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Un País Insólito: VN-Z.L.A. (Capítulo XVIII)


Un País Insólito: VN-Z.L.A.
Novela inédita escrita por Alfredo E. Mambié F. ©2017

(Manuscrito Final)


Código de registro: 1801315637436 (Safe Creative)

Nota Importante: Los personajes y situaciones descritas en esta obra literaria merecen ser respetadas y ser consideradas propiedad intelectual de su creador. Sí desean difundirla, respaldarla o referirla de cualquier manera, incluso brindarle apoyo económico, promocional o editorial, el autor en persona se los sabrá agradecer.  amambie@gmail.com  



VE-17-02-2167


Un aroma intenso a hierbas, incienso y tabaco flotaba en el aire del santuario. Arrodillado frente a un ornamentado altar, GG Navas iniciaba a solas un particular ritual neoespiritista. Tomó con ambas manos el impresionante casco ritual, alzándolo sobre su cabeza en gesto ceremonial. Su cuerpo desnudo, limpio de toda impureza, se preparaba para iniciar contacto con los neurobiosensores de aquel sofisticado aparato. Estos colgaban del casco ritual como los largos filamentos de una medusa marina. “Guille” entró dentro de ellos al colocárselo, sintiendo como si tuviese puesta una extravagante peluca de larguísimos cabellos. Sus puntas desiguales fueron adhiriéndose a su piel, conectándose cada una con sus propios nervios y neurotransmisores. A través de aquellos sensores táctiles del artefacto, viajaban fluidos especiales que le permitirían a “Guille”, entrar en un trance espiritista virtual, experimentando una vivencia sensorial extraordinaria con el más allá. 

Sus pensamientos y oraciones podían ser registrados por el sofisticado artefacto. «Doy inicio esta ceremonia espiritual a favor de las almas de los difuntos...» El sistema del casco ritual buscó los nombres en la base de datos necrológicos global, ubicándolos en segundos. «…ET2167F, Ernesto Torres, SS2167F, Simón Santos…». Sus antecedentes penales o los sucesos de aquella noche, no estaban publicados en la sección de crónicas policiales en la Neurobionet. La reseña oficial indicaba error de búsqueda. Sin embargo, en milésimas de segundos, por la mente de “Guille” desfilaron un collage de imágenes, pequeños fragmentos de sucesos, en apariencia inconexos, como pedazos de una película muda, formada por varias fuentes de videos caseros, con calidades diferentes. Un macro resumen vivencial de ambos espíritus convocados. Mientras contemplaba las escenas, “Guille” iba expresando sus oraciones para cada uno, envuelto entre los aromas ceremoniales e inquietantes ritmos barloventeños de tambores afroamericanos. GG Navas entró en trance. 

En medio de aquello, cronológicamente aparecieron imágenes muy nítidas de varias personas dentro de los espacios de la villa vacacional de Johan Batista. Repentinamente, surgió en esas secuencias, Viki, "la prepago". “Guille” se sobresaltó. Eso era imposible. Pero él la conocía bien, y aquella mujer era ella ni más ni menos. La vio entrando al sistema teleférico en Maripérez que daba acceso al Monumental Humboldt. Luego, en la recepción del hotel; incluso subiendo por el turbo ascensor hasta la terraza. Posteriormente, pudo verla tomando, bailando y comiendo íntimamente a la luz de las velas, en aquella suite espectacular. Las secuencias generadas por el casco ritual permitían visualizar los actos en vida de los muertos con total nitidez, pero a los vivos se les percibía como seres espectrales, difusos. Nunca estaban o se mostraban en primer plano. El más allá, a través de ese dispositivo, era una delgada línea invisible, un oscuro velo traslúcido no más; o ese era el modo como GG Navas lo percibía con el casco ritual de neosantería. 

Antes de desconectarse, Viki apareció desnuda teniendo sexo muy apasionadamente en una amplia cama del Monumental Humboldt. Su amante era una figura lujuriosa, desenfocada, envuelta entre sombras y movimientos frenéticos. Finalmente la hermosa chica apareció sentada, sonriente y relajada, envuelta en una bata de baño frente a una mesa repleta de apetitosos manjares. La claridad permitía contemplar imágenes muy nítidas, pese a la velocidad con que las mostraba el casco ritual. Mientras ella desayunaba, surgió la discusión con aquel hombre sombra. “Guille” presenció entonces el vil asesinato de Clementina Gutiérrez por una terrible mujer pelirroja con mirada de acero, gestos fríos e inexpresivos. Vio apenas un celaje. La mano firme alrededor de la frágil garganta y el movimiento súbito y preciso sobre el delicado cuello. La asesina vestía ropa futurista, elegante y sobria. GG Navas estaba plenamente convencido, aquella víctima, esa triste alma atormentada, había sido Viki, "la prepago". La espectacular mujer con quien había tenido recientemente el mejor sexo de todos. Eso le causó una rabia inconcebible. Apenas tuvo chance de reaccionar. «¿Cómo era posible haber visto nítidamente, con el mayor detalle, a una persona viva en aquel trance? ¿Quién era esa primera mujer que la acompañaba?». 

Inquietantes dudas le invadieron cuando decidió retirarse el casco ritual y descansar. Al despojárselo, automáticamente los sensores táctiles se desprendieron de su piel. Estaba completamente extenuado. Toda aquella experiencia sensorial lo aturdía. Lo cierto era que lo inaudito vendría cargado de sorpresas y lo insólito apenas estaba por comenzar. Aun así, “Guille” estaba dispuesto a investigar a fondo y descubrir la verdad. 
 Colocó cuidadosamente el casco ritual en el centro del santuario. Detrás, situada sobre un pedestal finamente ornamentado con flores tropicales y animales selváticos virtuales, se encontraba una delicada escultura 3D de María Lionza. Esculpida digitalmente en cristal esmeralda, era una notable representación holográfica de la mítica deidad indígena venezolana, Yara, diosa protectora de la naturaleza y reina del amor. Según la tradición popular, olía a orquídeas y poseía una dulce sonrisa, además de un suave hablar y la facultad especial de poder comunicarse con los animales. La imagen escultórica la mostraba desnuda, en todo su esplendor, con sus amplias caderas y senos prominentes, símbolos de la fecundidad. Sus largos cabellos estaban adornados con tres flores abiertas. La reina diosa posaba cabalgando una voluminosa danta, tapirus terrestris, el mamífero herbívoro más corpulento de VN-Z.L.A. Su carne ha sido siempre muy apreciada, por eso estuvo en riesgo de extinguirse dada su caza indiscriminada. La danta ha sido uno de los principales alimentos para indígenas y pobladores criollos en zonas rurales. También es una importante dispersora de semillas, al ser capaz de transportarlas a grandes distancias desde su lugar de origen, influyendo positivamente en la dinámica de la vegetación y de los ecosistemas donde habita. 

La neosantería le rendía culto a esas entidades, a su simbología, como hace tantos siglos atrás. Para aquel entonces, los indígenas que habitaban el territorio que actualmente conforma el Estado Yaracuy le veneraban. Este vocablo, Yaracuy, significa “lugar de Yara”. Según la antigua leyenda, Yara fue una preciosa princesa indígena, raptada por una enorme y terrible anaconda macho, quien luego de hacerlo, termina confesándole estar enamorado de ella. (Esta parte del relato mantiene analogía con el de Perséfone al ser obligada a vivir con Hades en el inframundo). Cuando los espíritus guardianes de la montaña se enteraron de lo sucedido, decidieron castigar a la atrevida serpiente, haciendo que se hinchara hasta que reventara y muriera. Luego nombraron a Yara dueña de las lagunas, ríos y cascadas, madre protectora de la naturaleza y reina del amor. Los conquistadores españoles con su llegada decidirían bautizar a Yara como Nuestra Señora María de la Onza del Prado de Talavera de Nivar, nombre católico que derivaría posteriormente en María de la Onza o María Lionza. 

“Guille” juntó ambas manos verticalmente en gesto ceremonial, frente a la imagen de Yara, la reina diosa, María Lionza, desactivando su casco ritual. Luego, persignándose, abandonó el recinto sagrado, confiado en sus favores y protección.

  

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