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Un País Insólito: VN-Z.L.A. (Capítulo VIII)



Un País Insólito: VN-Z.L.A.
Novela inédita escrita por Alfredo E. Mambié F. ©2017

(Manuscrito Final)


Código de registro: 1801315637436 (Safe Creative)

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VE-07-02-2167


En gran parte de las nuevas edificaciones planificadas y construidas en los principales centros poblados de los ocho mega Estados venezolanos, estuvo involucrado GG Navas, a quienes sus allegados apodaban “Guille”. GG era obrero especialista en obras civiles, desempeñándose como maestro de obras. Su habilidad principal era operando drones para la construcción. Tenía 42 años recién cumplidos. Se había casado en tres ocasiones, engendrando cinco hijos, gemelos con su esposa actual y otros tres de sus dos fallidas relaciones. Poseía una contextura robusta y se le destacaba más por su corta estatura. Su piel era muy morena por la constante exposición al sol y sus cabellos crespos y canosos. Usaba unos lentes de montura con un modernísimo sistema de tele objetivo. Poseía un gran sentido del humor y demostraba mucha disposición en el cumplimiento del deber. Pero era capaz de inventarse las excusas más enrevesadas para quedarse después de la jornada y no llegar a su casa temprano, y algunas veces ausentándose varios días (cuando le tocaba viajar de comisión). Su gran debilidad era irse de farra; disfrutaba beber licor en exceso, buscando sexo ocasional en extravagantes bares o sórdidos locales de apuestas.

Una vez, estando en esas oscuras andanzas con una prostituta, presenció fortuitamente un incidente violento. Con todos los tragos que llevaba encima, GG Navas se mantuvo muy tranquilo y hasta le pareció tragicómico como dos cuerpos se desplomaban muy cerca de él, luego que unos centellazos láser, les quitara la vida en milésimas de segundo. “Guille” era católico no practicante, aunque mucho más inclinado a la neosantería, religión que rendía culto a los criminales caídos. En el plano espiritual, lo metafísico y sobrenatural también había logrado evolucionar hacia un nuevo contexto bastante interesante, el cual proporcionaba a sus creyentes y practicantes, facultades tan asombrosas que rivalizaban con la ciencia y sus alcances; poderes místicos extrasensoriales por así decir. Por eso, se interesó en preguntar los nombres de aquellos dos infelices al camarero robot que los atendía. 

—Según mi base de datos, esos dos humanos trabajaban para “Serpiente”. Eran Ernesto Torres y su hermano Simón Santos.— le respondió el robot mesonero, cuyo rostro artificial era una gran burbuja luminosa que alcanzaba a estar justo a la altura de la mesa. Viki, la joven prepago que lo acompañaba, apremiante le comentó: 

—¿Qué tal si nos largamos de aquí, papi?...

GG Navas se levantó de la silla, apurando el último trago en las rocas que ya lo tenía enardecido en deseo. Tomó a la voluptuosa hembra ya parada junto a él por la parte baja de la cintura, estrechando sus marcadas caderas y prominente trasero contra su miembro, en un gesto rápido y vulgar. Venía la hora de entrar en acción. 


Mientras cancelaba la cuenta, prometió mentalmente, rendirle algo de respeto en sus oraciones y ritos neosanteros a Ernesto y a Simón, en favor de una mejor protección desde el más allá. Mientras, él seguiría su consigna de vida, agradeciendo a todos los santos tantas bendiciones y resguardo personal.

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