Black Sails
resultó una de esas historias modernas acerca de los inicios en América
y el Caribe del interesante proceso de colonización y conquista. El
imperio español fue quien tomó ventaja de ello, seguido muy de cerca por
el imperio portugués, y luego
por el británico, francés y neerlandés. En aquellos días, las fragatas
tardaban meses en llevar noticias, proviciones y grandes riquezas entre
ambos continentes. La semilla del cacao (y una primitiva "cerveza de
chocolate") por ejemplo, fue uno de esos grandes
tesoros americanos el cual era muy valorado y sólo consumido por
nuestros caciques y sacerdotes indígenas como bebida sagrada de grandes
poderes. Fue llevada como tributo a la corona y en un principio
despreciada por su mal aspecto y sabor amargo. Curiosamente
es precisamente en Europa donde varios años después se le reconocería
sus bondades; primero como medicina y gran alimento, posteriormente como
golosina, al mezclarlo con azucar o miel. Poco a poco nuestro chocolate
iría siendo conocido en distintos paises europeos,
haciéndose muy popular y codiciado.
Aunque en Black Sails no mencionan nada de lo anterior, fue al disfrutar hoy de esta grata bebida, que decidí investigar un poco de sus antiquísimos orígenes (5.500 años A.C.) Y acá mismo, en Suramérica, tierra de grandes maravillas sin dudas.
Los piratas eran simplemente recios marineros de los imperios enemistados por este mismo afán de conquista. El rey inglés, por ejemplo, envidiaba (¿y quien no?) a su homólogo español al ir conociendo todo este vasto y rico territorio que estaba siendo conquistado. Por esta misma razón, los piratas estaban en el fondo tranzados en arrebatar a la fuerza todo aquello que más codiciaban los reinos europeos enfrentados. Relatos auténticos de esa época lo testifican. Sus fechorías las hacían con mayor frecuencia en aquellas primeras ciudades como Cartagena (Colombia) donde las tradiciones y cultura católica de la España imperial estaban reflejadas con mayor esplendor. Curiosamente, estas no habían sido edificadas para contrarrestar un ataque semejante y de tal magnitud. Los bucaneros ingleses en aquellos días robaban, saqueaban y mataban sin mayores contemplaciones ni dificultades, dada la poca resistencia que en aquellos lugares existía. Algunos pocos valientes servidores a la corona daban la cara, buscando morir en la lucha, enfrentando a aquellos terribles enemigos de su rey, demostrando lealtad y honor. Pero en casi todos los casos que aquellas crónicas nos relatan, tristemente fallecían en el intento.
Por tal razón, pienso que los piratas y bucaneros al estilo Black Sails, crecieron en cualidades a través del tiempo porque a gusto popular, preferimos ser los ganadores y no los vencidos. La ley del más fuerte se impone y sigue siendo así en nuestro presente. Desarrollar una astuta estrategia, ser hábil, muy fuerte e inteligente, desarrollar voz de mando y autoridad, aliarte con los camaradas claves, saber quienes son tus enemigos y usarlos para tus fines y luego exterminarlos frente a tu tripulación o a espaldas de ellos, según sea el caso, es vital para ser un Capitán Flint o un Charles Vane, por ejemplo.
Charles Vane curiosamente existió. Fue un pirata inglés muy despiadado que justamente murió ahorcado luego que fuera enjuiciado por sus crímenes en la ciudad de Port Royal en Jamaica el año 1721.
En la serie Black Sails, Vane fue uno esos personajes que uno no deseaba que tuviera un final así, pero... Buscaron justificar que Charles Vane era capaz de morir tan lealmente y con el mismo honor que un ciudadano común fiel a la corona. Y al hacerlo nos deja con esa sensación de que respetaba con total fidelidad el código pirata. Leyendo un poco más la biografía del personaje real, descubro que el verdadero pirata Charles Vane demostraba muy poco respeto hacia este particular código, no dividiendo justamente el pillaje y torturando a sus prisioneros incluso cuando éstos ya se habían rendido sin luchar.
Pero así somos los escritores, deseamos darle un final más digno a nuestros personajes ficticios. Si decidimos matarlos, esa muerte bien merece que sea una muerte honorable y memorable (aunque sean ahorcados).
En mi mundo real, deseo vivir entre la ficción y un muy crudo y sin sentido entorno. Lidiando con personajes terribles, toscos, brutales. Aquellos a los que más he llegado a apreciar como camaradas y amigos son de ese estilo. Particularmente este viejo bucanero de Puerto Ordaz, quien me dio a conocer Black Sails, apodado Edward, Juan Eduardo, o una vez bautizado por mi como Charles Vane (El de la serie, por supuesto). Que descanse en paz.
Aunque en Black Sails no mencionan nada de lo anterior, fue al disfrutar hoy de esta grata bebida, que decidí investigar un poco de sus antiquísimos orígenes (5.500 años A.C.) Y acá mismo, en Suramérica, tierra de grandes maravillas sin dudas.
Los piratas eran simplemente recios marineros de los imperios enemistados por este mismo afán de conquista. El rey inglés, por ejemplo, envidiaba (¿y quien no?) a su homólogo español al ir conociendo todo este vasto y rico territorio que estaba siendo conquistado. Por esta misma razón, los piratas estaban en el fondo tranzados en arrebatar a la fuerza todo aquello que más codiciaban los reinos europeos enfrentados. Relatos auténticos de esa época lo testifican. Sus fechorías las hacían con mayor frecuencia en aquellas primeras ciudades como Cartagena (Colombia) donde las tradiciones y cultura católica de la España imperial estaban reflejadas con mayor esplendor. Curiosamente, estas no habían sido edificadas para contrarrestar un ataque semejante y de tal magnitud. Los bucaneros ingleses en aquellos días robaban, saqueaban y mataban sin mayores contemplaciones ni dificultades, dada la poca resistencia que en aquellos lugares existía. Algunos pocos valientes servidores a la corona daban la cara, buscando morir en la lucha, enfrentando a aquellos terribles enemigos de su rey, demostrando lealtad y honor. Pero en casi todos los casos que aquellas crónicas nos relatan, tristemente fallecían en el intento.
Por tal razón, pienso que los piratas y bucaneros al estilo Black Sails, crecieron en cualidades a través del tiempo porque a gusto popular, preferimos ser los ganadores y no los vencidos. La ley del más fuerte se impone y sigue siendo así en nuestro presente. Desarrollar una astuta estrategia, ser hábil, muy fuerte e inteligente, desarrollar voz de mando y autoridad, aliarte con los camaradas claves, saber quienes son tus enemigos y usarlos para tus fines y luego exterminarlos frente a tu tripulación o a espaldas de ellos, según sea el caso, es vital para ser un Capitán Flint o un Charles Vane, por ejemplo.
Charles Vane curiosamente existió. Fue un pirata inglés muy despiadado que justamente murió ahorcado luego que fuera enjuiciado por sus crímenes en la ciudad de Port Royal en Jamaica el año 1721.
En la serie Black Sails, Vane fue uno esos personajes que uno no deseaba que tuviera un final así, pero... Buscaron justificar que Charles Vane era capaz de morir tan lealmente y con el mismo honor que un ciudadano común fiel a la corona. Y al hacerlo nos deja con esa sensación de que respetaba con total fidelidad el código pirata. Leyendo un poco más la biografía del personaje real, descubro que el verdadero pirata Charles Vane demostraba muy poco respeto hacia este particular código, no dividiendo justamente el pillaje y torturando a sus prisioneros incluso cuando éstos ya se habían rendido sin luchar.
Pero así somos los escritores, deseamos darle un final más digno a nuestros personajes ficticios. Si decidimos matarlos, esa muerte bien merece que sea una muerte honorable y memorable (aunque sean ahorcados).
En mi mundo real, deseo vivir entre la ficción y un muy crudo y sin sentido entorno. Lidiando con personajes terribles, toscos, brutales. Aquellos a los que más he llegado a apreciar como camaradas y amigos son de ese estilo. Particularmente este viejo bucanero de Puerto Ordaz, quien me dio a conocer Black Sails, apodado Edward, Juan Eduardo, o una vez bautizado por mi como Charles Vane (El de la serie, por supuesto). Que descanse en paz.

Comentarios
Publicar un comentario