Un País Insólito: VN-Z.L.A.
Novela inédita escrita por Alfredo E. Mambié F. ©2017
(Manuscrito Final)
Código de registro: 1801315637436 (Safe Creative)
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VE-23-02-2167
Una poderosa cámara teledirigida, similar al drone M2000, iba filmando a los dos centuriones que escoltaban a Beto Valdez, a través de un intrincado pasillo en descenso. Él apenas tuvo tiempo de percatarse por dónde habían entrado, ya no era común ni necesario, dentro de las instalaciones del Metro, tener que ingresar en túneles o viajar bajo tierra. Todas las estaciones subterráneas del sistema habían sido abandonadas hacía ya varias décadas. Los tres hombres se desplazaban por algo similar a un gigantesco espiral bajo tierra. Aquel monumental helicoide era moderado y discreto en la superficie, pero a medida que los tres hombres fueron descendiéndolo, todos sus espacios se fueron ensanchando progresivamente. Beto escuchaba con total claridad el conteo del Director del programa en su oído. «Nivel 3. ¡Esto es impresionante Beto!». En realidad lo era. Tenían sobre ellos una permanente claraboya por donde se distinguían el cielo y las nubes, coloreados de vez en cuando por fuegos artificiales, papelillos o estelas de humo de los drones que desfilaban en la superficie. Las paredes y techo de cada nivel eran un espeso revoltijo de gruesas raíces arbóreas, gigantescas plantas exóticas y abundante vegetación selvática, entremezcladas entre los recovecos de abandonados andenes, pasillos y escaleras, tanto fijas como mecánicas, que antaño formaban viejas y antiguas edificaciones. Ya no era posible reconocer colores o diseño de las baldosas o si las paredes eran columnas de concreto o gigantescos árboles; todos aquellos espacios eran ahora una asombrosa caverna en espiral, en donde se refugiaban infinidad de secretos atrapados en el tiempo, o esa era la sensación que se experimentaba al penetrarla.
La alegre música y la algarabía del carnaval se fueron progresivamente atenuando. Cada nivel que iban descendiendo les llevó a desconectarse sin querer con la realidad y entrar en otra, totalmente diferente. Una atmósfera surrealista flotaba en aquellos espacios subterráneos, cuyos destellos de luz eran incluso distintos, seducían por no dejarte claro qué clase de fuente los producía. Parecía increíble pero el aire circulaba con plena libertad, refrescando en todo momento, sin ser ni demasiado fuerte ni tampoco imperceptible. Y entre las espesas sombras iban apareciendo poco a poco grupos de personas, de distintas edades, abstraídas en una faena que en cierto momento no se lograba entender.
—¿Aquí están tramando alguna movida extraña, o son ideas mías?...
—No, no lo son. Estas personas están efectivamente en algo sospechoso y es por eso que decidimos que nos acompañara, señor reportero. —El centurión de penacho escarlata lo expresó con total solemnidad, mirándolo directamente a los ojos. «¡Qué la cámara haga close up a esa expresión, rápido…!». Beto escuchó la instrucción del Director al tiempo que éste le hablaba a continuación: «Beto, muchacho, indaga qué demonios están haciendo esas personas ahí. Eso sí, recuerda llevar las cosas con tacto y sin perder el tono de reality show…¡Vamos al aire!».
El muchacho captó al instante la instrucción, y dejándose llevar por la improvisación periodística, inició su siguiente pase ante la cámara. Los centuriones estaban justo a ambos lados de él cuando empezó a hablar.
—¡Y acá estamos de nuevo, querida audiencia! Hemos buscado sorprenderlos con esta parte del programa, para relatarles una muy interesante etapa de nuestra historia contemporánea, precisamente, desde una de las viejas instalaciones del antiguo sistema de transporte capitalino… —Detrás de “Chico Tico” se lograba contemplar el singular espacio en donde él y los dos centuriones se encontraban, a excepción de no verse ni captarse actividad humana, o distinguirse los destellos luminosos que antes de iniciar la transmisión el Director y Beto Valdez habían visto.
El muchacho escuchó al Director decirle apremiante: «¡Carajo! ¡No menciones nada sobre las personas que estaban ahí trabajando!…». Inmediatamente, Beto Valdez volteó unos instantes por acto reflejo, comprobando la advertencia que le acababa de dar su jefe.
—…Años atrás, muchísimos ciudadanos utilizaron por varias décadas aquel primer sistema de transporte público, el cual, a pesar de los grandes esfuerzos por expandirlo y modernizarlo, quedó corto e insuficiente para responder a la gran demanda que nuestra población requería. Luego de aquellos catastróficos sucesos naturales, la restructuración de nuestra sociedad moderna dio inicio hacia una nueva era, la cual nos permitió contar con los avances tecnológicos necesarios para la implementación de nuestro eficiente sistema electromagnético nacional. ¡Trenes y vías ultra modernas que conectan a nuestra población, a todo lo ancho y largo de nuestro país! Pero, se han preguntado, ¿en qué quedó convertido ahora nuestro primer sistema Metro?...
En pantalla comenzaron a mostrar un dinámico collage con las primeras imágenes cristalinas que había registrado la cámara, justo al momento que los dos centuriones y Beto Valdez habían iniciado su recorrido. La edición le daba un asombroso aspecto, la postproducción dramatizaba las tonalidades, sonidos y efectos digitales, generando un admirable impacto audiovisual. «¡Bien, Beto, bien! Continúa…».
—Las propias fuerzas de la naturaleza propulsaron su poder hacia estos antiguos espacios subterráneos. Si bien el 90% del sistema Metro funcionaba bajo tierra, también contaba con una minoría de estaciones, cuyos trenes se desplazaban por la superficie. Pero el gran deslave las sepultó hasta lo más profundo. Tanto fue el efecto devastador, que justo estamos en la estación Nuevo Helicoide, ubicada en Roca Tarpeya, unas de las últimas en haberse construido, específicamente en el nivel avenida. Aquí estaba la antigua entrada a esa estación, y ahora corresponde al nivel séptimo, ¡el más profundo de esta fascinante caverna natural en donde ahora transmitimos!... —Las imágenes televisivas mostraban el proceso de transformación entre la antigua estructura, con forma de pirámide de tres lados inaugurada en el año 1961.*
(*) La edificación conocida como Helicoide, había sido construida sobre una amplia colina con la intención utópica de llegar a ser un centro comercial y exposición de industrias, un hotel 5 estrellas, un parque, un club de propietarios, y en su séptimo nivel, un palacio de espectáculos, que incluiría un servicio de aerotaxis en su terraza. A partir de 1998, llegarían únicamente a establecerse parcialmente algunos organismos de seguridad del Estado, y en un tiempo posterior, también funcionaría la sede de la Universidad Nacional Experimental de La Seguridad (UNES). N del A.
—…Varios años después, Nuevo Helicoide y todos sus espacios fueron remodelados, transformándolos en una moderna estación del Metro de Caracas, la cual dejaría de estar operativa y abandonada al quedar sepultada bajo tierra cuando el gran cataclismo global se produjo, ¡dando paso a este inmenso, original y fabuloso parque ornamental con jardines colgantes!
«¡Perfecto, Beto! ¡Bien hecho! Vamos a un corte» —expresó el Director, pausando la transmisión en vivo. La luz roja de la cámara voladora se apagó; el equipo automáticamente se desplazó en un instante a un espacio seguro a reposar, quedando inactivo.
Beto quedó satisfecho con lo expresado. Con cada nueva aparición ante las cámaras iba ganado mayor seguridad y confianza. Se le daba muy bien improvisar. Los dos centuriones continuaban a su lado, firmes, sin demostrar en ningún momento decaimiento, aburrimiento o inquietud. «¡Estos dos tipos sí que se han tomado en serio sus papeles!», reconoció el joven reportero. Sin embargo, por extraño que pareciese, aquellos dos sujetos con su fría presencia daban la plena sensación que se estuvieran cerciorando de algo que “Chico Tico” captaba con imprecisión. El Director lo había autorizado y alentado vía remota a que él hiciese aquel reportaje, y en el último momento le cambió la seña. ¿Por qué?...
—Díganme algo, ¿las personas que aparentemente trabajaban en estos espacios poseen alguna condición en particular, algún camuflaje o protección como para que las llegáramos a ver al llegar y al filmarlas con la cámara, desaparecieran, se esfumaran así no más?...
—Debíamos cerciorarnos en directo, porque esa fue nuestra instrucción a seguir: confirmar que la operación clandestina que se realiza aquí, sea tan segura y confiable como para evitarnos que la mismísima prensa nos detecte. Logramos comprobar que efectivamente es así.
—¿La prensa? ¿Y acaso la policía no les preocupa?...—Una mirada gélida y espesa fue la única respuesta de ambos centuriones. Una pausa de silencio bastante incómodo flotó por momentos entre ellos. El legionario, que llevaba la capa, meditó unos instantes y expresó lo siguiente:
—Nos ordenaron utilizarlos a ambos para nuestra prueba. En estos espacios hemos logrado implementar un oportuno sistema de seguridad para mantenernos tranquilos en la clandestinidad. ¡Y comprobar que positivamente funciona!
—¡Ya lo creo que sí! Pero, ustedes han permitido que el Director fuera testigo de este secreto. Él podría revelarlo más adelante, ¿no creen?...
—No. La prueba era que, estando transmitiendo en vivo, se viera tentado a hacerlo. Supo efectivamente hacer lo correcto.
—Y yo también, ¿no?...
—Indudablemente. Eras pieza clave en todo esto. Y pasaste la prueba, “Chico Tico”.
—¿Cómo coño conoce mi apodo?... Sólo me llaman así mis panas o mi familia…— Sin querer fue más rudo de lo que pretendía con aquellos hombres.
—Porque nosotros sabemos quién eres. —Le contestó esta vez el centurión con la armadura escamosa. Al momento, el mismo hombre soltó el escudo al suelo y avanzó con un trote enérgico hacia la cámara de televisión aérea que se encontraba estática a pocos metros de ellos, esgrimiendo con potencia su lanza hacia ella. La estocada fue colosal y certera. La atravesó con brutalidad, destrozándola contra una de las gruesas raíces que estaban detrás. Luego sacudió los pedazos al piso, liberando la afilada punta. “Chico Tico” sintió un desagradable e intenso pitido en sus oídos. Buscó taparse bruscamente las orejas con las manos instintivamente. Ese acto reflejo hizo que su visor NBN, unos lentes indispensables para conectarse a la Neurobionet, cayeran precipitadamente al suelo.
—No más cámaras, ni transmisiones en directo. —Beto Valdez quedó boquiabierto. El molesto pitido lo mantenía aturdido y mareado. El fornido gladiador había aplastado con su grueso talón los lentes NBN, destripándolos, luego recogió del piso su escudo y dirigiéndolo hacia el muchacho, activó un sensor táctil en su empuñadura. El águila dorada sobre fondo escarlata se trasformó miméticamente en el llamativo tatuaje que el muchacho llevaba en uno de sus brazos, una poderosa serpiente perlada de tres cabezas, cuyas lenguas estaban sujetas por seis hombres con los ojos vendados. Aquel mismo símbolo había aparecido en ambos escudos ante los ojos del Director, cuando iniciaron la transmisión en vivo. Esa clara doble señal lo persuadió de inmediato, representaba a la más temible organización criminal liderada por el todopoderoso Randy Carrasquel, alias “Serpiente”. Y sintió miedo. Sabía muy bien de lo que era capaz. Sus colegas del canal y relacionados en el medio ya habían sido advertidos, cuando pretendieron apoyar las investigaciones en su contra. Aun así, el Director confirmó que la conexión auditiva seguía parcialmente activa, supo que Beto Valdez seguía transmitiendo de forma clara y fuerte desde la conexión NBN que había estado enlazada con la cámara e implantada en su oído derecho, justo en su nervio auditivo. Se podía apreciar un monótono chasquido de metal contra metal, «la armadura escamosa del legionario con la cicatriz en la ceja, el que mostró esa expresión tan sombría», reconoció el Director cuando ordenó enfocar su rostro tosco y facciones asesinas al inicio de la transmisión.
—Desde ahora, “Chico Tico”, ya no tendrás más funciones ante las cámaras. La Hermandad te necesita a tiempo completo en sus negocios. ¡Camina! —Con el mismo pesado escudo lo empujó sin más hacia los difusos destellos. Las extrañas personas laborando entre las sombras de aquel lugar insólito, volvieron repentinamente a aparecer ante sus ojos.

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