1932.
Era la noche del estreno, la gran gala inaugural. Escrito en senda marquesina
destacaba “Armata Strigoi” obra
teatral protagonizada por el niño prodigio, el gran descubrimiento, el
sensacional tenor Attila Dorn. Su nombre real era Andrei Bogdan, sus padres y hermanos
provenían de Rumania. Él era el benjamín, el hijo con aptitudes artísticas
prodigiosas, poseía un talento excepcional para el canto lírico. Andrei fue
descubierto dos años atrás por Olaf Wolf, su actual tutor; un ambicioso empresario
teatral rumano y hábil hombre de negocios. Un sujeto trastornado por su
decadencia en el mundo de la ópera, quien había ganado cierto prestigio en sus
años de gloria, pero justo antes de conocer a Andrei, se encontraba
prácticamente en bancarrota.
Puso
todo su empeño en convencer primero a los padres del niño prodigio, en
permitirles ser su profesor de canto, prometiéndoles grandes ganancias en muy
corto tiempo. Como eran personas conservadoras, y estaban en trámites para
legalizar su permanencia en ese país, se oponían rotundamente. Ellos pensaban que
el chico, con tal solo diez años, debía más bien llevar una vida alejada de los
escenarios y la fama y disfrutar su niñez. Olaf Wolf conocía la precaria
condición económica de los Bogdan. Habían llegado a América con la esperanza de
una vida mejor, «inmigrantes europeos supersticiosos y desconfiados» pensaba
con desprecio Olaf, mientras que con una sonrisa excesiva les adulaba y los inundaba
de atenciones.
—¡El
muchacho es totalmente asombroso! ¡Tiene una extensión vocal extraordinaria! ¡Casi cuatro octavas, cuando el promedio es de
dos y media o máximo tres!
—Tiene
diez años. Todavía es un niño, señor Wolf. —Expresaba su madre, sin dejar de
reconocer lo que Olaf Wolf les expresaba.
—¡Exacto,
madame Bogdan! ¡Su hijo Andrei posee
un registro tenor único! ¡Con toda mi experiencia y trayectoria, no había
conocido a nadie de esa edad, con semejante registro vocal de un adulto! Aunque
la voz de Andrei va a cambiar debido a su edad precisamente, ¡en el futuro
podrá utilizarla para seguir como cantante lírico spinto e incluso barítono!
—Es
cierto lo que usted dice, pero no estamos interesados. —El señor Bogdan fue
seco y contundente. Tomó a su esposa por los hombros y buscó la salida.
Olaf
Wolf alzó sus pobladas cejas y con un gesto exagerado les señaló a ambos la
puerta.
—¿Puedo, sí me lo permiten, despedirme en privado
de Andrei?... —Los sencillos señores observaron a su hijo, y con un gesto
aprobatorio los dejaron solos.
—Ven
Andrei, siéntate acá un momento, por favor. —El chiquillo obedeció respetuoso
como siempre a su maestro, y se sentó de espaldas al gran piano que reposaba en
el centro de la sala de ensayos. Andrei llevaba puesto un fino trajecito de
etiqueta, envuelto en una elegante capa color púrpura y colocado ahora en su
frente, un antifaz blanco, a juego con su camisa y corbata, que puesto le
ocultaba medio rostro. Todo ese atuendo le hacía lucir mayor.
—A
ver, dime: ¿Qué es lo que más te gusta hacer, además de cantar?...
—Compartir
con mi familia. Estar con ellos.
—¡Ah!
¡Qué hermoso! Te prometo que siempre estarás junto a ellos, siempre. ¿Y qué más
te agrada hacer?...
—Las
películas. ¡Me gusta mucho el cine!
—¡Vaya!
¡Qué curioso, Andrei! Justo acá tengo una entrada de cortesía. Qué tal vez
podrían ser dos o hasta tres, sí prefieres que alguno de tus hermanos mayores
te acompañe al matiné. ¿Te gustaría, eh?... —Andrei abrió los ojos con entusiasmo.
Olaf Wolf deseaba persuadir al niño, manipularlo
solapadamente.
—Bien,
serán todas tuyas. Siempre y cuando me prometas que seguirás asistiendo a tus
ensayos y convencerás a tus padres de que te permitan hacer carrera en el mundo
del espectáculo. ¡Puedo llegar a hacerte un cantante muy famoso y respetado, mi
querido Andrei!
El
chico se marchó convencido, sin pensar que en verdad para lograrlo tendría que
pagar un alto precio. ¿Cómo iba a imaginarlo?
Pocas
semanas después, el señor y la señora Bogdan recibían una carta de parte del
abogado de Olaf Wolf, la cual incluía un documento legal cuyas cláusulas
forzaban a la familia rumana a volver a su tierra, dejando al pequeño Andrei
bajo la tutela de su mentor, el señor Wolf. “In
loco parentis”, expresaba el documento reglamentario, refiriéndose a la
responsabilidad legal que Olaf Wolf obtendría al momento de hacerse cargo del
chico a nivel educativo. El señor Bogdan consultó el término latino en un
diccionario, justo cuando los encargados de migración tocaron a su puerta con
intenciones de deportarlos.
Un agradecimiento especial a www.literautas.com por la motivación e inspiración para crear este texto según sus lineamientos del taller Escena Nº 42 de escritura creativa "El Mentiroso".
Un agradecimiento especial a www.literautas.com por la motivación e inspiración para crear este texto según sus lineamientos del taller Escena Nº 42 de escritura creativa "El Mentiroso".


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