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Un País Insólito: VN-Z.L.A. (Capítulo XXII)


Un País Insólito: VN-Z.L.A.
Novela inédita escrita por Alfredo E. Mambié F. ©2017

(Manuscrito Final)


Código de registro: 1801315637436 (Safe Creative)

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VE-21-02-2167




No es la especie más fuerte la que sobrevive, ni la más inteligente,
 sino la que mejor responde al cambio.

Charles Darwin 



Catalina, Princesa, Chiquitín, Duque y Danko eran los cinco obedientes perros de Benita T.T. Eran menudos, primorosos, adorables, pero ridículamente pequeños. A pesar de haber alcanzado la edad adulta, los cinco canes parecían casi de juguete. Cualquier otro cachorro podría lucir absurdamente grotesco en comparación a estos. Pero esa diferencia derivaba en ser la última raza de perros criada artificialmente para adaptarse armónicamente a espacios reducidos. Eran llamados nanocanes. Cada nanocan convivía en total armonía y manifestaban siempre un genuino afecto incondicional hacia sus dueños. La gran ventaja era su bajo consumo y mantenimiento. Adoraba tenerlos, especialmente porque ella y todo su entorno era minúsculo, como sus cinco nanomascotas. Benita T.T. era de las que conversaba con ellos ávidamente, convencida de que todos comprendían sus historias. Y el gesto vivaz de sus rostros la convencía de que efectivamente así era. 

—Cada reporte que me ha enviado el compañero Alcántara, nos lleva a perseguir la pista y antecedentes de estos otros involucrados, que según tengo entendido, no se encuentran acompañando al androide informante, la tal AFRI-K. Y ya hoy es 21. Lo que quiere decir, que apenas quedarían solo nueve días para conocer todos los detalles. En teoría. ¿Será posible adelantarnos a resolver estos misterios o nos convendrá participar como simples espectadores?... —Benita alzó la vista, como esperando escuchar la respuesta a su pregunta. Chiquitín, Princesa y Danko estaban bien acomodados dentro de las pantuflas de Benita T.T., asomando sus diminutas cabezas con expresión acongojada, emitiendo un suspiro profundo, parecido a una inflexión en donde pesa la emocionalidad. Mientras que Duque y Catalina se lanzaban entre sí unos enérgicos y por demás graciosos bufidos, que dejaban ver que ellos dos diferían totalmente con la opinión de los otros tres. Benita interpretó pues que la opinión estaba dividida entre sesenta y cuarenta por ciento. Así que optó por adelantarse a los sucesos e intentar tomar acciones desde ya. Y con esto no quería decir que ella dejara la responsabilidad de sus decisiones en las señales de sus mascotas, aquello era simplemente un modo de mantener activa la participación y el consenso colectivo; eso le hacía sentirse bien internamente, apegada a sus principios. 

Los reportes diarios de AFRI-K estaban siendo evaluados como el único material tangible para sustentar las circunstancias de tal portentosa desaparición. Veintiún reportes, cuyo contenido generaba una peculiar trama de sucesos fascinantes. Benita pensó que la palabra clave era señales. Posiblemente esas respuestas que tan ansiosamente esperaban, estaban ante sus ojos desde el principio, y ellos erróneamente seguían enfrascados en esperar una explicación definitiva. La profunda investigación que Benita realizó sobre las facultades tecnológicas de AFRI-K le permitió reforzar su teoría. Cada reporte diario conectaba a una dimensión con otra, pero únicamente a través de esos datos, que a pesar de miles de intentos, no lograban detectar su procedencia, ningún rastro, nada. Era increíble, insólito. El gobierno tampoco había logrado una sola respuesta de AFRI-K, había desaparecido inexplicablemente la conexión a sus sistemas. Era nulo cualquier intercambio informativo o interactivo con ella. Por tales razones, Benita T.T. fue incluida como investigadora clave de este caso. Ella era conocida por sus facultades y habilidades; era tenaz, inteligente y con un sentido especial para captar e interpretar sutiles señales. Y también para tomar acciones con prontitud y exactitud asombrosas. Ella, y aquel androide agonizante, tenían mucho en común, concluyó, y eso le animaba a pensar con rapidez y planear una estrategia. Sintió el convencimiento que le sería posible unir todas las piezas y armar aquel disparatado rompecabezas. 

Afuera, la tarde coqueteaba como un colibrí a la flor. Desde su balcón, Benita contemplaba un grato fragmento de atardecer, respiró aquel aire fresco y sintió que vivir entre aquellas montañas era envidiable, todo un privilegio. El intenso mar Caribe a lo lejos completaba la infinita belleza de esa zona residencial. En 1999*, un brutal deslave había incomunicado por varias semanas a los antiguos habitantes de ese lugar. (*El primer desastre natural que se tiene registro en Venezuela data de 1951, y aunque duró más tiempo, (22 días) produjo menos daño por la menor cantidad de población en esa época. N. del A.). La lluvia había caído torrencialmente por once días desde la cima del cerro el Ávila, buscado rabiosamente desplazarse por los antiguos cauces de ríos y quebradas, que por muchas décadas habían estado secos y tapiados de viviendas improvisadas y toneladas de basura. Cual avalancha de nieve, la lluvia furiosa arrastró en sus aguas, todo a su paso. El terrible resultado fue desbastador y cruel. Viviendas, vehículos, personas, grandes zonas, tanto residenciales, comerciales y educativas como avenidas y espacios públicos, fueron tapiados por aquel gigantesco torrente. La línea costera terminó extendiéndose varios metros mar adentro. Sin acceso a los servicios públicos fundamentales, como luz y agua potable, aislados y sin posibilidad de huir sin ayuda externa. La madre naturaleza expresaba su descontento hacia un entorno que en apariencia no se merecía tal manifestación, sin embargo, sucesos así y de mayores proporciones, llegaron a repetirse en el siglo posterior. Magnificados, apocalípticos. VN-Z.L.A. luego de todo aquello restructuró, al igual que el resto de la población mundial, su postura frente a estos acontecimientos. Por mucha ayuda humanitaria, solidaridad entre naciones y apoyo de cientos de entidades benéficas y donaciones particulares, los efectos desbastadores fueron simultáneos y brutales en todo el planeta. Dolor, hambre, muerte y destrucción. La creación de los escuadrones de androides fue una idea contundente e innovadora, implementada y puesta a prueba en el peor de los escenarios posibles. Gracias a su avanzada tecnología y prestaciones, permitió aleccionar a una nueva civilización, ahora fundamentada en el equilibrio ecológico y sustentable verdaderos, enfocada en potenciar en todo momento el aprovechamiento energético, y sobre todo, una nueva humanidad atenta a comprender e interpretar cada señal o manifestación natural, porque de eso dependía plenamente nuestra supervivencia o extinción en el futuro. 

Entonces Benita T.T. tuvo una revelación trascendental. Comprendió que AFRI-K intentaba alertar a nuestro gobierno y lograr corregir el suceso definido como “Espeijol” en un futuro inminente, que sin dudas, todavía no había ocurrido en esta dimensión, pero en la dimensión donde el androide se encontraba, sí. La pregunta era sí Benita T.T llegaría o no a descifrar esa clave, con suficiente ventaja para encontrarle una posible solución y evitar la auténtica catástrofe del tren electromagnético y de todos sus pasajeros dentro de nueve días.

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