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Un País Insólito: VN-Z.L.A. (Capítulo XXV)


Un País Insólito: VN-Z.L.A.
Novela inédita escrita por Alfredo E. Mambié F. ©2017

(Manuscrito Final)


Código de registro: 1801315637436 (Safe Creative)

Nota Importante: Los personajes y situaciones descritas en esta obra literaria merecen ser respetadas y ser consideradas propiedad intelectual de su creador. Sí desean difundirla, respaldarla o referirla de cualquier manera, incluso brindarle apoyo económico, promocional o editorial, el autor en persona se los sabrá agradecer.  amambie@gmail.com 

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VE-24-02-2167

Domingo Domínguez era el jefe encargado en la sala de transmisión. Todos ahí lo conocían simplemente como el Director. Llevaba más de la mitad de su vida desempeñándose como cabeza máxima de las transmisiones del Canal Televisivo Cultural (CTC). Sentía una obsesión hacia su trabajo, era un adicto a sus funciones y al ritmo frenético de aquella ultramoderna estación, tecnológicamente equipada con los más vanguardistas equipos de transmisión satelital y edición instantánea. Era una actividad retadora y estimulante, la cual disfrutaba al máximo, dado a que comenzó desde muy joven como pasante del canal, mientras estudiaba Comunicación Social, demostrando con tesón y buenos resultados, que había nacido para desempeñarse en esa profesión. Domínguez era además, un hombre con carisma y personalidad extrovertida, específicamente poderosa y apropiada para inspirar a sus colegas y llevar un positivo liderazgo ante todo el personal a su mando. 

El Director le había tomado aprecio a Beto Valdez por recordarle un poco a él cuando se iniciaba. Esa aptitud confiada y autosuficiente, esa imprudencia natural, la juventud bien administrada, un magnetismo físico unido a una mente ágil y despierta. Pero desde ayer supo que ese aprecio ahora pasaba a ser algo más. Sintió aquel familiar sentimiento paternal; aunque Domingo Domínguez no tenía hijos, pudo reconocer esa sensación con claridad, el mismo amparo que por muchos años su propio padre le mostró a él mientras vivía. Estaba preocupado por “Chico Tico”, ciertamente. Y consideraba que el muchacho había llegado muy lejos en el caso de la Hermandad de la Serpiente. Pero al mismo tiempo, admiraba profundamente su valentía. En el ámbito periodístico era una virtud atreverse, ser temerario. Era genial sentir la adrenalina activa en nuestros cuerpos, dándonos una respuesta física potente de forma casi instantánea, otorgándonos mayor fuerza y velocidad, disminuyéndonos incluso la capacidad de sentir dolor. Pero también sabía que exponía al muchacho, incluso a sí mismo, a un gran riesgo de muerte. Debía encontrar la manera adecuada de resguardarlo, pero también anhelaba que lograse revelar a tiempo los detalles de aquella operación clandestina y así, obtener la primicia. 

La comunicación neurobioauditiva funcionó como efectivo recurso de espionaje. Los centuriones supusieron que al destruir la cámara de video, el reportero no tendría comunicación con el canal. Más no fue así. Domínguez pudo incluso, grabar importante evidencia en audio acerca de las operaciones de “Serpiente” en el Nuevo Helicoide. Los centuriones a pesar de su parco carácter, lograron responder a las preguntas claves que “Chico Tico” les formuló oportunamente durante su obligada estadía. El Director se debatía entre apoyar al muchacho a salir de esa situación o utilizarlo hasta conseguir sus fines. Su vinculación directa con esa organización criminal le facilitaba las cosas al muchacho, aunque ser empleado del canal supondría un riesgo importante. 

Por tal motivo, el Director pidió reunirse con el presidente del canal, Don Darío Cárdenas, y así sopesar los pros y los contras. La secretaria personal del alto ejecutivo atendió su solicitud y unos minutos después, Domínguez y Cárdenas quedaron frente a frente en videoconferencia, justo cuando finalizaba otra conversación. 

—…Sí, sí, no te preocupes Alcántara, estaré atento. Cualquier cosa, te informaré. Bien, buenas tardes. A ver, cuéntame Domínguez. 

—Don Darío, gracias por su tiempo, seré breve. Tengo importante información recopilada sobre una exclusiva, y quisiera pedirle su opinión al respecto. Investigo sobre las operaciones encubiertas de Randy Carrasquel. 

—¡Ja! Te conozco viejo zorro. Debes estar muy cerca de algo muy bueno como para que me vengas a consultar. Sí mataste ya al tigre, ¿no vendrás a temerle al cuero? ¿O me equivoco?... 

—No, en lo absoluto. Son muchos ya los años tratándonos. Hemos enfrentado juntos muchas duras batallas, celebrado muchas victorias y aceptado algunas derrotas, Don Darío, pero siempre nos hemos fortalecido en todo ese tiempo. Y siempre gracias a sus consejos y gran apoyo. 

—Si no te conociera, diría que exageras. Pero no dejas de tener razón, Domínguez. Nos hemos fortalecido, es verdad. Somos uno de los grupos de telecomunicaciones más fuertes de Hispanoamérica. Cada día competimos ferozmente con las transnacionales, fundamentalmente, gracias a nuestros contenidos innovadores que surgen de investigaciones o propuestas como esas. 

—Y a su alta calidad, además. 

—Sí, fundamental. Retomando el tema. ¿Ya está firmado el contrato de confidencialidad con tu informante y el canal, lo tenemos de nuestro lado, verdad?... 

— Sí, Don Darío. Casualmente, es uno de nuestros nuevos reporteros recién asignado por Recursos Humanos. 

—Siendo así, todas nuestras cláusulas legales de contratación aplican automáticamente. Bien. 

—Entonces, nos jugamos la carta decisiva y abandonamos dudas y vacilaciones, ¿no señor?... 

—En lo que a mí concierne, sí. Sólo una cosa; por curiosidad, ¿quién es el valiente guerrero?... 

—Roberto Valdez, señor. Ha estado revelándome información sobre un lugar clandestino en donde operan empleados de Randy Carrasquel, al parecer un laboratorio o planta de procesamiento, está en esas indagaciones. 

—¿Roberto Valdez, es tu fuente? El novato… Sí, ayer lo vi un tanto desenvuelto reportando desde el desfile, no aparenta tener esas agallas. 

—Eeeh…Sí, él mismo es. El muchacho lleva muy poco tiempo con nosotros, pero ha dado la talla. ¡Tiene potencial para lograr ser un buen presentador! 

—Sí lo refieres así, debe serlo. Pero hay algo sobre ese muchacho que estamos obviando. Creo que debo explicarte de qué se trata. Ven por favor a mi oficina, Domínguez. —Don Darío desapareció de la visual, quedando nuevamente su secretaria concentrada en sus labores. Al percatarse, la ejecutiva le sonrió brevemente al Director, y éste, levantándose de su poltrona, le expresó cortés: —¡Gracias, Raquel, voy para allá ahora! —desconectando la videollamada. 
—Quedas al mando, cariño. Vuelvo en seguida. —El Director se desplazó por el amplio pasillo circular con amplios ventanales, dejando a la estupenda consola inteligente en modo operativo automático. 

—¡Adelante, Domínguez, por favor siéntate! ¿Te apetece tomar algo? 

—Un café estaría bien. Marrón claro, por favor. —Una máquina dispensadora inteligente procesó el pedido del Director, y en pocos segundos, sobre una bandeja móvil, una taza de excelente café venezolano recién colado, se desplazaba justo hasta su lado. 

—La azúcar es a tu gusto. Mira, para que entres en calor. El Gobierno Nacional y el Departamento de Seguridad del Estado, me pidieron prestarle toda nuestra colaboración sobre una situación altamente inusual. Tienen una lista de nombres, la cual incluye el de este muchacho. Me pidieron darle cualquier información sobre ese reportero, justo antes de que habláramos. Y no solo eso, insisten en que colaboremos totalmente con ellos, ya que está envuelto en un incidente de gran magnitud, del cual no me pueden dar mayores detalles. Ahora, ¿sabías que éste empleado nuestro está vinculado con la Hermandad de la Serpiente?... 

—Me disponía a verificar sus antecedentes, pero sí, lo sabía. Aparentemente lo han reclutado. Entre las cosas que he podido descubrir de Carrasquel, está el método vil que utiliza para incorporar a sus partidarios. Les otorga dosis gratuitas de sus drogas y luego que se hacen adictos, los manipula para sus fines. 

—Aguarda. Valdez es miembro de la Hermandad ¿y tú has coordinado una exclusiva con él?... 

—Sí, Don Darío, así es. Extraoficialmente. 

—¡Fenomenal! ¡Te expones bastante, pero es jodidamente genial! 

—Estoy convencido que sería una grandiosa primicia. Roberto Valdez tal vez sea el peón que tengamos que sacrificar para llegar al rey, en todo caso. Pero sí él no es consciente que lo estamos utilizando, podremos mantenerlo al margen. 

—¿Quieres decir que él no sabe que es nuestro informante?... 

—No. Y no deseo que lo sepa por ahora. Ayer hubo una falla con una de nuestras cámaras para exteriores, pero me he mantenido en contacto permanente con Valdez a través de su enlace auditivo NBN. —El Director prefirió no revelarle a Don Darío la amenaza hecha por los hombres de “Serpiente”, para darse en ventaja ante ellos. 

—Hay información clasificada que está vinculada con la presencia de ese muchacho Roberto, en ese mismo lugar secreto, o lo que surja de ahí. Así que es prioritario que a partir de ahora me reportes toda información que obtengas de él. Soy de la opinión que de alguna manera podemos sacarle un sustancioso partido a lo que vaya ocurriendo. Incluso, lo que ya has recopilado también.¿Entendido? Eso sí, toda esa información que manejaremos, deberás intercambiarla y discutirla únicamente conmigo, en persona. 

El Director asintió y pidió a la consola extraer los audios inmediatamente.


A solas, Don Darío activó remarcado automático al sistema de comunicación personal y Alcántara, el vocero del gobierno, apareció en la visual. 

—Ya ubiqué al muchacho. Efectivamente, trabaja para nosotros. 

—¡Benita TT tenía razón, entonces!

—Sorprendentemente, sí. Le estoy enviando los datos para su verificación. 

—Roberto Valdez debe llevarnos con los conspiradores de un supuesto atentado terrorista. Tenemos apenas cinco días para intentar detenerlo. ¿Comprende la gravedad de esta situación, Don Darío?... 

—Completamente. Conozco personalmente a Benita T.T. Por lo que doy fe que su teoría apunta correctamente. En el actual escenario, trabajar en equipo resulta fundamental. Sabemos que Carrasquel y su organización busca siempre mantenerse al margen de los medios. Por lo tanto, lograremos monitorear sus operaciones de forma indirecta, sin dejar rastros. 

—Le estamos dando un gran voto de confianza, Don Darío. Usted lo sabe. 

—Sí. Y estaré cumpliendo mi palabra a cambio de tener la exclusiva. 

—Sí logramos evitar semejante catástrofe, la tendrá, créame. 

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