Un País Insólito: VN-Z.L.A.
Novela inédita escrita por Alfredo E. Mambié F. ©2017
(Manuscrito Final)
Código de registro: 1801315637436 (Safe Creative)
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VE-02-02-2167
—Con todo el tiempo que ha transcurrido, y todavía no nos hemos presentado. Soy GG Navas, ¡mucho gusto en conocerte, preciosa! Puedes llamarme “Guille”, si prefieres… —AFRI-K detectó ipso facto sus feromonas acelerarse dentro del torrente sanguíneo del humano que la pretendía cortejar. —Encantada, “Guille”.—Respondió el androide, con toda la cortesía que fue capaz. Entendía que esa reacción en los varones era provocada por su apariencia y similitud con una mujer real. Y estaba programada para saber manejar estas interacciones. Ella comprendía, con total perfección, la anatomía y psiquis humana; bendita complejidad maravillosa que al mismo tiempo resultaba tan frágil y vulnerable. AFRI-K podía reconocer, diagnosticar y aplicar un efectivo tratamiento médico a través de sus múltiples recursos biogenéticos incorporados en su estructura robótica.
—En mi tierra natal, tal vez me habrían aconsejado frotarme estos golpes con mayonesa fría. Es un remedio de la abuela muy efectivo. Desaparece el moretón y baja la inflamación rápido.
—En mis suministros médicos sólo poseo fórmula antibiótica bactericida de amplio espectro. Se sentirá mejor mañana.
—¡Ya desde ahorita me siento aliviado, morenaza! ¡Tu presencia tiene un efecto sanador inmediato!
AFRI-K se desplazó con precisos movimientos hacia los otros tres sobrevivientes a quienes ya había atendido el día anterior. Ellos dormían con cierta placidez. AFRI-K los había acomodado adaptando las butacas del tren como camas, ya que estas guardaban bastante similitud a las usadas en los aviones. Eran grandes y ergonómicas. Y sobre todos ellos se encontraba una gran bóveda de micro bio-celdas, una particular estructura generada por uno de los componentes de alta tecnología que AFRI-K poseía, formaba una gran carpa holográfica que acondicionaba la temperatura adecuada y los resguardaba de cualquier efecto negativo, ya fuese calor o frío excesivo. Parecía un gigantesco paraguas tridimensional, formado de múltiples poliedros cromáticos, que al contemplarlos daban una reconfortante sensación de placidez y relajación, incluso, la curiosa estructura estaba programada para reproducir sonidos tranquilizadores o música adecuada para tal fin. Por eso “Guille” había reaccionado tan optimista al ser atendido por AFRI-K, pese al episodio tan fuerte del tren. Por alguna razón, sólo ella pudo presenciar y registrar el portentoso salto en el tiempo. Y sus formidables habilidades le habían permitido, en muy breve tiempo, acondicionar a sus cuatro pacientes; quienes aún permanecían ignorantes de todo lo sucedido. El efecto del salto les mantenía en una especie de shock.
Se encontraban en un limbo. Hasta ahora lo que sus sensores y localizadores le daban a AFRI-K como resultado era vacío cósmico. Una condición generada por haberse trasladado a una dimensión distinta al espacio – tiempo conocido. Todo a su alrededor era un blanco e interminable desierto surrealista. Pero, ¿y el resto de los pasajeros?... Tampoco había logrado detectarlos. No comprendía cómo habían podido desaparecer.
Gran parte del registro audiovisual que AFRI-K pudo generar, indicaba una gran incandescencia previa al encuentro con aquel portal. Dentro del vagón el efecto del descenso fue experimentado como el vértigo que se siente al estar montado en una montaña rusa, una sensación atemorizante pero controlable. Los vidrios, paredes, piso y techo del vagón se fueron literalmente desmenuzando en partículas cada vez más pequeñas. Muchos de los pasajeros, la mayoría, también se disolvieron de la misma manera, como si sus átomos comenzaran espontáneamente a dividirse y descomponerse, como si la materia sólida estuviese volviéndose polvo a voluntad. «¿Polvo?... ¿Sería posible?...» AFRI-K quedó desconcertada meditando (o mejor dicho) evaluando una nueva teoría, en base a lo que ella misma había podido presenciar, dada su condición de máquina de avanzada tecnología. Y observando hacia sus pies, se agachó y tomó un puñado de aquella arena que prácticamente lo invadía todo. Cuando le aplicó el scanner, pudo comprobar que aquello era lo que había quedado de al menos doscientas treinta y seis personas al atravesar aquel portal del tiempo.


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