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Un País Insólito: VN-Z.L.A. (Capítulo VI)




Un País Insólito: VN-Z.L.A.
Novela inédita escrita por Alfredo E. Mambié F. ©2017

(Manuscrito Final)


Código de registro: 1801315637436 (Safe Creative)

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VE-05-02-2167


Al cuarto día, Benita TT recibió el segundo informe confidencial. Tal como Alcántara le había adelantado, el gobierno unido de África exponía al gobierno venezolano, un muy completo documento de las principales bondades del androide modelo A-4000 y todas sus capacidades operacionales. Adjunto a ese archivo, estaban las primeras cinco grabaciones en video de AFRI-K, transmitidas desde el 31 de enero.

La expresión de Benita TT era una mezcla de incredulidad y asombro. 

—¡Realmente Alcántara no exageró en lo absoluto! —expresó en voz alta. Catalina, uno de sus adorables nanocanes, alzó la cabeza, confirmando su asombro.

El apartamento de Benita TT era un fascinante lugar. Cumplía las veces de oficina y hogar a la vez. Su pequeña contextura y estatura, hacía que en la vivienda todo fuera de esa misma escala, incluyendo sus mascotas. Recordaba un poco la casa de un Hobbit, o la de los siete enanos del cuento Blanca Nieves. El orden y la limpieza eran una máxima. Y a pesar de la considerable cantidad de mascotas que con ella vivían, todas sin excepción las cumplían. Eran mascotas disciplinadas. Claro, ya en esos días, los avances tecnológicos en cuestiones de limpieza e higiene, eran tan efectivos como comunes. Benita Topalián Tamayo, como habitualmente firmaba, poseía un amplio historial como asesora jurídica independiente. Había trabajado por muchos años en el Tribunal de Justicia Suprema. Amaba las leyes, la justicia y el cumplimiento de las normas. Poseía el honor de haber formado parte del solemne grupo que redactó los nuevos artículos aplicados a la Constitución sobre materia neurotecnológica. Era toda una veterana en su área. No le gustaba presumir, pero tampoco dejaba de reconocerse muy buena en su desempeño. El gobierno lo sabía, y ese mérito había prevalecido intachable por más de 25 años.

Pero, Benita TT no era perfecta. Muchas personas la consideraban intachable, sin dudas. Sólo ella sabía que su vulnerabilidad era la pasión que sentía hacia las mujeres. Hacia una en especial, por la que había conseguido esa concesión de trabajar para el gobierno desde su propia casa. Su relación clandestina se debía a un tema de intereses políticos, no al de considerarse lesbiana. En realidad jugaba para ambos equipos. Su fantasía secreta era lograr algún día persuadir a la propia presidenta de formar un trío con su amante y ella. Esa idea la excitaba muchísimo, y aunque era un pensamiento irrespetuoso, ella consideraba esa posibilidad, irresistiblemente muy erótica y perturbadora. El control siempre había estado ligado al deseo, y la lujuria a los muy poderosos. Aunque de vez en cuando, por simple perversión, a Benita TT le gustaba jugar al papel de sumisa. Esa vez, sin ella percatarse del maquiavélico juego, su dominatriz, le confesó estar implicada en una partida que la involucraba en el turbio y peligroso negocio de las biodrogas. Y le hizo jurar que, bajo ningún concepto, debía permitir que le siguieran cualquier rastro. «La pasión puede llegar a límites insospechados», reconoció Benita TT al aceptar aquel trato secreto. Su relación amorosa era compleja; iba mucho más allá de lo pasional, debido a un ingrediente particular que existía entre ambas: fidelidad a toda prueba; un lazo sólido, fuerte, inquebrantable. Era admirable sin dudas, aquel modo genuino y discreto en que ambas mujeres se resguardaban la una a la otra. Con el tiempo, y porque aquella relación las fue consumiendo de una forma cada vez más profunda, un ascenso en sus carreras políticas llegó, y todas esas nuevas negociaciones y proyectos que las involucraba en otras esferas de poder mucho más complejas, transformó y repotenció su relación a un nuevo nivel. Si bien la gran mayoría de las contrataciones y propósitos gubernamentales eran de dominio público y era posible hacerle seguimiento a través de la NBN, algunos pocos, y quizás los más ambiciosos, quedaban resguardados muy celosamente en manos de “la jefa”. Fue muy notorio para Benita TT al comparar sus antiguos encuentros románticos ocasionales con estas deslumbrantes nuevas citas. No era sólo los espectaculares lugares exóticos que llegó a conocer, era el placer sublime a los mínimos detalles que su amante hacía gala. Y todo el cortejo previo, la aventura, lo creativamente perversa que lograba ser para seducirla y sorprenderla siempre que aceptaba un nuevo encuentro lujurioso. En conjunto emanaba un magnetismo tan poderoso y absoluto como la misma gravedad, tan dulce y embriagador como el más fino licor, tan irresistible, tentador, maravilloso y divino como el propio Lucifer. Sí, era deslumbrante y seductor todo a su alrededor, y Benita TT supo que su deber como amante era serle fiel, siempre; por encima de cualquier circunstancia, sin importar las consecuencias.

En su cabeza rondaba aquel último encuentro, fue tan espectacular, irreal y perfecto. Dejarse llevar por esa irrefrenable locura todavía le erizaba la piel. Ella pensaba «¿Y quién no?» Benita TT sabía que en el fondo ese enamoramiento, aquello tan fuerte que sentía, era producto de intercambios neuroquímicos en su cerebro, aunque prefería hacer responsable a su pelirroja amante, como la única causante de aquellas reacciones tan abrumadoras. Y toda esa emoción iba creciendo y aumentando, día tras día.

—He perdido completamente la cabeza al entregarme a esta relación así, sin embargo, no me siento en lo absoluto arrepentida. Creo que dentro de tanta cordura asfixiante y sensatez en mi vida, tú, mi ama y señora, eres esa mágica vía de escape que nunca pensé tener. —Benita TT sostuvo la mirada expresando su confesión con fluidez, mientras permanecía acurrucada y desnuda frente a su amante en aquella espléndida habitación en penumbras. No llevaba puesto sus gruesos lentes y se encontraba parcialmente atada por unos vendajes de seda negra, que envolvían su cuerpo y finalizaban uniendo sus muñecas, haciendo a sus manos asumir postura de oración.

—Lo sé. Ha sido adorable pasarla así tan bien contigo. Te lo has ganado por complacerme. Tu sumisión me inspira a seguir sorprendiéndote. ¿Qué te parece este lugar? ¿Verdad que es espectacular?... Es uno de mis lugares favoritos ahora. Vine por negocios hace pocas semanas, y quedé enamorada. Ya me conoces TT, todo lo grandioso, glamoroso y selecto me engancha. De todas estas villas vacacionales, ésta es la más espaciosa y cómoda.

—¡Sí, la vista es preciosa!... ¡Sabes cuánto amo los lugares así, lujosos y discretos! ¡Ya es uno de mis favoritos también, sin dudas! ¡Prométeme que volveremos!

—¡En cuanto sea sólo mío, es decir, muy pronto! ¡Quiero luz, ahora! —La enigmática y atlética mujer se levantó de la cama triunfante con porte de reina hacia el gran balcón, desde donde se podía apreciar una espectacular vista hacia el mar Caribe, extendiendo sus brazos torneados con majestuosidad y gracia, mientras las suntuosas cortinas se plegaron automáticamente, permitiéndole pasar, rindiéndose, al igual que Benita TT, totalmente a sus pies. 


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