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Un País Insólito: VN-Z.L.A. (Capítulo XI)


Un País Insólito: VN-Z.L.A.
Novela inédita escrita por Alfredo E. Mambié F. ©2017

(Manuscrito Final)


Código de registro: 1801315637436 (Safe Creative)

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VE-10-02-2167




El hotel Puente Principal ofrecía un novedoso servicio de transporte hasta sus instalaciones. Las parejas llegaban montadas en un carruaje tirado por caballos. Estratégicamente dispuestos, cada coche podía albergar un máximo de seis parejas por viaje. Discretos cocheros aguardaban a sus clientes en una calle paralela al malecón de Macuto en el litoral central, cuyo distintivo, además de los vistosos coches antiguos, era sendos estandartes color púrpura, con una flamante doble P bordada, hondeando en cada esquina, para luego avanzar por una amplia pasarela empedrada, la cual conectaba directamente con la entrada del singular hotel. Esta pasarela al final del trayecto era un puente por donde los amantes, curiosos, turistas, bohemios y demás estrafalarios de cualquier rincón del país o del extranjero, dejaban escapar todas sus fantasías, haciendo volar su imaginación. 


Viki y GG Navas subieron al carruaje, exigiendo con un pago extra, viajar sin acompañantes. Ella llevaba toda la vestimenta perfecta para aquella estrafalaria aventura. Un exquisito conjunto de blusa sin mangas con bordados, encajes y un muy amplio escote, realzado por un sugerente corsé negro, combinado con una falda roja estilo siglo XIX y doble fondo. Debajo de la vaporosa falda, Viki lucía ropa interior azabache con espectaculares medias altas de encaje y ligeros a juego, con sus respectivos zapatos altos de tacón aguja. 

Ya estando en movimiento, los juegos preliminares entre ambos comenzaron. Viki disfrutaba de perderse en su personaje, adoraba sentirse tan deseada y en otra época. El éxito de aquel hotel había sido generar en su clientela la posibilidad de tener sexo con ese toque de irrealidad, alejando a muchos de la frialdad de la rutina y poniendo siempre a prueba a quienes ya lograban un maravilloso primer orgasmo, incluso dentro de carruaje. Justo por eso, al tramo final empedrado lo conocían como Puente Placer. El traqueteo y el vaivén dentro de coche, hacía muy probable que en varias sacudidas, se acabara buena parte de la pólvora, sin embargo, “Guille” sabía administrar bien cada cartucho suyo. 

Él decidió desvestir a Viki en la recámara, antes de llegar al dormitorio. Sabía que valdría la pena. Ella ahora portaba solo tres prendas: el corsé, las medias y los altos tacones. La amplia cama colonial y el piso de terracota pulida, los candelabros labrados desprendiendo una cálida luz naranja, y los detalles de época, combinados con la agradable brisa marina, mezclada con el sublime aroma de las pomarrosas, y el murmullo de las olas, que entraba por la ventana desde el malecón, producían un efecto dulce y embriagador. “Guille” tuvo una de las mejores noches, sin dudas, la mejor de muchas. 

Terminaron muy borrachos y desnudos, danzando y riendo alrededor de una hoguera frente al mar, viendo al sol en el levante aparecer. 


Viki entró a su casa, de vuelta a la realidad. Dejó el bolso con el atuendo colonial sobre la cama. Llevaba puesta únicamente una braga de látex azul marina con detalles en blanco neón, extremadamente ceñida. Sus explosivas curvas destacaban tan desafiantes y perfectas como en un carro deportivo. Pasó directo al baño y puso sus manos bajo el grifo del lavamanos. El agua salió generosa y así enjuagó su rostro bronceado y sensual. El espejo con retroiluminación la reflejaba tal cual era, incluso con mayor detalle. Viki se contempló un instante reconociendo que aquella aventura había logrado vitalizarla, a pesar de lo cansada que estaba, se sentía vivificada. Ella era una mujer con mucha energía y motivación. Sabía cómo cuidar su figura y su mente. Ser prepago, le brindaba una vida repleta de aventuras y emociones intensas. Vio lo enmarañado que tenía el cabello por el salitre y la arena, pero ya dentro de la ducha le esperaban todos los productos de avanzada para recuperar la docilidad, tanto de su cabello, como de todo su cuerpo. Se desnudó.
 Mientras se bañaba, distintos chorros con diferentes presiones y texturas, le aplicaban automáticamente, un tipo de tratamiento específico. Viki escuchaba la voz computarizada de la hidrocabina, anunciando el comienzo y el final de cada proceso, ya que se autoprogramaba, apenas entrabas en ella. Era un interesante invento. Se tenía un total control de la cantidad necesaria de agua y jabón en gel (además del champú, acondicionador y otros productos orgánicos) con un resultado tan vigorizante y rápido que al terminar, Viki casi prefiere no almorzar.
Su cocina también era ultra moderna. Programada para brindarle un menú balanceado, rico y nutritivo en pocos minutos. Por eso, decidió comer, para luego de cepillarse los dientes y secarse el cabello, tomar una reparadora siesta. 


Una notificación se activó unas horas después para avisarle al visitante que Viki no estaba disponible y podía registrar un video mensaje. 

—¡Tía, bendición! Cuando puedas, pasa por la casa, ¿sí? Mamá tiene un favor personal que pedirte y quiere que nos visites en cuanto puedas. Chao. —Micael, el chico alienígena, se separó del sensor en acto reflejo apenas finalizó, no le agradaban para nada los videos mensajes, le incomodaba quedar registrado de cualquier forma por su aspecto llamativo y diferente. Siempre sin querer imaginaba que alguien muy cruel se burlaba y reía de su fisionomía a sus espaldas. Se alejó cabizbajo y silencioso intentando borrar de su mente aquella incómoda sensación.







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