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Un País Insólito: VN-Z.L.A. (Capítulo XIII)



Un País Insólito: VN-Z.L.A.
Novela inédita escrita por Alfredo E. Mambié F. ©2017

(Manuscrito Final)


Código de registro: 1801315637436 (Safe Creative)

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VE-12-02-2167



Viki despertó. Luego de ver el mensaje de su sobrino Micael, decidió visitar a su hermana Clementina. Ellas, a pesar de ser tan distintas en personalidades, habían nacido físicamente idénticas. “Las gemelas Gutiérrez” se habían criado juntas, pero luego de adultas, cada una había tomado su propia senda. Su mayor diferencia estaba en sus temperamentos, eran radicalmente opuestas. Viki era callada, reflexiva, sabía escuchar, y le había gustado mucho leer desde pequeña, aprendía y cultivaba su intelecto en muchísimos temas. Clementina era rebelde, falta de tacto, impulsiva. Se decantó por la aventura y las emociones fuertes. No logró siquiera terminar sus estudios universitarios, porque le había costado ser como Viki, y cada año que transcurría, le fue suponiendo un esfuerzo mucho más difícil. Clementina era irritable, huraña y poco dada a ganarse la simpatía. Un día supo que estaba embarazada de uno de esos hombres con quien casi siempre tenía fuertes discusiones porque la trataba sin valorarla, cuando ella misma no lograba entender que todas sus relaciones terminaban por la misma razón, su poca autoestima.

—¡Hola, Clementina! ¿Llego en buen momento?...

—¡No seas tan formal, Viki, sabes cuánto me irrita! Pasa, ven… Sí te mandé a llamar es porque es realmente importante. Siéntate. Micael, tráele un café bien fuerte a tu tía. —Ordenó con voz seca, Clementina. El chico aunque no estaba en la sala, apareció casi al instante con una bandeja, y dos tazas de café recién hecho desde la cocina. El rico aroma invadió la modesta sala.

—¡Bendición, tía!... ¡Bienvenida!... Toma. ¡Está preparado como te gusta!—El chico extendió una de las tazas térmicas a Viki sonriéndole, e inmediatamente ofreció la otra a su mamá, cambiando sin querer su gesto risueño casi imperceptiblemente. Micael amaba a su mamá, pero no se engañaba. Su tía le atraía más porque siempre era más dulce y lo motivaba a superarse. Ella lo apoyaba y alentaba en sus estudios. Su mamá en cambio le celaba de Viki, y aunque nunca le prohibía relacionarse, en el fondo él sabía que le causaba desagrado. Y la razón de esto era el haber nacido tan semejantes físicamente y luego de tanta similitud física, quedar prácticamente irreconocibles una de la otra.



Un día, Clementina decidió viajar al extranjero, atraída por una propuesta de trabajo rápido y con poco esfuerzo. Alentada por el padrastro de Micael, ZC, hombre acostumbrado a manipularla para su provecho y sacar partido, fue quien la convenció. Una corporación bioquímica emergente de productos cosméticos, promovía en la Neurobionet una campaña para reclutar chicas jóvenes como modelos de sus productos. Clementina se dejó seducir por los elogios de su pareja, quien le ofrecía costear con los gastos de traslado y acompañarla, si ella aceptaba. 

—Será un par de semanas, amor. Lo disfrutaremos mucho, créeme. Además es un lugar con una asombrosa vida nocturna. ¡Visitaremos los casinos, las tiendas!... ¡Nos divertiremos en grande!...

ZC y Clementina viajaron, aceptando la oferta. En pocos días, las cosas dejaron de ser tal como se lo habían propuesto. Clementina firmó el extenso contrato, casi sin fijarse en lo que hacía, confiando en su pareja. Su poco nivel académico y falta de experiencia legal, le impidieron determinar en qué se estaba metiendo. 

La corporación desarrollaba unos nuevos productos cosméticos, y pretendían evaluar sus resultados en estas modelos reclutadas; eso sí, cualquier reacción desfavorable a consecuencia de su uso, quedaba bajo total responsabilidad y riesgo de la modelo. Los cosméticos eran para uso facial y también corporal, prometían ser un nuevo tipo de maquillaje permanente de usos múltiples. Cientos de jóvenes de distintas latitudes se habían inscrito. Las participantes venezolanas representaban un buen porcentaje de ese grupo, seguían teniendo esa fama indiscutible de ser mundialmente hermosas.

Y las pruebas con cada nuevo producto iniciaron. Clementina no tuvo chance de rechazar la prolongada exposición de aquellas nuevas mascarillas, delineadores, pinturas de labios, sombras y rubores. El impactante efecto visual iba más allá del rostro. La corporación desarrollaba para aquel entonces «segunda piel», una técnica avanzada de maquillaje corporal, similar al body painting, pero estos productos no eran aerografiados sobre la piel sino injertados digitalmente por combinaciones bioquímicas aplicadas con nanotecnología. Clementina estaba fascinada. Muchos de aquellos pigmentos y texturas eran bioluminiscentes, recreando en su piel un efecto muy hermoso y sobrenatural. Poco acostumbrada a seguir instrucciones y ser rigurosa, Clementina fue descuidándose e ignorado las advertencias en su prolongado uso. Por varias semanas estuvo expuesta a aquellas sustancias químicas e implantes, alardeando todas las noches en los distintos locales nocturnos y casinos de aquella ciudad caribeña. Cuando comenzó a padecer los efectos adversos, fue demasiado tarde. 

Aquel suceso llegó a los medios mundiales como «el alzamiento de la raza alienígena». Un número importante de aquellas mujeres sufrieron un daño en su piel irreversible, totalmente masivo y que fue haciéndose de mayor magnitud con el paso del tiempo. Sus rostros y cuerpos se deformaron de manera tan notoria y grotesca que muchas llegaron a tener que ser tratadas psicológicamente al volver a sus naciones de origen. Por mucho que los abogados intentaron demandar a esa corporación, los resultados nunca le favorecieron. Por el contrario, con el paso de los años, las consecuencias enturbiaron el alma a Clementina. Su hijo Micael había nacido con un rostro y tipo de piel similar al suyo, con ese aspecto de criatura de otra galaxia. Los efectos de estas pobres mujeres se fue multiplicando genéticamente, haciéndose muy particular y notorio. Las fuertes protestas, campañas difamatorias y los gestos de repudio hacia aquella corporación, la llevó finalmente a un arreglo legal, aunque el mal ya estaba hecho, hubo manera de recibir indemnización, aunque en poco tiempo gran parte fue dilapidado por ZC.


Viki alzó la vista y miró a Micael con total dulzura. —¡El café está exquisito, Micael! ¡Muchas gracias!...— Ella siempre lo miraba sin repudio, sin extrañeza. En cambio, Clementina no lograba dejar de reprocharse su estupidez. Y más cuando observaba a Viki y recordaba cómo era ella antes de aquel viaje. Operaciones faciales posteriores le habían restituido los efectos amorfos, pero la habían transformado sin dudas en otra mujer. Micael todavía no había sido operado, y como siempre ha sucedido, a veces era víctima en su escuela de bromas y burlas. Aunque el muchacho era aplicado, inteligente y muy vivaz. No obstante le causaba desagrado los comentarios crueles y las bromas pesadas. Valoraba con mayor respeto a quienes intentaban tratarlo dignamente. Por eso, al hablar con la detective Álvarez, no dejaba de agradecer su receptividad y respeto. El chico estaba sobradamente convencido que los negocios que involucraban a su padrastro y relacionados no eran de fiar. Odiaba profundamente ese oscuro poder que ejercía ZC en Clementina. 


El muchacho se retiró obediente a su habitación, luego de darle un beso de buenas noches a ambas.

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