Un País Insólito: VN-Z.L.A.
Novela inédita escrita por Alfredo E. Mambié F. ©2017
(Manuscrito Final)
Código de registro: 1801315637436 (Safe Creative)
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VE-22-02-2167
Ese domingo amaneció sorpresivamente frío y lluvioso. GG Navas llevaba varios días tras el paradero de Viki, la prepago. Ninguna persona del hotel Puente Principal, le había logrado informar nada al respecto. Inmerso en esas visiones funestas, “Guille” pudo también reconocer estar en total limerencia; aquella chica y su particular encanto, lo tenían trastornado, obsesionado, en un estado mental involuntario de enamoramiento. No era para menos, Viki, además de ser físicamente perfecta, poseía un encanto etéreo e inefable. Así que más que darse por vencido, GG Navas estaba totalmente dispuesto a proseguir con su búsqueda, aunque tuviese que infringir algunas reglas, momentáneamente.
Caminaba absorto en sus pensamientos, envuelto en un impermeable acolchado color naranja con capucha, tenía aspecto de esquimal. Cuando cayó en cuenta, la operadora de la NBN le notificó por voz tener cinco llamadas en espera. Apretó el lateral de sus lentes y surgió una mini pantalla que mostraba cuatro rostros en alta definición y un signo de interrogación en 3D, todos ellos girando sobre sí mismos. Coincidencialmente, tres de ellos eran sus hijos mayores. «¿Acaso se pusieron de acuerdo?...», pensó someramente divertido. La otra llamada era su esposa actual, madre de sus dos hijos menores, quien buscaba siempre mantenerlo al corriente de los sucesos cotidianos, e impepinablemente, lo hacía en circunstancias donde “Guille” a veces se encontraba menos dispuesto. La quinta llamada era un número desconocido que al cuarto repique se activó automáticamente, dejando a “Guille” imposibilitado de rechazarla.
—Señor Navas, buenas tardes. Necesitamos se dirija urgentemente al edificio del Centro Médico Integral. Tenemos una fuerte fuga de agua en el área que se está remodelando. La lluvia ha penetrado en una parte de la terraza y descendió por las escaleras de servicio al nivel inferior del piso 154. Dado los daños, creemos que esto requiere su pronta atención.
—Eeeh… ¡Claro! ¡Inmediatamente, señora Valeria! «¡Vaya! ¿Qué cosas, no? Justo en este momento?», rumió para sus adentros.
— Permítame recoger mis herramientas y estaré ahí lo más pronto posible; no se preocupe.
—¡Muchas gracias, señor Navas! Usted ya conoce el acceso, le esperamos. —La recepcionista colgó entrando la llamada en espera de Karina, su esposa.
—Amor, ¿qué pasa que no me atiendes?... ¿Qué puede ser más importante que nosotros, ah?...
—Nada, nena, nada. Tú y los niños son siempre lo primero. Pero ha surgido una emergencia de trabajo justo ahora. Debo desplazarme hasta el Centro Médico. ¿Camila y Gabriel cómo están?...
—¡Aaah! ¡Preciosos, ambos! Ya comieron. Salimos a disfrutar del carnaval y me los traje bien abrigados, el pronóstico del tiempo indicaba mal clima hasta las 10 y 54, pero no ha parado de llover desde esta mañana, y preferí volver. ¡Es increíble! Con tan buen clima que hacía ayer.
—Por esto de la lluvia precisamente, parece que se ha producido una inundación en una de las obras en la que arrancamos, frente al edificio de la C.I.P. Retiro el equipo y al salir de eso, voy para la casa, amor.
—Bueno, cielo. Te esperamos. ¡Te amo mucho! —Karina le lanzó un beso y cortó. Cuando “Guille” buscó atender a sus hijos mayores, ya no estaban disponibles. Pudo al menos ver unos ocurrentes videos mensajes. Cada chico le había querido mostrar sus disfraces. Era tradición familiar compartir ese momento entre padre e hijos. Los tres muchachos, Miguel, Héctor y Quique crecieron disfrutando poner a prueba la habilidad de “Guille” en saber quién era quien. Ellos se esmeraban en lograr ocultar sus identidades. Sus personajes virtuales eran cada año un nuevo desafío. Ya no sólo se veían en las películas artistas que ya habían muerto o que nunca envejecían, los ciudadanos comunes lograban también tales maravillas, unas asombrosas transformaciones visuales que complementaban los efectos digitales, mejorando el acabado de los disfraces. Por lo tanto, era un verdadero reto reconocer cuál de sus hijos era el capitán pirata con cara híbrida de calamar con calavera, llevando pañoleta en la frente y faja carmesí, típicas de un bucanero, sin faltarle detalles al recrearse junto a toda una tripulación desaliñada y a un cuantioso botín recién obtenido en alta mar, o el arrugado anciano con mirada vivaz y rostro sereno, profusamente pintado de rojo, blanco y negro, luciendo un vistoso penacho hecho con plumas multicolores, cayéndole por su espalda como una gran capa ceremonial, dándole apariencia de sabio chamán quien inicia un acto ceremonial en la profunda selva Amazónica, o el chimpancé inteligente de ojos redondos y profundos, con aspecto amenazador por su gran tamaño y musculatura, vestido con rudimentarias prendas de cuero, quien, balanceándose con fiereza, repetía con energía: —¡Simios unidos ser fuertes!— Y tras de él muchos otros le coreaban, como si de un líder mono se tratase, alzando todos sus velludos brazos con tosquedad y energía.
«El más callado es Héctor, él debe ser el viejo chamán, y Miguelito siempre goza haciendo alboroto, él debe ser el simio guerrillero; por lo tanto el pirata fantasma es Quique». “Guille” formulaba su hipótesis mentalmente, mientras iba caminando rumbo al edificio del Centro Médico Integral. La lluvia caía espesa sobre la ciudad capital, y el viento la esparcía en ráfagas ondulantes. El agua se desplazaba a sus anchas, fluía generosa sobre la abundante vegetación circundante, traslúcida y pura. El sistema de drenaje inteligente de la Gran Caracas, permitía un control y aprovechamiento completo del vital líquido, evitando además cualquier tipo de inundación o caos por alcantarillados inadecuados o colapsados por toneladas de basura. El trabajo de GG Navas estaba muy vinculado a este tipo de soluciones urbanísticas revolucionarias. Él se sentía muy orgulloso de formar parte de ese grandísimo logro. Cuando fue estudiante pudo apreciar los graves inconvenientes que sufrieron en el pasado centenares de personas, precisamente, por la inexistencia de estos procedimientos. Sofisticados y eficientes sistemas de tuberías, bombas y tanques de almacenamiento computarizados subterráneos y aéreos, permitían semejante maravilla.
“Guille” casualmente, no se encontraba tan distante de la sede del Centro Médico. Una idea que podría agilizar el tiempo en tener a mano su equipo de trabajo, le llegó de improviso. Solicitó a través de la NBN, un diagrama de vuelo desde su oficina hasta el Centro Médico. El planograma incluía el estimado de tiempo al volar en esas condiciones actuales. El M2000 era el primer drone en contar con un soporte de cardán ideal para tareas tales como inspeccionar puentes, torres y otras estructuras. Y estaba fabricado para poder volar bajo fuerte lluvia, incluso nieve. El sofisticado aparato se encontraba disponible para la maniobra, así que “Guille” reprogramó sus anteojos especiales para pilotearlo. El trayecto le tomaría al aparato diez minutos. “Guille” abordó el Metro en la estación Capitolio contemplando desplazarse hasta Bellas Artes para encontrarse con el M2000 en el lugar del incidente. Algunos sucesos en el área de la construcción generalmente se debían a descuidos humanos, casi siempre sin mayores trascendencias; pero que un torrente de agua penetrase un área no resguardada de un edificio como ese, podía traducirse en una delicada calamidad. Los lentes especiales de “Guille” permitían no solo maniobrar el aparato, sino también supervisar y crear un informe instantáneo de daños, logrando así plantear la mejor solución para que el propio drone la ejecutase al momento.
Los días de lluvia eran todo un espectáculo, las telas con que se confeccionaba la ropa y prendas de vestir comunes, poseían una perfeccionada nanotecnología en sus fibras, que repelía el agua de manera instantánea, incluso cualquier otro líquido, sin importar la cantidad. Las personas para salir no necesitaban paraguas, sino poseer una prenda con capucha. Cuando las tocabas luego, estaban completamente secas, sin rastro alguno de humedad. “Guille” salió de la estación Bellas Artes, por el acceso aéreo que lo conectaba directamente hacia la zona de San Bernardino. En menos de un minuto terminó de divisar lo ocurrido en la azotea del Centro Médico, recibiendo el reporte electrónico del M2000. «Una vez más, una sola máquina resuelve ella misma lo que antes era trabajo de varios obreros» dijo para sus adentros. A pesar de la lluvia, el aparato sobrevoló el trayecto con gran rapidez. Algunas novelas de siglos pasados, habían descrito esa posibilidad: las máquinas superando al hombre en su desempeño; y en verdad lograron serlo, pero no para someterlo, sino para ayudarlo a crear un mundo mejor. El drone M2000 se dispuso a reparar el área de la fuga y en breve tiempo quedó lista, guiado por las instrucciones de “Guille”. Sus cámaras de alta definición permitían visualizar todos los ángulos y superficies, y sus sofisticados sensores lograban soldar y reparar las estructuras fabricadas en fibra de carbono, material con el cual se construían los proyectos arquitectónicos de mayor envergadura. Poseía baja densidad y una muy elevada resistencia mecánica, llegando a ser hasta diez veces más resistente a la tracción que el acero, contaba con una gran capacidad de aislamiento térmico, así como una baja conductividad térmica, haciéndolo muy resistente a las variaciones de temperatura. Ingenios robóticos similares al operado por “Guille” también formaban parte del complejo proceso de fabricación de paneles, vigas, muros y soportes de fibra de carbono, todos utilizados en la construcción industrializada modular. Su producción había dejado de ser una técnica costosa, dados los grandes avances tecnológicos en su elaboración. Las nuevas edificaciones eran inmejorables, soberbias, espectaculares.
Un breve destello golpeó la retina de “Guille”, la imagen de Viki pasó por el frente de una de las cámaras del M2000 al momento que el ingenio volador repasaba el perímetro de la azotea reparada, captando uno de los pisos del edificio del C.I.P., el cual quedaba justo al frente del Centro Médico Integral. El contraste de luz entre las paredes de cristal, a pesar de la lluvia, permitía distinguir las siluetas de las personas desde el exterior, y dado que en aquel instante el drone llevaba activada su “visión nocturna”, a “Guille” le fue posible apreciarla por unos segundos. Sin perder la calma, le ordenó al aparato volver a repetir aquella última secuencia de vuelo y esta vez cuadro a cuadro. El sofisticado sistema del M2000 obedeció en seguida, enviándole los datos a sus lentes de operador.
Un breve destello golpeó la retina de “Guille”, la imagen de Viki pasó por el frente de una de las cámaras del M2000 al momento que el ingenio volador repasaba el perímetro de la azotea reparada, captando uno de los pisos del edificio del C.I.P., el cual quedaba justo al frente del Centro Médico Integral. El contraste de luz entre las paredes de cristal, a pesar de la lluvia, permitía distinguir las siluetas de las personas desde el exterior, y dado que en aquel instante el drone llevaba activada su “visión nocturna”, a “Guille” le fue posible apreciarla por unos segundos. Sin perder la calma, le ordenó al aparato volver a repetir aquella última secuencia de vuelo y esta vez cuadro a cuadro. El sofisticado sistema del M2000 obedeció en seguida, enviándole los datos a sus lentes de operador.
—¡Congela y amplía ésta imagen, ahora!
Ahí estaba ella, la hermosa e inolvidable prepago, Viki. Qué hacía en ese edificio no le incumbía; parecía formar parte de alguna reunión o algo parecido. Sintió un grandísimo alivio. No estaba muerta. Él necesitaba hablarle y buscar de algún modo volver a tenerla cerca para explicarle aquellas terribles visiones. Seguro no le creería, pero sin dudas, iba necesitar intentarlo. Súbitamente dejó de llover.


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