriosa, en unos dispositivos especiales que tenían apariencia de hielera cuadrada, con al menos cien compartimientos poco profundos, cilíndricos y sellados herméticamente. 

—¡Beto Valdez! ¡Caramba! ¡Bienvenido! —El muchacho se sobresaltó al ver una gallarda silueta frente a él, la cual surgió repentinamente. Luego de un instante, logró percatarse que no era real; era una proyección en 3D, un holograma de Randy Carrasquel. 

—¡Gracias, señor! No lo esperaba. Me ha dejado sorprendido. 

—¡Esa era la idea! ¿Acaso por qué razón tú crees tengo este apodo? ¡Me encanta sorprender! Y también ser sorprendido algunas veces, por las cosas más extraordinarias, que son en su gran mayoría, sutiles y breves. ¿Te han tratado bien mis hombres? Ellos son terribles y atemorizantes, pero una vez que te acostumbras, logras ver que lo siguen siendo igual, no cambia nada, son así. En fin… son mis dos fieles Rottweileres, ni más ni menos, y ellos siempre obedecen a su amo. Quise traerte a este lugar para darte mejores detalles de mis planes de expansión. El negocio de las biodrogas es bastante amplio, como bien he querido demostrarte, es un nuevo nivel de sensaciones y también de oportunidades. He monitoreado, tanto los niveles de consumo, como la rápida dependencia hacia ella, ¿o tendría que decir hacia mí mismo? —Beto Valdez caía en cuenta. Era verdad. En apenas un solo encuentro con “Serpiente” y en pocos días ya su consumo de estas sustancias era diario, además que sin ningún tapujo se había dado a la tarea de ofrecerlas y recomendarlas. El holograma de “Serpiente” lo miraba con picardía a los ojos. 

—¡Muéstrame el tatuaje de la Hermandad que llevas, muchacho! ¡Anda! Me han dicho que es muy bueno. —“Chico Tico” desenfundó de su brazo la prótesis que le hacía aparentar tener una extremidad robótica, mostrando sus tatuajes móviles a Randy Carrasquel con cara orgullosa. 

—¡Vaya! ¡Sí que lo es! ¡Eh! ¿Y de dónde has sacado ese diseño?... 

—Es una ilustración que vi en la NBN y me gustó. La asocié con usted y con todo lo que quiero formar parte. 

—¿Formar parte? ¿Estás seguro? 

—Sí, totalmente. 

—Okey. 

El holograma de Randy Carrasquel hizo un guiño, como una mueca, a los gladiadores, quienes en segundos sujetaron al muchacho, inmovilizándolo. Uno le extendió el brazo donde llevaba tatuada la estrella de once puntas, y la serpiente perlada de tres cabezas con las tres lenguas sujetas por seis hombres con los ojos vendados, mientras que el segundo esbirro sin titubear le cercenó de un solo tajo el antebrazo con su gladius. “Chico Tico” gritó, soltando un gemido de dolor tan intenso que atravesó el silencio, rasgándolo con igual impacto. Cayó de rodillas. Sin perder ni un segundo la sangre fría, el gladiador que lo sujetaba aplicó sobre la herida una sustancia cauterizante, la cual frenó el flujo de sangre, al tiempo que un intrincado biomecanismo se activaba en el extremo de la prótesis que momentos antes, recubría su brazo. Aquella extensión biónica tan similar a una real, la cual Beto Valdez había adquirido como disfraz, como un simple accesorio, funcionaba de verdad. Ahora estaba siendo activada por alguna extraña energía, sanando su antebrazo, justo ante sus ojos. La prótesis le inyectaba a su torrente sanguíneo una dosis precisa de morfina y calmante, por lo que involuntariamente el muchacho quedó inconsciente. 



Era casi media noche cuando Beto Valdez despertó. Se encontraba en una camilla, acostado y rodeado de sofisticado equipo neurobiomédico. Sentía todavía un hormigueo justo en donde sus neuronas seguían reconociendo su antebrazo. Miró con rabia aquella extensión mecánica, cuyos dedos formaban una mano con movilidad 98% similar a la humana. El holograma de Randy Carrasquel apareció nuevamente frente a él. Beto Valdez cerró sus dedos artificiales formando un puño. 

—¿Te sientes mejor? —El muchacho ardió en ira. Sabía que lo que le hablaba era una proyección, un fantasma imposible de agredir. No respondió. 

—Aspiro que sí. Éste es el ritual real para que formes parte de mi organización. El trance que has pasado no se compara con nada, lo sé. Confío que cuando te enteres de los pormenores de esta nueva tecnología y sus fascinantes alcances, tal vez me justifiques y entiendas por qué lo hice. 

—¿Tenías que usarme como alguna clase de simio para probar qué cosa? —El reportero le gritó a la imagen 3D, mientras se agitaba encolerizado en la camilla. 

—Las posibilidades de la biodroga, mejor dicho, de esta sustancia pura, “Chico Tico”, ¡son en verdad milagrosas! ¡Te lo acabo de demostrar! Tu prótesis era falsa, te consta. Pero al activarla con la biodroga, literalmente cobró vida inteligente. ¡Una inteligencia mucho más avanzada que la nuestra! ¿No es genial?... ¡Una nueva era comienza! Y seré yo quien controle este gran poder. Descansa. Mañana tenemos mucho trabajo por hacer. 

Al desaparecer el holograma, Beto Valdez quedó en una suave calma. Apenas supo cuando los medicamentos administrados por aquel sofisticado sistema, le indujeron un sueño tranquilo y reparador. Sin embargo, al otro lado, en el Canal Televisivo Cultural (CTC), el Director, junto a Don Darío estarían mucho rato más despiertos, evaluando semejante bomba editorial y mediática. Por lo que lograba deducir el Director Domínguez, aquella sustancia letal no sólo había salvado al chico, también sorprendentemente lo mantenía en comunicación sonora con ellos. Personal del CTC había ya confirmado el brutal daño vandálico que la cámara drone había sufrido en las inmediaciones del Jardín Ecológico Nuevo Helicoide, sus funciones interconectaban su señal directa de video y audio en vivo con la conexión NBN del reportero hasta el canal de noticias, pero curiosamente, el enlace sonoro entre Beto Valdez y el Director no se había interrumpido, algo o alguien mantenía activa la comunicación entre ellos, incluso sin que el propio Beto Valdez se percatase. Era fundamental descubrir qué había detrás de esos insólitos sucesos.

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