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Un País Insólito: VN-Z.L.A. (Capítulo XVI)


Un País Insólito: VN-Z.L.A.
Novela inédita escrita por Alfredo E. Mambié F. ©2017

(Manuscrito Final)


Código de registro: 1801315637436 (Safe Creative)

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VE-15-02-2167


—¡Sean bienvenidos al Monumental Humboldt! —Una pareja de jovencitos anfitriones, vestidos con un llamativo uniforme tricolor, recibían con amabilidad a los ocupantes del teleférico magnético. Clementina Gutiérrez era una de ellos. Venía dispuesta a jugarse el todo por el todo. Sabía a lo que se enfrentaba, por supuesto que lo sabía. Estaba lista y preparada.

—Buenas noches. Me dirijo a la suite Suprema. —En recepción se activaron dos paneles digitales, uno monitoreando el cuerpo completo de Clementina, mientras que otro verificaba su posibilidad de acceso. Una voz metálica le expresó en segundos:

—El Sr. Carrasquel le aguarda, señorita Gutiérrez. El turbo elevador de la izquierda es el directo. Cuando guste, puede subir. 

—Gracias. —Clementina avanzó con prontitud, pero recordó que desde ese momento debía interpretar su mejor papel, por eso, disminuyó el paso ligeramente, haciéndolo más sensual. Ella sabía cuánto le gustaba apreciar esos detalles en una mujer a “Serpiente”. La elegancia al caminar, el perfecto balanceo de su cuerpo, la postura correcta, la belleza de sus curvas exhibidas en el traje apropiado, que brindaba siempre espacio a la imaginación, sin dejar de mostrar sus encantos. 

Clementina entró al ascensor. —Terraza, por favor. —Tras de ella se cerró la puerta semi circular, con sigilo y en respuesta instantánea a su solicitud. Su cuerpo se reflejaba traslúcido en la parte frontal. De fondo se podían apreciar los espacios estilo retro futuristas del Monumental. Mientras ascendía, Clementina apreciaba el resultado de su transformación en el reflejo de los cristales dado los contrastes en la iluminación que la rodeaba. Era ver frente a ella a su gemela Viki. La espectacular Viki. Clementina logró recuperar en parte su rostro original con similares productos cosméticos a los que se lo desfiguraran alguna vez. Pero asumir volver a usarlos, le costó muchos años de negación y llanto. Al abrirse nuevamente la puerta, ella estaba preparada para enfrentarse al temido Randy Carrasquel. 

—Gracias por ser tan puntual, Cleo. Ven, acércate. ¡Luces preciosa!

—Gracias a ti por recibirme tan pronto, Randy. —Clementina desfiló con toda parsimonia la distancia entre el turbo elevador y la amplísima sala decorada al puro estilo minimalista. Estaba adornada con finas esculturas de renombrados artistas venezolanos, hasta el espacio del recibidor, donde un juego de pulcros y mullidos muebles, un sofá y tres amplias poltronas color blanco, demarcaban el lugar donde “Serpiente” la aguardaba con una amplia sonrisa.

—¡La amplitud de este lugar me transporta siempre que vengo! —La chica lo saludó con afecto. No era difícil fingirlo porque Randy Carrasquel era un hombre encantador, simpático, de buenos modales y sumamente educado. 


—¡Uy! ¡Eso ya es una buena señal, Clementina! ¡Me encanta que te sientas tan a gusto aquí!... ¡Yo también me la paso embriagado de placer en esta suite, en este hotel!... ¡Me pone de muy buen humor!... Ven, sentémonos aquí. —“Serpiente” extendió su brazo hacia una de las butacas con elegancia. Clementina se sentó con suavidad, cruzando al instante sus torneadas piernas.

—¿Champán?... ¿o prefieres otra cosa?... podemos beber algo antes de cenar. ¿Te apetece?... 

—¡Claro! Una copa de champán estaría perfecto. —Clementina siguió con la vista a su anfitrión. A pesar de su calma interior, “Serpiente” se desplazaba con una agilidad que llamaba la atención. También le sorprendió que fuera él en persona quien lo hiciera, casi siempre era labor de algún robot. 

—Ten, querida. Brindemos por nosotros. Por los buenos tiempos que vivimos hoy… ¡Salud!

Las finas paredes de cristal chocaron con su característico repicar. Clementina pensó que beber lo suficiente le ayudaría a desinhibirse. Debía impresionar a su oponente, y la única forma sería entrando a su territorio con seguridad y tacto verbal. Randy Carrasquel era un hombre muy inteligente, astuto. Clementina debía a toda costa seguir aparentándole ser similar a él. 

—¿Qué te han parecido, Randy, los avances científicos para combatir el cáncer basados en compuestos inorgánicos?...

—Fascinante. El platino fue el primer componente que utilizaron hace unos años, tengo entendido. Ahora, finalmente, hemos dejado de sentir que enfermarse de cáncer sea algo incurable. Aunque reconocer que las células cancerígenas son inmortales propició estos fabulosos avances contra el envejecimiento. ¡No me creerías la edad que tengo y lo bien que me siento, cariño! 

—Música suave, por favor. —“Serpiente” ordenó activarse al reproductor digital y en fracciones de segundo una agradable melodía se coló en el ambiente. Casi se podía apreciar a los músicos tocando en la sala, por la nitidez y sonoridad perfectas. 

—La fusión cultural me encanta, Clementina. Escucha con detenimiento esta pieza. Su contenido puede revelarte claramente, de dónde proviene cada nota. Logramos definitivamente la identidad de cada pueblo y una nueva cultura global ahora que estamos biointerconectados. 

—El rescate cultural, por así llamarlo. Esa fue la clave, Randy. Lo tradicional en sí puede desaparecer por completo, si las nuevas generaciones no continúan esa labor de actualizar sus raíces. Siempre hay que renovarlas, seguir creando en base a ellas. 

—¡Así es preciosa!... Fíjate el caso de la Serenata Guayanesa, esta agrupación ha continuado siendo patrimonio cultural venezolano por generaciones. Bien merecido, por cierto.

—¡Aaah! ¡La Serenata Guayanesa me encanta!... ¡Las agrupaciones venezolanas son lo máximo, Randy! Todas… Bueno, hay algunas que no me atraen tanto, pero en general las escucho y reconozco su potencial. Es igual lo bueno que nos volvimos a nivel deportivo. La Vinotinto, en ambas categorías, masculina y femenina. ¡Ya hemos participado en 89 oportunidades!... ¡Es fascinante el buen desempeño deportivo que tenemos ahora!... ¿Recuerdas la vez que ganamos el Mundial de fútbol?... ¡Fiesta nacional total! ¡Nunca imaginé sentirme tan feliz y tan emocionada! ¡Esa final fue de infarto, cuando la pelota holográfica entró en la red y marcamos el tanto del triunfo!... 

—¡Sí, claro, claro! ¿Cómo olvidarlo?... ¡Sobre todo por todo el esfuerzo y la emoción!... ¡Luego, nos pasó que le agarramos el gustico! Ja, ja, ja 

—¡Randy, por favor!... Eso nos levantó mucho la moral colectiva, ahora los venezolanos estamos destacándonos en muchas áreas, ¡cómo debe ser!

—Así es. Ven, toma un poco más. Está realmente sabrosa. ¡Salud! ¡Por nuestros logros!... 

Desinhibirse con los tragos dio resultado. Clementina y “Serpiente” se la estaban pasando muy bien juntos. De una música instrumental, pasaron a ritmos latinos más alegres. Eso los llevó a bailar un buen rato varias piezas muy movidas y contagiarse de la buena compañía que ambos se brindaban. Una velada que en nada encajaba con la idea original de Clementina. Ella nunca consideró sentirse así. Pocas veces había podido mantener un contacto tan cercano con aquel hombre, y no lograba detectar si se trababa de una ilusión o una muy pensada trampa del destino. Una exquisita cena a la luz de las velas en “la cima del mundo” disfrutada con sumo placer, fue el preámbulo de una noche donde la pasión le permitió deleitarse también del mejor amanecer que imaginara jamás.
Clementina despertó cuando la claridad se hizo más evidente en la confortable habitación. Afuera caía una fina lluvia, y el clima se había tornado ligeramente frío. Luego de acicalarse en el baño, se vistió con una cálida bata gris con blanco que encontró colgada justo de su talla. Un irresistible aroma le guiaba hacía el área del comedor.

—¡Buenos días, Cleo! ¿Cómo amaneces?... —“Serpiente” le extendió una taza de café con leche recién hecho. Sobre la mesa, en distintas guarniciones, ya estaba dispuesto un suculento desayuno criollo. 

—De verdad, muy complacida y contenta, Randy. Anoche fue fenomenal. Gracias.

—¡Qué bueno! Me complace mucho. Yo también la pasé muy bien. Por favor siéntate. ¡Esta es mi comida favorita! Ordené un poco de todo. Acá tienes arepas, pan tostado, nata, queso rallado, queso guayanés, jamón de pavo y para acompañar, perico, caraotas fritas, carne mechada, cachapas de hoja y empanadas. Elije lo que gustes, cariño. ¡Ah! Y sí deseas, por acá también hay cereales, leche… más café… y jugos de frutas. 

—¡Guao! ¡Creo que probaré un poco de cada cosa! ¡Ver todo esto me ha abierto el apetito! —Otra verdad que fácilmente brotó de los labios de Clementina. Casi nunca tenía oportunidad de ser atendida. Ella siempre lo hacía para otros, y eso marcaba la diferencia. 

El comentario de “Serpiente” surgió natural mientras continuaban desayunando. 

—¿Sabes que la policía ha involucrado a un niño alienígena en el asunto de Johan Batista?... —Clementina no pudo evitar quedarse paralizada unos segundos, mientras intentaba asimilar la revelación. 

—Pero… ¿cómo? ¿Estás seguro?... —Clementina estaba pálida. Su apetito desapareció al instante. “Serpiente” la miró con profunda seriedad. Luego le expresó: 

—Estoy completamente seguro. Supe que lo han interrogado hace pocos días. Por lo visto, las muertes de los empleados de Batista llevan a la policía a considerar a la esposa de Batista, como principal sospechosa, tras descubrir que tú trabajabas encargada precisamente del circuito cerrado de seguridad. Han preferido corroborar las declaraciones de ese chico con los datos obtenidos de sus investigaciones. Lo curioso es que incluso sospecha de su propio padre. Lo que te involucra con personas que trabajan para mí y tienen vinculación directa contigo. Te preguntarás por qué todavía no te detienen, y es sin dudas, porque esperan obtener pruebas para llegar a mí. Clementina se puso más pálida aún.

—Desde ayer quise expresarte que esperaba tu respaldo para seguir formando parte del negocio. Hablarte sobre lo que le pasó a Batista era parte de mis propósitos, solo que nos desviamos, créeme. —Clementina sentía el estómago revuelto. 

—Seguramente. Tampoco te lo reprocho. Pasamos un momento muy agradable, y casi sentí que tus verdaderas intenciones terminaron postergándose. Eso lo puedo entender. Lo cierto es querida, que placer es placer y negocios son negocios. El placer acaba de terminar. —La frase cobró mucho más sentido para Clementina porque le atacó un miedo muy intenso, produciéndole una desagradable sensación de terror. 

—Lo único que quiero es tu protección, Randy. ¡Te lo imploro! —Impulsivamente, Clementina se lanzó hacia los brazos de “Serpiente”, pero éste la esquivó con total frialdad y rapidez. 

—Ya has venido hasta aquí, involucrándome. La policía empezará a investigarme. 

—Pero... —Sin siquiera poder pestañar, Clementina fue sujetada por unas fuertes manos de mujer a sus espaldas, paralizándola con una facilidad asombrosa.

—Quise pensar que no estabas tras mi mercancía, que me respetabas. Pero creíste que con quien hablabas aquella noche era Raquel, y no; no lo era. Tu hijo Micael, también lo creyó y se lo hizo saber a la policía, confirmando mi coartada.

—¿Cómo pudiste?.. ¡Maldito, me engañaste, maldito!... ¡Suéltame!...

—Sí, te engañé; porque tú pretendías robar descaradamente mis biodrogas y traicionarme. Y eso ya no lo lograrás, querida. Tus oportunidades terminaron hoy.

“Serpiente” levantó su vista fría y penetrante del rostro desencajado de Clementina, y con apenas un leve guiño de sus ojos grisáceos, ordenó a una silenciosa pelirroja que la sujetaba, acabar con ella. 

Clementina calló desmadejada sin vida en el piso lustroso del comedor. 



—Deshazte del cuerpo y borra los registros de video en recepción. —Ordenó “Serpiente”, sin mirar siquiera el cadáver, al mismo tiempo que le daba la espalda y se alejaba con paso ligero. El esbelto androide tenía total parecido en fisonomía a quien una vez Clementina conociera como Raquel de Batista.

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